Friday, March 27, 2020

¡Lejaím! Arqueólogos israelíes resucitan levadura de 5.000 años de antigüedad y elaboran cerveza con ella


 La levadura vive: Aharon Maier de TAU con un recipiente de cerveza filisteo de Gath Yaniv
 Foto por Berman, cortesía de la IAA

Si desea caminar como un egipcio borracho, no busque más allá de un nuevo estudio realizado por investigadores israelíes que han detectado levaduras utilizadas para fabricar cerveza de hace 5.000 años y cuyos descendientes microscópicos aún sobreviven en la arcilla de los recipientes utilizados para producir o guardar la bebida.

La levadura puede haber pasado al menos parte de ese tiempo en forma de esporas, dice Ronen Hazan, un microbiólogo del Instituto de Ciencias Odontológicas de la Universidad Hebrea de Jerusalén. O, cuando las circunstancias eran desfavorables, las células pueden simplemente haber pasado a un modo de  metabolismo bajo, respirando, comiendo y procreando extremadamente lento. De cualquier manera, las colonias de levadura sobrevivieron miles de años para llegar a este día.

Piensen  en los osos que hibernan en invierno. Duermen sin comer durante meses y sobreviven al ayuno porque sus sistemas entran en un estado de metabolismo extremadamente bajo. Lo mismo ocurre con la levadura, aunque está atrapada en una vasija de barro enterrada, no por causa de la nieve.

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Cerveza hecha con levadura de una colonia que se remonta a más de 5,000 años 
                     Foto por Yaniv Berman, cortesía de la Autoridad de Antigüedades de Israel

De todos modos, el objetivo del estudio no era solo hacer que los investigadores estuvieran clásicamente animados. Fue para servir como prueba de concepto de un nuevo método que podría ayudar a los arqueólogos a comprender mejor las dietas, los hábitos y la vida cotidiana de los pueblos antiguos, dice Hazan

El concepto es que las colonias microbianas aisladas del medio ambiente pueden sobrevivir, ya sea esporulando o metabolizando a velocidades glaciales, durante miles de años, y los descendientes microscópicos de los microbios originales podrían arrojar luz sobre cómo vivían las personas en ese momento. La hipótesis es que las levaduras utilizadas para fermentar líquidos en frascos de almacenamiento de cerámica, jarras y otros recipientes de cerámica habrían colonizado los poros de los contenedores antiguos, explica Hazan.


 Mientras las civilizaciones se levantaron y cayeron a su alrededor, las colonias de levadura sobrevivieron durante milenios en sus hogares de cerámica. Fueron enterrados bajo tierra, pero ocasionalmente se animaron en circunstancias apropiadas, por ejemplo, cuando llovió, dice Hazan, quien realizó el trabajo junto  con su colega el Dr. Michael Klutstein, con los arqueólogos Prof. Aren Maier (en Gath) y Yuval Gadot (en Ramat Rahel), y con el fabricante de cerveza Itai Gutman.

Utilizando microscopía de luz y secuenciación del genoma, los investigadores pudieron localizar e identificar a los descendientes de la población original de levaduras ocultas en los poros de cerámica, dice.

Los investigadores tomaron muestras de cerámica de diferentes lugares y períodos, seleccionando recipientes que podrían estar relacionados con la producción o el consumo de alcohol, ya sea por su forma o el contexto en el que se encontraron.

Las embarcaciones más antiguas provenían de Ein Besor, un sitio egipcio en el desierto del norte de Negev, y de los restos de una cervecería egipcia descubierta durante los trabajos de construcción en Tel Aviv. Ambos sitios han sido fechados al final del 4to milenio a.E.C. - Hace más de 5,000 años.


 
Los arqueólogos también tomaron muestras de jarras encontradas en la ciudad filistea de Gath, hoy conocida como Tell es-Safi, y datan de alrededor del año 850 a.E.C. Los restos más recientes fueron del período persa temprano, alrededor de 500 a.E.C., y fueron excavados en Ramat Rajel, que era un importante centro administrativo cerca de Jerusalén.

En la cerámica de todos los sitios, los científicos identificaron cepas de levadura asociadas con la producción de bebidas alcohólicas: cerveza en la mayoría de los casos y hidromiel en Ramat Rajel. La secuenciación del genoma mostró que la mayoría de las cepas todavía se usan comúnmente en la producción de bebidas tradicionales en África, dice el artículo en mBio.


 Por ejemplo, la levadura Ramat Rajel es similar a la cepa utilizada para hacer tej, el vino de miel etíope tradicional. La excepción a este vínculo africano se encontró en una de las cerámicas filisteas de Gath, que se demostró que contenía Saccharomyces cerevisiae, hoy en día la especie de levadura domesticada más utilizada en las industrias de la cerveza, el vino y el pan.



                                                 Cerámica filistea, que se encuentra en el cementerio de Ashkelon: 
                                                          También les gustaba la cerveza   Foto por Philip Bohstrom

 
La cerveza filistea era maravillosa

Pero, ¿cómo sabemos que los pequeños hongos realmente descendieron de las levaduras utilizadas por los egipcios o los filisteos y no fueron por una contaminación posterior de los vasos?
Los investigadores fueron alentados por los resultados de su grupo de control, que tomaron muestras de cerámica y otros restos que no se consideran asociados con bebidas alcohólicas. De 21 muestras relacionadas con el alcohol, seis produjeron cepas de levadura. De 110 muestras de control, sólo dos contenían levaduras, de cepas que se encuentran comúnmente en el suelo y que no están vinculadas a la producción de alcohol.



 Vista aérea de Ramat Rahel, donde se hizo cerveza en el período persa temprano, 
y probablemente también antes. Foto por Sky-View


 Pero la prueba siempre está en el pudín, o más bien en el alcohol, por lo que los científicos decidieron ver si las levaduras antiguas podían hacer cerveza.

Los expertos en alimentos y los arqueólogos experimentales a menudo han tratado de reproducir alimentos y bebidas de antaño, pero generalmente usan ingredientes modernos para preparar recetas extraídas de textos antiguos o evidencia arqueológica en los sitios de producción, dice Hazan.

"Hasta donde sé, esta fue la primera vez que la cerveza se hace con las mismas levaduras que estaban en uso hace miles de años", dice.

Los investigadores utilizaron una receta moderna de cerveza básica, lo que significa que los resultados probablemente no sabían exactamente como las cervezas preparadas en la antigüedad, cuando era común agregar sabores y aditivos a la mezcla, explica Yitzhak Paz, un arqueólogo de la Autoridad de Antigüedades de Israel que tomó parte en el proyecto.

"En el antiguo Egipto, por ejemplo, a menudo agregaban jugo de fecha o de granada para darle un sabor más dulce y frutado", dice Paz. "Aún así, la mayoría de las cervezas que hicimos sabía muy bien".

Según expertos catadores reclutados para el estudio, tres cervezas hechas de las muestras tomadas en En Besor, la ciudad filistea de Gath y Ramat Rajel obtuvieron altas calificaciones. Una cuarta cerveza, también de Gath, tenía un "sabor desagradable ligeramente echado a perder" pero aún se consideraba potable, según el informe en mBio.

Los investigadores también buscaron levaduras en botellas de vidrio que fueron excavadas en el campamento del ejército del general Edmund Allenby en el centro de Israel utilizado por los británicos durante la Primera Guerra Mundial. Pero aquí no encontraron nada porque el vidrio no tiene la misma estructura porosa de cerámica que puede hacer un hogar confortable para estos microorganismos, dice Hazan.


Todo esto es fascinante, pero ¿cómo ayuda exactamente a los arqueólogos?


En primer lugar, debemos recordar que en la antigüedad, las bebidas alcohólicas eran mucho más que los lubricantes sociales que son hoy en día. La cerveza, en particular, era ubicua en el Levante, y todos la bebían, desde bebés hasta ancianos, a menudo en lugar de agua, explica Paz. En un momento en que la mayoría de las fuentes de agua podrían estar peligrosamente contaminadas, beber una bebida ligeramente alcohólica era probablemente una alternativa más segura, dice.

Posiblemente un gran porcentaje de la cerámica antigua tiene colonias de levadura o bacterias que se usaron para hacer no solo cerveza sino también otros alimentos fermentados, como pan, queso y encurtidos.

Estudiar estos bichos microscópicos podría proporcionarnos nueva información sobre las dietas de las poblaciones antiguas, sin mencionar, qué vasos se utilizaron para qué propósito. A menos que hayan tenido la suerte de encontrar alimentos residuales en el fondo de la cerámica antigua, como en el caso reciente del "queso más antiguo del mundo", los arqueólogos han tenido que hacer conjeturas fundamentadas basadas en textos antiguos, durante períodos posteriores a la invención de la escritura. - o seguir sus propias corazonadas.

Por ejemplo, los arqueólogos no tienen idea de lo que se hizo con morteros de basalto gigantes de más de 11,000 años encontrados en Israel. Pueden haber sido utilizados para moler granos. O pueden haber sido golpeados para hacer un sonido que convocaría a la tribu. Esas son sólo dos de las teorías.

Y para el postre, estudiar y comparar los microbios que las diferentes civilizaciones antiguas usaban para preparar alimentos y bebidas podría brindarnos nuevos conocimientos sobre los vínculos entre estas culturas, sus rutas comerciales y los intercambios de tecnologías y poblaciones que los conectaron.



Artículo escrito por

Wednesday, March 25, 2020

Este jueves, un relato: "La habitación del cuadro" .... del Cardenal Pietro Bembo, en bermellón

Retrato del cardenal Pietro Bembo (1470-1547) por Tiziano (1539–1540),
                                                                        Washington, National Gallery of Art,


Este jueves nos convoca Magade Qamar del blog "La trastienda  del pecado" 
 y nos pide que elijamos un cuadro de cualquier época y pintor con un color dominante
 y que sobre "la habitación del cuadro" (sin más que el cuadro y un ventanal) construyamos  una historia. 



Urbano VIII,  supremo pontífice de la Iglesia Católica entre los años  1623 y 1644 entró a la fría habitación en piedra del Castillo Sant Angelo  prácticamente vacía  a  no ser por  un imponente y majestuoso único cuadro, el retrato del Cardenal  Pietro Bembo pintado por Tiziano en el 1539 para conmemorar su designación como Cardenal. No era la primera vez que lo hacía. Todo lo contrario.  Cada atardecer venía el Papa al recinto a meditar frente a ese cuadro que ejercía sobre él una intensa e inexplicable  fascinación.

Pero ¿que era lo que lo atraía de este aristocrático e inteligente veneciano retratado en él? ¿Sería acaso su osadía al enamorarse de Lucrecia Borgia cuando estaba casada con su tercer marido, Alfonso I D´ Este, duque Ferrara? ¿O sería su lascivia al mantener, siendo prelado,  una relación pecaminosa con  Faustina della Morosina, quién le dio  tres hijos? ¿O su gusto por el humanismo de Petrarca? ¿O su amistad, durante su tiempo de residencia en Urbino,  con el pintor Rafael o con el cardenal Giovanni de Médici, futuro Papa León X? ¿O que escribiera un tratado en prosa  tan significativo como el de la defensa de la  poesía en lengua vernácula y su ritmo,  amén de muchas  otras obras? ¿O qué fuera ciceroniano recalcitrante? ¿O quizás  el hecho de que como Caballero perteneciera a la sagrada  Orden de los Hospitalarios? ¿O que hubiera sido, en fin,  historiador oficial de la República de Venecia y bibliotecario de la Basílica de San Marcos?.


                                                       
Retrato del Papa Urbano VIII, pintado por Gian Lorenzo Bernini (1625).


Lo admiraba y lo odiaba. Cada vez que Urbano VIII  contemplaba el cuadro de Pietro Bembo, lo invadía  una profunda envidia  que le carcomía las entrañas como un gusano. A su lado, él se sentía un ser mísero, ruin, pequeño y despreciable, sin carácter, lleno de inseguridades por las que quiso  rodearse de sus familiares que colocó en puestos claves a su alrededor.   Habiendo sido capaz de propiciar una vergonzosa  guerra contra el duque de Parma  para arrebatarle  sus dominios, la perdió porque hasta la fecha ni siquiera  contaba con un ejército decente. Nada le salía bien. Nada podía.

Lo admiraba y lo odiaba. Cada tarde iba  Urbano VIII a esa fría habitación desierta a contemplar la imagen colgada del impertérrito Cardenal Pietro Bembo que desde la pared le miraba  como acusándolo en silencio, y él, en un enfermo afán por mimetizarse con su ídolo,  poco a poco fue  engullendo partes del lienzo con cinabrio, bermellón.



Monday, March 23, 2020

El barril de amontillado, cuento por Edgar Allan Poe, 1846




El barril de amontillado
(“The Cask of Amontillado”, 1846)
Originalmente publicado in Godey’s Lady’s Book (noviembre 1846)



      Había yo soportado hasta donde me era posible las mil ofensas de que Fortunato me hacía objeto, pero cuando se atrevió a insultarme juré que me vengaría. Vosotros, sin embargo, que conocéis harto bien mi alma, no pensaréis que proferí amenaza alguna. Me vengaría a la larga; esto quedaba definitivamente decidido, pero, por lo mismo que era definitivo, excluía toda idea de riesgo. No sólo debía castigar, sino castigar con impunidad. No se repara un agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido.

       Téngase en cuenta que ni mediante hechos ni palabras había yo dado motivo a Fortunato para dudar de mi buena disposición. Tal como me lo había propuesto, seguí sonriente ante él, sin que se diera cuenta de que mi sonrisa procedía, ahora, de la idea de su inmolación.


       Un punto débil tenía este Fortunato, aunque en otros sentidos era hombre de respetar y aun de temer. Enorgullecíase de ser un connaisseur en materia de vinos. Pocos italianos poseen la capacidad del verdadero virtuoso. En su mayor parte, el entusiasmo que fingen se adapta al momento y a la oportunidad, a fin de engañar a los millonarios ingleses y austriacos. En pintura y en alhajas Fortunato era un impostor, como todos sus compatriotas; pero en lo referente a vinos añejos procedía con sinceridad. No era yo diferente de él en este sentido; experto en vendimias italianas, compraba con largueza todos los vinos que podía.
       Anochecía ya, una tarde en que la semana de carnaval llegaba a su locura más extrema, cuando encontré a mi amigo. Acercóseme con excesiva cordialidad, pues había estado bebiendo en demasía. Disfrazado de bufón, llevaba un ajustado traje a rayas y lucía en la cabeza el cónico gorro de cascabeles. Me sentí tan contento al verle, que me pareció que no terminaría nunca de estrechar su mano.
       —Mi querido Fortunato —le dije—, ¡qué suerte haberte encontrado! ¡Qué buen semblante tienes! Figúrate que acabo de recibir un barril de vino que pasa por amontillado, pero tengo mis dudas.
       —¿Cómo? —exclamó Fortunato—. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y a mitad de carnaval…!
       —Tengo mis dudas —insistí—, pero he sido lo bastante tonto como para pagar su precio sin consultarte antes. No pude dar contigo y tenía miedo de echar a perder un buen negocio.
       —¡Amontillado!
       —Tengo mis dudas.
       —¡Amontillado!
       —Y quiero salir de ellas.
       —¡Amontillado!
       —Como estás ocupado, me voy a buscar a Lucresi. Si hay alguien con sentido crítico, es él. Me dirá que…
       —Lucresi es incapaz de distinguir entre amontillado y jerez.
       —Y sin embargo no faltan tontos que afirman que su gusto es comparable al tuyo.
       —¡Ven! ¡Vamos!
       —¿Adónde?
       —A tu bodega.
       —No, amigo mío. No quiero aprovecharme de tu bondad. Noto que estás ocupado, y Lucresi…
       —No tengo nada que hacer; vamos.
       —No, amigo mío. No se trata de tus ocupaciones, pero veo que tienes un fuerte catarro. Las criptas son terriblemente húmedas y están cubiertas de salitre.
       —Vamos lo mismo. Este catarro no es nada. ¡Amontillado! Te has dejado engañar. En cuanto a Lucresi, es incapaz de distinguir entre jerez y amontillado.
       Mientras decía esto, Fortunato me tomó del brazo. Yo me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome una roquelaure, dejé que me llevara apresuradamente a mi palazzo.
       No encontramos sirvientes en mi morada; habíanse escapado para festejar alegremente el carnaval. Como les había dicho que no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes expresas de no moverse de casa, estaba bien seguro de que todos ellos se habían marchado de inmediato apenas les hube vuelto la espalda.
       Saqué dos antorchas de sus anillas y, entregando una a Fortunato, le conduje a través de múltiples habitaciones hasta la arcada que daba acceso a las criptas. Descendimos una larga escalera de caracol, mientras yo recomendaba a mi amigo que bajara con precaución. Llegamos por fin al fondo y pisamos juntos el húmedo suelo de las catacumbas de los Montresors.
       Mi amigo caminaba tambaleándose, y al moverse tintinearon los cascabeles de su gorro.
       —El barril —dijo.
       —Está más delante —contesté—, pero observa las blancas telarañas que brillan en las paredes de estas cavernas.
       Se volvió hacía mí y me miró en los ojos con veladas pupilas, que destilaban el flujo de su embriaguez.
       —¿Salitre? —preguntó, después de un momento.
       —Salitre —repuse—. ¿Desde cuándo tienes esa tos?
       El violento acceso impidió a mi pobre amigo contestarme durante varios minutos.
       —No es nada —dijo por fin.
       —Vamos —declaré con decisión—. Volvámonos; tu salud es preciosa. Eres rico, respetado, admirado, querido; eres feliz como en un tiempo lo fui yo. Tu desaparición sería lamentada, cosa que no ocurriría en mi caso. Volvamos, pues, de lo contrario, te enfermarás y no quiero tener esa responsabilidad. Además está Lucresi, que…
       —¡Basta! —dijo Fortunato—. Esta tos no es nada y no me matará. No voy a morir de un acceso de tos.
       —Ciertamente que no —repuse—. No quería alarmarte innecesariamente. Un trago de este Medoc nos protegerá de la humedad.
       Rompí el cuello de una botella que había extraído de una larga hilera de la misma clase colocada en el suelo.
       —Bebe —agregué, presentándole el vino.
       Mirándome de soslayo, alzó la botella hasta sus labios. Detúvose y me hizo un gesto familiar, mientras tintineaban sus cascabeles.
       —Brindo —dijo— por los enterrados que reposan en torno de nosotros.
       —Y yo brindo por que tengas una larga vida.
       Otra vez me tomó del brazo y seguimos adelante.
       —Estas criptas son enormes —observó Fortunato.
       —Los Montresors —repliqué— fueron una distinguida y numerosa familia.
       —He olvidado vuestras armas.
       —Un gran pie humano de oro en campo de azur; el pie aplasta una serpiente rampante, cuyas garras se hunden en el talón.
       —¿Y el lema?
       —Nemo me impune lacessit.
       —¡Muy bien! —dijo Fortunato.
       Chispeaba el vino en sus ojos y tintineaban los cascabeles. El Medoc había estimulado también mi fantasía. Dejamos atrás largos muros formados por esqueletos apilados, entre los cuales aparecían también barriles y pipas, hasta llegar a la parte más recóndita de las catacumbas. Me detuve otra vez, atreviéndome ahora a tomar del brazo a Fortunato por encima del codo.


       —¡Mira cómo el salitre va en aumento! —dije—. Abunda como el moho en las criptas. Estamos debajo del lecho del río. Las gotas de humedad caen entre los huesos… Ven, volvámonos antes de que sea demasiado tarde. La tos…
       —No es nada —dijo Fortunato—. Sigamos adelante, pero bebamos antes otro trago de Medoc.
       Rompí el cuello de un frasco de De Grâve y se lo alcancé. Vaciolo de un trago y sus ojos se llenaron de una luz salvaje. Riéndose, lanzó la botella hacia arriba, gesticulando en una forma que no entendí.
       Lo miré, sorprendido. Repitió el movimiento, un movimiento grotesco.
       —¿No comprendes?
       —No —repuse.
       —Entonces no eres de la hermandad.
       —¿Cómo?
       —No eres un masón.
       —¡Oh, sí! —exclamé—. ¡Sí lo soy!
       —¿Tú, un masón? ¡Imposible!
       —Un masón —insistí.
       —Haz un signo —dijo él—. Un signo.
       —Mira —repuse, extrayendo de entre los pliegues de mi roquelaure una pala de albañil.
       —Te estás burlando —exclamó Fortunato, retrocediendo algunos pasos—. Pero vamos a ver ese amontillado.
       —Puesto que lo quieres —dije, guardando el utensilio y ofreciendo otra vez mi brazo a Fortunato, que se apoyó pesadamente. Continuamos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos bajo una hilera de arcos muy bajos, descendimos, seguimos adelante y, luego de bajar otra vez, llegamos a una profunda cripta, donde el aire estaba tan viciado que nuestras antorchas dejaron de llamear y apenas alumbraban.


       En el extremo más alejado de la cripta se veía otra menos espaciosa. Contra sus paredes se habían apilado restos humanos que subían hasta la bóveda, como puede verse en las grandes catacumbas de París. Tres lados de esa cripta interior aparecían ornamentados de esta manera. En el cuarto, los huesos se habían desplomado y yacían dispersos en el suelo, formando en una parte un amontonamiento bastante grande. Dentro del muro así expuesto por la caída de los huesos, vimos otra cripta o nicho interior, cuya profundidad sería de unos cuatro pies, mientras su ancho era de tres y su alto de seis o siete. Parecía haber sido construida sin ningún propósito especial, ya que sólo constituía el intervalo entre dos de los colosales soportes del techo de las catacumbas, y formaba su parte posterior la pared, de sólido granito, que las limitaba.


       Fue inútil que Fortunato, alzando su mortecina antorcha, tratara de ver en lo hondo del nicho. La débil luz no permitía adivinar dónde terminaba.
       —Continúa —dije—. Allí está el amontillado. En cuanto a Lucresi…
       —Es un ignorante —interrumpió mi amigo, mientras avanzaba tambaleándose y yo le seguía pegado a sus talones. En un instante llegó al fondo del nicho y, al ver que la roca interrumpía su marcha, se detuvo como atontado. Un segundo más tarde quedaba encadenado al granito. Había en la roca dos argollas de hierro, separadas horizontalmente por unos dos pies. De una de ellas colgaba una cadena corta; de la otra, un candado. Pasándole la cadena alrededor de la cintura, me bastaron apenas unos segundos para aherrojarlo. Demasiado estupefacto estaba para resistirse. Extraje la llave y salí del nicho.
       —Pasa tu mano por la pared —dije— y sentirás el salitre. Te aseguro que hay mucha humedad. Una vez más, te imploro que volvamos. ¿No quieres? Pues entonces, tendré que dejarte. Pero antes he de ofrecerte todos mis servicios.


       —¡El amontillado! —exclamó mi amigo, que no había vuelto aún de su estupefacción.
       —Es cierto —repliqué—. El amontillado.
       Mientras decía esas palabras, fui hasta el montón de huesos de que ya he hablado. Echándolos a un lado, puse en descubierto una cantidad de bloques de piedra y de mortero. Con estos materiales y con ayuda de mi pala de albañil comencé vigorosamente a cerrar la entrada del nicho.


       Apenas había colocado la primera hilera de mampostería, advertí que la embriaguez de Fortunato se había disipado en buena parte. La primera indicación nació de un quejido profundo que venía de lo hondo del nicho. No era el grito de un borracho. Siguió un largo y obstinado silencio. Puse la segunda hilera, la tercera y la cuarta; entonces oí la furiosa vibración de la cadena. El ruido duró varios minutos, durante los cuales, y para poder escucharlo con más comodidad, interrumpí mi labor y me senté sobre los huesos. Cuando, por fin, cesó el resonar de la cadena, tomé de nuevo mi pala y terminé sin interrupción la quinta, la sexta y la séptima hilera. La pared me llegaba ahora hasta el pecho. Detúveme nuevamente y, alzando la antorcha sobre la mampostería, proyecté sus débiles rayos sobre la figura allí encerrada.


       Una sucesión de agudos y penetrantes alaridos, brotando súbitamente de la garganta de aquella forma encadenada, me hicieron retroceder con violencia. Vacilé un instante y temblé. Desenvainando mi espada, me puse a tantear con ella el interior del nicho, pero me bastó una rápida reflexión para tranquilizarme. Apoyé la mano sobre la sólida muralla de la catacumba y me sentí satisfecho. Volví a acercarme al nicho y contesté con mis alaridos a aquel que clamaba. Fui su eco, lo ayudé, lo sobrepujé en volumen y en fuerza. Sí, así lo hice, y sus gritos acabaron por cesar.


       Ya era medianoche y mi tarea llegaba a su término. Había completado la octava, la novena y la décima hilera. Terminé una parte de la undécima y última; sólo quedaba por colocar y fijar una sola piedra. Luché con su peso y la coloqué parcialmente en posición. Pero entonces brotó desde el nicho una risa apagada que hizo erizar mis cabellos. La sucedió una voz lamentable, en la que me costó reconocer la del noble Fortunato.
       —¡Ja, ja… ja, ja! ¡Una excelente broma, por cierto… una excelente broma…! ¡Cómo vamos a reírnos en el palazzo… ja, ja… mientras bebamos… ja, ja!


       —¡El amontillado! —dije.
       —¡Ja, ja…! ¡Sí… el amontillado…! Pero… ¿no se está haciendo tarde? ¿No nos estarán esperando en el palazzo… mi esposa y los demás? ¡Vámonos!
       —Sí —dije—. Vámonos.
       —¡Por el amor de Dios, Montresor!
       —Sí —dije—. Por el amor de Dios.
       Esperé en vano la respuesta a mis palabras. Me impacienté y llamé en voz alta:
       —¡Fortunato!
       Silencio. Llamé otra vez.
       —¡Fortunato!


       No hubo respuesta. Pasé una antorcha por la abertura y la dejé caer dentro. Sólo me fue devuelto un tintinear de cascabeles. Sentí que una náusea me envolvía; su causa era la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Puse la última piedra en su sitio y la fijé con el mortero. Contra la nueva mampostería volví a alzar la antigua pila de huesos. Durante medio siglo, ningún mortal los ha perturbado. ¡Requiescat in pace!




Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)




Más cuentos cortos aquí





Sunday, March 22, 2020

Cierre de la convocatoria a los relatos de este jueves próximo pasado




Agradeciendo a todos los amigos que participaron en esta convocatoria, paso la antorcha a nuestra querida Magade  Qamar del blog "La trastienda del pecado".



Abrazos a todos

Friday, March 20, 2020

Este jueves, un relato: "Altruismo", dos ejemplos de vida (Mi participación)



Popularmente conocidas   las historias de Oskar Schindler y la de Wilhelm Hosenfeld por las películas "La lista de Schindler" (1993) dirigida  por Steven Spielberg   y "El pianista" (2002) dirigida por Roman Polansky, respectivamente,  traigo aquí dos historias menos conocidas pero  magníficos ejemplos de altruismo de  dos ingenieros  alemanes que fueron miembros del Partido Nazi, pero que no comulgaron con las políticas antijudías del Tercer Reich; al cumplirse  75  años de la Liberación del Campo de exterminio se Auschwitz por las tropas Soviéticas   el 27 de Enero  2020.

Tal como Hosenfeld, que salvó al pianista,  escribió en su diario: -"¿será que el diablo ha tomado forma humana? (...) Nos hemos llenado de una vergüenza inexpugnable, de una maldición imborrable. No merecemos misericordia, todos somos culpables. Me avergüenzo de caminar por la ciudad [Varsovia], cualquier polaco tiene el derecho de escupirnos en la cara"- ambos personajes  vivieron el resto de sus vidas atormentados por la culpa  de no haber podido salvar  más vidas y por  la vergüenza de pertenecer al pueblo que produjo tales atrocidades.

Karl Plagge y Helmut Kleinicke   fueron, en virtud de testigos,  sobrevivientes por sus acciones altruístas, reconocidos por  Yad Vashem, el Museo  de  Conmemoración del Holocausto, sito en Jerusalén,  como Justos entre Las Naciones, Título honorífico que otorga Israel en reconocimiento a no-judíos que aun a costa de  un enorme peligro para sí mismos, salvaron vidas de judíos sin importar las consecuencias. Hasta la fecha, 627 alemanes han sido distinguidos.

Que por  su conducta altruista  y pro-social ambos, tal como Schindler y Hosenfeld,  sean   Plagge y Kleinicke  siempre recordados en el panteón de los héroes  que nos  enseñan y recuerdan  siempre que la Humanidad  tiene esperanza.


➽➽➽

A continuación una muy breve biografía de cada uno de ellos para quien desee leerlas  y entender mejor la dimensión de sus hazañas:


Karl Plagge (1897-1957)

Karl Plagge  fue un ingeniero y militar alemán con el grado de mayor  perteneciente al Estado Mayor del Ejército (Werhmacht), comandante de la unidad de recuperación mecánica Heereskraftfahrpark, abreviado:  HKP 562 localizado en Vilna.  Realizó una gran labor  humanitaria al salvar  alrededor de  un millar de vidas judías del exterminio en el Gueto de Vilna, en  Lituania durante la Segunda Guerra Mundial.

Plagge nació en Darmstadt en 1897, era hijo de un médico de esa ciudad, quedó huérfano de padre a los 7 años. Fue voluntario en el Reichswerh y participó como soldado de infantería en la Primera Guerra Mundial. Estudió Ingeniería mecánica  en la Universidad Técnica de Darmstadt,  adicionalmente obtuvo un grado en tecnología en Análisis químico  en 1924. En 1931 se unió al NSDAP o Partido Nazi al sentirse identificado como un patriota   idealista con los apostolados de Hitler en relación al resurgimiento nacional de Alemania; sin embargo no comulgó con las políticas antijudías de 1935 desde un principio y fue excluido de sus cargos en el partido por considerársele proclive a fraternizar con masones y judíos. En 1939 finalmente se des-afilió del partido sin haber pagado una sola contribución monetaria. 

En 1939 fue reclutado por el ejército como parte de una unidad móvil de recuperación mecánica alcanzando en 1942 el rango de Mayor y asimilado al Estado Mayor del Ejército (OKH). En 1943 fue enviado junto con su equipo a Lituania  y asignado como ingeniero-comandante de una unidad de recuperación de blindados y vehículos de la Werhmacht con base en un campo dentro de la ciudad de Vilna  (el HKP 562). Dicho campo de mantenimiento estaba bajo la tutela de las SS pero prestaba servicios al cuerpo mecánico de la Werhmacht como un gran garaje de  recuperación y mantenimiento de vehículos blindados.
 
Karl Plagge fue testigo de las atrocidades contra la población judía del Gueto de Vilna En agosto de 1943 tuvo lugar a una deportación de judíos  a los bosques de Ponary para ser brutalmente  asesinados.  Hasta ese momento, las SS  habían exterminado a unas 40.000 personas judías de Vilna y  estaban planeando o bien   liquidar el remanente humano del Gueto o bien  enviarlos a campos de trabajo forzado en Estonia. Consecuentemente, Plagge resolvió utilizar su posición para salvar vidas judías por lo que  de inmediato despidió la mano de obra polaca y,  bajo la excusa de  utilizar  mano de obra esclava barata,  reclutó a todos los prisioneros judíos del Gueto que pudo. 

Plagge logró enlistar para su unidad a unos  mil judíos con la tarjeta de "trabajador esencial" (wesentlicheworker)  para diferentes labores de mecánica aunque la mayoría no tenía instrucción alguna en esta especialidad (eran peluqueros, granjeros, carniceros, rabinos, maestros, médicos, etc,  etc.) sin  la menor noción  de mecánica. Cada tarjeta wesentlicheworker permitía ingresar un trabajador varón, a  su mujer y hasta dos hijos a la unidad. De este modo, unos 1250 judíos del Gueto fueron trasladados  a su garaje. 

En el garaje, Plagge permitió condiciones de vida relativamente benignas a sus prisioneros,   por ejemplo, podían hacer  trueque  entre sus guardianes y la población cautiva,  recibían comida caliente, tenían barracas y vestuario, bienes muy escasos en aquella época. Sin embargo no pudo desembarazarse de las SS y estos ocasionalmente realizaban inspecciones y barridas;  en una ocasión, un batallón de las SS capturó y envió a casi la totalidad de los trabajadores de Plague a la muerte.

En agosto de 1943 Plagge fue advertido de la próxima liquidación del Gueto de Vilna y se apresuró a reubicar a su unidad de mantenimiento mecánica en la periferia de la ciudad protegiendo a sus trabajadores de los intentos de las SS por llevárselos. En septiembre de 1943 se produjo la liquidación final del resto del Gueto de Vilna y los judíos remanentes, fueron masacrados en los bosques de Ponary, en Lituania.

Karl Plagge vivió en su ciudad natal de Darmstadt trabajando para la firma Hessen GmbH sumiéndose en el olvido hasta su muerte en 1957 a los 60 años de edad, víctima de un cáncer cerebral.



Helmut Kleinicke (1907- 1979)


Helmut Kleinicke nació  en  noviembre de 1907  en Wildemann, en Baja Sajonia, en una familia de silvicultores. En su juventud estudió ingeniería civil. Se unió al Partido Nazi en 1933.  En 1941, Kleinicke fue reclutado en el equipo que comenzó la planificación y construcción del Campo de  exterminio de Auschwitz.  Recién casado, se mudó con su mujer a la ciudad polaca de  Chrzanów, cerca del campo.  

En Chrzanów, Kleinicke tuvo que elegir a los habitantes judíos que eran jóvenes y aptos para trabajar en el campo. Kleinicke trató a sus trabajadores relativamente bien e hizo esfuerzos para evitar el transporte a los campos de exterminio en los últimos años de la guerra. No permitió que los miembros de las SS causaran daño  a sus empleados.  En algunas ocasiones, advirtió a los judíos acerca de las  próximas redadas, los rescató de ser deportados, los escondió en su ático y su cobertizo, o los ayudó a huir a través de la frontera. 

A fines de 1943, sus supervisores sospecharon que estaba ayudando a los judíos a escapar después de notar la tendencia de la desaparición de los judíos a su cargo, por lo que fue removido de su puesto y reclutado en una unidad de artillería de la Wehrmacht para luchar en el frente norte. Muchos de sus antiguos empleados que se quedaron después de su partida sobrevivieron al Holocausto y aportaron pruebas de su rescate de judíos perseguidos.

 Murió en 1979 de un  derrame cerebral dos días después de haber visto la Serie televisiva "Holocausto"que justo se había aireado en Alemania. 



Nota:  Podría haber escogido ejemplos más actuales relacionados con la situación actual de esta pandemia vírica que vamos a  controlar como hemos controlado las anteriores, pero a 75 años de la liberación de Auschwitz,  me hirvió la sangre cuando hace unos días entré en una librería de un centro comercial de esta ciudad y vi en su escaparate exhibido  a cara amplia el infame libro "Mi lucha" de Adolf Hitler en una edición no comentada, que al parecer se vende bastante pues el librero muy ufano me dijo  que  ya ha tenido a la venta otras ediciones  no comentadas.


Thursday, March 19, 2020

Y este jueves, los relatos van llegando: "Altruismo", un ejemplo o ejemplos de vida


Queridos amigos, mi propuesta para este jueves versa sobre el altruismo, que -como sabemos-  es  una conducta humana  de empatía y ayuda desinteresada a otro ser humano, aún  a costa de uno mismo,  contraria al egoísmo, sin ningún otro objetivo en sí mismo.  Es un comportamiento pro-social  en parte proveniente de un instinto, en parte una conducta  aprendida en la infancia por modelos.  Lo distinguimos de solidaridad en que esta se refiere  al sentimiento y la actitud de unidad basada en metas o intereses comunes.
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En un mundo en el que abundan noticias sobre violencia y maldades, porque estas venden más, existen infinidad de ejemplos de vida reales y apasionantes en los que priman el amor  y la entrega; conductas empáticas y altruistas  que hacen bien a otros seres humanos  individualmente y nos ayudan colectivamente por su suma a elevar nuestro nivel como especie en la escala evolutiva.
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Generalmente  estos ejemplos se dan en silencio, lejos de bombos y platillos y de la  prensa sensacionalista que además, alimenta la industria del miedo, con todos sus intereses creados. Por eso he querido  proponer para este jueves que indaguemos en  casos verídicos en los que prima la conducta altruista  y los traigamos a la luz en forma de relatos de vida. Recordar esos casos (o conocerlos si no habíamos oído de ellos antes) nos ayuda a levantar la moral,  a generar esperanza y confianza y ¿por qué no? a aprender de ellos y quizás,  a imitarlos. 
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Espero  de corazón que esta propuesta les resulte tan  interesante como para participar y nos  sirva de estímulo para  reflexionar creativamente sobre un tema que para mi es crucial  para nuestro crecimiento y que se da, en efecto, en el mundo.
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Deseando verlos por aquí, los abrazo    (no olviden dejarme en vuestros comentarios  los enlaces a vuestros  blogs  quienes decidan participar). ¡Gracias!




Y los relatos van llegando:


María Dorada

Campirela
 

Tuesday, March 17, 2020

QUÉDATE EN CASA, artículo escrito por el médico y amigo Manuel Lopez Paz, desde Madrid

Este siglo XXI, nos ha dejado ya varias extinciones de la humanidad... Como lo leen... Ustedes y yo hemos sido exterminados por la propaganda amarillista del partido. Las fechas son reciente (y todavía no hemos llegado al primer cuarto de siglo): La gripe aviar en 2005, la gripe A en 2009, el ébola en 2014 y coronavirus desde finales del año pasado. Está va en curso...Tenemos para más.
 
La pandemia actual de coronavirus, ha demostrado que el "temor a" es peor que la enfermedad misma, que si bien es especialmente contagiosa (es eficaz en la transmisión), no deja de comportarse como una infección viral. Puede ser más virulenta en determinados grupos etarios o personas de riesgo, pero que mantiene  por ahora, si no seguimos siendo pasto del miedo, baja mortalidad y comorbilidad... ¿Por qué entonces el miedo?

Lo desconocido produce miedo. Cuando caminas a oscuras, con alguien que te indica que algo grave va a pasar, vas con miedo. Ya conocemos algunas enfermedades que producen síntomas similares, pero parece ser que "las tenemos dominadas" (por ejemplo, la gripe estacional), conviviendo con ella y como llega desde finales de septiembre hasta febrero o marzo, en este lado del mundo, vamos al médico cuando tenemos síntomas importantes o porque "no se me quita, doctor"... El coronavirus vino de golpe y esa eficacia en su trasmisión (y el miedo) ha hecho colapsar los servicios sanitarios de China, Italia, Irán, España... y los que seguirán...

Si volvemos sobre el asunto de la eficacia, si los virus se  transmiten por contacto personal, DEBEMOS disminuir el mismo al mínimo posible. Intentar disminuir el número reproductivo básico (es decir, la capacidad de infección de un infectado. Mientras esté por encima de 1, la epidemia sigue creciendo. Menos de 1, la epidemia se extingue) Es cierto que muchos no desarrollan síntomas, los que llamamos portadores asintomáticos o sanos, que esparcen virus (de cualquier clase), a personas similares, y de riesgo, por lo que se debe disminuir el contacto. Este punto es importante. Son mayoritariamente jóvenes quienes cumplen este criterio de portadores sanos...Y los que hacen intensa vida social y visitan luego a sus mayores. De ahí la importancia de mantener la distancia y disminuir los contactos. 


Tomar medidas tales como zonas de exclusión, o detención completa de un país, puede que sean extremas, pero impresiona que no somos capaces de asimilar que debemos disminuir el contacto. Tristemente una parte de la población universitaria de Madrid, que espero hayan sido pocos, solo que han sido muy ruidosos, lejos de tomar la palabra y quedarse en casa, entendió la medida como una especie de "vacaciones escolares" y se siguieron frecuentando esta vez en los parques y bares de la ciudad. Algo parecido ocurrió con los trabajadores: Se decidió que se fueran a CASA, más sin embargo la sierra madrileña, estaba llena de coches, como si de un fin de semana de invierno (o verano) cualquiera se tratase...





Saldremos de esto. China ha pasado el pico de la pandemia y los casos descienden. En Occidente, los casos siguen aumentando, puesto que ahora el foco se traslada a Europa, aunque hay previsión que alcance su máximo en unas 3-4 semanas. Luego comenzará la fase de estabilidad y descenso. Los modelos estadísticos se han cumplido hasta ahora y no serán diferente luego. Pero ayudaremos a la estabilización de la situación de forma más rápida si seguimos las pautas que nos han indicado: Medidas higiénicas: lavarnos las manos (ahora es una tendencia, pero yo lo hacía antes), taparnos la boca con la flexura del codo cuando tosemos o estornudamos y/o con un pañuelo que desecharemos (yo pienso que lo del papel sanitario es justamente para usar y tirar, de ahí que se lo lleven a montones), evitar tocarse los ojos, nariz y boca, estar al menos a dos metro de las otras personas. Si tenemos síntomas respiratorios (tos) y fiebre, lo ideal es estar en casa y tomar tratamiento sintomático (paracetamol) y abundantes líquidos.  La confirmación del tratamiento inicial se puede hacer por teléfono, no solo para dar a conocer el caso, sino para hacer seguimiento. Si se empeora, con sensación de dificultad respiratoria (falta de aire), se acude al centro de salud, donde se tomará la conducta a seguir. Puede ser necesario aerosoles o asistencia respiratoria. Habrá pacientes que hay que ingresarlos para mejor vigilancia, o necesaria la terapia intensiva. Algunos pacientes tendrán luego secuelas de la enfermedad. Y habrá quienes mueran...La gran mayoría NO tendrá ni siquiera síntomas, pero si pueden contagiar. Todavía no tenemos claro por qué pacientes jóvenes han muerto, sin tener enfermedades crónicas o inmunosupresión. Refieren que tiene que ver con la ingesta de ibuprofeno, pero son elucubraciones que están lejos de comprobarse. 

Si esto tiene las dimensiones que tiene, ¿Cómo ha sido posible que afecte la economía del mundo al punto de prácticamente detenerla?... ¿Es tan "agresivo" el virus, que nos tiene que meter en casa?.  Quizás no. Si hubiésemos seguido las recomendaciones correctamente no se tomaba esa medida, pero seguíamos igual y además tenemos miedo... y la propaganda del partido (medios de comunicación) lo ha acrecentado...

Pienso que la presión de los medios de comunicación, presiona a los gobiernos para que tomen decisiones y critican si no toman las que creen convenientes. Más educación sanitaria podría haber ayudado a disminuir la situación, pero... Imagino que los medios se asesoran (al igual que los gobiernos), cuando van a dar una "exclusiva", pero recordemos que esos asesores,  puede ser que se equivoquen en sus recomendaciones, y en algunos casos, pueden tener un sesgo... No sé quien pensó que era mejor tener una manifestación en Madrid, cuando los casos  estaban en aumentando y que posterior a la manifestación se aceleró... Y ya había voces diciendo que había que verse en el espejo chino... Pero...la marcha nos quedó bonita... Y los casos de coronavirus también... Dimitirá esta (o estas) persona(s)... no creo... vamos, que estoy seguro que no.







Pero lo que me parece un gran "detalle", por parte de los "asesores" de la propaganda del partido (los medios), es la revelación de datos privados de cualquier persona, incluso pública. Los procesos patológicos son PRIVADOS. Podríamos haber dicho que hay diputados o personajes públicos con la patología, pero NUNCA sus nombres, a menos que ellos mismos emitan comunicados públicos. Desde mi punto de vista, es una terrible falta, que demuestra el amarillismo con el que se tratan las noticias por la propaganda del partido. 

Se nos ha escapado de las manos está situación. A los sanitarios por el miedo de la población, a los políticos, porque nunca saben qué hacer, solo escurrir el bulto y a los medios de comunicación por amarillistas... Hay personas en cargos que deben tomar decisiones, que afecten la salud pública y quizás por miedo o por sesgo, no la toman...

Si tengo que decir que la gente, una gran parte, aceptó el reto de quedarse en casa. En la guardia del sábado pasado, fueron muchos quienes antes de acercarse al Centro de Salud, llamaban para preguntar sobre cómo actuar. Los despistados, se percataron del mismo y pidieron disculpa. Lamentablemente hubo majaderos que lejos de ayudar, empeoran la situación. Y así como ese mismo día desde sus casas, la gente aplaudió la labor de los sanitarios, también merecen nuestros respeto y aplausos








Todo pasa en la vida. Para España y para el mundo,  no es la primera vez que enfrentan un reto de este tipo. Ocurrió en la guerra civil, la gripe española, las guerras mundiales, así que hay antecedentes, que permiten indicar que esto también pasará. Y además, obtengamos un aprendizaje de todo esto. Creo que nos debemos dar cuenta que no hace falta correr al médico cuando me levanto de la siesta y me noto caliente, o tengo tos o dolor de pecho. Que más hacen los "remedios" de la abuela (sopa de pollo... Tengo una prima que hace un sopa con carcasa de pollo... que levanta muertos), que cualquier cápsula, tableta o jarabe para la tos. Que debo acudir al médico cuando es necesario, no solo por ser "mi derecho"...Depende de nosotros mismos no colapsar el sistema sanitario de cualquier país.

Algo más que quiero comentar: Los memes, como los virus, se contagia por contacto directo. Hay muchos memes que no dejan nada, solo exacerban el miedo. Si queremos compartirlos, mejor conocer la fuente, saber si lo que se pone es cierto. Sino lo podemos confirmar, mejor no reenviar...porque haremos como el virus: Contagiar... 

Tengamos paciencia. Cumplamos lo que nos dicen y mantengamos distancia...Saldremos adelante. 

Mi compañero de Universidad y colega  Carlos Torres, infectólogo, ha escrito este artículo en su página de  Contagium. Si  hacen click en el nombre les llevará al artículo. 


Las imágenes son de la red.


Saludos y hasta la próxima. Recuerden que hay que quedarse en casa.







Artículo escrito por el Dr. Manuel Lopez Paz, médico clínico en Madrid,  editor del blog Colotordoc y publicado originalmente aquí,  el 16 de marzo de 2020.


Los resaltados en rojo son míos, con el fin obvio de recalcar ese texto  y con el de facilitar la lectura con mi profundo agradecimiento y respeto por todo el Personal sanitario que se deja la piel en su trabajo