Mi nombre es Hathor, diosa egipcia del amor, la sexualidad, la alegría, la danza, el cuidado materno y protectora de mis consortes a veces Horus y a veces Ra en contra de sus enemigos. He cruzado entre los mundos y descendido a Duat, el inframundo, para ayudar a las almas de los difuntos a que pudieran salir al otro lado, a la plena luz del día en Aaru, y me he sentido muy feliz por ello.

Auguste Mariette (Fr. 1821- Eg.1881)
Templo en honor de la diosa Hathor, en Dendera, Egipto
Mi nombre es Hathor y soy la siempre bella y eterna diosa del amor que, lamentablemente, ha sido molestada con la excavaciones que realizara el impertinente y ávido Señor Auguste Mariette en mi Templo allá por los años 1873-75 del Siglo XIX terráqueo. Estoy furiosa y como no me place estarlo, he decidido emprender un viaje re-creacional para superar esta crisis, alinear mis chakras, y volver a mi natural estado de amor y alegría. Supe que una colega mía andaba de visita por los mundos perdidos de Maraverso, así que decidí viajar a verla y compartir experiencias ya que también ella era diosa del amor, pero griega. Como no tenía la dirección exacta, en el camino me perdí por unos laberintos por donde andaban el dios Sobek y la faraona Sobeknefaru, luego llegué a un Museo, en donde me topé con la Momia Rasputelis, Borlis Karloff y un desconcertado y solícito guardia con mate y pava. Mi brújula interior se había dañado, no cabía duda, así que tomé rumbo a la Estación Espacial de la Nasa, para alquilar un cohete con tecnología de punta y la promesa de devolverlo en buen estado cuando hubiera completado el viaje de regreso.

Cohete alquilado por la diosa Hathor a la Nasa para llegar a Maraverso
Finalmente, yo Hathor, llegué a Maraverso luego de ajustar en el GPS un par de veces las coordenadas que me sopló mi amigo el Demiurgo de Hurlingam. Allí estaba bella como siempre Afrodita a la que abracé emocionada. Charlamos largo y tendido de todo lo divino y humano hasta la caída del sol y la salida de la primera estrella de la Constelación del Pavo Real Supremo que brilla en esos Cielos. Como volvimos a cruzarnos con los dos tuarégs desorientados que seguían por allí, decidimos acompañarlos a Marruecos. En el camino Afrodita y yo charla va, charla viene, tuvimos la brillante idea de poner un consultorio sentimental en Tánger porque, conversando con los tuarégs, descubrimos la gran necesidad que tienen los marroquíes de ser guiados en ese sentido.
¡Ah, sí! Al cohete espacial todavía lo están esperando los de la NASA. ¿Y Afrodita y yo? ¡Nos la pasamos genial!. Yo recobré mi estado original, en unos minutos estamos por salir de excursión a visitar la mágica ciudad azul de Chaouen pero he de reconocer que ni ella ni yo queremos llevar ningún sandwich para comer en el camino por si se nos apareciera en él un dios masculino de esos que suelen entrometerse en nuestros planes y estropearlos, de esos que no pueden dejar de alardear de sus cualidades de machos alfa, que así estamos felices con nuestra nueva libertad adquirida, amor entre nosotras puro, sincero, completo, y una empresa más que floreciente que nos apasiona.
Convocatoria de Roxana B. Rodríguez desde su blog "Soñando uno de tus sueños" con el tema: "Hay un dios en mi sandwich"
Imágenes tomadas de la RED

