Dice Antonio Muñoz
Molina (AMM) desde el inicio de su ensayo "Todo lo que era Sólido" Ed.Seix Barrial, Barcelona, España, 2013, a propósito del “cainismo” imperante
en la sociedad española: “El nuestro es un nosotros fraccionado (…) a
golpes de tajante negación” Cap. 2; “Amnésico de
fragmentos” y consecuentemente, sujeto a “identificaciones
erróneas” Cap.3. Más adelante señala que “victimismo y narcisismo son dos rasgos
del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores han levantado en
cada comunidad, proscribiendo o dejando al margen no solo
cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción
adulta de ciudadanía”, habla también del nacimiento como sello de identidad y de orgullo que
lleva a la concepción errónea de que “lo que te
falta es porque te lo han quitado ellos,
los opresores extranjeros”, etc, etc, ver el
capítulo 35 completo; y en el Cap. 37 pone AMM de ejemplo los Estatutos de
las Autonomías, así tenemos que el del Reino
León dice: “… leoneses y castellanos ofrecieron al mundo ejemplo de
respeto y convivencia entre las culturas diversas”. (¿Desde cuándo?
¿desde 1492?”). Cap 54: “Sólo
fingiendo o creyendo ver lo que no existe se está seguro de no pertenecer a ese
ellos infame”, impuesta “una identidad originaria sin
mancha”. Y cita el entremés de Cervantes: “El retablo de
las maravillas”, maravillas que
sólo podían ver los “limpios de sangre”, que en realidad no existían, pero que
los timadores que presentaban la pieza, hacían creer al pueblo de que sí. Concluye AMM
el tema diciendo: Cap 85: “ninguna historia se repite, no estamos condenados al
cainismo ni nada”. La
solución está según AMM en tener conciencia de que “nada es para siempre, nada ni nadie
es de una sola pieza” (Blanco-negro, bueno- malo) Cap. 87 y de la importancia de integrar esos aspectos,
sabiendo que “no se trata de renunciar a lo que uno es: es aceptar la parte en la
que nos parecemos a otros, lo que tenemos en común que
nos constituye tanto como lo que nos diferencia” Cap. 92. (El subrayado
en cursivas negritas es mío)
Hasta aquí AMM.
Ahora vamos a ver desde la Psicología cómo funcionan estos mecanismos. Lo
primero que tenemos que tomar en cuenta es que cuando hablamos de cainismo,
aludiendo al Cain y Abel bíblicos, lo que estamos haciendo es rechazar una
parte nuestra que no deseamos reconocer
y que proyectamos en el otro. El otro es entonces portador de eso que
rechazamos, expulsándolo así de nosotros pero endosándoselo a ese Otro, que de esta manera pasa a ser chivo
expiatorio, objeto de persecuciones, insultos, golpes, etc. Para hacerlo, edificamos un relato parcial,
interesado o ignorante -una suma de creencias erróneas que no tienen relación
con la verdad histórica- sino que recoge selectivamente sólo los datos que nos interesan y los acentúa, para edificar nuestro cuentito,
llevando a generalizaciones del tipo “Todos los….. son….” O “no soporto a los …
ellos son…” “conozco uno que no, pero la
mayoría es….” etc, etc, así es como se
forman los prejuicios, que pueden ser atribuciones buenas o malas pero que en ningún caso se
ajustan a la verdad histórica, al hecho real. Ese ellos pasa a
ser una entidad aglutinada, uniforme.
Culpar a otros
de aspectos nuestros que rechazamos y
hemos expulsado de nosotros por este artificio, nos produce incluso a veces una
sensación gratificante de bienestar. Asumir nuestros lados oscuros, nuestras
falencias, nuestras incongruencias, es algo muy molesto y por supuesto,
requiere de una gran madurez emocional que muchas veces, no estamos dispuestos
a asumir (a nivel individual, pero también
puede serlo a nivel colectivo).
Para que haya
un “nosotros” y un “ellos” formamos grupos de pertenencia. Es más, desde que
nacemos, pertenecemos a uno, la familia, luego la clase en la escuela, vecindad,
ciudad, etc, etc. Incluso los grupos de pertenencia se superponen y enlazan. El
problema surge cuando cerramos las
fronteras a cal y canto, cuando no permitidos la incorporación del Otro. Hablamos
de grupos de pertenencia (Los grupos a los que pertenezco), de grupos de
referencia (mayoría dominante que van a influir en los grupos a los que
pertenezco) y de distancia social, la que pongo entre ese “nosotros” y esos
“otros” (Cómo por ej. cuando la madre le dice al hijo “no te juntes con los
negros porque son ….”. Nótese que los prejuicios son siempre un problema
individual, que tienen que ver con mi
grado de ignorancia y rigidez sobre un tema específico. Ignorancia, por un conocimiento precario del tema basado en informaciones
parciales o erradas y en generalizaciones. Y rigidez, esa que me impide el diálogo, el debate, el modificar lo que pienso, completando mis
parcialidades. Esas, que todos tenemos porque ninguno de nosotros es conocedor de la verdad absoluta,
de TODA la historia. Es fundamental
entonces, escuchar la voz del otro y su particular enfoque de la realidad,
sumando las diferentes perspectivas que nos van ampliando el panorama, buscando
tal como dice AMM, lo que nos une, más
que lo que nos diferencia.
Existen
distintos grados del rechazo del Otro: hablar mal de él descalificándolo,
evitarlo, discriminarlo y rechazarlo, atacarlo físicamente, incluso, exterminarlo.
Para
ejemplificar el tema, profundizaré en
los de los prejuicios de raza (aunque
existen infinidad de ellos de género, ideología, etc. etc.) y lo mismo
se pueden aplicar aquí que allá. Se confunde
muchas veces raza (factores genéticos) con étnia (que involucra factores sociales
y culturales). Mientras la primera no se
cambia, la segunda depende de la educación e hipotéticamente podría cambiarse
en el curso de una o dos generaciones.
Solemos
considerar a los negros de Estados Unidos como una raza uniforme. Sin embargo,
de acuerdo a estudios antropológicos. psicólogico-sociales y sociológicos (Herskovitz, 1930; C.S.
Coon et alt, 1950; Allport, 1954; etc) se calcula que solo ¼ de la población
total de negros americanos son puros
descendientes del tipo negroide africano; siendo ¾ producto del mestizaje, y
estos afroamericanos estarían a igual distancia genética del tipo negroide
africano que del tipo caucásico.
Otro ejemplo más:
a efectos de exacerbar el odio en
contra de los judíos, se los ha pintado
como “una raza” con determinadas características. Sin embargo, nada más errado,
porque es una simplificación espuria del conjunto de etnia, religión, historia
e influencias psicológicas que caracterizan este grupo o pueblo, que además dista mucho de ser
uniforme (Los hay de rubios a morenos;
de religiosos ortodoxos hasta nada religiosos o incluso ateos; que hablan ladino, idish o hebreo o sólo la
lengua del país en que nacieron; que pertenecen a ideologías de derecha, centro o izquierda; muchos ni se consideran “una
nación” sino ciudadanos de los países en los que nacieron y viven; etc, etc). Volveremos
sobre este tema en el futuro, quizás, al referirme a como
se sirvió Hitler y todo el Nacional Socialismo alemán de estereotipos y prejuicios
que ya formaban parte del ideario socio-cultural del pueblo alemán desde
siglos antes de la asunción de Hitler al poder y de esta forma, justificar el exterminio de 6.000.000 de judios (además de gitanos, homosexuales,
izquierdistas). Y conviene que lo
veamos, porque algo impensable para este
Siglo XXI, es que existan aún focos neo-nazistas
en Alemania, y no sólo en Alemania, sino que también los hay en otros países de
Europa (Grecia, Austria, Holanda, etc) y en otros países del mundo, por cierto. AMM nos dice, que no estamos condenados a que la
Historia se repita, pero para evitarlo
es necesario recuperar la Memoria Histórica: el recuerdo, el
estudio, el análisis, el debate, de lo contrario estamos sí condenados a la
repetición, porque no hemos capitalizado en la conciencia los errores del
pasado.
Para ver cómo
funcionan los prejuicios, veamos un experimento muy sencillo que Gordon Allport
cita en su libro “The Nature of Prejudice”, 1954, un clásico en este
tema, que fue realizado en Sudáfrica por E. G. Malherbe,
Jonesbourg 1946. En Sudáfrica, en una examinación pública, los candidatos
fueron instruidos en marcar el
porcentaje “que Ud, cree que los judíos constituyen en la población total del
país” las opciones a marcar eran 1- 5- 10- 15- 20- 25 -30 por ciento. La mayoría contestó un 20 %, siendo que la realidad era de poco
más del 1%. Concluyen los investigadores
que esto se debe a una hipersensibilidad con respecto a “la cuestión judía” y
su “amenaza”. Los datos los habían seleccionado de su memoria recordando a los
judíos que habían conocido o visto, exageraron la expresión, o sea acentuándola, lo que los llevó a una interpretación errónea de la realidad.
En este punto
el papel que juegan los Medios de Comunicación
son de suma importancia, que no
deberían desinformar o a mal-informar o
estar al servicio de intereses determinados generando miedo, emoción que se aviva más en las personas prejuiciosas. También veremos en la Parte 2 las estrategias de manipulación que usaron ideologías totalitarias como el Nazismo, que
ejemplifica los mecanismos de los que se sirven quienes utilizan los medios de
comunicación para manipular a la población, si ésta
carece del suficiente sentido crítico: “Si lo Para muestra, un botón: Orson
Welles, sembró el pánico en 1938,
hace 75 años cumplidos en 30 de Octubre pmo pdo, cuando narrando la adaptación
de una novela de Well por la radio, hizo creer a los radioescuchas estadounidenses
que el país estaba siendo invadido por alienígenas.
Pasemos ahora a
otro tema ¿Qué diferencia a una persona tolerante de una que no lo es, o sea,
podríamos decir que cainista?
La intolerante,
la cainista, la que es prejuiciosa en grado máximo, va a seguir la ley del menor esfuerzo y
pensar de forma monolítica, en bloque, simplificando, por lo tanto ese “ellos”
es una masa amorfa, indiferenciada. La persona tolerante, por el contrario, va
a diferenciar en muchas categorías, es consciente de su ignorancia y dispuesta
a modificar sus propios prejuicios al acceder a información con la que antes no
contaba, porque no nos engañemos, todos
en mayor o menor medida los tenemos. La
persona intolerante por el contrario, carece de esa flexibilidad que aporta el
modificar nuestros pensamientos acorde con lo nuevo que vamos aprendiendo. La tolerante
desarrolla además empatía, un sistema de valores diferente y es más propensa a
gestos solidarios, entre otras cosas.
La intolerante reaccionaría así a _¿Por qué dices eso? _
Porque sí y punto. Y no es capaz de argumentar, debatir, contrastar,
verificar, modificar sus opiniones, etc.
Los
estereotipos no son prejuicios, son
racionalizaciones listas para ser usadas
por las
personas con prejuicios, o sea que están en su base, pero estas racionalizaciones
solas, per se, no constituyen un prejuicio, sí, en cambio, el uso que les demos. Albert Einstein decía “es más
fácil desintegrar un átomo, que desarmar un prejuicio”, y quizás
sea cierto aunque exagere un poco, porque para poder hacerlo hay que ir al sistema de
creencias en el que los prejuicios están anclados y las creencias se forman ya en
la infancia temprana. Por ej. cuando en
la casa dicen al niño caucásico “no te
juntes con esos negros, que son….”, el niño que hasta
ese momento no había hecho diferencia con los otros niños con los que
jugaba en la plaza, aprenderá a partir
de ese momento a ser desconfiado y a
saber que los seres humanos se compartimentan en grupos – y que algunos de esos
grupos se odian- y para no perder el
cariño y la aceptación de sus padres actuará como le dicen. La escuela
enseña diferente, pero si no trabaja
también con los padres de los alumnos,
todo lo que haga con los niños, lo desbaratarán los padres en sus casas. Mucho
del bulling que se da, sino todo, tiene que ver con los prejuicios con
que creen los niños en sus hogares, que hace que se ensañen de forma muy cruel con otros niños en la escuela.
La persona
cainista, prejuiciosa, (AMM habla específicamente
“de las dos Españas”, pero puede ser cualquiera en las que se polaricen dos
ideologías totalmente opuestas: izquierdistas/franquistas;
Israel /Palestina; Conservadores
/liberales; Alfonsinistas
/Kirshneristas) se corresponde con el tipo de personalidad autoritario,
demagógico contra el democrático (T. W. Adorno et alt, 1982). En tiempos de crisis con baja
tolerancia a la aceptación y al manejo de frustraciones, se exacerba el odio hacia sí mismo (ej. depresiones,
suicidios) o, lo que es peor, hacia el
Otro. Cuando es hacia el Otro, lo es hacia un grupo más que hacia
individuos aislados, un “ellos infame” que cataloga y utiliza como chivo
expiatorio. En tiempos de crisis, los
dirigentes demagogos generan miedo en la población una fácil forma de dominio de la población
porque desata las ansiedades paranoicas individuales (irracionales) que corren sumándose
(como reguero de pólvora al encender la chispa) y hábilmente les dirigen a canalizar las frustraciones y el odio que
sienten, hacia un chivo expiatorio “x” que
funciona como válvula de escape.
Aquí entra en
juego también lo que AMM dice sobre el
papel de víctima
que asume la persona (paralizada por el miedo) y el narcisismo (primario), por
el que estas personas quieren ver satisfechas sus
necesidades sin esfuerzo alguno (sin adultez ciudadana, ergo responsable y
activa) pero si, en cambio, por la
acción de “un padre omnisciente y proveedor”: “el líder demagógico” que cubre
sus necesidades, como cuando el bebé
llora y la madre lo alimenta, siendo el bebé en su narcisismo primario,
completamente dependiente de la madre y el centro de su atención. Para ello, estas personas adoptan la máxima conformidad, es decir que acatan
sin más la voluntad del líder, sometiéndose a su voluntad y exigencias. Cuando una persona acata sin más, está
inconscientemente cambiando lo que en su
fuero íntimo pueda creer y pensar por lo
que cree y piensa el líder o lo que cree
y piensa la mayoría de la comunidad a la
que pertenece, que marca ejerciendo
presión sobre él, lo que es “la norma
social”. Cuando vivimos en sociedad, debemos acatar ciertas normas para ser
aceptados en ella, eso lo hacemos todos en mayor o menor medida; de otras en cambio
disentimos; el problema radica en cuando esa sumisión es total.
Ahí está el peligro, porque quienes detentan el poder manipularán al máximo a
esas personas sumisas, anulándolas por completo, y las convertirán en sus herramientas para cualquier acción incluso criminal.
¿Qué pasa
entonces con la moralidad de
estas personas? Simple, para evitar el conflicto psíquico que resulta del choque de la moral individual con la
moral producto de la norma social imperante, producen estos individuos lo que Albert
Bandura (1999) llama “un desenganche
moral” inhibiendo la instancia moral personal: “todo el mundo lo
hace”, “es lo normal” aunque sea la
mayor de las aberraciones, “el líder lo
dice, lo pide, lo exige”. La instancia
moral es la que funciona frenando el comportamiento inhumano y actuando, por el contrario, proactivamente de
forma humana. En el desenganche moral actúan: justificaciones morales, un
lenguaje “de desinfección”, evitación de comparaciones. Investir de altos
propósitos morales ("Todo sea por el bien de la Patria") conductas altamente nocivas (la exterminación del diferente, del Otro), es la mejor forma de desconectar
la moral individual y por supuesto, siempre
desligando la responsabilidad individual que recae íntegramente en
el o en los líderes. Decía Voltaire: “aquellos que te hacen creer absurdos, pueden hacerte cometer
atrocidades” y no se equivocó.
Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia. © Myriam Goldenberg