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Thursday, June 8, 2023

Este jueves, un relato: "Epitafio"

 

 
 
 ACTO 1:  Pulsar aquí.
 
 
 ACTO 2:  
 
"Moriré contenta de haber vivido y si puedo, volveré. 
Mas ni lo uno, ni lo otro ha de ser
antes de tiempo."
 
 
 ACTO 3:

  Epitafio escrito en el agua para mi tumba en el Mediterráneo cuando se esparzan mis cenizas un día sin viento: 

  "Gracias por haber compartido esta etapa, sean felices y recuérdenme, aunque sea un poquito, como alguien de temperamento alegre - y serio- que ha amado esta vida y a sus seres queridos". 
     

COLOFÓN:
   
 La muerte es inherente a la vida y con ella, cambiamos de un estado burdo a uno sutil, lleno de Luz y Amor. Probablemente lleguemos a un  lugar donde creo que  nos encontraremos todas las almas familiares,  amigas y queridas, según en que nivel de evolución estemos o lo que tengamos que aprender.  No hay mucho más que decir.
 
 
(c)  Myriam Goldenberg


 
 
 Convocatoria de Maga de Qamar desde su blog "La trastienda del Pecado" con el tema "Epitafio"
 
 
 
 

Thursday, August 2, 2018

Este jueves, un relato: "Un viaje con..." (entrada de mi blog Nro. 1365)

 Imagen y convocatoria de Dorotea del blog "Lazos y raíces"


Era verano recalcitrante -para más INRI, Agosto- y época   de vacaciones. Dorotea me mandó preparar el equipaje.  - ¡No quiero viajar sola!- recuerdo que le dije molesta, a lo que ella  me contestó con  infinita paciencia  y voz calmada: -Elije   alguien con quien irte entonces, pero ese viaje a los Archivos Generales de la Corona de Aragón debes hacerlo si quieres  concluir tu tesis.  Tu investigación sobre Violante de Bar no estaría completa sin haberlos estudiado. Te sorprenderá lo que allí puedes encontrar. 

Sabía en mi fuero interno que no debía discutir con ella porque Dorotea, mi directora, siempre tenía razón. Por algo la había  elegido como mi directora, valga la redundancia.

Llegué a casa y subí apresurada al desván a buscar la vieja maleta de cuero marrón. No sé muy bien por que quise viajar justo  con esa; habitualmente lo hacía con la negra de Samsonite, que al ser de fibra era más liviana. Al agarrarla apresuradamente de un  estante del ropero que tenía allí,  se  me abrió volcando de su interior un paquete  envuelto con papel  manteca y atado con una cinta dorada.  Llena de curiosidad  desaté  el moño y  abrí el paquete,  adentro había  doblada una tela bordada con este escudo
 

 de Violante de Bar,  
 quien nació en Francia  c:a 1365
falleció en Barcelona en 1431; 
Culta, políglota, lectora y escritora, 
dejó un  legado  de 45 volúmenes de cartas
 en las que nos habla de la vida política y cultural del momento 
así como de su papel como hija, esposa y madre. 
Escritas en latín y catalán,  estas cartas  constituyen 
una de las colecciones más extensas 
escritas por una mujer en la España medieval. 
 Violante se casó con  Juan I de Aragón, apodado el cazador, 
al enviudar  de su primera mujer Marta de Armagnac,
 muerta al parir su quinta hija que también murió en el parto.
El Rey se dedicaba a la caza,  bien le vale este su apodo, 
y Violante sabiamente  gobernaba 
e impulsaba las artes.


Tomé el paño para observarlo detalladamente, era el escudo de Violante de Bar, "¡¡lo sabía!!", exclamé maravillada y  lo froté con cariño. Lo froté aunque no tuviera en mis manos la lámpara de Aladino. Fue entonces cuando  un ligero resplandor tiñó el desván iluminándolo todo. Y allí se me apareció, en medio  de una  nube,  delicada y bella con una gran sonrisa, majestuosa,  la Reina.

Y yo que va, ni Archivo, ni tesis, ni nada. Del patatús que me dio amanecí en Urgencias del Hospital  con un infarto de miocardio  y luego,  me vino otro..... ¡patapum!. Recuerdo que  me administraron   oxígeno, recuerdo que masajearon  mi corazón y luego desfibrilaron dos o tres veces.  Después recuerdo haber oído fuerte y vibrante la voz de San Pedro que me decía:  -¡Jaque mate! muchacha, esta es la última partida. 



Gracias a todos los amigos que siempre están conmigo




Thursday, February 22, 2018

Los fantasmas en Pedro Páramo de Juan Rulfo y la muerte como continuidad de la vida, con Doña Catrina, la calavera que ríe

Por Francisco Javier López Huecas (esta vieja está sentada
sobre su ataúd, mirando las cartas que le dicen su futuro
 que a juzgar por su cara no es muy halagüeño).

Eudviges: _ (.....)  Solo yo sé como acortar veredas. Todo consiste en morir, Dios mediante cuando uno quiera y no cuando él lo disponga. O si tú quieres, forzarlo a disponer antes del tiempo (.....)

Juan Preciado: _ Yo creía que aquella mujer estaba loca. Luego ya no creí nada. Me sentí en un mundo lejano y me dejé arrastrar. Mi cuerpo que parecía aflojarse, se doblaba ante todo,  había soltado sus amarras y cualquiera podía jugar con él como si fuera de trapo. (...)
(Y  observa a la mujer que tenía frente a sí, "sin dejar de oírla", dando una magnífica descripción cadavérica: Su cara se transparentaba como si no tuviera sangre y sus manos estaban marchitas; marchitas y apretadas de arrugas. No se le veían los ojos. Llevaba un vestido  blanco muy antiguo (....) le colgaba una María Santísima del Refugio con un letrero que decía "Refugio de los pecadores")  Reconozcamos que la medalla le venía de perlas ;-)

Eudvigdes Dyada es un personaje interesante, una "pecadora-prostituta" que  al suicidarse se ahogó,  retorciéndose en su propia sangre,  y  por la que su hermana  María rogó del Padre Rentería -quien en su infinita soberbia se arrogaba el poder de juzgar a vivos y muertos- la salvación de su hermana y este se la negara, por falta de medios, evidenciando su corrupción: -digo  tal vez, si acaso, con las misas gregorianas; pero para eso necesitamos pedir ayuda, mandar traer sacerdotes. Y eso cuesta dinero (como lo hizo  con Dorotea la Cuarraca, compañera de tumba de Juan Preciado y tantos otros-  a la que me referiré más adelante) -no tengo dinero. Eso Ud. lo sabe, padre- respondió María.

Eudvigdes se presenta a Juan Preciado como la gran amiga de su madre y  se lamenta al saber por Juan Preciado que Dolores murió hace siete días: -Pobre de ella. Se ha de haber sentido abandonada. Nos hicimos la promesa de morir juntas (....).  Sin embargo, después de muerta, Dolores le  avisa  a Eudvigdes que "justamente hoy"  vendría su hijo a visitarla. Ella, Eudvigdes, le asegura a Juan Preciado: -Lo único que quiero decirte ahora es que alcanzaré a tu madre en alguno de los caminos de la eternidad. Desde luego,   esta ánima no se siente para nada condenada. Aunque Damiana Cisneros,  la misma que cuidara a Juan Preciado al nacer,    le  dice a él: "este pueblo está lleno de ecos, yo ya no me espanto de nada" y  se lamenta por Eudvigdes "-Pobre Eudvigdes. Debe estar penado todavía" y comenta a Juan Preciado, a quien ha invitado a dormir en su casa,  que su hrna  Sixtina, aunque muerta  debe estar "todavía vagando por este mundo".  Damiana, un ánima que habla como si aún estuviera viva, sin tener conciencia de su muerte y que se espanta de sus colegas espectros.   Al igual que   los hermanos incestuosos Dorotea y Donis;   éste  le dice a Juan Preciado: -Dígame si Filomeno no vive, si Dorotea, si Melquiades (......),  si Soséstenes y todos esos  no viven. De  día no se que harán pero las noches se las pasan en su encierro. Aquí estas horas están llenas de espantos. Si ud. viera el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle,  en cuanto oscurece comienzan a salir.   Dorotea agrega "(....). Ninguno de los que todavía  vivimos está en gracias de Dios".  Y le explica a Juan Preciado  que el Obispo no les dio la absolución y  se fue del pueblo  sin volver nunca jamás y sin mirar atrás "como si hubiera dejado aquí la imagen de la perdición", razón por la cual el pueblo está lleno  de ánimas en pena:  "un puro  vagabundear de gente que murió sin perdón". 

 Claro que ha esta altura ya Juan Preciado empieza a sospechar que están  todos muertos:
a Damiana  le pregunta desesperado: -¿Está Ud. Viva? ¡Dígame Damina!,  y a otros, poco más adelante tal como el personaje lo relata:  

- ¿No están uds, muertos?  Y la mujer sonrió. El hombre me miró seriamente.
- Está borracho- dijo el hombre
- Solamente está asustado- dijo la mujer

Y del susto, mejor dicho sustón,  Juan Preciado, faltándole el aire y sorbiendo el propio que le salía de la boca, estiró la pata y pasó a mejor vida, entre espumas y nublazones.

Muertos que se creen  vivos y que hablan de otros muertos que vagabundean en pena, entraña  mucha ironía, producto del sincretismo religioso Una ironía fina que  se burla de la muerte, que se ríe de ella, que reniega de la condena eterna impuesta por la iglesia Católica desde la época de la Colonia en su proceso de evangelización de las sociedades pre-colombinas de América, cosmológicas per se,  que veían la muerte como un proceso continuador natural  de la vida,   a la que había  que contentar para preservar  la Creación.  Es decir, que la  comunidad jugaba  un papel decisivo en la preservación del orden  cosmológico y esto  era asegurado por medio de muy elaborados  ritos de sacrificio.   Entre los mayas la sangre era el elemento de sacrificio más preciado.  Los vivos se infringían heridas con objetos punzantes para extraerse sangre que ofrendaban a los dioses.  Y a los muertos se les arrancaba el corazón para ofrendarlo a los dioses. La sangre vertida en el sacrificio  servía, tanto entre los mayas como entre los aztecas por ejemplo,  para mantener el Orden del mundo, para aplacar la ira de los dioses, para restablecer la salud cósmica; nada tenía que ver con una salvación individual ultra-terrena o  con que el destino estuviera determinado por el comportamiento durante la vida y la condena de pecados después de la muerte o la salvación del alma por medio del arrepentimiento,  temas recurrentes en el ideario católico.  Temas que Juan Rulfo hace cuestionar a sus ánimas parlantes.

Las culturas pre-colombinas creían en la inmortalidad del alma  que se desprendía del cuerpo. La muerte no era percibida como el fin de  la existencia sino como un cambio de estado.  Para los aztecas el ser humano estaba constituido por 1- Teyolía: alma inmortal que volaba al Sol.
2- Tonalli: los huesos el esqueleto que al morir, la familia incineraba y a la que rendía culto (el culto a los muertos)
3- Ihiyotl: el hígado, lugar en que se alojaban las pasiones y que al morir, volvía como fantasmas  o espectros para asustar a los vivos.

Según las creencias los mexicas, los que morían podían ir a tres lugares según el tipo de muerte que había sufrido: - si por enfermedad: a un lugar sin luz y sin ventanas.
- si  ahogados:   iban al paraíso terrenal donde había mucha comida y diversiones
-si morían en batalla (los varones)  o en  trabajo de parto ( las mujeres):  Iban al Cielo, morada del Sol. (nótese aquí la igualdad implícita entre hombres y mujeres)

 Entre los mayas,  Kimil Yimil, el dios de la muerte representado con forma humana- esqueleto.

Una de las cosas que sorprenden  a quien visita al  México  actual es  la cantidad de
esqueletos y calaveras  expuestas por doquier. 


Estas  a continuación son  20 fotografías  que tomé en México  durante todo el mes de Mayo de 2014:





















Es innegable que el humor funciona como vía de escape aligerando  la seriedad de la vida y la angustia existencial.  El humor exorciza los miedos, es terapeútico, es sano.  Juan Rulfo lo utiliza en  "Pedro Páramo" y Juan Rulfo, el hombre sufriente, de paso  se salva a sí mismo, además  de objetivizar a la locura  y depositarla  en su personaje Juan Preciado.

El mexicano que vive en una sociedad por demás violenta, lo primero que te dice a la hora de un:

como el que vivimos ese mes de mayo en que yo estuve ahí: 
 "aquí no pasa nada"
Y te lo puede acompañar de un tequila, unas risas y unas rancheras
"Híjole, la muerte es una chingada, pero es inevitable". 
(y no es necesario que nos agarre confesados, diría Susana San Juan)

Esqueletos y calaveras encontramos  en el ideario mexicano desde mucho antes:


Antonio Vanegas (1850-1917)   fue un célebre impresor y editor mexicano. Fue el editor más popular de gacetas callejeras, corridos, historietas, adivinanzas y publicaciones varias de su momento.
 

Con él  trabajaron Manuel Manilla:
 


y José Guadalupe Posada, creador de la Célebre Catrina llamada primero Calavera garbancera, nombre que le cambió Diego Rivera por el de Catrina.

 La calavera Oaxaqueña. Impresa en las imprentas Arroyo. 1903.

La Catrina

Estas  Catrinas con sombreros muy elegantes y esqueletos famélicos, además de reírse de la muerte, se burlaban de los políticos y funcionaban  en contextos de sátiras sociales en la que son también burlados los mestizos que reniegan de sus raíces indígenas imitando a los europeos aunque se mueran de hambre.

Y ya que la parca tiene que venir, mejor hacerse amigo de ella, para que al menos, te lleve luego de morir por un buen camino,  como ese que anhela  Eudvigdes  para reencontrase con su amiga Doloritas, madre de  Juan Preciado, nuestro héroe trágico muerto de susto por pura fidelidad a su madre, rasgo de carácter consustancial con el ethos del mexicano, según el gran psicólogo social Rogelio Díaz Guerrero (1918-2004)  que afirma: "a los padres se los respeta más de lo que se los ama" y Juan Preciado debe cumplir la promesa hecha a su madre en el lecho  de muerte, aunque le cueste la vida.


 1913



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   © Myriam Goldenberg

 "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, Ed. Eterna Cadencia, Argentina, 2016.

Conferencia del Prof.  Miguel Angel Flores,  Pedro Páramo: en conversación con los difuntos, 2004, Univ. de Beijing , China


 Fotos: de la red (gracias) y  20 mías tomadas en México, año 2014


Wednesday, January 31, 2018

La recontrucción de la historia personal (entre mito, literatura y sublimación) en Pedro Páramo de Juan Rulfo



Lo intangible puede no ser menos cierto, digo yo, como los fantasmas a los que  el mexicano Juan Rulfo  (1917-1986)  da vida -símil de los que él mismo lleva adentro-,   que relata cumpliendo una promesa hecha en el lecho de muerte de su madre  Juan Preciado,  hijo  de Dolores Preciado,  una de las mujeres de Pedro Páramo con quien se había  casado por dinero y que   ésta luego abandona con su hijo a cuestas. También hay otras voces que cuentan desde su punto de vista la vida de  las gentes  en la aldea Comala y en la estancia Media Luna,  propiedad del cacique Pedro Páramo, padre de Juan -y de muchos otros hijos- en el estado  de Colima en el occidente mexicano, colindante con el  de Jalisco en dónde nació nuestro autor.  "Un lugar con  mucho magnetismo", según me relata mi hermana  residente  en el país y  que ha visitado Comala. "Comala te va a encantar", afirma.   (Desde entonces, sólo veo fantasmas en mis sueños ;-)).

Antes  de seguir adelante,  quiero decir lo mucho que me gustó esta lectura que tenía pendiente desde hacia tiempo y a la que me adentré completamente virgen,  siguiéndola hasta el final de un tirón, dejándome llevar por la mano de Juan Rulfo a ese lugar mágico en el que pasado y presente se mezclan con vivos y muertos, más muertos que vivos, porque al final,  resulta que todos están muertos pero no por eso, callados.  Ecos del ayer cobran vida  entre las polvorientas calles del pueblo y ataúdes enterrados. Almas en pena que no han gozado de la salvación que otorga la iglesia católica; almas  irredentas y atrapadas en lo que ahora es un pueblo yermo, como yerma lo es también la tierra que ha dejado de cultivarse.



 
 "Nadie entra en su propia tragedia y sale indemne", dice Pedro, nuestro profesor.  Juan Preciado, el personaje central de esta novela y primer relator,  llega a Comala, como he dicho, cumpliendo el mandato de su madre, mandato  que expresado en lecho de muerte tiene una carga tremenda para  el receptor y además, como si eso fuera poco, la madre le pide que vengue lo que su padre  les hizo a ambos.   El mismo  Juan Nepomuceno Perez Rulfo Vizcaino -al que le pusieron los nombres como si de "un racimo" familiar se tratara, según sus propias palabras, Juan Rulfo  para  los amigos y la posteridad-  cuando tenía 10-11  años, en 1928, vio como habían colgado de los pies a su   abuelo asesinado,  a su padre acribillado  y a sus tíos también asesinados,  con sus cadáveres colgando   de los postes del Telégrafo. Juan Rulfo ha crecido rodeado de fantasmas, producto por la Guerra Cristera (1926-29) provocada por  una Iglesia Católica Apostólica y Romana que se negaba a perder sus privilegios, los cuales    habían sido aparcados o disminuídos por el Gobierno Civil de aquella época.  Una guerra, después de otra (la de la revolución mexicana de  1910-1917)  que provocó, según  las cifras que se han estimado,  alrededor de los 250.000 muertos.  Una guerra que es mencionada en  Pedro Páramo. El autor ha dicho en contadas ocasiones que no hay nada autobiográfico en este escrito suyo ni en ningún otro, pero mi hipótesis  es que sí,  aunque de forma inconsciente si se quiere. Sus personajes están todos muertos como lo están  sus familiares y él mismo, ha crecido entre fantasmas (y obsesiones), como he dicho antes.


Para mi la propia tragedia del autor, trasunta literaturizada en esta obra en la que destacan el tiempo circular del mito  y las oposiciones entre silencios y murmullos, como los expertos han tan acertadamente señalado.  En la  búsqueda  por la reconstrucción de la historia personal del personaje Juan Preciado, está inmersa la del propio autor que   busca encontrar -es de suponer- algún sentido a tanta violencia desatada en la que sus propios valores religiosos se tensan, cuestionan y revientan en la hipocresía del cura, el Padre Rentería, que no obtiene la absolución de sus propios colegas por haberse  vendido al Poder. El personaje  Juan Preciado sucumbe a su propia tragedia en esa búsqueda y por lo tanto es un héroe trágico. Ni después de muerto obtiene todas las respuestas para armar su propio  puzle personal.  Y no las obtiene porque no puede haberlas. No hay ni explicación ni justificación alguna para tanto dolor y tantas muertes, para tanta esterilidad, venganza y tierra yerma; para tanto odio, tanta maldad.  Todos llevan su dolor a cuestas", tal como han dicho otros que han escrito sobre esta obra.  Y  yo afirmo, también lo hace el propio autor, también él lo lleva y escribir, para él, ha sido una necesidad..

 Juan Rulfo   desparrama su propio dolor entre sus personajes fantasmales, almas en pena,  parlanchinas a quien más, pero que al final, no podrán narrar  lo inenarrable. La producción literaria innovadora  de Juan Rulfo se  concentra en tres títulos:  "El llano en Llamas", "Pedro Páramo"  y "EL gallo de oro".  No puede haber más porque  eso sería por un lado, revivir el trauma insuperado, -aliviado, sí, pero no superado o  trascendido- escarbar en la herida abierta -incluso, llegar a  regodearse morbosamente en el dolor- y  por otro,  Juan Rulfo no es amigo ni de las redundancias ni de las repeticiones;  su lenguaje es poético, local y conciso.    Ha depurado el texto   al máximo, a lo puramente esencial y eso da mucha más fuerza a su vibrante prosa. Esta novela en la edición  no comentada que manejo tiene sólo 115 páginas.


"Allá me oirás mejor  (....)"

"Allá hallarás mi querencia -le dice Dolores Preciado a su hijo- El lugar que yo quise. Donde los sueños se enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad. El amanecer; la mañana;  el mediodía y la noche, siempre los mismos; pero con la diferencia del aire. Allí, dónde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida".



El recuerdo idealizado de la madre,  esa visión edénica,  va a colisionar y  desintegrarse en la realidad vivida por  su hijo, Juan Preciado,   quien sin  poder retornar al paraíso prometido por la madre, tampoco es  capaz de  respirar;   le faltó el aire: "tuve que sorber el propio aire que salía de mi boca (...)";  a quien los  murmullos de Comala terminaron matando,  tal  como  dice  el ánima de Juan   a Dorotea  en el sepulcro: "Me mataron los murmullos. Aunque ya tenía retrasado el miedo. Se me había venido juntando, hasta que ya no pude soportarlo. Y cuando me encontré con los murmullos se me reventaron las cuerdas".

Quizás la gran  diferencia entre  Juan Rulfo y su personaje Juan Preciado sea esta:  que el autor siguiera  en el mundo de los vivos, redimido -aunque lo fuera parcialmente-  por el poder de ejercer  la literatura como vía de sublimación que frena o  impide  la autodestrucción y la locura. En cambio, Juan Preciado sucumbió al drama de su vida  convirtiéndose  indiscutiblemente en un héroe trágico.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   © Myriam Goldenberg


Fotografías: por Juan Rulfo, tomadas de la red

"Pedro Páramo" de Juan Rulfo, Ed. Eterna Cadencia, Argentina, 2016.
  
Bibliografía especializada consultada, aquí (además de la enlazada en el texto)


Friday, June 2, 2017

La producción cerámica como expresión de una Cultura (3): La Cultura Griega, ritos funerarios de la época geométrica (c:a 900 -700 a EC)

La producción cerámica es un componente muy importante en el estudio de las Culturas del pasado por dos motivos: su preservación a lo largo del tiempo y su abundancia en los yacimientos arqueológicos de residencias, tumbas y templos. Podemos decir con seguridad que la cerámica, en virtud de estos atributos, se convierte en evidencia válida -aunque, por supuesto,  no la única- para aproximarse a la historia cultural y explorar una determinada conducta social ya que nos brinda mucha información por ejemplo: sobre la promoción gubernamental de mensajes ideológicos, políticos y económicos, sobre las  características artísticas y tecnológicas, sobre cuales eran sus creencias religiosas y rituales,  sus usos y costumbres, etc. como por ejemplo esta:




jarra griega del geométrico tardío, alojada en el Bristih Museum, nos muestra una escena funeraria, fabricada en Atenas, datado alr de 720-700 aEC. Si prestamos atención a los detalles, vemos en el centro al muerto acostado bajo un sudario y a su izquierda y derecha una hilera de mujeres que se llevan las manos a la cabeza en señal ritual de duelo y esta introducción de figuras  es algo novedoso para la época, puesto  que hasta entonces todo era no-figurativo linear (proto geométrico y geométrico temprano).  El motivo del muerto se repite cuatro veces en esta vasija. Además, hay animales como la cabra que vemos bajo el ataúd.

Aquí a continuación  vemos otra vasija (Cráter)  de Atenas, dat 750-735  aEC, alojada en el Metropolitan Museum  de NY, con un motivo similar en el que además observamos a los  guerreros con escudos y carruajes en la franja inferior.




No sólo Atenas producía  este tipo de cerámica, también lo hacían otras ciudades-estado como Argos, CorintoBoeotia, las islas Cicládicas y otras ciudades-estado en la costa de Asia menor.

Es en esta época  que enraiza  la Grecia pre- clásica y clásica en la que se forman las ciudades estado, se establecen  las instituciones, también se produce el colonialismo de Asia menor;  es en esta época  que la religión  del estado cobra importancia y se crean grandes templos y santuarios para los dioses olímpicos y patronos de las ciudades-estado que señalan  el indiscutible auge  de la religión estatal y en las que se exaltará el culto a los muertos y el ideal del guerrero conquistador, tanto en la poesía épica (Homero) como  en el arte visual.



Prótesis,  Pintor Gela, S VI




Los griegos creían que en el momento de la muerte la psique, o espíritu de los muertos, dejaba el cuerpo como un poco de aliento o soplo de viento. El difunto era  preparado para el entierro según los rituales consagrados por el tiempo. Las fuentes literarias antiguas enfatizan la necesidad de un entierro apropiado y se refieren a la omisión de los ritos de entierro como un insulto a la dignidad humana (Ilíada, 23.71). Los familiares de los fallecidos, principalmente las mujeres, llevaban a cabo los elaborados rituales de entierro que habitualmente constaban  de tres partes: 

La prótesis (colocación del cuerpo), El ekfora (procesión fúnebre), y el entierro del cuerpo o su cremación. Después de haber sido  lavado y untado con aceite, el cadáver era vestido  y colocado en una cama alta dentro de la casa. Durante la prótesis, familiares y amigos acudían   a llorar y a rendir homenaje al difunto. La lamentación de los muertos aparece en el arte griego temprano desde el período geométrico (900-700 aEC).

Después de la prótesis, el difunto era llevado  al cementerio en una procesión, el ekfora, que se efectuaba generalmente antes del amanecer. Muy pocos objetos eran  colocados realmente en la tumba que se marcaba con un monumento y un stelai  (estela) de mármol para asegurarse de que el difunto no fuera olvidado,  perviviendo  en el recuerdo de los vivos. Por las representaciones en lekythoi  en el  blanco-suelo, sabemos que las mujeres de la Atenas clásica hacían visitas regulares a la tumba con las ofrendas que incluyeron pequeños pasteles y libaciones.

Cada monumento funerario tenía una base inscrita con un epitafio, a menudo en verso que conmemoraba a los muertos. Un relieve que representa una imagen generalizada del difunto a veces evocaba aspectos de la vida de la persona, con la adición de un siervo, posesiones, perro, etc. En los primeros relieves, es fácil identificar al muerto; sin embargo, durante el siglo IV aEC (Período Clásico), se agregaron cada vez más miembros de la familia a las escenas y a menudo se inscribieron muchos nombres, lo que hace difícil distinguir a los difuntos de los dolientes. 




 Prótesis de Achiles
Hidria de figuras negras
Pintor Damon
Corinto, Grecia, 575- 500 aEC
(Museo del Louvre)


A fines del siglo V a.EC. (Período Clásico)  las familias atenienses comenzaron a enterrar a sus muertos en simples sarcófagos de piedra colocados en el suelo dentro de graves recintos dispuestos en terrazas artificiales sostenidas por un alto muro de contención que daba al camino del cementerio. Los monumentos de mármol pertenecientes a varios miembros de una familia se colocaron a lo largo del borde de la terraza en vez de sobre las tumbas mismas. 


                                 La muerte forma parte de la vida


Fuentes:

Metropolitan Museum, 
y aquí
British Museum (Dyfri Williams)
Louvre Museum
Andrewes, Antony, "Greek Society",  Penguin Books, GB, 1981

Más, aquí
y aquí




Friday, March 24, 2017

El caso del féretro vacío... y mi amiga, la momia Alex Rasputelis


Hace poco leí que en un accidente en Galicia  unos cuantos años atrás entre una ambulancia y un coche fúnebre, el accidentado  quedó colocado en el ataúd y el muerto en la ambulancia; eso por un error de los bienintencionados transeúntes que comedida y solícitamente ayudaron en el siniestro. Por suerte, el herido no llegó a la morgue judicial y la cosa no pasó a mayores, porque eso de hacer autopsia a un vivo no le sienta bien a nadie.  Pero no es de esto de lo que quiero hablar sino de Alex Rasputelis,  como yo llamaba cariñosamente a  la momia que estaba  expuesta en un salón del   museo en el que yo trabajaba, sito en Jerusalén,   en un lugar medio oscuro y con buena temperatura,   dentro de  su féretro ricamente ornamentado con los conjuros necesarios para el buen tránsito por el inframundo en donde enfrentaría el Juicio de Osiris  y la salida, al otro lado,  a la Luz.

A veces, luego de hacer mi ronda por las salas del tercer piso, que eran las que a mi me tocaban, me sentaba  a su lado a tomar unos mates, mientras conversaba con ella, bueno con él,  porque  era de sexo masculino y un gran señor, de unos 40 años, que en realidad se llamaba Iret-hor-r-u, que significa "El ojo protector de Horus", nombre recibido de su padre de quien también había heredado el título de "Sacerdote de Ajmín;  Guardián de los secretos de la diosa Madre". Yo, por mi parte,  le contaba como de tataranieto de gauchos pampeanos había llegado  un día a Tierra Santa  y me había educado en la escuela para adultos bilingüe español-hebreo; actualmente cursaba estudios de  Egiptología en la Universidad por las mañanas y por las tardes, trabajaba en el museo para ganar mi sustento.  Alex me contaba como había traspasado los umbrales de la muerte y había llegado a encontrase cara a cara con el dios Osiris, gobernante de los muertos,  pero  mi amigo intuía que algo no andaba muy bien que digamos.

Yo no entendía mucho de lo que me decía, pero asentía condescendiente para que no se me pusiera tristón. Demostrando genuino interés por comprender, le pregunté: ¿Qué es Ajmín?  (una palabra que me resultaba con un sonido alegre, como  a castañuelas en un día de primavera)   Alex me dijo que ese era el nombre de la Ciudad de la que él era oriundo en los tiempos de   Ptolomeo II, sucesor de Ptolomeo I, uno de los generales y heredero de Alejandro Magno.   Para no agobiarlo a preguntas, busqué en mi móvil en Google y me saltó "Panópolis", que es así como la ciudad se llama hoy en día. En la  época de Alex,  había sido  la ciudad capital del Imperio Alto de Egipto,  de culto al dios Horus, y un centro comercial con una floreciente industria de lino.

Una tarde, al finalizar mi ronda habitual,  fui a visitar a Alex Rasputelis con mi mate y la pava,   fue  entonces  cuando oí un llanto desgarrador. Sorprendido, le pregunté ¿Por qué  lloras?  a lo que Alex me respondió -de sólo recordarlo se me ponen los pelos como escarpias-: "Lloro porque he llegado a la triste conclusión de que mi embalsamamiento no fue hecho con la debida corrección""Fíjate bien", continuó,   "nosotros seguimos un muy detallado ritual: el corazón es el único órgano que queda en el cuerpo del difunto, porque es el centro de las emociones, del intelecto, de la memoria y de la identidad,  pero todos los demás órganos deben ponerse cada uno en un vaso canopo, como uds los llaman,  sumergido en el debido material de conservación, cada órgano (hígado, intestinos, estómago y pulmones) recibe su vaso y éste debe estar orientado a un punto cardinal específico, cada uno protegido por una diosa (Isis, el hígado, orientado al S;  Neftis, los pulmones, al N;  Selkis,  los intestinos, al O;  y Neit,  el estómago, al E)  y esa orientación no ha sido respetada desde que me ubicaron aquí, creo yo, porque ando medio desorientado y lo que es peor, no llego al otro lado, ¿o es que ya llegué?". 

Su desolación me conmovió. Traté de consolarlo, pero él  seguía entre sollozo y sollozo contándome que para una perfecta momificación había  que recitar una serie de conjuros;  que además de vaciar el cuerpo (menos el corazón)  había  que secarlo muy bien con sales, tal como se venía  haciendo desde el tercer milenio aEC;  que el cuerpo se colocaba sobre una camilla con patas de león, en el centro la cabeza del dios Anubis, responsable de la momificación,  y a cada lado flanqueando la cama, las diosas Neftis e Isis

Otra cosa que me  explicó fue  que el espíritu humano  estaba compuesto de cinco partes:

1- LB,  el corazón
2- Shaut, la sombra
3- Ren, el nombre
4- Ba, la personalidad o el alma (es soltada al enterrarse el cuerpo y se pasea libremente entre el reino del los muertos y el de los  vivos).
5- Ka,  la fuerza vital.  (deja el cuerpo cuando la persona muere)

Todos  los amuletos que se intercalaban  entre las vendas de la mortaja, se colocaban con la intención de que Ba, regresara cada noche  a  reunirse con su cuerpo. Y las ofrendas votivas con la intención de que Ka, tuviera suficiente manutención. Finalmente el cuerpo del muerto, se convierte en  un  AJ (energía) que se libera  del mundo de los vivos y luego de un largo peregrinaje por el  Duat o  inframundo, se reúne con la energía cósmica del universo, en la plena Luz Aaru.

Al  día siguiente al terminar mi turno, fui a visitar a Alex, como era costumbre,  con la idea de recitarle algunos conjuros en  la esperanza de que eso lo hiciera  sentirse más tranquilo, pero grande fue mi sorpresa cuando vi el féretro completamente vacío.  Agarré  la linterna y comencé a buscar por todas partes, piso por piso, rincón por rincón,  a mi querida momia extraviada. 

"¡Alex Rasputelis! ¡Aaaaaaleeex!",  la llamaba a todo lo que daba, y nada -silencio- por aquí y por allá;  hasta que  yo, que soy de natural nariz fina, reconocí su fétido aliento producto de la infinidad de caries que tenía en la boca, y vi las vendas sueltas regadas por el piso; como buen Sherlock Holm, al que estaba aficionado sin remedio, seguí la pista que me condujo hasta   el salón de  conferencias y  allí estaba Alex, completamente desnudo, en compañía de Boris Karloff, frente a la gran pantalla de cine, encendida.






Nota 1:  El papiro  del escriba Ani (en realidad eran como 4 escribas distintos)  y el Libro de los Muertos:



El Papiro  del escriba  Ani es la versión más conocida del Libro de los Muertos. Se calcula que fue escrito durante la dinastía XVIII, hacia el año  1300 a.EC. y, entre todos los textos del Libro que se han encontrado, es el que tiene el mayor número de capítulos, todos decorados con dibujos que explican cada paso del juicio de Osiris. Es uno de los papiros mayores que nos han llegado, ya que mide casi 26 metros. Forma parte de los fondos del Museo Británico desde 1888, cuando lo descubrió cerca de Luxor el Dr. E. Wallis Budge, agente de compras del museo, en una tumba de la dinastía XVIII.

El Libro de los muertos es el nombre moderno de un texto funerario del Antiguo Egipto que se utilizó desde el comienzo del Imperio nuevo (hacia el 1550 a.EC.) hasta el 50 aEC.
El nombre egipcio original para el texto, transliterado rw nw prt m hrw,  es convencionalmente traducido por los egiptólogos como ‘Libro de la salida al día’, o ‘Libro de la emergencia a la luz’. El texto consistía en una serie de 192 conjuros mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, en la otra vida.

El Libro de los muertos era parte de una tradición de textos funerarios iniciada por los más antiguos Textos de las Pirámides y Textos de los sarcófagos, que se inscribían sobre muros de tumbas o en los ataúdes, y no sobre papiros. Algunos de los sortilegios del Libro de los muertos fueron extraídos de estos textos antiguos y datan del Tercer milenio aEC., mientras que otras fórmulas mágicas fueron compuestas más tarde en la historia egipcia y datan del Tercer período intermedio (Siglos XI-VII a.EC.). Algunos de los capítulos que componían el libro se siguieron inscribiendo en paredes de tumbas y sarcófagos El Libro de los muertos se introducía en el sarcófago o en la cámara sepulcral del fallecido.

No existía un único y canónico Libro de los muertos. Los papiros supervivientes contienen una variada selección de textos religiosos y mágicos y difieren notablemente en sus ilustraciones. Algunas personas encargaban sus propias copias del libro, tal vez con una selección de los sortilegios que consideraban más importantes para su propia progresión en la otra vida. El Libro de los muertos fue comúnmente escrito con jeroglíficos o escritura hierática sobre rollos de papiro, y a menudo ilustrado con viñetas que representan al difunto y su viaje al más allá.


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Nota 2: La tomografía Computada que los  arqueólogos realizaron a la momia Alex -previa a la Exposición en el Museo Israel de Jerusalén-   revelaron que era de sexo masculino, 1,67m originalmente, ahora de 1,57;  tenía osteoporosis, por haberse alimentado con una dieta casi exclusivamente rica en hidratos de carbono y haber tenido una ocupación con ningún tiempo al sol, (lo que descarta todo tipo de trabajo manual),  caries en la boca, encías en retroversión  y una edad alrededor de los 40 años. 


La momia vista por Tomografía computada


Vasos canopos
de izq. a der: para hígado (Fig. Hum), pulmones (Papión), intestinos (halcón),   estómago (Chacal)


Nota 3: La exposición en el Museo Israel de Jerusalén, en el ala de Arqueología,  continuará abierta hasta fin de abril de 2017. Curadora: Galit Nennett Dahan.

Fuentes: enlazadas en el texto y el material complementario a la Exposición.
Torgny Säve-Södeberg, Egyptens egenart, Lybertryck, Stockholm, 1980 

Fotos: del Catálogo  y de Wikipedia.