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Sunday, April 30, 2017

Hacerse a la mar - 5, o los amores de Belisario y Antonina, o los de Teodora y Justiniano, Siglo VI, o la envidia de mi hermano Procopius (3)


Querido lector, puede que te preguntes a que vienen estas crónicas que con tanto trabajo y placer te relato (1). Y me lo he preguntado  a mi misma una y mil veces,  llegando a la conclusión de que los motivos son varios. El primero, entretenerte con hechos que pasaron pero que mi envidioso hermano Procopio te relata desde su perspectiva.... ¿cómo definirla? pues, ya me entiendes.... porque a mi siempre me quedó claro que odiaba a muchos, pero sobretodo a las mujeres.  El segundo motivo que me impulsa a escribir es practicar el sagrado arte de la escritura que con tanto esmero aprendí y aprendo de mis maestros.  Y el último, el último es quizás el más bizantino -como dirías tú que me lees desde el futuro- y parte de mi convicción de que no importa la época en que vivamos, el ser humano  complica hasta lo más sencillo, ya verán los siglos venideros que el hombre que tan superior se cree a los animales de cuatro patas, es cuando poco, botarate. Verán los siglos venideros también que las sociedades se transforman, nosotros la creamos, nosotros las transformamos; ni nacen ni colapsan por generación espontánea, y digo visionariamente que  en ese proceso  cuenta la acción de cada individuo que suma al todo porque... dime tú ¿de qué se compone el todo sino es de la suma de las partes?;   pero a lo que iba:  a relatarte desde mi óptica los amores de Justiniano y Teodora y de cómo gobernaban su imperio. 



Mi hermano describe al Emperador Justiniano y a su mujer como demonios (2), ¡vaya que es exagerado!. Una de las historias   que escribió -con acierto- trata del codicioso de Zenón, nieto del que fuera Emperador romano de Occidente -Antemio-  nombrado  gobernador de Egipto por Justiniano y ordenado a  partir de inmediato a su destino. Zenón, empero flaco caso hizo al Emperador  demorando  su salida para poder   cargar   su nave con muchas riquezas en oro, plata y piedras preciosas.  Este par de demonios (como mi hermano llamaba a Justiniano y a Teodora)  no demoraron  en percatarse del suceso, así que ni cortos ni perezosos, sobornaron  a los marinos de Zenón, hicieron descargar todo y prender fuego a la  nave. Zenón fue informado luego de que perdió la nave en el incendio y el impacto de la noticia con seguridad le provocó  un ataque al corazón porque murió súbitamente poco después.  ¡Ah, la codicia humana! Los emperadores sin perder tiempo heredaron  sus propiedades, porque  eran muy hábiles  en heredar a sus súbditos, evitando  así que las riquezas se esfumaran en manos que no eran las suyas que la invertían en construcciones magníficas que hacían resplandecer  el Imperio.  Otros historiadores, como Evragio, el escolástico, recalcan que Justiniano se esforzó en achicar la corrupción,  en compilar y  codificar las constituciones imperiales y demás leyes desde la época  del Emperador Adriano suyo es el Código  que lleva su nombre y que es una parte de la obra Corpus Iuris Civilis (CIC) por su gracia  compilada . Para esta compilación y ordenamiento Jurídico del CIC,  designó  a una comisión de juristas dirigida por  Triboniano -y de aquí creo que podría emanar la inquina que Procopio le tenía, porque él, siendo jurista, no figuraba en esa lista-.  Eran como diez letrados, crema y nata de la profesión, que también  escribieron un manual" Instituciones" para la enseñanza del Derecho. Y esto, queridos lectores, será valioso, muy valioso para las generaciones futuras, estoy completamente segura.

Hiperactivo,   simpático,  de buen carácter, Justiniano muy rara vez se enfurecía, dormía muy pocas horas y comía muy frugalmente, tenía grandes planes para engrandecer el Imperio y su peor error -terrible error- fue el de  querer recuperar los territorios perdidos de la parte occidental del Imperio como continuador del Imperio Romano que  se veía a sí mismo. El consideraba  que su sacrosanta misión era la de restituirle su grandeza de otrora, lo que condujo a guerras sin fin que mermaron y empobrecieron a la población que además fue castigada con cargas impositivas para recolectar fondos para la construcción de todas las obras arquitectónicas de que dotó al Imperio. Era físicamente parecido al Emperador Domiciano y amaba profundamente a Teodora de la que se enamoró antes aún de ser Emperador y ella,  una costurera recién llegada a Constantinopla.


Teodora era una  mujer brillante, inteligente, ambiciosa, decidida, luchadora, divertida como ninguna,  hábil diplomática;  una   mujer que se hizo a sí misma, emergiendo  desde la baja estofa  hasta la cabeza del Imperio co-reinando con su marido. Hay distintas versiones sobre su lugar de nacimiento: Unos dicen que en Daman, Siria (y que era hija de un sacerdote monofisita llamado Mijaél), otros que nació en Pafelagonia  (actual Turquía) y otros en Chipre, pero  los más,   coinciden en que era hija de Acacius que era guardián de las bestias de la facción verde (3)  del  Hipódromo de Constantinopla durante el reinado del Emperador  Anastasio I.  Cuando aquel enfermó y murió dejó a su mujer viuda con tres hijas Comito, Teodora y Anastasia. La viuda se volvió a casar, pero Asterius, el Jefe de los Verdes,  negó al nuevo marido la posibilidad de heredar el trabajo de Acacius, lo que dificultó la supervivencia de esta familia que pasó verdaderas penurias, razón por la cual  la madre mandó a sus hijas a suplicar trabajo a la facción azul (3) que conmovidos, contrataron al marido como guardián de sus animales.  Teodora jamás lo olvidaría, desde ese momento odió a los  verdes y fue azul hasta la médula.  

Comito, la hija mayor,  se convirtió en hetaira y Teodora comenzó de pequeña como comediante y  era extremadamente graciosa, pero fue sometida a maltrato y abusos.  Los hombres tomaban a las comediantes como prostitutas sin serlo y las violaban; era la norma. En busca de un mejor futuro, Teodora siguió a Hecébulo, un tirano  que la llevó a Pentápolis, donde era Gobernador. El la maltrataba, por lo  ella logró escapar de sus garras, llegando primero a Alejandría y luego a Constantinopla, en donde se puso a trabajar como costurera. Fue ejerciendo esa tarea que Justiniano un día la conoció  y desde ese  mero momento quedó perdidamente enamorado de  la moza.  En esa época reinaba  su tío,  el Emperador Justino,  y Justiniano sabía que no podría casarse con la plebeya que tanto amaba por lo que la ascendió a rango patricio para poder hacerlo, pero  como  su tía Eufemia (que había cambiado su nombre extranjero Lupicina porque en Roma sonaba muy mal al asociarse con lupina o prostituta)  se negara a aceptar que Justiniano desposara a Teodora, se casaron recién en 525 EC,  después de que Eufemia muriera.   

Cuando Justiniano y Teodora accedieron al trono en 527,  ninguno de  los dos olvidó quienes eran  sus amigos y quienes sus enemigos. Y estos pagarían.  La venganza sería dulce como la miel y siempre servida en plato frio. Los amigos, en cambio fueron reconocidos y  recibieron beneficios. Los primeros años del reinado fueron muy difíciles y durante las revueltas de Nika, Teodora salvó el trono imperial  rogando a Justiniano que se quedara en Constantinopla (en lugar de huir como él planeaba) y que sofocara, como hizo finalmente, la rebelión. A tal efecto ella argumentó que prefería morir con el sudario púrpura que huir cobardemente.

Teodora era  muy amiga de  Antonina -mujer de Belisario (cuya historia relaté aquí),  uno de los mejores y más leales  generales de Justiniano- y Antonina tenía influencia sobre Teodora, que gobernaba junto con su marido con el que en todo estaban de acuerdo menos en un tema: ella defendía a los  monofisitas y  él a los cristianos calcedónicos.

Teodora jamás olvidó sus orígenes y ayudó a mujeres en problemas para las cuales creó un centro de asistencia y algo que es digno de elogio: impulsó legislación que mejoraba la situación de las mujeres del Imperio: ella logró que  se introdujeran  en el Código Civil leyes en contra de la prostitución y tráfico de mujeres, leyes que otorgaban mayores beneficios a las mujeres que se divorciaban, etc, etc. Después de su muerte, ninguna otra ley en pro de las mujeres fue introducida en el Corpus Iuris Civilis. 

Cuando Justiniano quedó viudo de la mujer que tanto había amado y a quien sobrevivió 17 años, deprimido, perdió interés por todo. Es cierto que Justiniano cometió abusos de los cuales él era absolutamente responsable, no lo voy a negar,  pero mi hermano deja una muy mala imagen del Emperador como intolerante, sin tener en cuenta que él reaccionaba a la tendencia general de la época  en cuanto a intolerancia de paganos y herejes y que si de intolerantes se trataba la cosa, lo fueron mucho más los emperadores anteriores.

Es cierto que Justiniano tomó medidas represivas, por ejemplo, durante las revueltas de Nika que mencioné antes,  pero no fueron excepcionales: de los cientos de senadores que había y de los muchos  que participaron en ella, sólo confiscó las propiedades de  18 de ellos.  Limitar el poder de la aristocracia y la  necesidad de legitimar su reinado,  atrajo sin duda el rechazo de los escritores defensores de la élite, como mi hermano lo era, para que engañarnos.

  Aspar y su hijo, plato de plata de 434 EC

Tomad nota, queridos lectores míos,  aquí os traigo un ejemplo:  El Emperador Anastasio   (que reinó  491-518) también tuvo que lidiar con un imperio en crisis  y llegó hasta  a vender las magistraturas de los que se oponían a su gobierno,  como nos lo recuerda Juan de Antoquia, y por su insaciable  deseo de recaudar fondos, vaciaba a las provincias de las unidades militares y las intimidaba de las peores maneras para que le pagaran tributos.

También en temas religiosos y doctrinales, la posición de Justiniano no era muy  diferente a la de Anastasio quien  depuso y exilió a dos Patriarcas de  Constantinopla  o la del Emperador Leo I que  atacó a los arrianos en la figura de la familia y  del propio general  Flavio Ardabur Aspar (400-471)  a quien hizo matar.  Aspar había sido un patricio de familia alana y goda y profesaba el arrianismo, religión que Leo persiguió encarnizadamente.  La familia de Aspar había sido muy influyente durante los  reinados de Teodosio II, Marciano y del sanguinario Leo I,  apodado Makeles, que significa matarife justamente porque hizo matar al aristócrata Aspar, que además  había sido quien lo colocó en el poder.

Justiniano, recordemos, nunca se enojaba y   fue capaz de mostrar clemencia contra conspiradores como Artabanes, algo que hasta mi hermano recoge  en uno de sus escritos sobre las guerras de Justiniano y esta actitud se contrapone con la furia habitual  de Anastasio contra sus ministros que por más importantes que  fueran,  presas de un miedo profundo, se postraban a sus pies. Y no olvidemos que Justiniano hacía la vista gorda a la protección que su mujer dispensaba a los monofisitas.

Por eso, si vamos a considerar que en el reinado de Justiniano se tendía hacia la intolerancia religiosa, seamos justos en las apreciaciones poniéndolo en contexto.  En  nuestro Siglo VI los emperadores no podían dejar a la deriva las cuestiones de unidad del Imperio y las cuestiones relacionadas con la fe que consideraban  el elemento aglutinante y salvífico.  La  Iglesia Cristiana  se estaba apenas definiendo tal, como los  sucesivos concilios lo atestiguan,  y seguir el credo correcto llevaba implícita, además,  la salvación de las almas (4).





Notas:

(1) Por si aún no lo sabes, relata Procopina de Cesarea: personaje ficticio  creado por  la editora de este blog, Myriam Goldenberg, como contrapunto a Procopio de Cesarea.

(2)  Procopius Of Cesarea, Secret History (La Anécdota)

(3) Las facciones azules, verdes y dos más  (los blancos y los naranjas) eran agrupaciones políticas que se enfrentaban en los juegos del  Hipódromo.

(4) Aún faltarían unos cuantos años -un par de centurias quizás- para que la Iglesia se expandiera considerablemente, capturara el poder político, acumulara cuantiosas riquezas y estableciera las instituciones legales que aseguraran ese poder contra viento y marea y todo aquel que significara un peligro.



Este relato se basa (además de en el texto de Procopio) en  el análisis de Geatrex Geoffrey  Perceptions of Procopius in recent Scholarship 2014,  Histos 8,  pgs 76-121, ISSN 2046-5963



Sunday, December 27, 2015

Una joya en el desierto: Monasterio de Santa Catalina, y un viaje en el tiempo de hace poco más de 40 años.

 Este monasterio  al pie del Monte Sinai, en donde, de acuerdo con  la Biblia, Moises recibió las Tablas de ley y la zarza ardiente le habló,  fue fundado por orden del Emperador Justiniano (482-565) al lado de una iglesita que ya había hecho construir Santa Helena -madre del Emperador Constantino- unos doscientos años antes. Los monjes   greco-ordodoxos que  lo fundaron lo  bautizaron  (en griego)  algo así como "Monasterio sagrado de la montaña que Dios ha pisado", fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002 y desde el 800, es conocido como Monasterio de Santa Catalina -porque supuestamente allí se encontraron en esa época  los despojos mortales de la Santa (1)- y ha sobrevivido a los embates del tiempo y de la historia, en especial el saqueo de la cuarta cruzada, pero los monjes supieron, en general,  negociar protección tanto con musulmanes y judíos y tienen actualmente también muy buenas relaciones los beduinos de la zona  con los monjes del Monasterio.


 

Complejo del Monasterio





                                      Virgen y niño,  S. XIII                         Virgen y niño, con ángeles, S Jorge  y S.  Teodoro, S. VI

                                                                   Cristo  Pantocrátor (Cristo Tododeroso), Siglo VI
                                                                   Es el Pantocrátor más antiguo que conocemos.

                                                                                 San Pedro, S. VI



                                                                                 Transfiguración, S. XII

                                                                               San Miguel Arcángel, S. XIII

                                                                      Escalera de la Ascensión, S. XII  ( via ascética para ascender al paraíso  de 30 escalones, según el tratado "Escalera al Paraíso" del abad  del Monasterio de Santa Catalina y Santo,  Juan Climacus, S. VI o VII)


Este monasterio tiene una colección de 2000 íconos de los más antiguos del mundo. Y una librería con una colección de códices y manuscritos de 3300 items. Los manuscritos  conforman  la colección de la biblioteca monástica cristiana más antigua y más importante. De sus 3.300 manuscritos, dos tercios están escritos en  en griego, el resto  en distintos idiomas como  árabe, siríaco (arameo clásico),  eslavo, hebreo, etíope, armenio, latino,  persa, etc., etc. La mayoría de los manuscritos son textos cristianos para su uso en los servicios, o para inspirar y guiar a los monjes en su dedicación, pero otros son de carácter educativo, tales como textos clásicos griegos, léxicos, textos médicos y relatos de viajes.


El más famoso manuscrito es del siglo IV Codex Sinaiticus, de los cuales el monasterio conserva doce páginas y algunas veinticuatro fragmentos, el resto se encuentra en la Bilioteca Británica. Le sigue en importancia el Syriacus Codex, (un palimpsestode base un manuscrito de finales del siglo IV de 358 páginas, que contiene una traducción de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento al siríaco, el cual ha sido sobre-escrito por  biografías de santas y mártires,  fechado en el 778 de la Era Común. 


Yo tuve el privilegio de visitar este Monasterio en  mi primer viaje al desierto, en este caso, el desierto del Sinai (2), hace poco más de cuarenta años en donde llegué partiendo de Tel Aviv hasta Sharm-al-Sheij.  Los monjes, recuerdo, fueron muy amables con nosotros, pero guardaban voto de silencio. Pudimos recorrerlo todo. ¡Hace cuarenta años! tantos como los cuarenta años que Moisés anduvo pastoreando por ahí. Cuarenta y un años, para ser exactos, y me a parece que fue ayer... tan grabado en mi está su recuerdo.


En el 2002  hubo grandes celebraciones por 1.700 años de ascetismo ininterrumpido en el lugar. El Museo Metropolitano de N.Y. ha encarado un trabajo de refracción de 4 años  del Edificio de la Tesorería del Monasterio en el que se conservan los iconos y los manuscritos, incluyendo la restauración de hasta entonces, 150 íconos.

Según  el periodista Athanasiades (que en la ocasión estuvo presente), la Dra Helen Evans, curadora de arte Bizantino y Medieval del Metropolitan Museum of NY y miembro del equipo que trabajó en la refacción y restauración, arroja luz sobre un aspecto que no se tiene muy en cuenta  en el debate actual sobre las Civilizaciones -algo que me encantó y con lo cual estoy muy de acuerdo- y es que, las culturas no son criaturas monolíticas e inflexibles, sino que están sutilmente enlazadas y reaccionan entre si.  Esto lo dice ella a cuenta de que los iconos  guardados en este Monasterio han influenciado el arte italiano de los Siglos  XIII y XVI y así unas a otras.



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Notas:

(1)  Existe en su acervo un cráneo de mujer del que -inexplicablemente-  le crece un penacho, algo así como una especie de plumero y es venerado como perteneciente a Santa Calalina de Alejandría.

(2)  La Península del Sinaí desde la GRR de los 6 Días de 1967 estaba bajo jurisdicción israelí y fue devuelta a Egipto  con la firma de:  El tratado de Paz entre ambas naciones en 1979.
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Las Imagenes tomadas de Wikipedia o de la Pág misma del Monasterio.

Para vistarlo ver aquí.  Hay tres puntos de Entrada: Desde El Cairo; desde Sharm-al Sheij; y desde Tabah.  Está situado a 430 Km SE de El  Cairo (6-8 hs de viaje por ruta) y a 250 km al N de Sharm-al- Sheij.


Fuentes:

Página del Monasterio

Código Sinaitico

Código Siriaco

Un art. del periodista, analista político y fotógrafo Iason Athanasiades, quien entrevistó a la curadora del Museo Metropolitano de NY. USA, en 2002, Helen  Evans, de donde extraje la cita de ella.

Wikipedia (pgs. enlazadas en el texto)