Ahí quedó refocilado -y extenuado- Gumersindo Díaz Rodriguez después del ardiente encuentro con su
querida Pola Alegría Alarcón quien dejó su impronta sellada como indeleble recuerdo de su
paso por los orgullosos atributos del susodicho aquella primaveral tarde en la vibrante y acogedora ciudad de Tel Aviv en Israel.