



David por Miguel Ángel


Inma Blanco nos convoca desde su blog Molí del Canyer con el tema "Noviembre" y en noviembre además de celebrar -internacionalmente- día tan solemnes como el de todos los Santos (1), el día de los muertos (2), trágicos como el recordatorio de "La noche de los Cristales rotos" (9 a 10 Nov 1938), tan necesarios como el día de la Tolerancia (16), de la Infancia (20), de la violencia de género (25) o el día internacional del Inodoro o retrete (19); tan especiales como el día mundial del caldito de pollo (12), el día del botón (16), el día del Talento único (24), del vino tinto (24) del pan francés (28) o tan comercial como el Black Friday (el 27), se celebra también el 19 de Noviembre el día Internacional del hombre/varón. Es a este día que quiero someramente refererirme hoy.
Hace unos años abordé en esta serie de cuatro entradas, que invito a leer, el tema de "La nueva masculinidad" y en las que con un grupo de amigos hablamos sobre como están cambiando los roles masculino (y femenino) en nuestra sociedad y de como es necesario de forma inteligente adaptarnos a esos cambios y lo principal, entender la importancia y necesidad de la complementaridad de los roles femenino y masculino, y no su competencia mezquina, entendiéndose que ninguno es mejor que el otro y que no debieran enfrentarse, sino -lo repito- complementarse.
Hoy quiero rozar un tema sensitivo que preocupa a los jóvenes varones que se inician en la sexualidad y que -por desgracia- siguen modelos tan perniciosos e inexactos como los que brinda la pornografía a la que acuden en lugar de tener la educación sexual necesaria en los colegios/liceos/institutos, por ejemplo. Sabemos que existen torneos en cuanto a cual pene es más grande y creen que a mayor tamaño, mayor hombría y placer -entre otras cosas- como aquellos que buscan satisfacción en el sexo violento dominando a la víctima a la que drogan y asaltan en grupo -lo vemos en las noticias- y eso lo festejan como una gran victoria. Deplorable. Esto no es cosa del pasado, está sucediendo en nuestra civilización occidental hoy, en pleno Siglo XXI.
Dicho sea de paso, que los griegos clásicos, tal como lo representaban en el arte, veían a los penes pequeños como símbolo de buen gusto, moderación, elegancia, belleza. Y lo contrario, lo vemos representado en la figura del sátiro: descontrol, libertinaje, excesos.
¿Qué mensaje nos están legando?
¿No es tiempo de una educación sexual responsable?
Otro tema que me gustaría mencionar es el estrés - tanto en varones como mujeres de cualquier edad- al que estamos sometidos no sólo por las exigencias de rol, también por la pandemia vírica que esperemos termine pronto (un estrés que también afecta al rendimiento sexual) A este respecto quiero dejarles este enlace a un ejercicio de relajación que publiqué hace unos años y que puede serles de mucha utilidad.
Abrazos a todos
PD- ¿Qué el día internacional del varón coincida con el día internacional del Inodoro tendrá que ver con eso de la puntería y tiro al blanco?
Las imágenes están tomadas de internet.
El acercamiento entre nosotras había comenzado y se habían aflojado ciertas posiciones. La enfermedad y la dificultad siempre son re-orientadoras de procesos vitales. Y yo tenía mucho para aprender de la relación con mi madre. La vida se encargó de ofrecerme esa posibilidad. En el marco de la Crisis del 2002 mamá nos ayudó económicamente a mi marido y a mi tal y como lo hubiera hecho mi papá… Algo de mi sistema “racional” de creencias empezaba a aflojarse: ¡Si nos habíamos peleado por la mesita de la abuela!
Los cambios no se producen a partir del “deseo”. El cambio no se produce por la “voluntad” de cambiar pero si es necesaria la “voluntad” para disponerse hacia el. Somos llevados a que los cambios se produzcan en nosotros cuando cambiamos una percepción de lo que nos sucede. La respuesta incondicional de mi madre era un cachetazo para la construcción mental que yo tenía de ella; y sin duda la gran oportunidad de dejar morir una percepción que impedía la entrada de nuevos aires a la relación tan difícil que yo tenía con ella. Y así fue. Casi sin darnos cuenta empezamos a re-descubrirnos y en el camino se fue sanando el vínculo sin que ninguna de las dos se diera cuenta. Encontré un espacio en mi vida para ella y con ella; verla dejó de ser un compromiso para pasar a ser una elección y un recreo. Esto no hubiera sido posible sin las herramientas recibidas en la Fundación. Comencé a asistir con regularidad, no solo a las Armonizaciones sino a los talleres de Meditación Dinámica.
El enfisema siguió avanzando pero el cáncer nunca más encontró lugar en ella. No fueron y no son tiempos fáciles los actuales. No estaba conforme con la orientación del tratamiento que estaba recibiendo por el enfisema y tenía noticias por internet de otros abordajes de este mal crónico. Encontró un programa muy actualizado para este tipo de dolencia que incluye el ejercicio físico con oxígeno… el otro ejercicio, el de aprender a vivir con una limitación física cada vez más grande y tornarse un ser humano mucho más integrado corrió y corre enteramente por su cuenta.
Otra estación se estaba anunciando en el viaje de su vida. Y parece que no lo iba a caminar sola…un Domingo después de una maratón de personas con epoc me contó que un compañero le había llevado el tubo de oxígeno. Recuerdo muy bien que le pregunté “¿Y el dejo de caminar para llevarte el tubo?” y al tiempo “¿Y que onda con el que te llevó el tubo?” Su respuesta me emocionó “Me siento muy cómoda con el, ¡pero yo no lo busqué!...” “Por eso mismo mami, porque no lo buscaste pero estabas con tu corazón abierto es que la vida te está premiando con una cálida compañía”
Estoy convencida que honrar las raíces es honrar a la Vida misma… una semilla fue “plantada” en el terreno de nuestras vidas cuando mi madre se enfermó. Lo aprendido en la Fundación Salud permitió que hoy su flor fuera visible y que ésta tenga el perfume de la armonía, de la intimidad, del encuentro sincero. Recibimos todas las herramientas de la Inteligencia emocional y el sostén energético para poner en marcha los cambios que la Vida nos pedía. Mi mamá aprendió a aceptar, a perdonar, a comprender, a escuchar pero por sobretodo aprendió a vivir hasta morir…tal vez por eso mismo hoy conserve la vida.
El viaje fue muy intenso para mí, la reparación del vínculo con mi mamá ya estaba en marcha cuando fue necesario hacer lo mismo con mi hijo mayor.
“Raíces” y “Frutos” a sanar con la urgencia de la enfermedad… Con ambos el camino hacia la Sanación iba de la mano de dejar morir supuestos muy arraigados de mi personalidad. Veinticinco años de terapia psicológica no lo habían logrado… Stella pudo sostener mis miedos solo con la fuerza del “corazón”; con la vibración que emiten los Seres que trabajan desde la Integridad y colaboran para que otros puedan re significar su propia historia y cumplir la misión de su Alma. Uno es transformado cuando experimenta una chispa de Amor Incondicional… creo que aprender a sintonizar con esa energía es la misión de la mía y sin duda mi madre su gran maestra…
El hilo misterioso que teje la Vida me llevó a la puerta de la Fundación hace ya tantos años, y no pude haber encontrado una mejor Escuela para aprender de la Vida-Muerte, de esta extraña paradoja y de sus misteriosos ciclos de cambio y transformación.
Todos juntos desafiamos el papel que la sociedad tiene asignado para la esposa y la amante; la familia y la “otra”. Atreverse a lo que es real no es el camino más cómodo. Esta historia eterna de “buenos” y “malos” hoy no nos alcanza para explicar la Vida y su potencial enorme de infinita transformación.
A menos de un año de la partida de papá murió su única hermana. Su mamá, mi abuela, se había ido dos años antes. Extraña paradoja, los aprendizajes de mi mamá no sólo le sirvieron para lograr su propio milagro, sino que ese milagro la ayudó a acompañar en la partida a los seres que en virtud de su diagnóstico, supuestamente la iban a acompañar a ella: su esposo, su madre y su hermana.
Así sin referentes de su propia historia, sin un “otro” u “otra” a quien responsabilizar; el tren de la Vida la puso en una nueva estación, la de enfrentar la relación que tenía con nosotras dos, sus hijas. Hacía falta limpiar mucha maleza en el jardín de nuestras vidas.
La muerte de papá había dejado un vacío enorme que tenía cualidades y texturas distintas para cada una de nosotras tres. Creo que de una manera implícita para mamá, algo del orden de lo “justo” se había cumplido. “El que las hace las paga” flotaba como sensación. Pero la infidelidad de papá no había sido hacia nosotras. De el teníamos la impronta de un padre muy presente. Muy cabrón si, pero con la humanidad de un grande en los momentos de necesidad.
Hubo peleas y miserias… todo lo humano nos cabe y nosotras lo transitamos, tal vez para agotar un “programa” muy antiguo, tal vez para que nuevas formas de encontrarnos pudieran nacer… Mi aporte siempre había sido el de la mirada racional de las situaciones. Y yo creía tanto que la razón me asistía…Miro a la distancia mi propia vida y siento que nada me alejó tanto de sus formas más vitales como los momentos en que con vehemencia sentía tener la razón.
Se que la Fundación Salud fue su hogar en esos tiempos. El espacio en el que se sentía comprendida y también el lugar en el que recibió herramientas valiosísimas para transitar los cambios que la Vida le exigía. Un día me dijo “Stella me pidió el teléfono de ustedes, las va a llamar” Para mis adentros pensé “Y que me llame”… En febrero de 2001 me enoncontraba de vacaciones con mi marido y mis hijos y empecé a soñar con Stella; por eso me impactó tanto cuando por un llamado de mi hermana me enteré que a mamá le tenían que hacer una biopsia de pulmón nuevamente. Regresé a Buenos Aires la acompañé al médico y desde allí pedí una entrevista con Stella. Me citaron para esa misma semana y supe que el cáncer podía volver. Su sistema inmunológico pedía paz y no guerra.
Se iniciaba un Seminario de Inteligencia Emocional en la Fundación Salud y me anoté. Mientras tanto los médicos desistieron de hacerle la biopsia. Ella había tenido que cambiar de obra social y tenía que llevar su historia clínica al nuevo establecimiento. Esto significó enfrentar una realidad, era el tiempo de saber que su cancer no había sido un linfoma y de enterarse que los primeros síntomas de Enfisema pulmonar habían aparecido. ¿Por que papá no le había querido decir el verdadero diagnóstico? Suponemos que por lo inexorable del pronóstico. Al tiempo que mamá se enfermó un linfoma se podía curar pero el cáncer que ella tenía no.
“Ascendemos arrodillándonos;
vencemos cediendo;
ganamos renunciando …”
Alice A. Bailey
Hay un hilo misterioso que nos reúne a ti, lector de esta historia y a mi como su relator. Hay un potencial enorme de transformación en nuestras vidas… Si esta historia llega a tus manos y puede vibrar en tu corazón habremos sintonizado con una pizca de ese misterio.
“¡Se muere, y encima se muere!”
Mamá era muy joven y la vida le daba un duro golpe, con 53 años y sin previo aviso el cáncer había invadido su cuerpo. La enfermedad nunca pide permiso, a los portazos entra en la vida de una persona e irrumpe en la de toda su familia.
Era una hermosísima mujer y lo sigue siendo porque ella hoy tiene la vida. La historia de Sanación de mi madre incluyó la remisión de ese cáncer “incurable”; pero aún más, la deriva de su proceso nos invitó a todos a iniciar el camino hacia la Integridad.
Nos hizo danzar con la Vida, la Vida que no excluye a la Muerte.
La muerte era algo que les pasaba a los pacientes de mi padre. El había sido un prestigioso cirujano y su sola presencia la alejaba del imaginario familiar. Mi madre se había casado absolutamente enamorada de mi padre y papá había elegido a mi mamá como a la mujer para subir a un pedestal. Era muy llamativa, alta, muy esbelta; tenía (y tiene) la dignidad de una Diosa griega. Tal vez esa idealización llevó a mi padre a buscar la pasión en otros brazos. ¿Quién sabe? Lo cierto es que era un modelo muy común en los hombres de su generación; solo que el no lo hacía con discreción y hasta casi necesitaba el permiso de mi madre. Ella supo de todas y cada una de sus amantes pero sentía que nada podía hacer. Dicen que hay un invisible hilo que une a víctima y victimario; toda la infancia de mi hermana y mía fuimos testigos de ese hilo; con el tiempo crecimos e iniciamos nuestro propio camino, nos casamos y nos fuimos de casa. Entonces quedaron solo ellos dos sin tener ante quien mentir. Mi padre no pudo irse y cuando ella lo intentó, cuando se fue de su casa se enfermó.
No me llevaba bien con ellos y particularmente no tenía ningún tipo de intimidad con mi mamá. No había sido fácil ser su hija. Mamá usaba un pañuelo de seda común como si fuera uno de marca, el “charme” venía con ella pero no lo había sabido enseñar. No había espacios de encuentro sincero. Por eso la noticia de su enfermedad caló tan hondo en mi ser. Sentía tantos “pendientes” en nuestra relación. Y había habido en la primera adolescencia un tiempo de sintonía pero resultaba tan olvidada para el tiempo que enfermó. Había tanta distancia de su afecto… y tal vez la distancia experimentada fuera acaso la misma que ella se encontraba de si misma.
La biopsia había sido contundente, cáncer de pulmón de pequeñas células. Se llama así porque el tumor original es muy chiquito y da metástasis a distancia; primero en el mediastino, que es el centro del pecho y después directo al cerebro. Las posibilidades médicas eran hacer algo para que ella no se muriera por asfixia; del Sanatorio salió con una bomba de quimioterapia y una sentencia “si llegamos a tres meses hablamos, no tenemos más que 7% de posibilidades”.
Junto con la quimioterapia y en medio del shock alguien le acercó la información de un lugar en el que se ayudaba a personas con cáncer. Habiendo desafiado el primer pronóstico, flaquita y sin pelo llegó a un Programa intensivo en la Fundación Salud. Y se “quedó” para contarlo. El desafío había comenzado. Uso todas las herramientas que le ofrecieron y se entregó pasito a paso. Se dejó llevar sin querer entender.
Hace dieciseis años de esta historia que da fe de una realidad: nadie se muere por una estadística; pero también muestra que el camino de la Sanación necesita del atreverse a morir simbólicamente a las formas sobre las que habíamos asentado nuestra personalidad. Porque ella tuvo que cambiar radicalmente, necesitó renunciar al poder que otorga ser la víctima de los vínculos y del mismo destino. La Sanación de mi mamá inició la deriva de la profunda transformación. Esa fuerza infinita que surge cuando las personas nos ponemos de pie y nos hacemos responsables del propio proceso de vivir.
Esa fuerza que no pudo potenciar mi padre.
Cuando mamá se enfermó habían vuelto a vivir juntos pero el seguía con su otra relación. Mamá había vuelto a su casa. Nadie pensó que ella seguiría viviendo y la enfermedad no resolvió el tema estructural de base de la pareja. Después de un tiempo la situación entre ellos volvió a hacerse insostenible. Entonces papá se fue de la casa. Cuando lo hizo la enfermedad se manifestó en el.
El de papá fue un cáncer de cólon. Era su especialidad y había estudiado en los libros que lo suyo no tenía cura… era tan fuerte el peso de su formación académica que no pudo hacer nada por el. Decía “Me pusieron del otro lado del mostrador”. ¿Cuántas veces habría comunicado su propio pronóstico a los familiares de sus pacientes con la certeza de la sentencia de muerte?
El no pudo cruzar el puente hacia el misterio. Con lágrimas en los ojos me dijo “Yo no puedo dejar de creer en todo lo que estudié, quisiera pero no puedo”
Al igual que mi madre volvió a su casa y siguieron dos años de durísima convalescencia. Estaba muy enojado. Mamá hizo todo lo posible para ofrecerle lo que ella había recibido en la Fundación Salud. Creo que había perdido su lugar en el mundo y no pudo hacer un solo cambio. Ella lo acompañó y permaneció junto a el. El día a día no fue fácil porque la puerta de su casa estaba abierta para su otra mujer.
Con 66 años de edad nos dejó. Se fue en la Luz. Y fueron días intensos, murió en un Sanatorio muy tradicional de Buenos Aires con sus dos mujeres … no obstante el Gran Viaje lo inició tomado de la mano de mi mamá, su última respiración fue con ella y creo que para ella. Y creo que este fue el último homenaje que mi padre rindió a mi madre. Ella fue mi maestra en el amor incondicional en acción.