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Thursday, December 12, 2013

"Todo lo que era sólido" de Antonio Muñoz Molina; Parte 1: Cainismo. El nosotros y el ellos. Desbaratar prejuicios

Dice Antonio Muñoz Molina (AMM) desde el inicio de su ensayo "Todo lo que era Sólido"  Ed.Seix Barrial,  Barcelona, España, 2013,  a propósito del “cainismo” imperante en la sociedad española: “El nuestro es un nosotros fraccionado (…) a golpes de tajante negación” Cap. 2;  “Amnésico de fragmentos” y  consecuentemente, sujeto a “identificaciones erróneas” Cap.3.  Más adelante señala que “victimismo y  narcisismo  son dos rasgos del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores han levantado en cada comunidad, proscribiendo o dejando al margen no solo cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción adulta de ciudadanía”, habla también del nacimiento como sello de identidad y de orgullo que lleva  a la concepción errónea de que “lo que te falta es  porque te lo han quitado ellos, los opresores extranjeros”, etc, etc,   ver el capítulo 35 completo;  y en el  Cap. 37 pone AMM de ejemplo los Estatutos de las Autonomías, así tenemos que el del Reino  León dice: “… leoneses y castellanos ofrecieron al mundo ejemplo de respeto y convivencia entre las culturas diversas”. (¿Desde cuándo? ¿desde 1492?”).  Cap 54: “Sólo fingiendo o creyendo ver lo que no existe se está seguro de no pertenecer a ese ellos infame”,   impuesta “una identidad originaria sin mancha”. Y cita el entremés de Cervantes:  “El retablo de las maravillas”, maravillas que sólo podían ver los “limpios de sangre”, que en realidad no existían, pero que los timadores que presentaban la pieza,  hacían creer al pueblo de que sí. Concluye AMM el tema diciendo: Cap 85: “ninguna historia se repite, no estamos condenados al cainismo ni nada”.  La solución está según AMM en tener conciencia de que “nada es para siempre, nada ni nadie es de una sola pieza” (Blanco-negro, bueno- malo) Cap. 87 y  de la importancia de integrar esos aspectos, sabiendo que “no se trata de renunciar a lo que uno es: es aceptar la parte en la que nos parecemos a otros, lo que tenemos en común que nos constituye tanto como lo que nos diferencia” Cap. 92. (El subrayado en cursivas negritas es mío)

Hasta aquí AMM. Ahora vamos a ver desde la Psicología cómo funcionan estos mecanismos. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que cuando hablamos de cainismo, aludiendo al Cain y Abel bíblicos, lo que estamos haciendo es rechazar una parte nuestra  que no deseamos reconocer y que proyectamos en el otro. El otro es entonces portador de eso que rechazamos, expulsándolo así de nosotros pero endosándoselo a ese Otro, que de esta manera pasa a ser chivo expiatorio, objeto de persecuciones, insultos, golpes, etc.  Para hacerlo, edificamos un relato parcial, interesado o ignorante -una suma de creencias erróneas que no tienen relación con la verdad histórica- sino que recoge selectivamente sólo los datos  que nos interesan  y los acentúa, para edificar nuestro cuentito, llevando a generalizaciones del tipo “Todos los….. son….” O “no soporto a los … ellos son…”  “conozco uno que no, pero la mayoría es….” etc, etc,  así es como se forman los prejuicios, que pueden ser atribuciones buenas o malas pero que en ningún caso se ajustan a la verdad histórica, al hecho real. Ese ellos pasa a ser una entidad aglutinada, uniforme.    

Culpar a otros de  aspectos nuestros que rechazamos y hemos expulsado de nosotros por este artificio, nos produce incluso a veces una sensación gratificante de bienestar. Asumir nuestros lados oscuros, nuestras falencias, nuestras incongruencias, es algo muy molesto y por supuesto, requiere de una gran madurez emocional que muchas veces, no estamos dispuestos a asumir  (a nivel individual, pero también puede serlo a nivel colectivo).

Para que haya un “nosotros” y un “ellos” formamos grupos de pertenencia. Es más, desde que nacemos, pertenecemos a uno, la familia, luego la clase en la escuela, vecindad, ciudad, etc, etc. Incluso los grupos de pertenencia se superponen y enlazan. El problema surge  cuando cerramos las fronteras a cal y canto, cuando no permitidos la incorporación del Otro. Hablamos de grupos de pertenencia (Los grupos a los que pertenezco), de grupos de referencia (mayoría dominante que van a influir en los grupos a los que pertenezco) y de distancia social, la que pongo entre ese “nosotros” y esos “otros” (Cómo por ej. cuando la madre le dice al hijo “no te juntes con los negros porque son ….”. Nótese que los prejuicios son siempre un problema individual, que tienen que ver  con mi grado de ignorancia y rigidez sobre un tema específico.  Ignorancia,  por un conocimiento  precario del tema basado en informaciones parciales o erradas y en generalizaciones. Y rigidez,  esa que me impide el diálogo, el debate,  el modificar lo que pienso, completando mis parcialidades. Esas, que todos tenemos porque ninguno de  nosotros es conocedor de la verdad absoluta, de TODA la historia.  Es fundamental entonces, escuchar la voz del otro y su particular enfoque de la realidad, sumando las diferentes perspectivas que nos van ampliando el panorama, buscando tal como dice AMM,  lo que nos une, más que lo que nos diferencia.

Existen distintos grados del rechazo del Otro: hablar mal de él descalificándolo, evitarlo, discriminarlo y rechazarlo, atacarlo físicamente, incluso,  exterminarlo.

Para ejemplificar el tema,  profundizaré en los de los prejuicios  de raza (aunque existen infinidad  de ellos  de género, ideología, etc. etc.) y lo mismo se pueden aplicar aquí que allá. Se confunde muchas veces raza (factores genéticos) con étnia (que involucra factores sociales y culturales).  Mientras la primera no se cambia, la segunda depende de la educación e hipotéticamente podría cambiarse en el curso de una o dos generaciones.

Solemos considerar a los negros de Estados Unidos como una raza uniforme. Sin embargo, de acuerdo a estudios antropológicos. psicólogico-sociales y  sociológicos (Herskovitz, 1930; C.S. Coon et alt, 1950; Allport, 1954; etc) se calcula que solo ¼ de la población total de negros americanos  son puros descendientes del tipo negroide africano; siendo ¾ producto del mestizaje, y estos afroamericanos estarían a igual distancia genética del tipo negroide africano que del tipo caucásico.

Otro ejemplo más:  a efectos de exacerbar el odio en contra  de los judíos, se los ha pintado como “una raza” con determinadas características. Sin embargo, nada más errado, porque es una simplificación espuria del conjunto de etnia, religión, historia e influencias psicológicas que caracterizan este grupo o  pueblo, que además dista mucho de ser uniforme (Los hay de rubios a  morenos; de  religiosos ortodoxos hasta  nada religiosos o incluso ateos;  que hablan ladino, idish o hebreo o sólo la lengua del país en que nacieron; que pertenecen a ideologías   de derecha, centro o  izquierda; muchos ni se consideran “una nación” sino ciudadanos de los países en los que nacieron y viven; etc, etc). Volveremos sobre este tema en el futuro, quizás,  al referirme a como se sirvió Hitler y todo el Nacional Socialismo alemán de estereotipos y prejuicios que ya formaban parte del ideario socio-cultural del pueblo alemán desde siglos antes de la asunción de Hitler al poder y de esta forma,  justificar el exterminio de 6.000.000 de judios  (además de gitanos, homosexuales, izquierdistas).  Y conviene que lo veamos, porque algo impensable  para este Siglo XXI,  es que existan aún focos neo-nazistas en Alemania, y no sólo en Alemania, sino que también los hay en otros países de Europa (Grecia, Austria, Holanda, etc) y en otros países del mundo, por cierto.  AMM nos dice, que no estamos condenados a que la Historia se repita, pero para evitarlo  es necesario recuperar la Memoria Histórica: el recuerdo, el estudio, el análisis, el debate, de lo contrario estamos sí condenados a la repetición, porque no hemos capitalizado en la conciencia los errores del pasado.

Para ver cómo funcionan los prejuicios, veamos un experimento muy sencillo que Gordon Allport cita en su libro “The Nature of Prejudice”, 1954, un clásico en este tema,  que fue  realizado en Sudáfrica por E. G. Malherbe, Jonesbourg 1946. En Sudáfrica, en una examinación pública, los candidatos fueron instruidos en marcar  el porcentaje “que Ud, cree que los judíos constituyen en la población total del país” las opciones a marcar eran 1- 5- 10- 15- 20- 25 -30  por ciento. La mayoría contestó  un 20 %, siendo que la realidad era de poco más del 1%.  Concluyen los investigadores que esto se debe a una hipersensibilidad con respecto a “la cuestión judía” y su “amenaza”. Los datos los habían seleccionado de su memoria recordando a los judíos que habían conocido o visto, exageraron la expresión, o sea acentuándola, lo que los llevó a una interpretación errónea de la realidad.

En este punto el papel que juegan los Medios de Comunicación  son de suma importancia,  que no deberían desinformar o a mal-informar o  estar al servicio de intereses determinados  generando miedo, emoción que se aviva más en las personas prejuiciosas. También veremos  en la Parte 2 las estrategias de manipulación  que usaron ideologías totalitarias como el Nazismo, que ejemplifica los mecanismos de los que se sirven quienes utilizan los medios de comunicación para manipular a la población,   si ésta carece del suficiente sentido crítico: “Si lo Para muestra, un botón: Orson Welles, sembró el pánico en  1938, hace 75 años cumplidos en 30 de Octubre pmo pdo, cuando narrando la adaptación de una novela de Well por la radio, hizo creer a los radioescuchas estadounidenses que el país estaba siendo invadido por alienígenas.

Pasemos ahora a otro tema ¿Qué diferencia a una persona tolerante de una que no lo es, o sea, podríamos decir que cainista?

La intolerante, la cainista, la que es prejuiciosa en grado máximo,  va a seguir la ley del menor esfuerzo y pensar de forma monolítica, en bloque, simplificando, por lo tanto ese “ellos” es una masa amorfa, indiferenciada. La persona tolerante, por el contrario, va a diferenciar en muchas categorías, es consciente de su ignorancia y dispuesta a modificar sus propios prejuicios al acceder a información con la que antes no contaba, porque no nos engañemos,  todos en mayor o menor medida los tenemos.  La persona intolerante por el contrario, carece de esa flexibilidad que aporta el modificar nuestros pensamientos acorde con lo nuevo que vamos aprendiendo.  La tolerante desarrolla además empatía, un sistema de valores diferente y es más propensa a gestos solidarios, entre otras cosas.

La intolerante  reaccionaría así a _¿Por qué dices eso? _ Porque sí y punto.  Y no  es capaz de argumentar, debatir, contrastar, verificar, modificar sus opiniones, etc.

Los estereotipos no son prejuicios, son racionalizaciones  listas para ser usadas por  las  personas con prejuicios, o sea que están en su base, pero estas racionalizaciones solas, per se, no constituyen un prejuicio, sí, en cambio,  el uso que les demos.  Albert Einstein decía “es más fácil desintegrar un átomo, que desarmar un prejuicio”,  y  quizás sea cierto  aunque exagere un poco, porque  para poder hacerlo hay que ir al sistema de creencias en el que los prejuicios están anclados y las creencias se forman ya en la infancia temprana.  Por ej. cuando en la casa dicen al niño  caucásico “no te juntes con esos negros, que son….”, el niño que  hasta  ese momento no había hecho diferencia con los otros niños con los que jugaba en la plaza, aprenderá  a partir de ese momento  a ser desconfiado y a saber que los seres humanos se compartimentan en grupos – y que algunos de esos grupos se odian- y para no perder el  cariño y la aceptación de sus padres actuará como le dicen. La escuela enseña diferente,  pero si no trabaja también con los padres  de los alumnos, todo lo que haga con los niños, lo desbaratarán los padres en sus casas. Mucho del bulling que se da, sino todo, tiene que ver con los prejuicios con que creen los niños en sus hogares, que hace que se ensañen de forma muy cruel  con otros niños en la escuela.

La persona cainista, prejuiciosa, (AMM habla específicamente “de las dos Españas”, pero puede ser cualquiera en las que se polaricen dos ideologías  totalmente opuestas: izquierdistas/franquistas; Israel /Palestina;  Conservadores /liberales;  Alfonsinistas /Kirshneristas) se corresponde con el tipo de personalidad autoritario, demagógico contra el democrático (T. W. Adorno et alt, 1982).  En tiempos de crisis con baja tolerancia a la aceptación y al manejo de  frustraciones,  se exacerba el odio hacia sí mismo (ej. depresiones, suicidios) o,  lo que es peor,  hacia el  Otro. Cuando es hacia el Otro, lo es hacia un grupo más que hacia individuos aislados, un “ellos infame” que cataloga y utiliza como chivo expiatorio.  En tiempos de crisis, los dirigentes demagogos generan miedo en la población  una fácil forma de dominio de la población porque desata las ansiedades paranoicas individuales (irracionales) que corren sumándose (como reguero de pólvora al encender la chispa)  y hábilmente les dirigen a canalizar  las frustraciones y el odio   que sienten, hacia  un chivo expiatorio “x” que funciona como válvula de escape.

Aquí entra en juego también  lo que AMM dice sobre el papel de víctima que asume la persona (paralizada por el miedo) y el narcisismo (primario), por el  que estas  personas quieren ver satisfechas sus necesidades sin esfuerzo alguno (sin adultez ciudadana, ergo responsable y activa) pero si, en cambio,  por la acción de “un padre omnisciente y proveedor”: “el líder demagógico” que cubre sus necesidades, como cuando  el bebé llora y la madre lo alimenta, siendo el bebé en su narcisismo primario, completamente dependiente de la madre y  el centro de su atención.    Para ello, estas personas adoptan  la máxima conformidad, es decir que acatan sin más la voluntad del líder, sometiéndose a su voluntad y exigencias.  Cuando una persona acata sin más, está inconscientemente cambiando lo que  en su fuero íntimo pueda  creer y pensar por lo que cree y piensa el líder o  lo que cree y  piensa la mayoría de la comunidad a la que pertenece,  que marca ejerciendo presión sobre él,  lo que es “la norma social”. Cuando vivimos en sociedad, debemos acatar ciertas normas para ser aceptados en ella, eso lo hacemos todos en mayor o menor medida; de otras en cambio disentimos;   el problema  radica en cuando esa sumisión es total. Ahí está el peligro, porque quienes detentan el poder manipularán al máximo a esas personas sumisas, anulándolas por completo,  y las convertirán  en sus herramientas para  cualquier acción incluso criminal.

¿Qué pasa entonces  con la moralidad de estas personas? Simple, para evitar el conflicto psíquico que resulta   del choque de la moral individual con la moral producto de la norma social imperante,   producen estos individuos lo que Albert Bandura (1999) llama “un desenganche  moral” inhibiendo la instancia moral personal: “todo el mundo lo hace”, “es lo normal”  aunque sea la mayor de las aberraciones,  “el líder lo dice, lo pide, lo exige”.  La instancia moral es la que funciona frenando el comportamiento inhumano y  actuando, por el contrario, proactivamente de forma humana. En el desenganche moral actúan: justificaciones morales, un lenguaje “de desinfección”,  evitación de comparaciones. Investir de altos propósitos morales ("Todo sea por el bien de la Patria") conductas altamente nocivas (la exterminación del diferente, del Otro), es la mejor forma de desconectar  la moral individual y por supuesto, siempre desligando la responsabilidad  individual que recae íntegramente en  el o en los líderes. Decía Voltaire: “aquellos que te hacen  creer absurdos, pueden hacerte cometer atrocidades” y no se equivocó.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg