Jacobo Moriarty no las tenía todas consigo. Desde hacía años que trataba de crear una máquina del tiempo, de esas parecidas a las que hacen fideos, pero no le funcionaba. Las tiras en que lo cortaba se desvanecían cuando le llamaban sus acreedores. Luego, trató de licuarlo ya que por algún lugar había leído que el tiempo podía ser líquido pero tampoco funcionó porque cada vez que tenía sed, este mermaba con extremada rapidez y él quería, justamente, lo contrario.
Por lo tanto, cansado de no lograr sus objetivos, decidió acudir a la ayuda de un amigo.
- Hola, Jacobo. Tanto tiempo ¿Qué te trae por aquí?- le saludó sorprendido el maestro alquimista de la ciudad de Dijon.
- Justamente eso, "el tiempo", "el tiempo que se nos escapa" Dime, Rashid, ¿cómo podríamos atraparlo?
- ¿Hablas de traer la eternidad a la vida cotidiana?
- No, a tanto no me atrevo a aspirar. Ese es el dominio de Dios.
- Andas muy divagante ¿tan temprano y delirando? ¿A qué te refieres, entonces?
- Pensaba en algo así como durar jóvenes más tiempo,
- ¿nosotros, los humanos? ¿Y para qué? ¿Para que la estupidez humana dure más?
- ¡No me ofendas! ¿Me llamas tonto, acaso?
- ¡Bah, no es gran cosa! ....hay pasajeros que tratan de pasar todo tipo de animales por los rayos X. Eso no es nuevo.... ¿Podrías ser un poco más original?
- Te doy otro ejemplo, a ver si te gusta más: el 18 desalojaron el Hospital Sainte Musse en Toulon, Sur de Francia, y llamaron al escuadrón antibombas porque que un paciente llegó a Urgencias con un petardo en el culo.
- ¿Quéééé?. ¡Me estás jodiendo! ¿No?.
Jacobo, lo escudriñó con cierta incredulidad, pero Rashid no bromeaba. En ese momento decidió que en lugar de querer atrapar el tiempo y alargarlo, se dedicaría a la herboristería y a plantas medicinales con el firme e irrevocable propósito de encontrar el elixir de: "el sentido común". Esa sería su contribución a la humanidad. Quién sabe, por ahí estaba a tiempo de salvar al planeta.