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Tuesday, January 10, 2023

El Baile de máscaras anual de Dulce y la búsqueda de la llave

 

Había llegado casi con retraso a la invitación anual al Baile de máscaras de Dulce, pero llegué al fin. (Muchas gracias, Dulce, es un placer estar aquí). Bien dicen que "más vale tarde que nunca". Debo aclarar que mi retraso no fue por culpa de un coma insulínico ni porque me gané la  lotería del Niño, del Gordo o del Feo. Me demoré simple y llanamente porque tuve que inventar una máscara biométrica y supertónica que se adhiriera a mis anteojos, que por tener un marcado astigmatismo y además hipermetropía y presbicia, sin ellos no veo "un pomo a la vela" y no podría encontrar ninguna llave, tal como le pasó a mi querida amiga TRACY.  

Mi disfraz era muy elaborado, había trabajado en él como proyecto final en el curso de Corte y Confección que había tomado en línea durante los dos años que duró la pandemia, con la idea de abrir mi propio negocio "Confecciones La Aurora y las Mil y una Prendas". Me había sacado la calificación más alta, por lo que me sentía orgullosa y creía poder competir con los modistos de renombre sin contar con el sádico misógeno de Niklas Lager, a quien detesto viceralmente y considero un soberano imbécil de mal gusto, además. 

Mi traje era de Sultana del Imperio Otomano, hecho con  las mejores sedas chinas en tonos verdes esmeralda y tules cuajados de perlas y piedras preciosas.  Las pulseras de oro y piedras engastadas tintineaban al caminar y el collar que hacía juego, brillaba empedrado en mi pecho. Había soñado con ser Hurrem, la esclava rusa emancipada y esposa legal del Sultán  Suleimán "El magnífico". Tan apuesto, él; tan guapo, tan sexi, tan digno. Supuse que lo hallaría en el baile. Estaba segura.  El sultán me  había prometido que iría.  

El anfitrión, Marqués Dulce del Toboso, me recibió con una gran sonrisa y abrazo y su mayordomo me condujo con solemnidad al salón. Allí me encontré con Tracy Correcaminos, Caperucita Roja, la Bella durmiente del Bosque bien despierta, Blancanieves con bronceado caribeño, La fierecilla domada, La novicia rebelde en minifalda, Sor Juana Inès de la Cruz, la Bruja Morgana, El Capitán Alatriste, Aladino, el Mio Cid, Don Quijote y Sancho Panza, Los Piratas del Caribe, el Pato Donald y los 7 enanitos, ¡ah! y Dumbo, el elefante volador. 

Ni rastro de Suleiman. Mi decepción era enorme pero lo disimulé bien por educación, no en vano había sido educada por los Condes de Chateau Vieux. La orquesta en vivo tocaba en ese momento un paso Doble. Me chiflan, los pasos dobles, la verdad sea dicha. Apareció de la nada  el Zorro y me sacó a bailar. Luego el Hombre Araña me invitó a  bailar el baile de la tarántula y no pude resistirme. Más tarde Gardel me invitó a un tango "Mi buenos Aires querido" y se me saltaron las lágrimas, no pude negarme. Cuando terminamos  quise reponerme un poco, necesitaba tomar aire y algo fresco. Dulce me acercó un "destornillador" con mucho hielo. Me lo bebí en un plis plás, entonces me recordó lo de la llave - ¿La buscarás? Me preguntó ilusionado. Cada uno de los invitados busca la suya. 

Afirmé con un gesto rotundo y una sonrisa de par en par. Sin tardanza, la comencé a buscar.

Nada por aquí, nada por allá. Una vuelta más. ¿Suleiman vendrá? La llave no aparece. La casa es grande, hay muchos recovecos. 

- Llave, llavecita ¿Dónde  estás?

Nada por aquí, nada por allá.
De pronto viene Tom, el gato y maúlla en singalés. No le entiendo, miro suplicante a Jerry, el tiempo apremia, el ratón me lo traduce al japonés.  Y el "Google translate" al español. 

Voy a donde Tom y Yerry me indicaron y encuentro una llave que me lleva a una habitación secreta.  La abro y entro en ella. Está muy oscuro. Tratando de encender la luz, me tropiezo y caigo cerca de un mueble, sin querer queriendo, muevo una manecilla y se abre una trampilla. Me asomo y veo una escalera descendente. Tomo un candelabro y enciendo las  velas. Comienzo a descender. Mi ♥ palpita con fuerza. Mi respiración se acelera, transpiro, pero sigo bajando. Cuando llego a la base, inspecciono el lugar. En la pequeña cámara hay un pasadizo, me dirijo a él sin saber a dónde me llevará. El aire se hace denso, tengo miedo. Corro. La salida está cerca. Trato de llegar a ella. No tengo conciencia del tiempo transcurrido. Abro la puerta al final del túnel, ya puedo calmarme. Y ahí lo veo erguido y majestuoso: Estoy en el Palacio Topkapi. Reconozco el Jardin de los naranjos que conduce a los aposentos internos del Harén. La guardia del Sultán patrulla. Camino ligero y decidida. Me encuentro con Aisha, mi esclava de compañía, y el eunuco Sheker Aga que, aliviados, me siguen. 

- Mi sultana ¿Dónde ha estado? Su Majestad, el Sultán, la mandó llamar. La estábamos buscando. 

Hoy, al menos, sus cabezas no rodarían.




Contribución a la convocatoria del Baile de máscaras anual   de Dulce desde su blog "El dulce susurro  de las palabras" y la búsqueda de una llave. 
 
 
 



 
Imágenes de la serie histórica Turca Muhteşem Yüzyıl/Magnificent Century/El SultánMeryem Uzerli en el papel de Hurrem y Halit Ergenç en el del Sultán Suleimán "El Magnífico"




Tuesday, February 28, 2017

Teatro de títeres (2) Teatro de sombras turco: Karagöz y Hacivat

                              
En la cultura islámica, la representación es una materia complicada,  la mayoría de las representaciones son tomadas como una forma de idolatría, que el Corán, explícitamente condena en varios pasajes. El Islam no es la única religión que ha desdeñado la representación en imágenes, también lo ha hecho por ejemplo, la religión cristiano- ortodoxa en la época inconoclasta, Siglos VIII y IX. Al estar prohibidas las representaciones del profeta Mahoma o de cualquier humano o animal,  los dibujantes se decantaron por las expresiones geométricas y una caligrafía maravillosamente creativa,  ya que no había riesgo que por estas formas de expresión artística, se adoraran ídolos. 

Con respecto a las representaciones escénicas, ciertos tipos de teatro eran permitidos en la cultura islámica. Payasos y mimos han ofrecido sus actuaciones hasta hace poco en este siglo. Según lo explica James Smith en su artículo (1) En las poblaciones shiítas o chiítas, el ritual del drama de Ta´ziyeh fue desarrollado y continúa siendo practicado. El teatro de sombras de títeres (o marionetas) también fue popular especialmente, el teatro de sombras de títeres turco (TSTT), con dos personajes estrella:  Karagöz y Hacivat  (los abrevio Ka y Ha), Ka encarna a un personaje temerario, vulgar y pobre, siempre soñando formas para hacerse rico o de conquistar a una mujer bella;  por su parte, Ha, representa a un joven educado, con posibles y remilgado.   La trama se desarrolla en torno a la interacción de estos dos amigos.

 Cada pieza tiene una estructura bien definida:

- Prólogo (generalmente un ghazal tipo de poema Sufí)
- Bendiciones al Sultán (en la Época del Imperio Otomano)
- la acción central  de  la pieza que varía y es siempre una situación absurda: por. ej.  el desempleado Ka  consigue trabajo en un negocio como escriba de cartas para sus clientes, y le va bien hasta que es perseguido por un Djin (genio) contratado para tal propósito por Ha,  Ka se muestra desafiante, grosero, a veces logra salirse con la suya y golpea a Ha. 
- Epílogo 

 Artistas ejecutantes:

- Un titiritero, que  maneja a ambos personajes y relata la historia sin guión, usando su imaginación.
- un cantante
- un músico de tambor que toca de fondo.

Este tipo de teatro se hizo popular desde el Siglo XVI (influenciados por China, Indonesia y Egipto,  ya desde el S. XIII, incluso por el Teatro de mimos bizantino -de base griega- previo al Imperio Otomano) coincidiendo con el auge de las cafeterías.  Las autoridades oficiales condenaban ambas, pero las clases populares las llenaban y era especialmente durante el Ramadán, en la que ayunaban y oraban durante el día, y a la caída del sol, se reunían las  las cafeterías a comer, beber y disfrutar del TSTT La representación de Karagöz se asoció entonces, con el lado carnavalístico del mes más solemne del Islam.




Los sabios sufíes argumentan así su defensa de esta representación (en contra de la prohibición escrita en el Corán, Sura 2):  Parten de la creencia en la doctrina Sufí de que el hombre es sólo una sombra manipulada por el Creador y como  los títeres tienen perforaciones no hay forma de que se puedan confundir con seres animados, cuya representación está, obviamente,  prohibida. Para ellos cumple una doble función, la de entretenimiento y la de ejercicio espiritual. 

En realidad, para mi,   este teatro funciona como una válvula de escape para las clases populares que se ven representadas en la figura del personaje  Ka, que  durante la representación subvierte y aporrea a la clase dominante representada en Ha; orden que vuelve a restablecerse al final de la pieza.  Función esta que también cumplen los carnavales, como las cumplían las Saturnalias romanas y otras festividades similares.






Hoy en día un número limitado de artistas continúa los estudios de este TSTT de Karagöz y Hacivat;  estudios   conducidos por el  Centro Nacional de Unión Internacional de Títeres y Sombra (UNIMA) y el Ministerio de Cultura de Presidencia de la Nación.


 Fuentes y notas:

(1) Smith,  James,  "Karagöz and Hacivat: Projections of Subversion and Conformance", Asian Theatre Journal, vol. 21 , Nro 2, Otoño 2004.

2 - Los griegos tiene  personajes imitación de estos pero los llaman: Karagoizis y Hatiavatis.

3 -  Primera foto: tomada por mi en el Museo de Arte Islámico de Jerusalén. Segunda: de Internet.



Friday, December 2, 2016

La historia de vida de una familia sefaradita, relatada en ladino modificado (español antiguo, perfectamente entendible)

 En este delicioso  vídeo de 18 minutos, Güler Orgun en ladino nos relata  la historia de su familia que encontró un nuevo hogar en el Imperio Otomano al haber sido expulsados de España en 1492. 

 In the traditional Ladino language of her Sephardic Jewish ancestors, Güler Orgun tells us how her family found a new home in the Ottoman Empire after being expelled from Spain in the late 15th century.






                                                                             (Gracias Prunus, Thank you Prunus,  and happy anniversary)




Friday, March 11, 2016

Lady Hester Lucy Stanhope: La reina blanca de Palmira (1776-1839)

A lo largo de la historia siempre ha habido mujeres que desafiaron los cánones patriarcales (machistas) imperantes,  descollando de una forma u otra, mostrando a otras mujeres el camino a seguir, aún sin proponérselo como meta: simplemente se atrevieron a ser ellas mismas y a seguir los dictados de su conciencia, voluntad   e imaginación, desafiando todos los peligros y haciendo caso omiso de las críticas o  de aquellos que por eso las odiaron o trataron de acallar, por eso me gusta traer a esta casa la biografía de algunas de ellas, de las muchas que  han habido y que hay.

 

  112 años antes del nacimiento de  Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia),  92 años antes del de "la reina del desierto", Gertrude Bell, (de la que hablé en esta entrada) y  77 años antes del de Flinders Petrie, el 12 de marzo de 1776, nació Lady Hester Lucy Stanhope una aristócrata inglesa, aventurera, exploradora y arqueóloga,  cuya expedición a Ashkelón (actual Israel),  en 1815,   es considerada como la primera excavación moderna en la Historia de la Arqueología Bíblica y  la utilización por parte de Lady Stanhope de un manuscrito medieval  es descrita por Sílverman, entre otros, como una de las más tempranas utilizaciones de fuentes escritas por arqueólogos de campo.



Lady Hester Stanhope era la hija mayor del  tercer conde y político Stanhope y Lady Hester Pitt en Chevening, Kent, Gran Bretaña, desde niña mostró interés por los caballos, las aventuras y las exploraciones;  la danza, la música y la pintura, le aburrían.   Su carácter era fuerte y con tendencia al liderazgo, medía 1,80 m y su complexión era amazónica.   En 1800,  a los  24 años,  fue enviada a casa del hermano de la madre,  que era Primer Ministro del rey Jorge III y soltero, en donde tomó a su cargo la dirección de la casa y fue  la anfitriona del inmenso número de invitados que la visitaron; por ese entonces era proverbial su belleza, inteligencia y dotes conversacionales; fue secretaria de su tío  quien también  ostentaba  el cargo de Señor Guardián de las cinco puertas y fue la promotora de la construcción de los bellos  jardines   en 13 hectáreas del castillo  de Walmer. En 1806 murió su tío después de una penosa enfermedad y el Gobierno le otorgó a ella una pensión vitalicia de 1200 libras esterlinas, pero  fue después de la muerte de su hermano en 1810,  que ella decidió emprender un largo viaje  de dos años que la llevó a Atenas y a Constantinopla, capital del Imperio Otomano,  y en el que trató de llegar a Egipto que recién estaba emergiendo  del caos que provocó de la conquista napoleónica.


En ruta hacia El Cairo, su barco naufragó en la Isla de Rodas, al perder todas su posesiones,  consiguió  ropas turcas de hombre, porque se negó rotundamente a ponerse el velo, que como mujer,  le hubiera correspondido llevar. Más adelante una fragata británica la llevó junto con otros pasajeros a El Cairo y de allí siguió a Palestina, Líbano y  se adentró en Siria (todo bajo dominio del Imperio Otomano) llegando a lugares a los que los más avezados viajeros masculinos no se atrevían. 


                                               Todos los territorios del Imperio Otomano (y las fechas en que, por sus conquistas,  se fueron sumando)


                             Las ruinas de Palmira (Siria) en donde Lady Hester Stanhope se consagró como "La reina de Palmira". 

Para llegar Palmira Lady Stanhope tuvo que atravesar el desierto lleno de beduinos hostiles, pero eso no la amedrentó  en absoluto sino que en ropas de beduino y una caravana  de entre 22 y 50 camellos, según que fuentes,   provista de muchos guardias armados,  llegó el 29 de marzo de 1813 a la ciudad en donde fue recibida por el Emir y desde entonces   sería conocida como "la reina blanca de Palmira",  o simplemente ,  "la reina Hester".

Estando en Siria Lady Stanhope  encuentra un manuscrito italiano copiado en un monasterio que daba detallada cuenta de un gran tesoro de monedas de oro  escondido en las ruinas de la mezquita de la ciudad portuaria de Ashkelon (actual Israel) que había estado en ruinas por 600 años,  consiguió permiso de las autoridades otomanas  para realizar la excavación arqueológica (algo jamás conseguido por nadie anteriormente y menos, por una mujer).  No halló el tesoro, pero  los excavadores sí  dieron con una estatua de mármol (romana)  sin cabeza que ella ordenó romper en mil pedazos y arrojar al mar. Por este acto fue vituperada por la comunidad de arqueólogos posteriores, pero ella tenía sus motivos para hacerlo, explica Silverman:  Lady  Hester  había prometido el tesoro al Sultán de Constantinopla quien  le había otorgado el permiso y enviado al sitio a un alto funcionario real que la ayudaría y que de encontrarlo, se lo llevaría al Palacio Topkapi, que era la residencia del Sultán. Si ella  llegaba a llevarse la estatua, hubiera sido culpada por sus enemigos (que los tenía, como el gob, de Jaffa) de que era una saqueadora de tumbas y templos que quería llevarse lo excavado  a Inglaterra (al sultán no le interesaba esa estatua), de esta manera paradógicamente, quedaba limpia de cargo y culpa.

Lady Stanhope se estableció, cerca de  la ciudad de Sidón, (Líbano),  primero en un Monasterio, luego en otro. Su médico, amigo y biógrafo, el Dr  Chales Meryon,  la acompañó hasta 1831  (luego le hizo una visita de 1837 a 1838)  y también  la acompañó  su amiga Miss Williams hasta su muerte en 1828,  después, ya sola, se trasladó a Djoun a un monasterio abandonado en la punta de una montaña que reconstruyó y convirtió  en un palacete con un hermoso jardín lleno de rosas  desde donde dominaba los alrededores con poblaciones nativas  que la respetaban profundamente;  tal era su poder que Ibrahim Pasha de Egipto buscó su neutralidad cuando quiso invadir  Siria en 1832. Ella  siempre dio refugio a los  drusos que lo solicitaron y mantuvo correspondencia con muchas personalidades internacionales, recibió visitas de gente variopinta y ya  vieja y senil, sola, saqueada  y abandonada por la servidumbre, murió en medio de la mugre y el abandono,  rodeada por sus gatos,   en 1839.  

En 1846 el Dr.  Charles Meyron publicó los tres volúmenes  de "Memorias  de Lady Hester Stanhope relatadas por ella misma en conversaciones con su médico"


Y  en 1914,  su sobrina, La duquesa de Cleveland,   "La vida y cartas de Lady Stanhope"
 
En 1913 también Frank Hamel publica una biografía sobre ella.

Muchos otros  libros cuentan su historia:

 


 
  • The Gabriel hounds by Mary Stewart
  • Little memoirs of the nineteenth century by George Paston
  • Travels in Araby of Lady Hester Stanhope by John Watney
  • Lady Hester Stanhope; a biography by Joan Haslip
  • Lady Hester : queen of the East by Lorna Gibb
Otras novelas la nombran,  como la de George Eliot "Daniel Deronda" (libro 1, Cap. 7),  o la histórica "Venetia" (Cap. 4) de Georgette Heyer, e incluso,    el cine se hizo eco de  la historia de esta intrépida mujer. 


Fuentes:

 Silberman, Neil  Aher, "Restoring the Reputation of Lady Hester Lucy Stanhope",  BAR, Jul-Ago 1984

  Wikipedia y otras páginas enlazadas en el texto.

 La imágenes son de WP

Monday, June 1, 2015

Doña Gracia Nasi Mendes, una lider durante el Renacimiento, (1510- 1569)

                                                 Doña Gracia, detalle de una ilustración por Arthur Sykes
                                                                                    (Foto de la red)

 Doña Gracia Nasi, nació  en 1510 (?) en Lisboa, Portugal, hija de judíos sefaradíes que huyeron de España en 1492. En  razón de las conversiones forzosas de los Judíos en Portugal en 1497 ordenadas por Manuel I, de acuerdo al requerimiento de su futura esposa, la hija mayor de Los Reyes Católicos Fernando II de Aragón   e Isabel I de Castilla,  y las posteriores masacres de judíos conversos de 1506, fue conocida oficialmente con el nombre de Beatriz de Luna, como judeo-conversa que era,  y con el nombre secreto de Gracia Nasi, que retomó  mucho más tarde cuando pudo practicar el judaísmo abiertamente y lejos ya,  del peligro de la Inquisición.  En 1528 (?) se casó con Francisco Mendes (Benveniste) un rico comerciante de especias y banquero,  también judeo-converso que tuvo, junto con su hermano Diogo, la inteligencia de enseñarle a ella todo sobre los negocios de la Casa Mendes. Francisco Mendes murió en 1535 y ella de 25 años, más o menos, quedó al frente de los negocios en Lisboa. Su cuñado Diogo vivía en Antwerp, en dónde manejaba la rama norte del negocio familiar. Francisco y Doña Gracia tuvieron una hija Ana.  

Doña Gracia se trasladó en 1537 a Antwerp,   en dónde vivió hasta 1545 en que las cosas se empezaron a poner difíciles para los no protestantes. Durante ese período, su cuñado, la instruyó intensamente en  el manejo de los negocios tanto bancarios como comerciales y fue su socia en ellos. Al morir Diogo en 1543 queda Doña Gracia al frente de toda  la  Empresa familiar y las obligaciones dispersas en muchos lugares de Europa, incluso queda como ejecutora  del testamento  de su cuñado y guardiana legal de la  hija de éste hasta la mayoría de edad, dejando de lado a su viuda, algo que le ocasionará serios problemas más tarde. 

Dña Gracia tenía alrededor de los 33 años entonces,  y estaba al frente de una de las fortunas más grandes de Europa que las casas reales -siempre faltas de dinero  por las guerras permanentes en que se metían- veían con deseo de apropiación o mejor dicho, de rapiña. Creo que no necesito describir ni la inteligencia, ni el carácter de esta mujer -físicamente pequeña y delicada-  que fue capaz de oponerse y lidiar  con estos reyes de Europa, incluso dirigirse al  mismísimo Papa,  impidiendo  que la desplumaran, negociando con ellos, prestándoles dinero, pagando sobornos, consiguiendo salvoconductos, a la vez que, generosamente, asistía a  la comunidad judía perseguida, incluidos  a los conversos,  (según los testimonios de cronistas de época como S. Usque) para quienes elaboró y lideró una red de escape hacia el Imperio Otomano (Suleymán, el Magnífico), que sí los recibía, proveyéndolos de asistencia  humanitaria en todo sentido.
                                                                  
                                      
                                       Papel moneda antiguo del Estado de Israel,  Foto de la Red

 Ni siquiera el Emperador del Sacro Imperio romano-germánico, Carlos V,  pudo con ella (en vano trató de confiscar los bienes a la muerte de Diogo) y aún menos pudo su hermana la Reina María de Austria, regente de los Países Bajos, en su nombre, quién al final  se vio compelida a reconocer lo que la Casa Mendes, había significado para la prosperidad de Flandes y lo hizo entre otras cosas, porque la comunidad de comerciantes protestó severamente por cualquier medida que se intentara tomar en contra de la Casa Mendes. Tampoco les resultó la treta de querer casar a la hija  de Dña Gracia, Ana,  con un cristiano viejo, para poder acceder de esta manera  a la fortuna Mendes, a quien la madre casó mucho más tarde, con un judío converso de su confianza y ya por el rito judío, cuando estuvieron a salvo en Estambul, que también fue el destino final de Los Mendes desde 1553 en adelante.

En el intermezzo (1546-1552), Doña Gracia y compañía, pararon en lo que hoy es Italia. La Serenísima República de Venecia  gozaba de una ubicación  privilegiada que funcionaba de nexo entre Occidente y Oriente y era por entonces el paraíso de los perseguidos -más si eran cultos como Dña Gracia- una ciudad en la que  el Renacimiento florecía en todo su esplendor en el arte, aun cuando ya comenzaba  a  declinar como centro de poder, perdiendo gradualmente  su supremacía frente a Génova -ataque otomano de 1714 de por medio- hasta su  total caída por obra y gracia de Napoleón en 1797 y las firmas  del   Tratado de Loeben y del Tratado de Campo Formio.
La clave del éxito comercial veneciano  estribaba en  su tolerancia religiosa y social, especialmente  para con musulmanes y judíos,  lo que les permitió comerciar libremente con Europa (tanto la Católica, la protestante,  anglicana), como con Los Estados musulmanes del Noroeste de África (AglabiésFatimíes) y con los Imperios Bizantino y Otomano.  Igualmente, los gobernantes venecianos rechazaron durante muchísimo tiempo las presiones por parte del Vaticano de que instaurara la Inquisición, que al final entró, aunque suave,   por 1547.  Por eso, cuando Doña Gracia tuvo que irse de  Antwerp   este fue su destino elegido;   irse mudando su negocio también, entendido,  sin llamar la atención de los monarcas europeos, algo nada fácil por cierto, para lo cual montó una estrategia eficaz en la que por ejemplo, dejó su casa completamente montada, con libros de Contabilidad bien a la vista, mandando carruajes cargados de mercaderías de su propiedad a distintos sitios de los cuales le serían reenviados a ella posteriormente, algunos de los cuales se perdieron o fueron confizcados,  dejando empleados de su Empresa en la retaguardia en diferentes puntos, finalizando negocios, etc. Y lo logró. Y fue muy bien recibida por el Duque de Venecia, Francesco Donato, que sabía que se iba a beneficiar con su estadía en la República, porque los préstamos de dinero le eran esenciales, pues el ducado tenía amenazas tanto del lado de Europa, como de los Turcos.  En esos años pasan muchas cosas, incluso Doña Gracia tuvo que trasladarse de urgencia, por un tiempo,  al Ducado de Ferrara, cuyo Duque Ercole II D'Este, también la recibió muy bien -y se benefició- y luego cuando todo estuvo listo para la partida a tierras otomanas, vino un Cadi, -emisario del Sultán Suleymán el Magnífico- a escoltarla a ella, junto con toda su comitiva, a Estambul, en donde Doña Gracia profesó el judaísmo libremente, caso a su hija Ana  por el rito judío con Don Joseph -su mano derecha en los Negocios-  y ocupó un lugar preponderante en la Corte Otomana.

Todo esto y mucho más cuenta la periodista Andrée Aelión Brooks, que ha investigado minuciosamente la historia de Doña Gracia Mendes – también conocida como Beatriz de Luna- su vida, su Empresa y su rol en la protección de los judíos sefaraditas y conversos forzosos en su libro: “The woman who defied Kings” Parangon House  Ed., N.Y.,  USA, 2002. Una investigación que  lleva a la autora a descubrir documentos en 13 idiomas distintos  desparramados en los archivos de Lisboa, Vaticano, Venecia, Modena, Ferrara, Estambul, etc, etc, etc. con los cuales armó el rompecabezas de la vida de esta increíble mujer del Renacimiento.



Saturday, August 29, 2009

Topkapi, El Harén Imperial, el sexo y el Quijote


Hace tiempo que ronda en mi cabeza la idea de escribir esta entrada. Como saben muchos de ustedes que me siguen, leo el Quijote en grupo y con la guía de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia. Para esa lectura llevo hechas una serie de aportaciones, algunas de las cuales tienen como enfoque la cuestión de si es posible leer el Quijote como un Ars Amatoria, a lo cual respondo que sí. Mis entradas sobre esta lectura se encuentran en mi etiqueta Quijote.

En su momento y cuando tocó La historia del Cautivo, Pedro nos hizo una entrada explicativa titulada La leyenda de la mora cautiva. En ella hace alusión, entre otras cosas, a las mujeres cristianas que se casaron con musulmanes notables de la época. Y a ésto quiero referirme.

Todos recordamos a Suleyman "el magnífico" quién fuera el primero en romper la tradición anterior _ de no casarse los sultanes_ haciéndolo con Hurrem (Roxelana), su esclava y concubina favorita ucraniano-polaca y cristiano-ortodoxa de origen y cuya carrera como consorte legal se extendiera desde el nacimiento de su primer hijo en 1521 hasta su muerte en 1558. Ella fué, además, la consejera del Sultán y salvaguarda de la vida de por lo menos uno de sus hijos como heredero al trono.

En Octubre del 2005 tuve el privilegio de poder visitar Estambul y Bodrum, la antigua Halicarnassos. Fué una experiencia increible. En Estambul, estuve alojada en un hotel en el barrio antiguo y desde la terraza en dónde se encontraba el restaurante en el que se servía el desayuno, hacia un lado veía la fabulosa mesquita de Sultánájmed ( también llamada la mesquita azul y que es de una belleza indescriptible) y hacia el otro la Hagia Sofía. Impactante fue para mi, ver los símbolos de dos imperios, el otomano y el bizantino, mirarse mutuamente.

Cervantes estuvo cautivo en Argel, 1575 a 1580. Un año antes, en 1574, Murrad III ascendió al Trono otomano. Y estaba preguntándome como metía en una entrada de blog mi experiencia visitando el Palacio Topkapi, desde cuyo centro se dirigió todo el imperio y como podia resumir los puntos principales del Libro "The Imperial Harem" Ed. Oxford, 1993 de Leslie Peirce, Profesora de Historia de La Universidad de California Berkeley y especialista en el tema, cuando me dije....." ve y mira que hay en Internet ya escrito sobre ésto" y vaya sorpresa la mía, cuando me encuentro con esta traducción de la introducción de su libro. (Observación: Las notas bibliográficas no son las de la autora, sino que fueron provistas por quienes publicaron esta introducción, a saber: Alif-Nun, Nro. 72, 2009)

En realidad la autora nos cuenta la historia de lo que se dio en llamar " El sultanato de las mujeres" y a través de sus investigaciones afirma que el Harén fué algo mucho más, que un centro de placer sexual, sino que más bien y por encima de todo, tuvo un lugar preponderante en la arena política.