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Thursday, April 16, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013 (4b)

Continúa de aquí (leer primero, por favor)

Ahora me quiero  detener en  el único ejemplo detallado de relación sexual  entre Rigoberto y Lucrecia  (Ps 62-70):

Rigoberto se acuesta cansado y totalmente sereno pero no puede dormir, da vueltas en la cama y el velador de Lucrecia está encendido.  Rigoberto pregunta a su mujer ¿No se te ha ocurrido pensar cómo sería la historia de Ismael con Armida, corazón?(…) La pregunta en sí en un primer momento nos parecería casual.  Y no es raro que la eleve cualquiera de ellos, en este caso Rigoberto,   porque ésta es la gran novedad para ellos, no sólo por la novedad en sí, sino por todo lo que significa para ambos con el problema que se les viene encima con los hijos de Ismael.    Ella no sólo responde afirmativamente, también se le acerca mucho y le susurra.  Rigoberto se ladea hacía ella y le  pregunta lo que ella ha estado pensando.  Y ahí comienza el juego erótico entre ambos,  y nosotros los lectores nos enteraremos  así,   como  la  pareja-despereja de Ismael y Armida, entra a formar parte de las fantasías eróticas de esta pareja de  forma lúdica, en la que la imaginación de Lucrecia es muy  fértil,  y nos va a ir reconstruyendo con lujo de detalles el romance de  esos dos,  incluida una fantasía de sexo lesbiano  entre Armida y Justiniana, la empleada doméstica  de ellos.   Siguen párrafos de creciente erotismo en el que ya “ambos esposos estaban soldados uno con otro”con un toque de humor y realismo como  cuando Rigoberto le dice a su mujer (apretándola contra sí); Otra vez te apartas de lo principal, Lucrecia. No es momento de ponerse a hablar de muertes” (referido a que Lucrecia en su discurso erótico menciona el fallecimiento de Clotilde, la primera mujer de Ismael).  Porque una muerte en el plano de lo real, en efecto, fulmina cualquier instinto sexual que es  en su esencia, un instinto de vida.   En este caso él la frena con esas palabras y el juego erótico continúa.  Pero  un poco más adelante en la misma escena, vuelve Lucrecia al tema de la muerte en:  “si yo muriera antes que tú (…)  Y Rigoberto la vuelve a frenar suplicando:  “Y dale con hablar de la muerte. Volvamos a Armida y no te distraigas tanto, por lo que más quieras”.   Ya mencioné antes la fulminación de cuando Lucrecia le da a Rigoberto en su estudio, la noticia de la muerte de Ismael (P.272).   En el caso de ahora, estas menciones de Lucrecia -que era una mujer muy inteligente y perspicaz-   se debió, en parte,  a un intento deliberado y juguetón   -equivocado por cierto, por exceso- de querer graduar el "calentamiento" del marido para que durara más tiempo; además,  recordemos que él le pide expresamente un paréntesis

A Rigoberto lo estimulan los detalles “Qué cosas le hacía. Cuéntamelo con gran profusión de detalles, amor, y Lucrecia se los provee todos fresquitos de su imaginación.  La estimulación es mental, auditiva, táctil, etc.  Se suma el morbo  con la alusión que hace Lucrecia a las partes sexuales del octogenario Ismael : “esa cosa cubierta y encogida, poco menos que desahuciada por falta de uso que tenía entre las piernas, comenzaba a dar señales de vida, a resucitar”.  Y un poco más adelante insiste Lucrecia en el pene de Ismael:  “(…) descubrió que todavía era un hombre que tenía un pajarito vivo, vivísimo. Como el que te estoy tocando, amor. Duro, mojadito, temblón”.  Y el juego sigue un poco más,  ella pidiéndole que no sea malo, que  la espere, que no  se vaya todavía.  Y llegamos así al punto en el que él estalla (como una botella de champán recién descorchada) con el “te amo, te amo”, mientras ella “(…) se ponía rígida y, pocos segundos después, gemía, aflojaba el cuerpo y se quedaba inmóvil, acezando”.   Chan, chan.  


-8*8-


Como esta cuarta y última  parte ya me está quedando larga  no  me extenderé  aquí   hablando de la relación de Lucrecia  con Armida, pero si quiero mencionar  que ésta  pasa por varios estadios: duda y malicia, preocupación, llanto, charla, aceptación y credibilidad, amistad. Tampoco quiero dejar pasar ahora de señalar  -y con esto finalizo mi trabajo- que MVLL  juega de manera eficaz con las fantasías sexuales del lector, daré  aquí dos ejemplos:   1-  En el Cap. 6 P112:  Cuando Fonchito y la madrastra dialogan sobre el tal E. Torres y  Fonchito le dice “Además, tu sabes que la única mujer  que a mí me gusta  en el mundo eres tú madrastra (…)" y ella como persona adulta que es,  se lo toma a broma,   con cariño y sin malicia, ejemplo que cité completo en el apartado de  esta pareja como padres.   Lo que me interesa  aquí especialmente, es la frase concatenada o contigua  a ese diálogo en la que ella pregunta a Rigoberto:   “¿Pero qué significan esas manos esposo?” En realidad todo el Capítulo 6  está  escrito como "una trenza" en la que se van intercalando los diálogos  de acciones en tiempo presente y pasado  de Lucrecia y Rigoberto, de Rigoberto y Fonchito,   de Lucrecia con Fonchito y de éste con E.Torres.  Justamente por eso, el ejemplo mencionado aquí, aunque juguetón por parte del autor no me parece nada traído de los pelos o para decirlo bonito “deux ex machina”, porque ha habido todo una preparación previa.

El siguiente ejemplo que quiero mencionar –para terminar- es este que hallamos en el Cap. XIV, P250 párrafos penúltimo y  final: Rigoberto estaba en su estudio encerrado, que era su locus amoenus”  mirando los libros de arte y los catálogos de  las exposiciones a las que había asistido:  “Se levantó y fue a echar un vistazo (….) oyendo buena música, fantasear con ellos, viajar en el tiempo, (……) emocionarse, entristecerse, gozar, llorar exaltarse, y excitarse (…).”  Y ahora presten atención que en el párrafo siguiente dice: “Empezaba a divertirse, pero,  sin que tuviera todavía conciencia cabal de ello, ya sus manos habían encontrado lo que estaban buscando (…)” 




Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   ©Myriam Goldenberg



Nota:  Citas del texto en color verdeenlaces en color azul.



Wednesday, April 15, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013 (4a)





Hoy  hablaré de la pareja de Rigoberto y Lucrecia, antiguos personajes de Mario Vargas Llosa en otras novelas anteriores a las que no me referiré porque sencillamente, no las he leído (aún)  y además están fuera de los límites del presente trabajo.  Por lo tanto, este análisis se refiere pura y exclusivamente a esta obra.  Como me quedó un poquito largo y eso que no me detuve mucho en el tema de arte y erotismo, de lo que podría hablar por tomos ;-),  por favor, sírvanse un café, té o mate y respiren profundo, ¿preparados? Listo ¡ya!:

Rigoberto es el gerente de una Empresa de Seguros sita en Lima, de clase media alta,  que a los 62 años quiere jubilarse (P26) para poder disfrutar  de la vida con su segunda mujer, Lucrecia con la que tiene un matrimonio muy bien avenido.  Para eso, Rigoberto ha ahorrado.  A ambos les gusta el arte y viajar por Europa (P26). Ambos tienen muy buena comunicación, complicidad, cariño, colaboración,  y en el aspecto sexual esta pareja, tiene todo un introito de seducción, juego (muy importante, el aspecto lúdico), cariño, etc, que rodea y enriquece el acto sexual y le quita -para bien- el acento en la eficacia fálica, porque sexualidad, entendida como la entendemos hoy  de la mano del nuevo modelo de masculinidad,  implica mucho más que un mero coito convencional, con  penetración y eyeculación y,  con suerte,  un orgasmo femenino.  Rigoberto y Lucrecia disfrutan con el sexo y se nota, como disfrutan conversando, compartiendo, cuidándose mutuamente, que también se nota.

Como Padres: Tanto la madrastra como el padre se preocupan por Fonchito,  de 15 años (P100) hijo de Rigoberto con su primera mujer y se muestran cariñosos con él: “Lo que más me preocupa, lo que me quita el sueño, es Fonchito” (P97), le dice Lucrecia a Rigoberto. En varias ocasiones Rigoberto muestra genuina preocupación por el hijo y  se muestra cariñoso (P104) e incluso   trata de conversar sinceramente con él (P207).  La del hijo es la preocupación más grande que tienen, porque el chico que está en plena adolescencia,  ve las apariciones de un extraño personaje  llamado Edilberto Torres, que parece muy real.  “Me llevo bastante bien con éldice Rigoberto a su jefe y amigo Ismael  refiriéndose a Fonchito, y continúa: “Y Lucrecia todavía mejor que yo,  Fonchito la quiere ni más ni menos que si fuera su mamᨠ(P38). Cosa que sabremos también de la misma boca de Fonchito:  “Además, tú sabes que la única mujer que a mí me gusta en el mundo eres tú madrastra” y esto lo dice Fonchito con una “carita rubicunda” (P112) -¿Cómo un Querubín?,  pero “un ángel  sin alitas en todo caso” (travieso, pícaro)(P177)- que se le ilumina a Fonchito  con una “picardía maliciosa de los tiempos pasados” (Una clara referencia a obras anteriores de este autor y un guiño certero para los lectores que las hayan leído).  La madrastra le responde, como adulta que es, entre divertida y cariñosa, aunque un poco exagerada, festejándole la gracia (aplaude): “Ay, Dios mío, deja que te de un beso, chiquitín” (P112).  Volveré sobre esto más adelante.   También   en este pasaje vemos como Lucrecia es cariñosa con Fonchito y se preocupa por él:Fue una imprudencia que te pusieras a conversar con él (E.Torres, el fantasma ¿?)(…) _lo riñó Lucrecia, acariciándolo en la frente_ Nunca más. Promételo, chiquitín” (P99).  O cuando Lucrecia  le dice a Rigoberto: “Tenemos que hacer algo. No sé qué, pero algo. No podemos mirar al otro lado, como si no pasara nada”  (P108).  De hecho, por Fonchito : “le dieron muchas vueltas al asunto”   y al final decidieron  hablar con una psicóloga  (P108- 109) y con el cura, amigo de Rigoberto  luego (P158 a 177).

La segunda preocupación que tienen  surge a raíz de que el jefe de Rigoberto, Don Ismael,   ha decidido casarse con su “sirvienta”Armida para disfrutar de sus últimos años y vengarse de sus dos hijos “las hienas” que lo quieren muerto para heredarlo. Rigoberto que ha sido testigo de matrimonio de su jefe, debe enfrentarse a las dos hienas, igualmente, al escándalo que esto ha provocado en la Sociedad limeña que se nutre con este culebrón.


-8*8-


Como pareja:  Ambos tienen una comunicación verbal excelente, conversan de todo,  no sólo de lo que le pasa a Fonchito, antes mencionado,  para lo cual encuentran  soluciones conjuntas. También por los de los hijos de Ismael, por  ejemplo, cuando ambos lo vienen a ver a Rigoberto a la casa, que aunque asustado, no se dejó amedrentar por ellos. Lucrecia junto con la empleada doméstica estaban detrás de la puerta, listas para actuar en caso de ser necesario: “lo oímos todo (…). Si te hubieran hecho cualquier cosa, estábamos listas para intervenir y lanzarnos sobre las hienas" le dice Lucrecia, luego de que se hubieran marchado “las fieras” (P144). Esto no denota sólo una buena comunicación entre ellos, también, preocupación y cuidado, o sea amor.  Y hay sinceridad  entre ellos también. Rigoberto no se muestra más valiente de lo que es o un super-Rambo. Le confiesa a la mujer: “no me dejé amedrentar” (por más miedo que hubiera tenido, tal como se lo expresa a los hijos de Ismael)(P114).  Rigoberto comparte casi todo con su mujer, como después de haberse encontrado sólo con el chofer Narciso (P191) o con Ismael a su llegada de su luna de miel (P200),  menos cuando Rigoberto está en su despacho, viendo sus libros de arte, catálogos de exposiciones, música, que son sus “espacios de civilización” o “locus amoenus” (P62, P71, P202, etc) a los que recurre para cargarse de energía, placer, belleza, llegando a sentir tal placer, tal goce que incluso llega a tener una erección o asomo de ella. Veámoslo en dos pasajes: “Allí, en la entrepierna del pantalón, sintió el esbozo de un cosquilleo alentador en la intimidad de sus testículos, a la vez que se emocionaba e iba llenando de nostalgia y gratitud. Ahora además de cosquillas sintió un ligero ardor en la punta de la pinga” (P251) y en este otro: “Conmovido y feliz, advirtió, en el bajo vientre, un pequeño alboroto, el amanecer de una erección” (P252). Esto no significa que Rigoberto fuera “anormal”, sino que la belleza en el arte ejercía sobre él un poder tal,  una emoción tal, que llegaba a la manifestación física señalada. Uno de esos momentos  de placer pleno, absoluto,  en que como decía, llega hasta la manifestación físiológica,   se ve truncado abruptamente por la noticia de la muerte de Ismael (P274). Una muerte  en el plano de lo real que trunca la posible  petite  morte hacia la que se estaba encaminando  Rigoberto.   El placer preceptivo, estético-erótico que vive Rigoberto ante determinadas obras artísticas,  ya sean pictóricas (herencia filogenética griega)  o auditivas (H. f. hebrea),  atestiguan dos cosas: desde el ángulo del artista, la eficacia en la transmisión emocional de la obra y  desde el punto de vista  del receptor, la frondosa  sensibilidad perceptiva, imaginaria y estética  de este personaje.  Desde mi punto de vista, una obra de arte debe turbarnos (llenarnos de placer),  emocionarnos,  ¿y por qué no,  en determinadas ocasiones,  erotizarnos?   ¿Cuál es sino esa, la intención del desnudo artístico? ¿O la de un buen poema? ¿o la de una pieza musical?. Sin necesidad de llegar a extremos patológicos, claro.  (obs: no hablamos aquí pornografía).  Recordemos por un instante la Sala Reservada creada en 1554 por Felipe II de España, una  sala privada que contradecía las convenciones de la moral de la época, pero que existía  para el disfrute personal de él.


Rigoberto y Lucrecia también conversan estando en la cama, sin tener sexo (P.96) y a menudo se entretenían tanto conversando que se les iba pasando el tiempo (para tener sexo): “Estaban acostados y era evidente que a estas alturas de la noche, ya no habría historias, fantasías ni harían el amor"(P108). Otro ejemplo: “estuvieron conversando un buen rato” (P196) Rigoberto se muestra con Lucrecia cariñoso y la consuela cuando ella está triste por haber retrasado el viaje: “Es sólo un aplazamiento, amor mío_ la consoló besándola en los cabellos” (P196)  Pero Rigoberto  está atento a su mujer y  además es  capaz de captar que le pasa: “está asustada” (P193) o “sabe poner  buena cara al mal tiempo” (P194) e incluso saca conclusiones que a mí, personalmente, me parecen un poco absurdas, como cuando Rigoberto monologa  consigo mismo sobre las razones de las tardanzas de Lucrecia a salir de casa  y por las cuales habían tenido sus buenas riñas, que como toda pareja normal, las tenían o habían tenido también:  “tiene miedo a dejar de ser, a perder su ser, a quedarse sin su ser”  (P275) cuando  las razones (inconscientes) de la tardanza  de Lucrecia bien pudieron  deberse simplemente a que se auto-obligaba a  complacer a su marido,   porque no tenía ganas de salir por los motivos que fueran, ya sea que estuviera disgustada con él, o que no le gustara  la gente o el lugar a dónde irían.  Las cosas, suelen ser, por lo general,  más sencillas, (cómo decía  muy atinadamente  un buen amigo mío), somos nosotros las que las  complicamos.  De todas formas, ser capaz de empatizar con su mujer y de entender o creer entender cómo se siente ella, muestra sin duda, a un modelo de hombre maduro y generoso, que no está ocupado con su ombligo las 24 horas del día. Y eso también lo vemos en como Rigoberto apoya a su amigo Ismael, le hace de testigo,  maneja el tema de los hijos de éste y luego, se preocupa por el bienestar de Armida (igualmente,  Lucrecia). 


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog:   La Acequia  ©  Myriam Goldenberg

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Thursday, April 9, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013 (3)









Felicito  con Mabel,   la  amante: Una relación Quid pro Quo, o,  do ut des, en la que existe una transacción comercial  recíproca, te doy para que me des.  El contrato  de ellos  es claro y  es en parte hablado y en parte tácito (o hablado en parte sin que lo sepamos).  Ella  finge quererlo y darle sexo  (en efecto, era juguetona y “cariñosa y dicharachera” con él, apodándolo “viejito” (por ej. P45);  él por su parte,  le pagaba la casa y los gastos de manera constante y puntual (P43).    Un acuerdo entre adultos consensuado en el que ella obtiene la ilusión de seguridad y él  la ilusión de amor.

Desde que la vio en el estadio de Fútbol, Felicito   quedó “turulato”, como dice su amigo Colorado Vignolo,  cosa que él confirma ¿babeando? J¡Es lindísima!  pero da un respingo cuando Colorado le dice que clase de mujer es: “¿Me está diciendo, compadre,  que esa ricura es una puta?”  Su amigo le aclara: dije que tira, no que putee. Tirar y putear son cosas distintas, coleguita. Mabel  es una cortesana, o algo así (P42).  Una diferencia importante ésta, que le sirvió   a Felicito  para auto-engañarse dando un viso de respetabilidad al asunto, eso sumado al hecho  de que ella se hizo rogar como tres meses, de florcita va, florcita viene y algunos paseitos.  Al principio  de parte de Felícito hubo mucha pasión y la veía dos o tres veces por semana.   Pero con el tiempo,  “el fuego de la pasión había ido declinando”  y  después de ocho años,  la veía una vez por semana, los viernes al salir de la oficina.    Formaba parte del contrato, la exigencia de ella de  que   Felícito nunca  le preguntara por su pasado y nunca le hiciera  una escena de celos, igualmente,    lo de la concertación de los  días que él iba a verla:   “En ocho años jamás se había   presentado de  improviso en la casita de Castilla”  (P43). Y él no era tonto, sabía que ella era joven, alegre,  y se decía a sí mismo que  Mabel “tenía derecho a divertirse” (P44).   Recién cuando él está mal con el asunto de la primera  carta extorsiva, rompe esta regla y ella  se desocupa e  igual lo recibe tras un “¿Tú por aquí?,  ¿Hoy, a estas horas?” por saludo  (P90).    La creciente ansiedad de Felicito la tenemos bien señalada en que teniendo relaciones sexuales, apenas la penetró,  eyaculó (P91, P92) igualmente, se muestra cariñoso con ella acariciándole los cabellos y asegurándole cuánto la ama: “tu eres la única mujer que he querido de verdad” (P92).

Con todo este asunto de las cartas y la extorsión Felícito tiene in crescendo  sentimientos de impotencia y está   cada vez, más angustiado  que antes, porque ahora  “Lo asaltaban temores, una sensación de catástrofe, y,  sobre todo, la amargura de sentirse inútil e impotente frente a lo que ocurría (…)” (P56)  Estos sentimientos  están en consonancia,  también aquí,   con su actuación sexual. Cuando visita a Mabel en una ocasión, no pudo ni siquiera tener una erección, su sexo “no dio el menor indicio de endurecerse” (P45),  algo completamente lógico ante tales sentimientos, pues, no somos máquinas, ningún varón lo es. En este aspecto, las mujeres incluso “somos más afortunadas” porque, si lo deseamos, podríamos fingir un orgasmo, cosa que el varón no puede hacer.  MVLL lo pone de manifiesto muy claramente con este personaje porque  es absolutamente plausible que una cosa así suceda   ante tanto estrés, que ni sus ejercicios de QI gong, en los que respiraba profundo y buscaba su centro,  lo ayudaban a relajarse.  Lo raro sería que no sucediera. Esto no significa de ninguna manera que Felícito fuera impotente sexualmente (O que tuviera una disfunción sexual eréctil)  sino que su cuerpo reaccionaba, simplemente,  en consonancia con su mente.  

Con Mabel recién se enteró Felícito de que el sexo podía ser algo hermoso (P44), se fue enamorando de ella:   “-Nunca en mi vida he sido tan feliz- le confesó Felícito.  Arrodillándose y besándole las manos- Hasta ahora yo no sabía lo que era gozar, te lo juro”“   (P 43),  “Yo te quiero a ti más que a nadie en el mundo” (P46)   El Sgto Litiuma pensaba que Felícito “estaba templado hasta los tuétanos” por ella (P79) Felícito se mostraba cariñoso con Mabel (P48) y protector  (P49)  por lo que, la traición doble –más por ella que por el hijo espurio (P270)- fue para él como una “cruz pesada” que sólo alivianaba en  el desahogo verbal  dónde su amiga la santera (P364)  y tanto con el hijo  (Ps 348 a 352) como con ella  (Ps 354 a 358) rompe la relación con la frialdad y precisión de un cirujano, hasta tal punto que al buenote del Sgto Liuma, testigo  de su  charla con Miguel en la Cárcel, se le heló la sangre (P352).

Mabel había empezado a salir con el hijo-no hijo de Felícito (que bien podría haber sido suyo si lo hubiera querido, aun no siendo su padre biológico) sin saber,   ni sospechar siquiera,  que Felícito era el padre;  cuando lo supo quiso cortar la relación, pero Miguel, que era manipulador, la extorsionó con que la delataría ante el padre. Por eso, accedió a simular el secuestro, suponiendo  que Felícito no sería tan   testarudo (P216) y pagaría el recate. Cuando Mabel fue “secuestrada” Felicito se puso líbido ojeroso, abriendo la boca en una expresión idiota y los ojos de espanto (P129) pero  aun así, no dio su brazo a torcer y los policías entre copa y copa, porque “Había sufrido un quebranto terrible y el alcohol  le contenía las ganas de la  lloradera”  (P147),  con mucho esfuerzo logran convencerlo  en un bar de que publique un anuncio simulando que paga y así, finalmente lo hace. Un trabajo enorme se tomaron el Capitán-Culo y el Sgto Lituma en convencerlo porque si por él  hubiera sido no hubiera publicado la nota, porque no pagaría aunque mataran a Mabel y él tuviera que suicidarse (P147). Cuando, finalmente, es liberada, Felicito  se puso “eufórico, aliviado, feliz” (P178).

Mabel  sopesa los pros y los contras y las posibilidades de salir  mejor  parada en uno u otro caso, decide al final cooperar con  la policía en la investigación y denuncia a Miguel, lamentando profundamente haberse metido en ese enredo (Ps 210 a 231).  Ella había en el pasado fantaseado con la idea  de que si  se empeñaba, Felícito podría dejar a su mujer para casarse con ella ya que  Mabel  la veía “Como una chola rechoncha que se parecía más a un cuco que a un ser humano”   (P212), pero hecho lo hecho, perdió todo, porque llegados a este punto, Felicito fue inflexible y de nada le valieron sus lágrimas de cocodrilo (P356);  fue lapidario y... en memoria de su padre y del mandato paterno, vector de su vida, ¿cómo iba a dejarse pisotear?: “Si queriéndome me hiciste lo que sabemos, qué hubieras hecho si me hubieras odiado” (P357, P358). 
               




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 La Acequia  ©  Myriam Goldenberg



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Thursday, April 2, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013 (2)





Como suelo hacer, este análisis lo pienso como si de personas reales se tratara. Hoy veremos la  relación  de pareja de Felícito (Indígena y empresario de 55 años)  de Piura, una ciudad al Norte de Perú,  con su mujer Gertrudis y el jueves próximo, la de él  con su amante Mabel.   Felícito tiene, entonces,  la casa grande y casa chica (P43), una costumbre  de la que tengo conocimiento,  prevalente  en algunos países de Latinoamérica (centro y norte del Sur).  Empecemos por la primera:

Felicito con  Gertrudis: relación mueble, en la que no hay amor,  ni atracción sexual, ni erotismo, menos, pasión;  tampoco hay complicidad o comunicación.  Una relación basada pura y exclusivamente en la obligación y en la culpa.

Los cónyuges se conocieron cuando eran muy jóvenes y él estaba  hospedado en la Pensión “El Algarrobo”  (P54) siendo Gertrudis la mayor de las hijas de la dueña, que  era la proxeneta de su propia hija.  Felícito tuvo relaciones sexuales con ella “porque sí, porque ella estaba allí y era mujer, no porque la muchacha le gustara”   ¿Qué es Gertrudis para Felicito desde su relación inicial?  Un mueble, un objeto  que sirve pura y exclusivamente para descargar sus pulsiones sexuales.  Estos  pensamientos de Felícito que  “pese a que hacía todo lo posible por olvidar  volvía(n)  a la memoria (…) de tanto en tanto y le malograba (n) el día, algo,  que él arrastra desde entonces.   Según Felícito, ella había estado, pues al paso,  al alcance de la mano,  pero,  ¿gustarle como mujer?  “No le gustaba a nadie”  porque  ella era  “una hembrita medio bizca, descachalandrada, que olía a ajos y cebolla”. 

Si desde el  vamos Gertrudis fue un mueble para Felícito ¿podemos decir que hubo amor, erotismo o pasión? Claro que no, porque es a simple vista, una relación de explotación, pero esa relación se le complicó a Felícito, cuando a “resultas de uno de esos dos polvos sin amor y casi sin ganas, Gertrudis quedó en cinta”.   No obstante ésto,  Felícito se consideraba un buen marido porque había proveído  por su familia “rompiéndose el lomo cada día” y había salido de “pobretón” y no les faltaba nada material (P44) ni a ella ni a sus dos hijos.

 La madre de Gertrudis lo obligó a casarse con la hija: “lo denunció ante la policía”  (por estupro) y  en la declaración ante la policía Felícito reconoció que se había acostado  con esa menor”  pero  en sí,  aceptaba  casarse  “porque le remordía  la conciencia de que naciera un hijo suyo sin ser reconocido “ y “porque se creyó la historia”. Hoy, ante el reconocimiento de una paternidad, pediríamos un análisis de ADN, por supuesto.

Después  de nacer   ese hijo tan diferente del padre, Felícito vivió con la sospecha permanente  de que ese niño “tan blancón (…)” (P80)   no era hijo suyo, pero  no lo habló con nadie, viviendo todos estos años con la sospecha de que no lo era”  (P55). Además de que se casó obligado y por mala conciencia,  esa sospecha fue instaurándose como un muro que iba aumentando de tamaño con los años.

¿Y Gertrudis?  Después de una historia de abusos por parte de su madre,  sin padre, acepta este matrimonio con este hombre feíto, bajito,  menudito, enclenque, raquítico  (P14, 44,  80, 340, 375 etc), por obligación como una purgación por sus pecados (P302);   fue una mujerhacendosa  y sacrificada en los años difíciles (…..) y después también”  (P55) porque aunque tenían ya buena situación económica, ella seguía viviendo  “Con la austeridad de los años en que eran pobres (…). Él tenía que insistirle (….) para que se comprara zapatos o vestido nuevo”(P55).    En su relación con Felícito, Gertrudis  era paciente,  “nunca habían tenido una pelea” y aún más:  totalmente sumisa,   que aceptaba dócilmente las propuestas de salir de Felícito, por ej.,   pero que se apresuraba  a regresar a casa a “sentarse en su mecedora a orillas del patiecito,   junto a la radio o  Televisión en la que buscaba programas religiosos”  (P56) .  A Félicito le parecía que Gertrudis  “se había convertido con los años en una especie de mueble”  (P55) y esto no es de extrañar, por cuanto ella siempre fue tratada como uno, por su madre, por  los hombres que contrataron sus servicios sexuales, por Felícito,   que “nunca la había querido como se quiere una mujer, pero le tenía cariño, mezclado con un poco de lástima”,  pues ella no se quejaba de un  marido “tan frío y desamorado” (P54). Gertrudis  tampoco tenía amigas y cuando ya de grandes,  los hijos la visitaban  de vez en cuando, tampoco mostraba  mayor interés por ellos (P56).   Ambos cónyuges habían tenido sexo  expeditivo” (P45), como un mero trámite,  hasta el nacimiento del segundo hijo, que sí era bien parecido a su padre (P80),  y desde entonces dejaron de dormir juntos (P56).

Gertrudis deja  de ser un mueble  (Ps 299 a 304),  después  de descubrirse  que su hijo mayor había estado detrás del  asunto de las cartas y el supuesto secuestro de la amante  de su marido y a instancias de Felícito, tienen ambos una conversación: ”Por fin, ese atardecer, después de mucho cavilar, Felícito decidió que había llegado el momento  (…) Tenemos que conversar tú y yo a solas, le dijo”.  Ella sin moverse, amorfa, inexpresiva, embutida en si vestido incoloro, etc, etc, con “las manos sobre la falda, ceñidas con fuerza, como si estuviera resistiendo un tremendo dolor de estómago”,   “petrificada”,  lo miraba pero no parecía verlo.   Felícito le pide que le confirme que Miguel no es hijo suyo, ella le gruñe que había creído que sí lo era, hasta que nació. El sigue con su  interrogatorio y ella, entonces,  le vomita  todo lo que tenía  guardado adentro desde hace tanto tiempo.  El detonate fue  la pregunta de Felícito “¿Con Cuántos de la Pensión el Algarrobo de acostabas?”  “Con todos los que mi mamá me metía en la cama”,”ella los escogía y les cobraba también”. Así sabremos que Gertrudis había querido abortar, pero que la Madonna (como era llamada la madre-proxeneta), que tampoco  Gertrudis había querido casarse con Felícito, que sabría que a su lado “nunca sería feliz”, pero que la madre la obligó a hacerlo.  Y remata, yo he estado pagando mis culpas todos estos años, Felícito (…)Llevando mi cruz calladita (…)”  También sabremos aquí que Gertrudis sabía  de la existencia de Mabel (la amante)  de la que nunca le dijo nada,  porque Felícito  la había ayudado a expiar sus culpas, cosa que ella le agradecía.

También en estas páginas tenemos evidencia de  la calidad del muro  de silencio que se había levantado entre ambos, un muro lleno de “deshonor, vergüenza dolor, verdades amargas” al que se sumaba  la “desgracia que acababa de ocurrir con su falso hijo y con Mabel” (la amante). Cuando ese muro se derrumba con esta conversación,  ella se retira  de la habitación muy ligera “Con una agilidad que Felicito no le recordaba”,  mientras que él queda hecho pomada,  “sumido en un sopor denso, en una desesperanza, en una tristeza que no lo dejaban pensar y lo privaban de la energía mínima para ponerse de pie”….  Gertrudis  se aligeró tanto, lo sabremos más adelante,  que hasta parecía cambiada, se había vuelto más comunicativa y simpática,  ahora sonría” (377).

 Pero,  claro,  a  ese cambio de Gertrudis contribuyeron varios factores:  El primero,   fue la descarga de todo lo que tenía atragantado durante tantos años,  de  rabia, dolor, culpa.  El segundo, la ruptura de Félicito con la amante, una ruptura definitiva, tajante,  rotunda, absoluta,  con un círculo bien cerrado (Como veremos más adelante cuando me refiera a la relación de ambos)  el tercero, que Gertrudis ha hecho causa común con su marido en cuanto a romper con el hijo (que además, recordemos,  había sido no  deseado) como surge de sus palabras dirigidas a Felícito: “No quiero verlo nunca más yo tampoco (…).  Después de lo que te hizo, no podría”(P365)  ¿Lealtad? ¿afecto? ¿Amor?  En todo caso demuestra  que Gertrudis deja de  tener una actitud pasiva, de víctima  -por todo lo sufrido en el pasado (que sin lugar a dudas fue horrible y muy duro,  ¡durísimo!)-  como la que había tendido  hasta antes de la charla con el marido,   al igual que durante  todos esos años de vivir  siendo como un mueble. 

 Por su parte, Felícito,  había sido golpeado por la tragedia, como su amiga  Adelaida tan bien lo resume:  “Tu amante y tu hijo conchabados (que término más vulgar) para desplumarte¡Dios mío las cosas feas que se ven en este mundo! Menos mal que  los enjaularon a  esos dos"(P.360). Felicito ya  se estaba haciendo a la idea de que “probablemente no volvería a hacer nunca el amor con una mujer. Ya  no estaba él para buscarse otra querida, ni para ir en las noches al bulín a acostarse con putas.  Y la idea de volver a hacer el amor con Gertrudis,  después de tantos  años no se le pasaba siquiera por la cabeza. Tal vez tendría que correrse una paja de vez en cuando, como churre” (P359) pero ésto  lo pensaba  él antes de tomar nota de que su mujer lo apoyaba voluntariamente,  de que ella hacía causa común con él. Gertrudis, ya no era pasiva.

Como como colofón  se los ve en el aeropuerto de Lima irse juntos a Italia a visitar a la hermana de Gertrudis, “perdidos y asustados, como si fuera la primera vez en su vida que tomaran un avión”  (P375, 376), metáfora  también de un inicio de relación de pareja diferente, más madura, en la que ya no hay reproches por el pasado, ni  culpas que expiar, ni muros de silencio, ni pasividad por parte de ella o escapismo, por parte de él. En una relación así obviamente, no puede Ex-nihilo, brotar la pasión que jamás existió, pero sí, -después de haber atravesado una crisis tan grande como la que pasaron Gertrudis y Felícito, haber hablado entre los dos de  todo y cambiado los dos ciertas pautas- el afecto (del que sí ha habido rastros y que he señalado) y el compañerismo; además  estaban acostumbrados el uno al otro.





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 La Acequia  ©  Myriam Goldenberg


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Wednesday, March 25, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013



 “Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo” J.L. Borges.  Con ésta frase comienza Mario Vargas Llosa (MVLL) su novela “El héroe Discreto”, así que yo voy a tirar del hilo del amor, la sexualidad y el erotismo en esta   novela, no siendo  la primera vez que lo hago;  ya lo hice con  todo El Quijote de Miguel de Cervantes,  aquí la parte A y aquí la parte B (de entre todos los trabajos que  escribí sobre el Quijote, que puesto que estamos en año de celebraciones, lo menciono y  a los que puede accederse en este enlace). Específicamente a las relaciones de pareja me he referido  en “el Hereje”  y en “Cinco horas con Mario” ambas obras de Miguel Delibes. También lo he  hecho en “La Estafeta Romántica” Episodios Nacionales 3/26 de Benito Pérez Galdós.   ¿Se acuerdan de Sancho Pansa y su mujer Teresa?,  también sobre ellos escribí  en: “Sancho Pansa, mi consorte; un porro Parte 1 y parte 2.  Así que no seré original, pero no me pude resistir porque a medida que leía la obra de MVLL,   iba viendo como ese hilo se desenrollaba.

Hay algo que considero  muy importante  y que de entrada me gustó _ no sólo el hecho de que MVLL nos  presenta variedad de relaciones de pareja  en una ciudad pequeña del Norte de Perú, Piura, y en Lima, la Capital_ y es que las parejas descritas  son de mediana edad, alguna  tirando a jubilación (otra,  un poquito más :-),   con inclusión de una buena pincelada de juventud  que escandaliza a la sociedad limeña tan dada a las malas lenguas con su “malsana curiosidad" P274)   y MVLL   nos da un muestrario de  sexualidad de manera muy creíble, rompiendo además,  estereotipos y mitos.  Uno de los  cuales tiene que ver con la sexualidad del hombre maduro y en especial, la del  anciano. 

Los personajes y sus relaciones de pareja:

En Piura, una pequeña ciudad del Norte de Perú,  tenemos a Felicito Yanaqué,  de la etnia Tallán, nacido en Yapatera, y que había estudiado la escuela primaria en   Chulacanas (P14),  bien  matecito-indígena, de 55 años “menudo y muy flaquito, parco y trabajador”   “sano, laborioso y ágil”  que hacía “ejercicios matutinos de Qi Gong” (P14)  El nombre de su Empresa  de transporte es: “Narihualá”,  nombre de la que se considera capital de la nación tallán, 17 km. al sur de Piura en la que hoy hay un museo,  en el enlace del museo, pueden observar piezas cerámicas de esta cultura pre-incaica. 

Este hombrecillo menudo  se encuentra  inmerso en una relación marital “mueble”  tediosa, rutinaria, falta de amor, de erotismo, de complicidad, con su mujer  Gertrudis,  con quien se casó  obligado acusado de estupro: es decir,  de tener sexo con una menor, dejarla embarazada y  querer “volarse”.  La madre de la mujer –dueña de una Pensión y proxeneta -  lo planeó porque ella misma prostituía a su hija (P54).  De hecho su  primogénito  no se parecía en nada al padre, al contrario, era bien “fuerte, atlético, blancón, de ojos y cabellos claros” (P80). En cambio, su segundo hijo Tiburcio, era de “piel requemada, el pelo lacio y renegrido y de cuerpecito esmirriado como su progenitor” (P80).

También tenemos la relación “apasionado-cariñosa” de Felícito con su amante  Mabel, de “silueta de gimnasta”, “cintura ceñida”, “pechos erectos”,  “potito redondo  y  empinado que seguía cimbrando alegre al caminar” (P41),  aunque para gustos los colores, el Cap-Culo prefiere el poto de Josefina porque a este él lo ve sin terminar de desarrollar (P114).  

E incluso tiene nuestro Felícito  una relación platónica  monocorde con la cantante   Cecilia Barraza, cosa que ella ni se imagina, por supuesto, ya  que Barraza, personaje real,   ni enterada está de su existencia (P86) a menos, claro, que hubiera leído el libro de MVLL., cosa que ignoro. 

Otro personaje  de Piura,  el Capitán Silva,  al que yo llamo  Capitán – Culo   P73, P113, P190)  está interesado  por la secretaria de Felícito, Dña Josefita, (P75, P190),  cuya descripción tenemos en  la comparación que el Cap- Culo hace entre -valga la redundancia- los culos de Mabel  y el de ella: “muy serio y con ademanes escabrosos explicaba a su subordinado que aquellos glúteos no sólo eran grandes, redondos y simétricos, además daban un respingo al caminar, algo que le removía el corazón y las criadillas al unísono (..) Por eso, Josefina era “una hembrita de la Pitri mitri” (P113, 114).

Del Sgto  Lituma  Que raspaba los 50 ya(121) se menciona que su amor de juventud  Bonifacia  lo dejó por otro (P117, P 118), desde entonces concentra todas sus energías (libidinales) en su trabajo e incluso, pone al Capitán –Culo en vereda: ”Por qué no se concentra en la investigación, mi capitán”  (P114)

Otra relación de pareja que  se menciona es la de José León, dueño de un taller, primo del Sargento Lituma,  que se había casado con una trujillana, resultando su matrimonio en un desastre, por lo que se había divorciado,  del que tenía dos hijas  que estudiaban en la universidad, la mayor Odontología y la menor, Farmacia (P125).

En Lima, tenemos  la relación madura, comunicativa y muy cordial, del gerente Rigoberto  de 62 años (P26) con su segunda mujer,  Lucrecia. Rigoberto,   es un personaje clase media alta,  agnóstico, cultivado, amante de los viajes, de Europa, de la música clásica, de la lectura y el arte (P62; P71; P202, P203),  padre cariñoso y preocupado por su hijo Fonchito (P97, P94, P207),  hijo con su primera mujer Eloisa (P102) de la que no sabemos si enviudó  -presumiblemente sí-    o se divorció, ella en todo caso, está bien ausente;  un hombre  que apoya a su jefe y dueño de la Empresa, Ismael pero que no se  confunde, sabe que en esa relación de poder, no puede ser “amigo” de su jefe, o sí…  “si es que entre patrón y su empleado puede haber de veras amistad (…)”aunque lo estime bien   e Ismael lo considere amigo  “Tú y yo somos buenos amigos, ¿sí o no?” (P29)  por haber sido, además de su hombre de confianza,  siempre su paño de lágrimas y  confidente (P36) si bien es cierto que le tiene cariño y en el entierro de  Ismael, Rigoberto contiene las ganas de llorar (P276).  Lucrecia por su parte, es una mujer que quiere y se preocupa genuinamente por el hijo de su marido y hasta le quita el sueño (P97) o por la desaparición de Armida, muy afectiva, comprensiva, observadora, atenta , sensible (P275, P285). 

Ismael Carrera,   octogenario (P194),   que de joven había  sido “muy buen mozo”, “elegante , distinguido, sociable “ (P28) viudo de Clotilde.  Una  relación ésta  al parecer, convencional, al uso, rutinaria, por como  Rigoberto habla de ella con su mujer: “Por primera vez en su visa Ismael (ahora casado  en segundas nupcias) sabe lo que es tirarse un polvo de verdad, Lucrecia. Los que tenía con Clotilde era pasatiempos conyugales. (…) (P201) Ismael mismo  reconoce no haber  disfrutado (de la vida conyugo-sexual) inmerso obsesivamente en su trabajo cuando Ismael le dice a Rigoberto: “Tú sabes mejor que nadie que hasta ahora sólo he vivido para trabajar”  (P244).

Ismael y su relación “escandalosa”  con su “sirvienta” Armida  de 38 años (P39) (quien resulta ser hermana de madre, seguro,  de Gertrudis) “morenita, de cabellos muy negros, de ojos vivos”“una cholita bastante presentable” al decir de Rigoberto ( P32),  con quien para sorpresa de muchos, pero principalmente de sus dos testigos de matrimonio uno, Rigoberto, su gerente (P 30, 31, 32) y el otro, su chofer Narciso (P 33) se casa y encima, se  la pasa genial, tanto que ni viagra -dice- tiene casi que usar (P40).  Rigoberto lo presume feliz (P201) cosa que confirma más adelante : “tú estás alegre como un cuete” (P243).  E Ismael aspira con esta relación  como él mismo lo expresa: “a pasar mis últimos años tranquilo y feliz (…) Espero que con salud también, gozando un poco de la vida, al lado de mi mujer (…)”  (P244).

Lucrecia supone que Armida  “lo planeó todo  con astucia (…)(P64)  pero luego de haber hablado con ella  lisa y llanamente, porque Lucrecia es una mujer frontal, queda convencida de “la inocencia” de Armida  inocencia  en cuanto a que Ismael diera el primer paso para entablar la  relación  de pareja entre ambos, lo que exonera a Armida de una conducta impropia de acuerdo a los estándares  de la alta sociedad limeña, ya que –lo repetimos- de acuerdo a esa sociedad, ésta es una relación  “escandalosa” en sí misma, por contravenir  el orden de clases en un matrimonio Señor-sirvienta, en primer lugar, y en segundo, por contravenir un prejuicio generalizado de que  personas muy mayores no pueden tener  una vida sexual: Me dijo la verdad (….) Meto mis manos al fuego que me contó lo que ocurrió, sin añadir ni quitar nada. (…)"(P369-371).

Por último, también en Lima, hay también un esbozo de una relación,  según la suposición de Lucrecia, lesbiana de su empleada doméstica Justiniana con Armida (P72).

En  las siguientes entradas,  profundizaré  en las relaciones de Felícito con su mujer y con su amante, y por último,  en la de Rigoberto con Lucrecia. 


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