La factoría de salazones descubierta en Baelo Claudia por la Universidad de Cádiz cuenta con nueve piletas y ha aparecido en el barrio sur del yacimiento, en la zona más cercana a los chiringuitos. Foto por Alejandro Ruesga (EL PAÍS)
Realidad:
Hace casi dos milenios un enigmático empresario gaditano se hizo de oro
vendiendo conservas de pescado y salsa garum a buena parte del Imperio
Romano. El negocio debió funcionar porque le sobrevivió y estuvo activo
250 años, toda una proeza a ojos contemporáneos donde pocas compañías,
como las bodegas de Jerez, pueden presumir de tanta solera. Las nueve
piletas en las que ese emprendedor antiguo salaba sus pescados y el
patio en el que los limpiaba y preparaba emergen ahora en la excavación
arqueológica más importante de las dos últimas décadas en el yacimiento de Baelo Claudia, la ciudad romana de postal ubicada en la actual pedanía de Bolonia (Tarifa, Cadiz, Andalucía, España).
Ficción:
Junia Rufina, empresaria rompedora de moldes romana muy adinerada y viuda del diunviro Lucio Fabio Rufinus, dirigía con esmero y mano férrea la fábrica de salazón de pescado y producción con receta propia y secreta de salsa garum (salsa que mezclaba hasta cinco pescados y mariscos fermentados, una exquisitez para el paladar romano, cartaginés, fenicio, etc) recibida como un regalo de su padre en Baelo Claudia muy cerca del Puerto de Asta Regia de dónde salían las naves cargadas con los productos marinos a todos los rincones del Imperio, a Cartago, a Fenicia, a Bizancio, a Silecia, etc. Los esclavos que trabajaban para tener capacidad máxima en las 9 piletas lo hacían día y noche por turnos de 12 horas bajo un sol abrasador o una lluvia torrencial. En cada pileta cabían 2000 lomos de atún. El capataz Filipo Numio era un ser despreciable. Muchos lo odiaban y deseaban su muerte. Nadie se había atrevido a enfrentarlo hasta que llegó un día a trabajar en el complejo Nicomeno Xilertes, un monumental esclavo capturado en Efeso. Y se armó la de Dios es Cristo y hasta aquí llegamos. El hombre, Filipo, apareció muerto de asfixia al día siguiente con un gran pescado podrido en el boca y colgado de un poste por los pies y boca abajo, bamboleándose al viento.
Entre Realidad y Ficción: 331 palabras
Fuentes enlazadas en el texto. Imágenes de las Fuentes.