Wednesday, October 17, 2018

CIEN AÑOS (de soledad) a Grabriel García Márquez, in memoriam

   

Atroz  el dolor de las entrañas,
al rasgar del cuchillo,  las vísceras
sangrantes exudan sus hedores.
La mueca de  la cara en pantomima
 queda, crispados van los labios;
 las cuencas vacías en los ojos.
Sobre un tinglado en ruinas un gato
maúllale a la luna que como un queso
 redonda, en lo alto, brilla pálida y serena.
El cementerio está cerrado y calla;
las ánimas en huelga, duermen.
El reloj de la torre  no da la hora;
la herrumbre ha atacado a sus agujas.
El llanto se ahoga en polvo, soterrado,
hasta quedar,  completo, en sombras.
Hojas secas y arena lo cubren todo.
El viento arrecia, la tempestad aflora.
Yermo, el páramo desierto, seco.
Yerma la ciudad, hundida, sola.
Apílanse ruinas y huesos en estrato,
donde no hay olvido, mas sólo
enterramiento. Hasta el dolor
hendióse en el viejo zaguán.
Polvo y arena. Viento y agua.
Las hojas secas levantan  vuelo,
lavadas por la lluvia generosa,
que limpia cae del Cielo ahora.
Cien años han pasado. Cien años
y la soledad impávida,  golpea.


                                                                                                 (A Gabriel García Márquez)


 Publicado anteriormente aquí  y  mi aporte - tanto la foto como el poema- a la lectura colectiva de este mes.   Mucho podría escribirse sobre este libro  y mucho ya está escrito. Su   primera lectura la hice hace muchos años, cuando era muy joven,  y  en una época especialmente  dura para mi en la que la soledad de ese pueblo abandonado se había entrelazado con  la mía,  en  lucha continua por la supervivencia, de mi cuerpo pero también  de mi  alma y por sobretodo,  de mi espíritu. Este aporte tiene que ver con el recuerdo en mi y conmigo de esa primera lectura. 


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   © Myriam Goldenberg


Post data: Me  hubiera gustado que esta publicación coincidiera con la última clase se Pedro, pero  como estoy de viaje,  esta entrada la he dejado programada según el programa anticipado, pero  a ciegas siguiendo el método de "al tún tún" y "tiro porque me toca", así que por ahí cae al desayuno con Melquíades, al que -dicho sea de paso-  no me arriesgaría a dejarle mi apellido, a ver si me lo deja "montaña" a secas. Demás está decir que como siempre en viaje,  seguiré atentamente  las clases y las contribuciones de los compañeros de lectura,  aunque comente según disponibilidad.  Gracias a todos y cariños.




16 comments:

manouche said...

Lei la obra en diferentes etapes de mi vida... El poema magnifico queda en el mismo ambiente.

Javier Rodríguez Albuquerque said...

Una obra referencial para muchos. Lo leí de joven y lo he vuelto a releer hace unos pocos años. Los sentimientos que me produjo esa segunda vez recuerdo que fueron similares.
Intemporal.
Musu bat.

Ele Bergón said...

Magnifico poema que resume muy bien la soledad del libro de García Márquez y feliz estancia por tu tierra.

Besos

Ester said...

Aun recuerdo el libro, levantando la vista lo veo. El poema es como una continuación, o un entreacto de la novela. Hay que felicitarte por esa entrada "al tun tun" un abrazo

Manuel López Paz said...

Siempre descubro algo nuevo en esta novela...Macondo me atrae.

Besote guapa

La Dame Masquée said...

Una obra inolvidable y un poema magnífico. Muchas gracias por tus aportaciones a la literatura, a la historia y a tantas cosas como descubro aquí.

Feliz día.

Bisous

Kety said...


Intenso poema. Tan intenso como Cien años de soledad.
Sigo con la lectura sin prisa, pero sin pausa. Descubriendo tal vez, lo que había olvidado de mi primera lectura.

Besos

Beauséant said...

No recordaba mucho del libro, leído hace muchos años y releído no hace tanto.. pero el poema me ha trasmitido la misma sensación que recorrer Macondo. Esa sensación de tener algo pegado en los zapatos, un roce incómodo en la garganta...

Abejita de la Vega said...

Gracias por tu poema, Myriam. Vivimos el fin de Macondo.

Cuidado con el oro de tu apellido no termine en el atanor de José Arcadio y te lo convierta en pescadito de oro o, peor aún, en sustancia negra adherida al recipiente. Se fundiría con las monedas de Úrsula.

Besos

Genín said...

Nunca lo había pensado, pero me gusta esa idea original, de la posibilidad de que las almas hagan huelga... :)
Besos y salud

Myriam said...


¡Mil graaaaaaaacias a todos y a cada uno de Uds!

Abrazos a repartir

Frodo said...

Muy buen poema.
No me gusta tanto Cien años de Soledad, pero reconozco que tiene algo que le llega a muchas personas que aman la buena literatura. En este caso pienso algo parecido a Borges que (con algo de malicia) decía que a "Cien años de soledad" le sobran cincuenta años.

Me paso por La Acequia

Beso!

Kasioles said...

Vales un montón, amiga mía, me ha encantado tu aporte en homenaje a García Márquez, nunca había leído un poema tuyo.
Me alegro de que viajes, no hace mucho he regresado de visitar el norte de España con una de mis hijas, hemos llegado a Francia y me ha encantado, no me importaría volver.
Si arribas por Castilla ya me avisarás.
Cariños.
Kasioles

Pedro Ojeda Escudero said...

En parte soy responsable de este buen tun tun: este mes he estado tan fieramente ocupado que me ha sido imposible publicar con regularidad ni el blog ni las entradas del club. Espero ponerme al día.
Gracias por esta aportación que nos lleva a esa primera lectura que todos hicimos.
Besos.

Rita Turza said...

Maravilloso homenaje a Gabo.

Besos enormes, querida Myriam.

Paco Cuesta said...

Dentro de lo posible, "Cien años", debiera de leerse en estado de euforia para que la soledad no se acreciente.
Besos