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Friday, September 13, 2019

La producción cerámica como expresión de una Cultura (4): La Cultura Minoica (c:a 2700 – c:a 1100 aEC)

Pulpo, cerámica minoica estilo marino, 1450-1500 aEC 
La civilización minoica fue una civilización del Egeo de la Edad de Bronce en la isla de Creta y otras islas del Egeo que florecieron desde circa 2700  hasta 1450 aEC en que el sistema de escritura  el Linear A, cambia a Linear B (utilizado por los Micénicos continentales) y sigue un período de declive hasta e 1100 en que colapsa.  Su final pudo deberse a varios factores, el arqueólogo Marinatos fue el primero en relacionar la erupción del volcán Krakatoa cerca de Akrotiri, un asentamiento en la Antigua Thera, actual isla  Isla de Santorini,  en el Siglo XV antes de la Era Común como la causa, pero hoy sabemos que la erupción  fue algo anterior,  concretamente en 1646 aEC y las cenizas enfilaron más bien hacia Turquía y no tuvo relación directa con el declive de Knossos en Creta que dominaba el Mediterráneo. Igualmente,  las destrucciones de los palacios micénicos en el 1200 aEC, de acuerdo a la Soc. Sismográfica de América,  EEUU que investigó el asunto en profundidad  no fue como habían postulado los arqueólogos debido a la erupción volcánica  o a varios  terremotos. Hoy se cree que fue debido a una serie de cataclismos (disputas dinásticas, malas cosechas, revueltas sociales, etc) a los que se puede sumar, en el caso minoico, una probable invasión de la Grecia continental micénica a las islas, algo que se fundamenta en el relevamiento  arqueológico por artefactos hallados tales como unas tablillas de arcilla con el cambio de escritura de Linear A a B.

El arqueólogo de la Escuela Británica de Arquelogía en Atenas,  Colin MacDonald, aclara además,  que  las capas de destrucción encontradas en la principal ciudad minoica de Knossos no fueron el resultado de la lluvia de cenizas del volcán Krakatoa de la antigua Thera (Santorini)  sino que bien pudieran ser escombros de la resistencia minoica  a las incursiones micénicas, o posiblemente de rebeliones locales entre 1470 y 1450 aEC.

La Minoica,   representa la primera civilización avanzada en Europa, que deja enormes palacios no fortificados (evidente signo  de una Civilización muy pacífica), herramientas, obras de arte, sistemas de escritura y una red comercial masiva.


 
Mapa de 
la Isla de Creta, Grecia, Epoca Minoica,
 (Palacios  Knossos, Faistos, Malia y  Zacros)

 La civilización minoica es particularmente notable por sus grandes y elaborados palacios
 (de estructuras abiertas, no defensivas y centralizando los recursos de la sociedad) 
algunos de los cuales tenían hasta cuatro pisos de altura,
 presentaban sistemas de plomería  y estaban decorados con magníficos frescos. 
Uno de los palacios minoicos más notables es el de Knossos, seguido del de Faistos.  




El período minoico vio extensas rutas comerciales 
que abarcaban un gran porcentaje del hemisferio norte.  
A través de sus comerciantes y artistas, la influencia cultural de los minoicos 
llegó más allá de Creta a las Cícladas, el Antiguo Reino de Egipto, Chipre,
Canaán (Líbano, Israel y Territorios Palestinos actuales), la costa levantina y Anatolia.

 

Sir Arthur Evans, arqueólogo (GB; 1851-1941)

La civilización minoica fue re-descubierta a principios del Siglo XX  gracias al trabajo del arqueólogo británico Sir Arthur Evans. El nombre "minoica" deriva del mítico Rey Minos,  acuñada por Evans, quien identificó el sitio en Knossos con el laberinto y el Minotauro. La civilización minoica, lo repito,  ha sido descrita como la más antigua de su tipo en Europa.
                                                                                                                                                       
Evans  creyó que eran invasores procedentes del Norte de África y que   la civilización Minoica  (3500-1100 aEC) y la continental  Micénica  (1600-1100 aEC), eran dos civilizaciones, distintas la una de la otra.  Hoy en día, en virtud de los análisis genéticos, [ver los  estudios de  DNA, 2017, por Lazaridis, Mittnik et alt (1) o 2013,  por Hughey, Paschore et alt (2)] sabemos que minoicos y micénicos eran genéticamente similares.  Esto es   3/4  campesinos neolíticos tanto para minoicos como para micénicos   con 1/4 de  Caucásico de Persia/Irán  para los Minoicos y un 1/4 Caucásico  (Persia/Irán) y de cazadores y recolectores de Eurasia Oriental  (Siberia y Armenia) (fuente 1) para micénicos.  Estas son las maravillas de los avances de la ciencia. La fuente 2 coincidente con 1 concluye que su hipótesis es compatible con un desarrollo autóctono de los minoicos como descendientes de los habitantes neolíticos de la Isla.


Estilo floral, Museo Herakleion, Creta, Grecia



Estilo Floral, Faistos, 1500- 1450 aEC
*
Poco se sabe sobre la forma en que se produjo la cerámica, pero probablemente fue en pequeños talleres artesanales, a menudo agrupados en asentamientos cerca de buenas fuentes de arcilla para cerámica. Para muchos, la cerámica pudo haber sido una actividad estacional, combinada con la agricultura, aunque el volumen y la sofisticación de los productos posteriores sugiere especialistas a tiempo completo y dos clases de talleres, uno de ellos para los palacios. La cerámica posee características propias de  esta Civilización y claramente  difieren en estilo de la micénica.  Para muestra un botón,  solemos decir: comparemos entonces el pulpo minoico de la primera foto de esta entrada con este micénico:

 Pulpo, cerámica micénica, estilo marino, 1400-1300 aEC

Hay alguna evidencia de que las mujeres también fueron  alfareras. Los arqueólogos que buscan comprender las condiciones de producción han realizado comparaciones tentativas con aspectos de los artesanos rurales modernos de Creta y las industrias mejor documentadas de la Edad de Bronce de Egipto y Mesopotamia. En Lineal B, la palabra para potter es "ke-ra-me-u".

La rueda (torno) de alfarero parece haber estado disponible en el período proto-palacial MM1B (1900–1800 aEC), pero otros métodos "hechos a mano" para formar los cuerpos se mantuvieron en uso y fueron necesarios para objetos con formas escultóricas.  No se usaron esmaltes de cerámica, y ninguno de los objetos  fue cocido a temperaturas muy altas. 


Estilo floral


Estilo marino


Cerámica Kamares
Esta cerámica fue llamada así por la cerámica encontrada en la cueva santuario de Kamarés en el Monte Ida  en 1890 y es la primera cerámica policroma de la civilización minoica, aunque las primeras expresiones de decoración proto-Kamarés fueron  anteriores a la introducción del torno de alfarero.

Estilo floral, Faistos,

Cerámica  kamares, Museo Herakleion, Grecia



Copas de Faistos, Creta



 Peces con red, Pytos, Cerámica   Kamares,  Faistos, Creta, 1800- 1700 aEC
Museo Herakleion, Grecia




Fotos de la Red
Fuentes enlazadas en el texto




Friday, July 6, 2018

Excavaciones en el ágora de Atenas, museo, y algo de música instrumental griega

Vista del lado oeste del Ágora al comienzo de las excavaciones en la Sección A, 19 de junio de 1931. Vista desde el norte hacia la colina de Kolonos Agoraios y Hephaisteion.
(Foto de archivo de la Escuela americana  de Estudios Clásicos de Atenas)


El Ágora de Atenas era el centro de la ciudad antigua: una gran plaza abierta donde los ciudadanos podían reunirse para una amplia variedad de propósitos. En un día determinado, el espacio podría usarse como mercado, o para una elección, un espectáculo dramático, una procesión religiosa, un ejercicio militar o una competencia atlética. Aquí las actividades administrativas, políticas, judiciales, comerciales, sociales, culturales y religiosas encontraron un lugar juntos en el corazón de Atenas, y la plaza estaba rodeada por los edificios públicos necesarios para dirigir el gobierno ateniense.

Estos edificios, junto con monumentos y objetos pequeños, ilustran el importante papel que jugó en todos los aspectos de la vida pública. La cámara del consejo, las oficinas de los magistrados, la casa de la moneda y los archivos han sido descubiertos, mientras que los tribunales están representados por la recuperación de las papeletas de bronce y un reloj acuático utilizado para discursos de tiempo. El uso del área como mercado está indicado por las numerosas tiendas donde alfareros, zapateros, bronceadores y escultores fabricaban y vendían sus mercancías.



 Vista aérea del parque arqueológico Ágora de Atenas, mayo de 1975. Después de 20 años de crecimiento, los árboles, arbustos y otras plantas han alcanzado su madurez. Los restos arqueológicos son claramente visibles con senderos y senderos para guiar al visitante a través del parque.




 Plano del Ágora en el momento álgido de su desarrollo en ca: 150 de la era común.



y






Saturday, June 9, 2018

Arqueología y Medicina (7): La medicina en la Grecia Antigua

Higiea, sentada junto a su padre Asclepio, da de comer a una serpiente. Este animal, emblema del dios, era empleado en los rituales curativos de sus Santuarios. Foto por Erich Lessing / Album

Fue en Grecia donde, a partir de la actividad de Hipócrates, la medicina comenzó la búsqueda de una explicación racional de las enfermedades, atendiendo a sus síntomas para formular un diagnóstico y ofrecer el tratamiento más adecuado.

Artículo por Carlos García Gual,  Catedrático de Filología griega de la Universidad Complutense asesor de Historia.  National GeographicHistoria NG nº 110 .

Macaón y Podalirio, que atienden a los heridos griegos en la guerra de Troya, son los dos primeros médicos griegos cuyo nombre conocemos. La Ilíada los recuerda como «dos buenos médicos» en el ejército del rey Agamenón. Son hijos del famoso Asclepio (en latín Esculapio), más tarde venerado como dios de la medicina, y héroes muy apreciados tanto por su valor guerrero como por su servicial saber quirúrgico. El médico, llamado iatrós en griego, es, en efecto, según Homero, «un hombre que vale por muchos» (Ilíada, XI, 514), y está calificado socialmente como demioergós, «servidor público», al igual que el adivino, el maestro carpintero o el recitador de poemas. Se trata de un oficio acreditado y sabemos que médicos itinerantes circulaban por la Grecia arcaica.

Ya en pleno siglo VI a.EC. conocemos el nombre de un famoso médico viajero, Demócedes de Crotona, que, según cuenta Heródoto, acabó sus días en la corte del rey persa Darío I. Pero la figura que marca con su magisterio y sus escritos la etapa que llamamos «técnica» o «científica» de la medicina griega es la de Hipócrates, que vivió más o menos entre 440 y 360 a.EC. En su isla natal de Cos fundó la escuela profesional que llevaría su nombre y donde compuso los primeros «tratados hipocráticos», que son el origen del Corpus hipocrático, una variada colección de casi sesenta textos médicos que formaron una biblioteca pionera especializada en la teoría y la práctica de la curación.


La curación de las heridas de guerra impulsó el desarrollo de la medicina. 
En la imagen, Aquiles vendando las heridas de Patroclo durante la guerra de Troya. 
Copa de Sosias. Siglo V a.EC. Foto por BPK / Scala




Medicina racional y milagrosa

El Corpus recoge y examina, con una perspectiva metódica y racional, numerosos datos sobre enfermedades y aspectos varios del arte médico: anatomía, fisiología, ginecología, patología, epidemiología y cirugía. En ellos se pone énfasis en la observación minuciosa de los enfermos y sus dolencias, y se atiende mucho a la dieta y el régimen, lo que no es sorprendente en una ciencia en la que la farmacología es muy elemental y la cirugía interna desempeña un papel muy limitado. Es importante la atención a lo que llamaríamos medicina preventiva y, sobre todo, a la evolución del proceso enfermizo, a los síntomas que permitan conocer sus crisis, dar un pronóstico y orientar la mejoría.

Esa concepción de la physis o naturaleza como un conjunto de fenómenos que el estudio debe explicar mediante razones y experimentos es común a los primeros filósofos, los sofistas y los discípulos de Hipócrates. Por ello escriben esos textos en prosa clara y sencilla, contando sus experiencias e interpretando los hechos según una teoría crítica que los abarca y explica, sujeta a discusión científica. El médico intenta curar tomando conciencia de las causas de la enfermedad y expone el método efectivo para enfrentarse a ella. Aquí surge una medicina empírica y racional, sin ningún elemento mágico ni lastre religioso, en claro contraste con tradiciones médicas mucho más antiguas, como la china o la egipcia. Si es muy difícil valorar con criterio actual el nivel científico de esta medicina –que ignora los microbios, la circulación de la sangre o la química moderna–, no deja de ser ejemplar la orientación metódica y objetiva que caracteriza a esta téchne iatriké, el oficio de la curación.

Frente a esta terapéutica metódica y racional (la de escuelas médicas como la de la isla de Cos; la de la costa de Cnido, en Asia Menor, o la de Crotona, en la península Itálica) aparecen en Grecia otros lugares donde se practica una medicina religiosa en torno a los santuarios del divinizado Asclepio. Allí se promete a los enfermos un tipo distinto de curación, que actúa milagrosamente por la intervención del dios sanador. Impulsados por su fe, los enfermos acudían a los santuarios y se sometían a ciertos cuidados y ritos purificatorios, que solían incluir baños y rezos, y especialmente la incubatio, es decir, el dormir de noche sobre el suelo del recinto sagrado, donde les llegaba, en sueños, la voz divina que los aconsejaba o sanaba.

Es asombrosa la fama del culto de Asclepio y de sus santuarios –en Cos, Epidauro, Atenas y otras ciudades– desarrollada a partir del siglo V a.EC. y aumentada en época helenística. Asclepio, hijo de Apolo, era un dios benévolo y de aire compasivo. Las ruinas de algunos santuarios atestiguan su prestigio y su riqueza, como sucede con el de Epidauro, con su magnífico teatro. Por otra parte, las inscripciones conservadas en forma de breves exvotos de los enfermos agradecidos, como los llamados iámata (ἴαματα) de Epidauro, (1) testimonian múltiples y pintorescas «curaciones» milagrosas del dios.

Parece que los sacerdotes de esos templos de Asclepio se llevaban muy bien con los médicos hipocráticos, y puede que algunos les enviaran a pacientes que creían incurables. En cambio, algunos hipocráticos –como el autor de "La enfermedad sagrada", sobre la epilepsia– rechazaban a los rotundamente (por charlatanes e impostores) a curanderos, magos y brujos que se ofrecían como portadores de remedios mágicos.



En la cabecera del lecho de una mujer enferma aparecen Asclepio, que le impone sus manos, y su hija Higiea. La escena corresponde a un relieve votivo procedente del santuario de este dios en El Pireo, fechado hacia 400 a.EC. Foto por Bridgeman.

La ética profesional

El aprendizaje de la técnica médica estaba ligado a un estrecho vínculo personal entre discípulos y maestros, tanto en las escuelas como en la vida profesional. De ahí el interés histórico de un documento como el denominado «juramento hipocrático», que precisa los deberes del médico para con su maestro y su familia, y, por otro lado, los del médico para con los enfermos. El futuro médico jura solemnemente –por Asclepio y sus hijas Higiea y Panacea– "respetar a su maestro como a su padre, compartir con él sus bienes, atender a su familia y enseñar a sus hijos la medicina, si quieren aprenderla, así como a otros discípulos, y a nadie más». Por otro lado, se compromete a ejercer el oficio guardando las normas: no dar veneno ni remedios abortivos –ni aunque lo soliciten los pacientes–, no revelar secretos de los enfermos, abstenerse de relaciones sexuales en las casas que se visiten, no hacer operaciones quirúrgicas si no son especialistas...¨"

Los hipocráticos cuidaban mucho la relación de los médicos con los enfermos; consideraban  que la buena disposición anímica del paciente ayudaba a su pronta curación. Les importaba mucho el prestigio propio, esa buena fama que el juramento menciona como premio de los cumplidores, frente al castigo de infamia de los otros. Recordemos que quienes practicaban la medicina no tenían un título oficial, sino que debían ganarse la estima de sus clientes –los médicos eran los únicos extraños que penetraban en los hogares ajenos–, y la confianza era fundamental a la hora de fijar sus honorarios. Algún texto aconseja no comprometerse tratando a enfermos desahuciados, de muerte segura. El médico trataba a personas libres y a los esclavos por igual. Sólo en un pasaje Platón advierte que el médico debe explicar bien las causas de sus males a los libres, lo que no es preciso con los esclavos: a éstos bastaba darles las órdenes y las medicinas, sin explicación.

Hipócrates no dejó su firma en ninguna de las obras del Corpus, aunque muchas llevan el sello de la escuela de Cos. El único texto del que conocemos a su autor es el titulado "Sobre la naturaleza del hombre", que escribió Polibio, yerno de Hipócrates. Este tratado es famoso por una teoría que se suele atribuir a toda la escuela hipocrática: la de los cuatro humores. Se trata de cuatro líquidos presentes en el cuerpo: sangre, bilis, bilis negra y flema, cuyo exceso o falta determina la salud. Unos pocos textos del Corpus se escribieron en la isla vecina de Cnido, donde existió una escuela médica rival. Acaso, como es frecuente en escuelas científicas, se trabajaba en equipo y los asociados no se preocupaban por dejar su firma en los respectivos textos.


Médico tratando un paciente. Aríbalo de figuras rojas 
del Pintor de la Clínica, h. 480-470 a.EC. Museo del Louvre.



De Alejandría a Roma

Algo después, la tradición médica cobró una nueva perspectiva en Alejandría. Allí, en el Museo, destacaron Herófilo de Calcedonia y Erasístrato de Ceos, que progresaron en los conocimientos de la anatomía y el sistema nervioso, influidos por estudios del filósofo Aristóteles (inventor de la anatomía comparada) y por sus propios análisis, ya que en Alejandría se practicaron disecciones de cuerpos humanos. En Grecia no se hacían, por respeto a prejuicios religiosos. Los griegos diseccionaban sólo animales, especialmente cerdos y monos, pero allí diseccionaron cuerpos vivos de condenados a muerte, para observar mejor el funcionamiento de la sangre y los órganos internos.

En Alejandría y en Roma hubo diversas corrientes médicas, con distintas bases filosóficas: metódicos, empíricos, neumáticos, eclécticos. Pero todas quedaron superadas por la amplia obra y fama de Galeno de Pérgamo, que vivió en el siglo II EC. Galeno escribió muchísimos libros, tuvo una carrera de inmenso éxito y fue médico de varios emperadores romanos, de Marco Aurelio a Septimio Severo. Sus obras fueron copiadas y comentadas durante siglos por griegos, romanos, árabes y cristianos, y el nombre de Galeno ha quedado como sinónimo del médico por antonomasia.

Los grandes avances de la ciencia médica a partir del siglo XVI, especialmente en los dos últimos siglos, merced al desarrollo de la química y de la farmacia, hacen que la antigua medicina helénica nos parezca muy alejada de la actual. Y, sin embargo, esa concepción racional de la medicina representa una hazaña de indudable valor en la historia de las ciencias, y en el tratamiento y cuidado del ser humano.


Para saber más

Tratados hipocráticos I. Introducción de Carlos García Gual. Gredos, 2008.
Therapeia. La medicina popular en el mundo clásico. Luis Gil Fernández. Triacastela, 2006.
La medicina hipocrática. Pedro Laín Entralgo. Alianza, 1982.
Crónica de la medicina. Heinz Schott (dir.). Plaza &; Janés, 1995.

Texto tomado de aquí 
El resaltado en negrita y los enlaces son míos.

(1) Un tipo de las fuentes más importantes para el culto epidaurio de Asclepio son las iamata    inscripciones grabadas en los cuatro stelai (estelas) que fueron erigidas en el siglo IV aEC por las autoridades de un Santuario de Asclepio en Epidauro. El cuerpo de los textos que llegaron hasta nosotros  contiene aproximadamente setenta cuentos, que son básicamente registros de las curas y 'Terapias médicas' llevadas a cabo por Asclepio

Próxima entrada sobre Arqueología y Medicina: La medicina  islámica


Friday, June 2, 2017

La producción cerámica como expresión de una Cultura (3): La Cultura Griega, ritos funerarios de la época geométrica (c:a 900 -700 a EC)

La producción cerámica es un componente muy importante en el estudio de las Culturas del pasado por dos motivos: su preservación a lo largo del tiempo y su abundancia en los yacimientos arqueológicos de residencias, tumbas y templos. Podemos decir con seguridad que la cerámica, en virtud de estos atributos, se convierte en evidencia válida -aunque, por supuesto,  no la única- para aproximarse a la historia cultural y explorar una determinada conducta social ya que nos brinda mucha información por ejemplo: sobre la promoción gubernamental de mensajes ideológicos, políticos y económicos, sobre las  características artísticas y tecnológicas, sobre cuales eran sus creencias religiosas y rituales,  sus usos y costumbres, etc. como por ejemplo esta:




jarra griega del geométrico tardío, alojada en el Bristih Museum, nos muestra una escena funeraria, fabricada en Atenas, datado alr de 720-700 aEC. Si prestamos atención a los detalles, vemos en el centro al muerto acostado bajo un sudario y a su izquierda y derecha una hilera de mujeres que se llevan las manos a la cabeza en señal ritual de duelo y esta introducción de figuras  es algo novedoso para la época, puesto  que hasta entonces todo era no-figurativo linear (proto geométrico y geométrico temprano).  El motivo del muerto se repite cuatro veces en esta vasija. Además, hay animales como la cabra que vemos bajo el ataúd.

Aquí a continuación  vemos otra vasija (Cráter)  de Atenas, dat 750-735  aEC, alojada en el Metropolitan Museum  de NY, con un motivo similar en el que además observamos a los  guerreros con escudos y carruajes en la franja inferior.




No sólo Atenas producía  este tipo de cerámica, también lo hacían otras ciudades-estado como Argos, CorintoBoeotia, las islas Cicládicas y otras ciudades-estado en la costa de Asia menor.

Es en esta época  que enraiza  la Grecia pre- clásica y clásica en la que se forman las ciudades estado, se establecen  las instituciones, también se produce el colonialismo de Asia menor;  es en esta época  que la religión  del estado cobra importancia y se crean grandes templos y santuarios para los dioses olímpicos y patronos de las ciudades-estado que señalan  el indiscutible auge  de la religión estatal y en las que se exaltará el culto a los muertos y el ideal del guerrero conquistador, tanto en la poesía épica (Homero) como  en el arte visual.



Prótesis,  Pintor Gela, S VI




Los griegos creían que en el momento de la muerte la psique, o espíritu de los muertos, dejaba el cuerpo como un poco de aliento o soplo de viento. El difunto era  preparado para el entierro según los rituales consagrados por el tiempo. Las fuentes literarias antiguas enfatizan la necesidad de un entierro apropiado y se refieren a la omisión de los ritos de entierro como un insulto a la dignidad humana (Ilíada, 23.71). Los familiares de los fallecidos, principalmente las mujeres, llevaban a cabo los elaborados rituales de entierro que habitualmente constaban  de tres partes: 

La prótesis (colocación del cuerpo), El ekfora (procesión fúnebre), y el entierro del cuerpo o su cremación. Después de haber sido  lavado y untado con aceite, el cadáver era vestido  y colocado en una cama alta dentro de la casa. Durante la prótesis, familiares y amigos acudían   a llorar y a rendir homenaje al difunto. La lamentación de los muertos aparece en el arte griego temprano desde el período geométrico (900-700 aEC).

Después de la prótesis, el difunto era llevado  al cementerio en una procesión, el ekfora, que se efectuaba generalmente antes del amanecer. Muy pocos objetos eran  colocados realmente en la tumba que se marcaba con un monumento y un stelai  (estela) de mármol para asegurarse de que el difunto no fuera olvidado,  perviviendo  en el recuerdo de los vivos. Por las representaciones en lekythoi  en el  blanco-suelo, sabemos que las mujeres de la Atenas clásica hacían visitas regulares a la tumba con las ofrendas que incluyeron pequeños pasteles y libaciones.

Cada monumento funerario tenía una base inscrita con un epitafio, a menudo en verso que conmemoraba a los muertos. Un relieve que representa una imagen generalizada del difunto a veces evocaba aspectos de la vida de la persona, con la adición de un siervo, posesiones, perro, etc. En los primeros relieves, es fácil identificar al muerto; sin embargo, durante el siglo IV aEC (Período Clásico), se agregaron cada vez más miembros de la familia a las escenas y a menudo se inscribieron muchos nombres, lo que hace difícil distinguir a los difuntos de los dolientes. 




 Prótesis de Achiles
Hidria de figuras negras
Pintor Damon
Corinto, Grecia, 575- 500 aEC
(Museo del Louvre)


A fines del siglo V a.EC. (Período Clásico)  las familias atenienses comenzaron a enterrar a sus muertos en simples sarcófagos de piedra colocados en el suelo dentro de graves recintos dispuestos en terrazas artificiales sostenidas por un alto muro de contención que daba al camino del cementerio. Los monumentos de mármol pertenecientes a varios miembros de una familia se colocaron a lo largo del borde de la terraza en vez de sobre las tumbas mismas. 


                                 La muerte forma parte de la vida


Fuentes:

Metropolitan Museum, 
y aquí
British Museum (Dyfri Williams)
Louvre Museum
Andrewes, Antony, "Greek Society",  Penguin Books, GB, 1981

Más, aquí
y aquí




Friday, December 9, 2016

Cinisca, la princesa espartana ganadora dos veces -396 y 392 aEC- de los Juegos olímpicos en quádriga

                  detalle de cerámica griega  siglo IV  aEC



Cinisca (Κυνίσκα) fue una princesa espartana nacida alrededor del 440 a.EC. Era hija de Arquídamo II y hermana de Agesilao II, reyes de Esparta. Se convirtió en la primera mujer de la historia en ganar los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Mientras la mayoría de las mujeres del antiguo mundo griego se mantenían aisladas y tenían prohibido aprender cualquier tipo de deporte, a montar a caballo o a cazar, las mujeres espartanas eran en cambio educadas desde su infancia para sobresalir en estas cosas y para desdeñar las tareas del hogar.

A pesar de que los juegos antiguos eran casi únicamente para varones, se permitía la participación de las mujeres en los acontecimientos ecuestres, aunque no participando activamente sino mediante la posesión de caballos. Cinisca ganó en las carreras de carros de cuatro caballos (quadrigas) en el 396 a. C. y nuevamente en el 392 a. C.


 En el santuario de Olimpia se encuentra una inscripción de Cinisca, en la cual declara que fue la única mujer que ganó la corona de flores en las carreras de carros de los Juegos Olímpicos.
Reyes de Esparta son mis padres y hermanos.
Cinisca, vencedora con un carro de veloces corceles,
erijo esta estatua. Y me declaro como la única mujer
de toda Grecia que ha ganado esta corona.

Más bibliografía: 
Hodkinson, Stephen. Property and Wealth in Classical Sparta (The Classical Press of Wales, 2000) ISBN 0-7156-3040-7
Cartledge, Paul. The Spartans: The World of the Warrior-heroes of Ancient Greece, from Utopia to Crisis and Collapse. University of Virginia: Overlook Press, 2003.
Kyle, Donald G. Sport and Spectacle in the Ancient World. Malden: Blackwell Press, 2007.
Pomeroy, Sarah B. Spartan Women. New York: Oxford University Press, 2002.

texto e imágenes  tomadas  de Wikipedia y de aquí





Friday, October 14, 2016

El dialogo de Platón "Critias" y la búsqueda de la Atlántida, ¿Tartessus, Tarshish?




Platón describe a  la Atlántida en  su dialogo CRITIAS -(aquí), que continúa el de Timeo, y lo deja inconcluso- como una civilización avanzada, más allá de las columnas de Hércules,  que fue tragada súbitamente  por el mar. Esta es la única fuente antigua que la menciona y mapa de ruta de los arqueólogos que la buscan.  El personaje de Crítias era,  probablemente,  el líder de los  Treinta Tiranos pro- Esparta, que gobernaron Atenas luego de que esta fuera derrotada en La Guerra del Peloponeso, año 404 a EC: 

  
Queridos amigos,  les dejo aquí un fascinante documental  por National Geografic sobre los avances actuales de la Arqueología en esta materia, espero que lo disfruten:

Sunday, June 19, 2016

De viudeces y amores 2 - O monólogo de Aspasia mientras se cepilla el cabello frente al espejo al regreso del entierro de su amado Pericles


(Año 429 a EC interior, noche)

Ha caído la noche y mi amado Pericles ya no está aquí conmigo para darme un beso a la mañana  y otro al atardecer,  cosa nada común para los ciudadanos ilustres de Atenas, pero él me amaba sincera y apasionadamente y no desperdiciaba ocasión de hacérmelo saber. También  buscaba en mi refugio de las intrigas políticas y de los continuos ataques de sus oponentes,  consuelo en el dolor, compañía  en su soledad y  a menudo, solicitaba y escuchaba mi  opinión  en los diversos  asuntos que tanto lo preocupaban.  El quería hacer grande a Atenas (me consta que se esmeró como pocos) y yo era su más fiel colaboradora y grandísima admiradora, además de adorar sus penetrantes ojos negros. Y ahora me ha dejado sola a merced de los lobos, a  mi que de mi Mileto  natal en Caria, Asia menor, vine a Atenas traída por un pariente, en circunstancias que prefiero no recordar,  cuando era aún niña  inocente ignorando entonces que aquí la mujer es relegada de cualquier actividad política, artística e  intelectual. ¡Sí, tal como lo oyes, espejo!  Las ciudadanas de Atenas, sólo pueden quedar en casa y criar hijos. Hubo momentos en los que sentí que me asfixiaba... leyendo y estudiando siempre a escondidas, pero ya ves, aquí sigo,  ¡Aspasia es un hueso duro de roer....!   Muchos ciudadanos me llaman hetaira y otros, directamente,  prostituta,  porque no pueden tolerar que una mujer estudie y debata con hombres temas de artes, filosofía y política, o lo que es para algunos  de ellos todavía peor: les enseñe (como a Jenofonte y a su mujer).... por suerte y a mucho honor soy meteca y eso aquí me permite poder ser independiente y no, no tomo clientes para venderles sexo, que quede claro, ¡enseño retórica! y al igual que Protágoras, cobro por ello, pues nada malo hay  en hacerlo  si ahí se encuentra mi sustento y mi independencia;  soy reconocida en los círculos más importantes, Sócrates y yo que somos muy buenos amigos,  lo éramos desde niños ¡ah, esa bella edad de la inocencia y despreocupación!; ya de  mayores ambos solíamos reunirnos en los simposios que organizaba en mi casa a los que también asistían la crema y nata masculina de la sociedad ateniense y alguna que otra mujer inteligente para que no me sintiera  como una mosca en la leche. Y sí, soy, he sido, la concubina de Pericles, desde que se divorció de su mujer ateniense hace dieciséis años para vivir conmigo,  nuestra unión fue basada en la atracción sexual,  en el amor genuino, la colaboración mutua  y el respeto;  ambos nos complementamos y logramos sacar en el otro lo que este tiene mejor de si, juntos nos potenciamos  y somos invencibles, ¿somos?...¡eramos!, no me acostumbro, Pericles amado, a que hayas partido hace poco al reino de Hades a encontrarte con la diosa Demeter, ¡víctima de la horrible  plaga te me fuiste! ¿por qué te llevaron de mi lado?.... ¡te sigo amando y te sigo extrañando! no, no me acostumbro a que ya no estés conmigo.... Reconozco que esta unión me ha situado en un lugar prominente en una Ciudad que niega todo lugar -fuera del hogar, por supuesto- a la mujer. No sé como seguir adelante hoy,  a mi regreso de las pompas fúnebres, no se como  aliviaré mi dolor, siento como el miedo atenaza mi alma y se cierne sobre  mi futuro cercano como una sombra siniestra, mas he de jurarme no sucumbir y menos,  mostrar dolor  frente a mis enemigos,   ¡Lo juro! por ningún motivo  he de mostrar debilidad, ¡Lo Juro, espejo,  frente a ti! por el bien mio y por el de nuestro hijo Periclito,  como le llamo, o Pericles Junior, como le dirán en el futuro según me  vaticinó  una amiga que es vidente, (aunque poco creo en videncias... o en dioses,  de ahí que no suela invocar a Hécate tan popular entre griegos y carios).  Creo, sí,  en Sofía,  la sabiduría que anida en mi interior  y en mi razonamiento,  fruto de pensamientos y argumentaciones sopesadas y ellos  me indican  que debo  tomar medidas de inmediato. Se que los ciudadanos de Atenas y sus hijos, y los que vengan después, en especial comediantes  (como ese Aristofanes ¡que gordo me cae! ¿Para qué negarlo?, ¡a ti espejo, no puedo mentirte!) harían mofa de ello y darían carne a mis enemigos  que más que humanos, parecen buitres esperando a devorarme.   Y sé que otros  más sabios  reconocerán mi lugar, este que me he ganado a pulmón y en buena lid. Puedo apostar casi con seguridad a que personas como Esquines  Socrático  reconocerán y recordarán mi  sapiencia y lo mucho que me gusta enseñar retórica o debatir con hombres cultos y poderosos. Incluso oponentes de Pericles con gran corazón,  como el historiador Tucídides,  me recordarán con honestidad. Y sino, al tiempo. 




¡OH, amado Pericles!  te siento aquí conmigo ahora, que estoy frente al espejo cepillando mi larga cabellera y meditando. ¿Te acuerdas lo poco que te gustaba mirarte al espejo porque tu cabeza alargada hacia arriba, no respondía a los cánones de belleza helenos?  Aún recuerdo tu altercado con Fidias cuando le exigiste que esculpiera tu cabeza con el casco de guerrero: ¡Con el casco!, le dijiste, ¡siempre con el casco!.   Ahora que te evoco, viene a mi memoria tu gran discurso oficial fúnebre  por los soldados atenienses que murieron en una de las primeras batallas de la Guerra del Peloponeso"Cuando se trata de resolver conflictos privados, todos son iguales ante la ley; cuando  se trata de poner a una persona antes de otra en posiciones de responsabilidad pública lo que cuenta -dijiste- no es la pertenencia a una clase en particular, sino su capacidad real, la capacidad que  tiene el hombre de  realizar la tarea", ¡y cuánto discutimos cuando armamos el discurso juntos!  sí, sí, me acuerdo, fue cuando  te pregunté  porque demonios  una mujer ateniense no podía  valer tanto como un hombre en esos temas.  ¡Ay! ese discurso, tú discurso, nuestro discurso, ¡me parece estar oyendo tu oratoria vibrante, decidida y a la vez cálida!. ¡Cómo ensalzaste entonces los valores de nuestra ciudad y diste las razones de por qué los jóvenes  habían muerto: lo habían hecho, recalcaste,  defendiendo esos valores!, los valores de nuestra ciudad abierta el mundo, abierta y parangón; preferiste concentrar en ella, en el puerto y en la flota tus esfuerzos, dejando desprotegido el campo, lo rural ¿pero que podías hacer? Era una cosa o la otra....no había recursos para ambas defensas, había que elegir y tú lo hiciste. Luego te recordé, la importancia que tiene la belleza en nuestras vidas, que ella nos mejora en lugar de hacernos débiles y tú  me contestaste:  ¡mi belleza eres tú, mi Aspasia amada! Y  agregaste luego  lo de la pobreza, dijiste, recuerdo con prístina claridad: "nadie tiene porqué avergonzarse de haber nacido pobre, vergüenza sí debiera tener aquel que   nada hace para salir de ella".  ¡Qué maravilloso discurso, mi amado Pericles! Como te ovacionaron todos, desde el más anciano hasta el más niño.  Hasta a  tu contrincante Tucídides, le cayó un lagrimón y parco como siempre me susurró al oído cuando lo miré: "es una basura en el ojo" y agregó tratando de disimular la emoción: "cala hondo este discurso Pericliano,  lo recordaremos por muchos años". La oratoria era tu fuerte, la retórica el mío, ¡que dúo potente conformábamos! ¡juntos, lo repito, éramos invencibles! Una cosa, una única cosa te reprocho y lo hago porque me duele enormemente: tu empecinamiento  en no querer -o no poder- cambiar  la Ley de la Ciudadanía que promulgaste justo antes de conocerme y que tanto perjudica a nuestro bien amado hijo. Exigiste que  ciudadano ateniense sería  sólo aquel hijo de ambos padres atenenienses. Antes, bastaba que uno sólo de los padres lo fuera, incluso los hijos bastardos podían serlo....

(Suspirando) Mañana hablaré con Sócrates, mi fiel y profundo amigo,  aciaga es esta hora y  más que nunca  necesito de  su apoyo y su cariño.  Hoy, más lustre no le puedo sacar a mi cabello y tú, espejo, si te agobio más, vas a quebrarte.

(Baja el telón,  se oyen los sollozos de Aspasia)



Esta  imágen es de una  pintura de Hector Leroux (1682-1740), que retrata a Pericles y Aspasia admirando la gigantesca estatua de Atenea en el estudio de Fidias.






Imágenes de la Red.