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Wednesday, March 15, 2017

Despersonalización de la víctima, justificación y desenganche moral en "A sangre y fuego" de Manuel Chaves Nogales (1897-1944)




No es la primera vez que hablo de este tema aquí en mi blog. Lo he tratado antes siempre que me he referido a las ideologías totalitarias del Siglo XX y por lo tanto, vuelve a ser actual para mi breve (pero incisivo)  aporte a  esta lectura que nos toca ahora en el club.  

Este libro -escrito  por el intelectual  "pequeñoburgués liberal" (tal como él mismo se describe, Prólogo P 3), escritor y periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (MChN)- fue editado  por primera vez en  1937.  La edición que manejo es la  de  Ed. L del  Asteroide,  Barcelona, España, 2013, que  consta de  11 relatos  fortísimos, durísimos y crudísimos,  escritos en una prosa magnífica y un grafismo realista y aterrador; con una introducción de María Isabel Cintas  en la que explica sus motivos para agregar los dos últimos relatos que no estaban incluidos en la  primera edición

La temática central   se corresponde  con los últimos momentos del Gobierno Republicano de Manuel Azaña (del Frente Popular),  levantamiento militar    y la inmediatamente posterior Guerra Civil en la que queda patente la barbarie desatada por ambos bandos rivales  que  asesinaban a los seres humanos integrantes del bando contrario donde quisiera que los hallaren, también  a mujeres y niños.  Los ejemplos son innumerables y extraídos de la misma cruenta  realidad, pero escritos desde su exilio en Francia;   por donde se abra el libro, salta uno y otro y otro ejemplo más y me empapo de sangre y de asco;  el mismo que sintió  el personaje de Arnal cuando tiró la pistola,  "sintiendo asco y la vergüenza de vivir y de ser hombre"  (El tesoro de Briesca, P 146). 

MChN  señala explícitamente en este párrafo a continuación que la barbarie es total: 

"En vano intento de señalar  los focos de contagio de la fiebre cainista en este o aquel sector  social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión  e intensidad en los dos bandos que se partieran en España"  (Prólogo, P.5)

La pregunta que me hago siempre en estos casos es: ¿Cómo es posible matar a otro ser humano?  ¿Qué mecanismo perverso en el interior del hombre "hace que la bestia humana rompa su ligaduras"? (El Tesoro de Brieska, P 146)  en la que no cabía andarse con contemplaciones, porque había que ganar la guerra aunque no fuese más que para poder dormir  (Y a lo lejos, una lucecita; P 78), para que el infierno terminara de alguna vez por todas.

 Los factores que no pueden faltar para que eso suceda:

1-  Despersonalización de la víctima:  la víctima es un ser despreciable,  una alimaña, un insecto (una cucaracha), un monstruo,  una cosa (un muñeco, un pierrot, un fiambre), un foco infeccioso, (cualquier cosa menos un ser humano)  
2- Legitimación (explicación y justificación): que hay que exterminar para preservar la salud del cuerpo social. 

De esto se sirve la propaganda política de las dictaduras  totalitarias (los mismos argumentos han sido usados por el Nazismo, el Franquismo, el Stalinismo;   este veneno es inoculado  en la incauta población, utilizando  todos los medios de comunicación disponibles, que, además,  controla a su antojo) 

-"¿Y estas tres mujeres?
- Las peores. Con 100 vidas no pagaban- le contestaron
-No será tanto...-aventuró
-¿Cómo? Han hecho horrores. Asesinaban por su mano a los prisioneros y sacaban los ojos a los hijos de las personas de orden.
- Eso no es verdad! A mi me consta... " (Viva la muerte,  P 211)


- "Alguien anda por allá arriba haciendo señales con una lucecita. No lo espantes. A ver si conseguimos cazarlo"  (Y a lo lejos, una lucecita,  P 80 y 83) Así, como se caza a un anima salvaje.

"(...) Pedro no hizo más que levantar el brazo corriéndolo por la espalda del prisionero, apoyarle el cañón de la pistola en la nuca y disparar. Lo vio doblarse sobre la balustrada, agarrarse a ella con ambas manos, resbalar y caer de bruces en el suelo hecho un guiñapo." (Y a lo lejos, una lucecita,  P 87)

"Con un agujerito en la frente y un un hilillo de sangre que le corría por la mejilla y el cuello, el guapo mozo quedó allí de rodillas ante la cama. Tenía la cabeza doblada y apoyada  en el borde del lecho. Los brazos, enfundados en el amplio pijama de seda , le caían inertes hasta el suelo y le daban un aire grotesco  y  elegante de pierrot de trapo.

-Debíais llevároslo.(...) No está bien que el fiambre aparezca mañana en el mismo hotel (dónde lo ejecutaron).

-Echalo por el montacargas- le contestaron 

Y por el montacargas lo echó  cogiéndolo a puñados como un muñeco de trapo con los resortes rotos, al que se tira a la basura".       (Y a lo lejos, una lucecita,  P 89-90)

3- Desenganche moral: para evitar el conflicto psíquico que resulta   del choque de la moral individual con la moral producto de la norma social imperante, producen estos individuos “un desenganche  moral” en el que se inhibe totalmente  la instancia moral personal: “todo el mundo lo hace”, “es lo normal”  (aunque sea la mayor de las aberraciones),  “el líder lo dice, lo pide, lo exige”.  Por lo tanto, ´se hace uso de  justificaciones morales, de  un lenguaje “de desinfección”,  se  invisten los hechos de altos propósitos morales ("Todo sea por el bien de la Patria"), se siguen  conductas altamente nocivas (la exterminación del diferente, del Otro), siempre desligando de cuajo la responsabilidad  individual que recae íntegramente en  el o en los líderes. 

La instancia moral es la que organiza a la persona, la que es pro-activa, reflectiva, reguladora;  la que distingue el bien del mal.  Y es la que frena al yo de los impulsos agresivos , etc,   cuando funciona adecuadamente.

Antes del desenganche total, se  intenta reprimir  en el Inconsciente aquello que molesta a la Conciencia  y como todo lo reprimido, tarde o temprano pugna por salir  a la superficie,  eso es lo que  vive el personaje  Cayetano Turión  que siente "dentro de sí mismo algo que se revelaba y pugnaba por salir"  (...) angustiosamente sacudido por aquella repulsión interior(...) cae en la tentación de dar un sensual reposo a su conciencia (...)  por lo que marcha a la Prisión a ver a las tres mujeres que le habían salvado la vida y lee como un idiota las listas con sus nombres.  (Viva la muerte, P 210)

Para no tener esas incomodidades provenientes de reprimir lo que a la Conciencia resulta desagradable o intolerable y la Instancia moral tanto censura; el sujeto volitivamente -es decir, de forma consciente-   desengancha  del todo la Instancia moral.  Al hacerlo, puede tomar tranquilamente té  con la familia, abrazar a sus hijos, darles afecto y al rato  salir de casa  a descerrajar las sienes,   o las nucas,  de sus vecinos.  Y esto lo logra, repito,  porque  al desenganchar por propia decisión la instancia moral,  el sujeto produce  una reestructuración cognitiva en la que legitimiza -explicando y   justificando-    sus acciones,   cosifica a las víctimas y niega  la propia   responsabilidad en los hechos crueles que comete,   depositándola, cómodamente,  en sus  líderes.



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©Myriam Goldenberg






Thursday, December 12, 2013

"Todo lo que era sólido" de Antonio Muñoz Molina; Parte 1: Cainismo. El nosotros y el ellos. Desbaratar prejuicios

Dice Antonio Muñoz Molina (AMM) desde el inicio de su ensayo "Todo lo que era Sólido"  Ed.Seix Barrial,  Barcelona, España, 2013,  a propósito del “cainismo” imperante en la sociedad española: “El nuestro es un nosotros fraccionado (…) a golpes de tajante negación” Cap. 2;  “Amnésico de fragmentos” y  consecuentemente, sujeto a “identificaciones erróneas” Cap.3.  Más adelante señala que “victimismo y  narcisismo  son dos rasgos del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores han levantado en cada comunidad, proscribiendo o dejando al margen no solo cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción adulta de ciudadanía”, habla también del nacimiento como sello de identidad y de orgullo que lleva  a la concepción errónea de que “lo que te falta es  porque te lo han quitado ellos, los opresores extranjeros”, etc, etc,   ver el capítulo 35 completo;  y en el  Cap. 37 pone AMM de ejemplo los Estatutos de las Autonomías, así tenemos que el del Reino  León dice: “… leoneses y castellanos ofrecieron al mundo ejemplo de respeto y convivencia entre las culturas diversas”. (¿Desde cuándo? ¿desde 1492?”).  Cap 54: “Sólo fingiendo o creyendo ver lo que no existe se está seguro de no pertenecer a ese ellos infame”,   impuesta “una identidad originaria sin mancha”. Y cita el entremés de Cervantes:  “El retablo de las maravillas”, maravillas que sólo podían ver los “limpios de sangre”, que en realidad no existían, pero que los timadores que presentaban la pieza,  hacían creer al pueblo de que sí. Concluye AMM el tema diciendo: Cap 85: “ninguna historia se repite, no estamos condenados al cainismo ni nada”.  La solución está según AMM en tener conciencia de que “nada es para siempre, nada ni nadie es de una sola pieza” (Blanco-negro, bueno- malo) Cap. 87 y  de la importancia de integrar esos aspectos, sabiendo que “no se trata de renunciar a lo que uno es: es aceptar la parte en la que nos parecemos a otros, lo que tenemos en común que nos constituye tanto como lo que nos diferencia” Cap. 92. (El subrayado en cursivas negritas es mío)

Hasta aquí AMM. Ahora vamos a ver desde la Psicología cómo funcionan estos mecanismos. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que cuando hablamos de cainismo, aludiendo al Cain y Abel bíblicos, lo que estamos haciendo es rechazar una parte nuestra  que no deseamos reconocer y que proyectamos en el otro. El otro es entonces portador de eso que rechazamos, expulsándolo así de nosotros pero endosándoselo a ese Otro, que de esta manera pasa a ser chivo expiatorio, objeto de persecuciones, insultos, golpes, etc.  Para hacerlo, edificamos un relato parcial, interesado o ignorante -una suma de creencias erróneas que no tienen relación con la verdad histórica- sino que recoge selectivamente sólo los datos  que nos interesan  y los acentúa, para edificar nuestro cuentito, llevando a generalizaciones del tipo “Todos los….. son….” O “no soporto a los … ellos son…”  “conozco uno que no, pero la mayoría es….” etc, etc,  así es como se forman los prejuicios, que pueden ser atribuciones buenas o malas pero que en ningún caso se ajustan a la verdad histórica, al hecho real. Ese ellos pasa a ser una entidad aglutinada, uniforme.    

Culpar a otros de  aspectos nuestros que rechazamos y hemos expulsado de nosotros por este artificio, nos produce incluso a veces una sensación gratificante de bienestar. Asumir nuestros lados oscuros, nuestras falencias, nuestras incongruencias, es algo muy molesto y por supuesto, requiere de una gran madurez emocional que muchas veces, no estamos dispuestos a asumir  (a nivel individual, pero también puede serlo a nivel colectivo).

Para que haya un “nosotros” y un “ellos” formamos grupos de pertenencia. Es más, desde que nacemos, pertenecemos a uno, la familia, luego la clase en la escuela, vecindad, ciudad, etc, etc. Incluso los grupos de pertenencia se superponen y enlazan. El problema surge  cuando cerramos las fronteras a cal y canto, cuando no permitidos la incorporación del Otro. Hablamos de grupos de pertenencia (Los grupos a los que pertenezco), de grupos de referencia (mayoría dominante que van a influir en los grupos a los que pertenezco) y de distancia social, la que pongo entre ese “nosotros” y esos “otros” (Cómo por ej. cuando la madre le dice al hijo “no te juntes con los negros porque son ….”. Nótese que los prejuicios son siempre un problema individual, que tienen que ver  con mi grado de ignorancia y rigidez sobre un tema específico.  Ignorancia,  por un conocimiento  precario del tema basado en informaciones parciales o erradas y en generalizaciones. Y rigidez,  esa que me impide el diálogo, el debate,  el modificar lo que pienso, completando mis parcialidades. Esas, que todos tenemos porque ninguno de  nosotros es conocedor de la verdad absoluta, de TODA la historia.  Es fundamental entonces, escuchar la voz del otro y su particular enfoque de la realidad, sumando las diferentes perspectivas que nos van ampliando el panorama, buscando tal como dice AMM,  lo que nos une, más que lo que nos diferencia.

Existen distintos grados del rechazo del Otro: hablar mal de él descalificándolo, evitarlo, discriminarlo y rechazarlo, atacarlo físicamente, incluso,  exterminarlo.

Para ejemplificar el tema,  profundizaré en los de los prejuicios  de raza (aunque existen infinidad  de ellos  de género, ideología, etc. etc.) y lo mismo se pueden aplicar aquí que allá. Se confunde muchas veces raza (factores genéticos) con étnia (que involucra factores sociales y culturales).  Mientras la primera no se cambia, la segunda depende de la educación e hipotéticamente podría cambiarse en el curso de una o dos generaciones.

Solemos considerar a los negros de Estados Unidos como una raza uniforme. Sin embargo, de acuerdo a estudios antropológicos. psicólogico-sociales y  sociológicos (Herskovitz, 1930; C.S. Coon et alt, 1950; Allport, 1954; etc) se calcula que solo ¼ de la población total de negros americanos  son puros descendientes del tipo negroide africano; siendo ¾ producto del mestizaje, y estos afroamericanos estarían a igual distancia genética del tipo negroide africano que del tipo caucásico.

Otro ejemplo más:  a efectos de exacerbar el odio en contra  de los judíos, se los ha pintado como “una raza” con determinadas características. Sin embargo, nada más errado, porque es una simplificación espuria del conjunto de etnia, religión, historia e influencias psicológicas que caracterizan este grupo o  pueblo, que además dista mucho de ser uniforme (Los hay de rubios a  morenos; de  religiosos ortodoxos hasta  nada religiosos o incluso ateos;  que hablan ladino, idish o hebreo o sólo la lengua del país en que nacieron; que pertenecen a ideologías   de derecha, centro o  izquierda; muchos ni se consideran “una nación” sino ciudadanos de los países en los que nacieron y viven; etc, etc). Volveremos sobre este tema en el futuro, quizás,  al referirme a como se sirvió Hitler y todo el Nacional Socialismo alemán de estereotipos y prejuicios que ya formaban parte del ideario socio-cultural del pueblo alemán desde siglos antes de la asunción de Hitler al poder y de esta forma,  justificar el exterminio de 6.000.000 de judios  (además de gitanos, homosexuales, izquierdistas).  Y conviene que lo veamos, porque algo impensable  para este Siglo XXI,  es que existan aún focos neo-nazistas en Alemania, y no sólo en Alemania, sino que también los hay en otros países de Europa (Grecia, Austria, Holanda, etc) y en otros países del mundo, por cierto.  AMM nos dice, que no estamos condenados a que la Historia se repita, pero para evitarlo  es necesario recuperar la Memoria Histórica: el recuerdo, el estudio, el análisis, el debate, de lo contrario estamos sí condenados a la repetición, porque no hemos capitalizado en la conciencia los errores del pasado.

Para ver cómo funcionan los prejuicios, veamos un experimento muy sencillo que Gordon Allport cita en su libro “The Nature of Prejudice”, 1954, un clásico en este tema,  que fue  realizado en Sudáfrica por E. G. Malherbe, Jonesbourg 1946. En Sudáfrica, en una examinación pública, los candidatos fueron instruidos en marcar  el porcentaje “que Ud, cree que los judíos constituyen en la población total del país” las opciones a marcar eran 1- 5- 10- 15- 20- 25 -30  por ciento. La mayoría contestó  un 20 %, siendo que la realidad era de poco más del 1%.  Concluyen los investigadores que esto se debe a una hipersensibilidad con respecto a “la cuestión judía” y su “amenaza”. Los datos los habían seleccionado de su memoria recordando a los judíos que habían conocido o visto, exageraron la expresión, o sea acentuándola, lo que los llevó a una interpretación errónea de la realidad.

En este punto el papel que juegan los Medios de Comunicación  son de suma importancia,  que no deberían desinformar o a mal-informar o  estar al servicio de intereses determinados  generando miedo, emoción que se aviva más en las personas prejuiciosas. También veremos  en la Parte 2 las estrategias de manipulación  que usaron ideologías totalitarias como el Nazismo, que ejemplifica los mecanismos de los que se sirven quienes utilizan los medios de comunicación para manipular a la población,   si ésta carece del suficiente sentido crítico: “Si lo Para muestra, un botón: Orson Welles, sembró el pánico en  1938, hace 75 años cumplidos en 30 de Octubre pmo pdo, cuando narrando la adaptación de una novela de Well por la radio, hizo creer a los radioescuchas estadounidenses que el país estaba siendo invadido por alienígenas.

Pasemos ahora a otro tema ¿Qué diferencia a una persona tolerante de una que no lo es, o sea, podríamos decir que cainista?

La intolerante, la cainista, la que es prejuiciosa en grado máximo,  va a seguir la ley del menor esfuerzo y pensar de forma monolítica, en bloque, simplificando, por lo tanto ese “ellos” es una masa amorfa, indiferenciada. La persona tolerante, por el contrario, va a diferenciar en muchas categorías, es consciente de su ignorancia y dispuesta a modificar sus propios prejuicios al acceder a información con la que antes no contaba, porque no nos engañemos,  todos en mayor o menor medida los tenemos.  La persona intolerante por el contrario, carece de esa flexibilidad que aporta el modificar nuestros pensamientos acorde con lo nuevo que vamos aprendiendo.  La tolerante desarrolla además empatía, un sistema de valores diferente y es más propensa a gestos solidarios, entre otras cosas.

La intolerante  reaccionaría así a _¿Por qué dices eso? _ Porque sí y punto.  Y no  es capaz de argumentar, debatir, contrastar, verificar, modificar sus opiniones, etc.

Los estereotipos no son prejuicios, son racionalizaciones  listas para ser usadas por  las  personas con prejuicios, o sea que están en su base, pero estas racionalizaciones solas, per se, no constituyen un prejuicio, sí, en cambio,  el uso que les demos.  Albert Einstein decía “es más fácil desintegrar un átomo, que desarmar un prejuicio”,  y  quizás sea cierto  aunque exagere un poco, porque  para poder hacerlo hay que ir al sistema de creencias en el que los prejuicios están anclados y las creencias se forman ya en la infancia temprana.  Por ej. cuando en la casa dicen al niño  caucásico “no te juntes con esos negros, que son….”, el niño que  hasta  ese momento no había hecho diferencia con los otros niños con los que jugaba en la plaza, aprenderá  a partir de ese momento  a ser desconfiado y a saber que los seres humanos se compartimentan en grupos – y que algunos de esos grupos se odian- y para no perder el  cariño y la aceptación de sus padres actuará como le dicen. La escuela enseña diferente,  pero si no trabaja también con los padres  de los alumnos, todo lo que haga con los niños, lo desbaratarán los padres en sus casas. Mucho del bulling que se da, sino todo, tiene que ver con los prejuicios con que creen los niños en sus hogares, que hace que se ensañen de forma muy cruel  con otros niños en la escuela.

La persona cainista, prejuiciosa, (AMM habla específicamente “de las dos Españas”, pero puede ser cualquiera en las que se polaricen dos ideologías  totalmente opuestas: izquierdistas/franquistas; Israel /Palestina;  Conservadores /liberales;  Alfonsinistas /Kirshneristas) se corresponde con el tipo de personalidad autoritario, demagógico contra el democrático (T. W. Adorno et alt, 1982).  En tiempos de crisis con baja tolerancia a la aceptación y al manejo de  frustraciones,  se exacerba el odio hacia sí mismo (ej. depresiones, suicidios) o,  lo que es peor,  hacia el  Otro. Cuando es hacia el Otro, lo es hacia un grupo más que hacia individuos aislados, un “ellos infame” que cataloga y utiliza como chivo expiatorio.  En tiempos de crisis, los dirigentes demagogos generan miedo en la población  una fácil forma de dominio de la población porque desata las ansiedades paranoicas individuales (irracionales) que corren sumándose (como reguero de pólvora al encender la chispa)  y hábilmente les dirigen a canalizar  las frustraciones y el odio   que sienten, hacia  un chivo expiatorio “x” que funciona como válvula de escape.

Aquí entra en juego también  lo que AMM dice sobre el papel de víctima que asume la persona (paralizada por el miedo) y el narcisismo (primario), por el  que estas  personas quieren ver satisfechas sus necesidades sin esfuerzo alguno (sin adultez ciudadana, ergo responsable y activa) pero si, en cambio,  por la acción de “un padre omnisciente y proveedor”: “el líder demagógico” que cubre sus necesidades, como cuando  el bebé llora y la madre lo alimenta, siendo el bebé en su narcisismo primario, completamente dependiente de la madre y  el centro de su atención.    Para ello, estas personas adoptan  la máxima conformidad, es decir que acatan sin más la voluntad del líder, sometiéndose a su voluntad y exigencias.  Cuando una persona acata sin más, está inconscientemente cambiando lo que  en su fuero íntimo pueda  creer y pensar por lo que cree y piensa el líder o  lo que cree y  piensa la mayoría de la comunidad a la que pertenece,  que marca ejerciendo presión sobre él,  lo que es “la norma social”. Cuando vivimos en sociedad, debemos acatar ciertas normas para ser aceptados en ella, eso lo hacemos todos en mayor o menor medida; de otras en cambio disentimos;   el problema  radica en cuando esa sumisión es total. Ahí está el peligro, porque quienes detentan el poder manipularán al máximo a esas personas sumisas, anulándolas por completo,  y las convertirán  en sus herramientas para  cualquier acción incluso criminal.

¿Qué pasa entonces  con la moralidad de estas personas? Simple, para evitar el conflicto psíquico que resulta   del choque de la moral individual con la moral producto de la norma social imperante,   producen estos individuos lo que Albert Bandura (1999) llama “un desenganche  moral” inhibiendo la instancia moral personal: “todo el mundo lo hace”, “es lo normal”  aunque sea la mayor de las aberraciones,  “el líder lo dice, lo pide, lo exige”.  La instancia moral es la que funciona frenando el comportamiento inhumano y  actuando, por el contrario, proactivamente de forma humana. En el desenganche moral actúan: justificaciones morales, un lenguaje “de desinfección”,  evitación de comparaciones. Investir de altos propósitos morales ("Todo sea por el bien de la Patria") conductas altamente nocivas (la exterminación del diferente, del Otro), es la mejor forma de desconectar  la moral individual y por supuesto, siempre desligando la responsabilidad  individual que recae íntegramente en  el o en los líderes. Decía Voltaire: “aquellos que te hacen  creer absurdos, pueden hacerte cometer atrocidades” y no se equivocó.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg