Rompe el cántaro
mientras sueña
la joven que al río va
en busca de agua
lo mismo que a platicar
con las mujeres
del pueblo.
Triste se sienta a llorar
su desventura
sobre una roca erecta
a la vera del camino.
Poco se atreve a volver
a su casa sin el cántaro
o el agua que necesita
su madre para
guisar la comida.
Pasan las horas,
pasan los días,
las estaciones,
cierra el invierno,
retoza la primavera,
de la niña sólo queda
agazapado en la roca
su espectro que marca
hacia la fuente
el camino.
Mas un día, ruido de cascos
sobre la tierra seca
con una gran polvareda
rompe el silencio
de esa tarde de verano.
Era un jinete
galopando en su alazán
apurado por llegar
justo en la roca tropieza
y al desnucarse, queda
sorprendido por la
magnífica aparición
de la joven que ahí
moraba, sin darse cuenta
siquiera que él y ella
fantasmas eran.
Entre ambos
brota amor.
Poema: Myriam Goldenberg ©
Foto: de Internet