Fue hace casi dos años en plena pandemia cuando a Eugenia Ruiz del Parral la diagnosticaron con una enfermedad incurable, que no era cáncer, pero igual de horrible.
- Arregle sus asuntos, la esperanza de vida según nuestras estadísticas es de seis meses a un año- le dijo con voz pausada el Dr. XSM, máxima autoridad en su campo. No podemos hacer más, lo siento mucho - e hizo un signo con la mano hacia la puerta indicativo de que la consulta había terminado.
Un baldazo de agua fría, como mínimo, sintió ella caerle encima quedando congelada, sin capacidad de modular palabra. Como un zoombi salió del consultorio, cruzó la sala de recepción del Hospital y tomó un taxi hacia su casa.
- ¡No es posible! ¡Tengo tanto que hacer! ¡Esto no puede estar pasándome a mi! Morir en Pandemia y no a causa del famoso virus. ¡NO! ¡nooooooooo! ¡Definitivamente no! - El taxi volaba, pasándose los semáforos en amarillo y hasta en rojo.
-¡¿Pero qué hace, hombre?! - le gritó la pasajera asustada.
- No se preocupe, Doña, que aquí está segura- le afirmó el conductor sonriendo y continuó:- Mire por la ventana a su derecha ¿Sabe qué es eso? .
Eugenia, soltera, sin hijos, de treinta y siete años, tan segura de sí misma, tan líder en su Compañía, tan dinámica, tan expeditiva, tan soberbia, no tenía ni idea de dónde estaba ni que era eso que veía por la ventana. Sentía que se movía sobre arenas movedizas. ¿Dónde habían quedado todas sus certezas?
- ¿Disney World, acaso?
El taxista largó una estrepitosa carcajada y haciendo todavía buches- la llevó casi a volandas hacia una inmensa nave plateada en medio de la pista.
Cuando las luces multicolores que rodeaban la estructura ovoide de la nave se apagaron, apareció en la puerta abierta una escalera por la que unos seres alados comenzaron a descender.
- ¿Cuál sino?
- Pues no, Doña, mire bien.
- A mi casa teníamos que ir.
- ¡Vale!, después, lo prometo. ¡Ahora vea esto!.
Los seres alados con ropaje brillante se acercaron a la mujer y al gordinflón del taxista. Una inmensa luz comenzó a inundar el lugar. Luego, uno de ellos que parecía ser el Comandante, habló:
- Rtxvbmop mnbjk olhgt resdf - dijo
- ¡No se entiende ni jota!- exclamaron a duo Eugenia y el taxista.
- Bluenas trades trerricrolas un miluto ke kalibramos ali baba bin lengua- Al cabo de 10 minutos, continuó el sujeto - Venimos de la Constelación Orion. Como hicimos mierda nuestro planeta, estamos buscando otro en dónde poder vivir. Mientras lo encontramos, observamos que el de ustedes está pasando por una crisis existencial profunda que abarca todos los niveles por dónde sea que miremos. Nuestra tecnología es mucho más avanzada que la de ustedes, por lo tanto podemos ayudarlos a resolver cuestiones como eso del Cambio climático, el efecto invernadero y la emisión de residuos tóxicos. Sobre otros temas, como la guerra en Ucrania y otras injusticias, no prometemos resultados. ¿Qué dicen... aceptan nuestra ayuda?
- ¡No me diga! - ¡Y yo soy la Papisa Juana!. ¿Dónde está el director de la película?- Espetó incrédula Eugenia y comenzó a buscarlo con la vista.
Felix, el taxista, observaba todo muy divertido. Por lo menos, era un día distinto que lo había arrancado de la cotidiana monotonía en la que ahora, encima, debía conducir con mascarilla y proveerlas a los pasajeros con alcohol en gel en lugar de periódicos y caramelos, como solía.
Eugenia fue invitada a entrar en la nave. Dudó un instante ¿No sería esta una broma pesada de un Reality Show o Cámara Oculta? pero, como en realidad no tenía nada que perder, fue con ellos. No más entrar la saludaron dándole una calurosa bienvenida. Luego le preguntaron cómo se encontraba a lo que ella les contó con lujo de detalles la enfermedad que padecía y lo poco que le habían diagnosticado que le quedaba de vida.
- ¡Tenemos la solución! - le dijo el Ser alado de over-all o mono verde invitándola a acostarse sobre una camilla en la que le pidieron que cerrara los ojos y respirara lento y profundo.
Eugenia sintió una sacudida tremenda y tembló. Toda la Tierra tembló bajo sus pies. Despertó sintiendo que alguien la sacudía fuertemente. Y oyó las risas de sus compañeros.
- ¡¡Señorita!!- Bramó el Profesor de Anatomía furioso - ¡¡Otra vez se ha dormido en mi clase!!. ¿Y Ud. pretende estudiar Medicina?
Entre somnolencia y vigilia, Eugenia comenzó a entender dónde se hallaba y agradeció profundamente al Cielo los amenazantes gritos del Profesor que para ella eran pura música y bendición.
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Nota: Las imágenes son de la red
Pido disculpas por pasarme del límite de palabras.