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Amaneció como tantas veces lo había hecho desde tiempos inmemoriales. El mundo, nuestra Tierra, seguía estando. Ni el más terrible de los Apocalipsis llegó. No hubo Guerra nuclear, ni hecatombe climática. Al fin pudimos respirar tranquilos ese fresco y delicioso aroma matinal henchido de rocío.
Las niñas de la aldea alegres y despreocupadas jugaban. Nosotras,
las madres, estábamos aliviadas. Con la mutación genética que había
ocurrido en este último Siglo, más específicamente en estos últimos 50
años, no se habían reproducido más varones ni eran necesarios. Ahora podíamos autogenerarnos sin necesidad de los espermatozoides cada vez
más inefectivos.
¡Adiós a
hombres ilustres, gentiles y trabajadores!, una pena, sí, pero también se acabaron
varones malvados, belicosos y/o locos como Atila, Hitler, Putin y tantos otros;
también dejaron de existir los violadores y psicópatas asesinos.
Felipe
Madrigal Suárez fue el último hombre de la Tierra. Era muy guapo, con
un cuerpo fornido y muy inteligente. Conservamos su estatua para recodar
lo que mi abuela repetía hasta el cansancio: "¡No os dejéis engañar por
las apariencias!".
175 palabras
Contribución a la convocatoria de Diva desde su blog "Divagaciones Nocturnas" con el tema " El final de los hombres" (varones). Más relatos en su blog.
