Thursday, April 9, 2015

Amor, sexualidad y erotismo en las relaciones de pareja en "El Héroe Discreto" de Mario Vargas LLosa, Ed. Prisma, Madrid, España, 2013 (3)









Felicito  con Mabel,   la  amante: Una relación Quid pro Quo, o,  do ut des, en la que existe una transacción comercial  recíproca, te doy para que me des.  El contrato  de ellos  es claro y  es en parte hablado y en parte tácito (o hablado en parte sin que lo sepamos).  Ella  finge quererlo y darle sexo  (en efecto, era juguetona y “cariñosa y dicharachera” con él, apodándolo “viejito” (por ej. P45);  él por su parte,  le pagaba la casa y los gastos de manera constante y puntual (P43).    Un acuerdo entre adultos consensuado en el que ella obtiene la ilusión de seguridad y él  la ilusión de amor.

Desde que la vio en el estadio de Fútbol, Felicito   quedó “turulato”, como dice su amigo Colorado Vignolo,  cosa que él confirma ¿babeando? J¡Es lindísima!  pero da un respingo cuando Colorado le dice que clase de mujer es: “¿Me está diciendo, compadre,  que esa ricura es una puta?”  Su amigo le aclara: dije que tira, no que putee. Tirar y putear son cosas distintas, coleguita. Mabel  es una cortesana, o algo así (P42).  Una diferencia importante ésta, que le sirvió   a Felicito  para auto-engañarse dando un viso de respetabilidad al asunto, eso sumado al hecho  de que ella se hizo rogar como tres meses, de florcita va, florcita viene y algunos paseitos.  Al principio  de parte de Felícito hubo mucha pasión y la veía dos o tres veces por semana.   Pero con el tiempo,  “el fuego de la pasión había ido declinando”  y  después de ocho años,  la veía una vez por semana, los viernes al salir de la oficina.    Formaba parte del contrato, la exigencia de ella de  que   Felícito nunca  le preguntara por su pasado y nunca le hiciera  una escena de celos, igualmente,    lo de la concertación de los  días que él iba a verla:   “En ocho años jamás se había   presentado de  improviso en la casita de Castilla”  (P43). Y él no era tonto, sabía que ella era joven, alegre,  y se decía a sí mismo que  Mabel “tenía derecho a divertirse” (P44).   Recién cuando él está mal con el asunto de la primera  carta extorsiva, rompe esta regla y ella  se desocupa e  igual lo recibe tras un “¿Tú por aquí?,  ¿Hoy, a estas horas?” por saludo  (P90).    La creciente ansiedad de Felicito la tenemos bien señalada en que teniendo relaciones sexuales, apenas la penetró,  eyaculó (P91, P92) igualmente, se muestra cariñoso con ella acariciándole los cabellos y asegurándole cuánto la ama: “tu eres la única mujer que he querido de verdad” (P92).

Con todo este asunto de las cartas y la extorsión Felícito tiene in crescendo  sentimientos de impotencia y está   cada vez, más angustiado  que antes, porque ahora  “Lo asaltaban temores, una sensación de catástrofe, y,  sobre todo, la amargura de sentirse inútil e impotente frente a lo que ocurría (…)” (P56)  Estos sentimientos  están en consonancia,  también aquí,   con su actuación sexual. Cuando visita a Mabel en una ocasión, no pudo ni siquiera tener una erección, su sexo “no dio el menor indicio de endurecerse” (P45),  algo completamente lógico ante tales sentimientos, pues, no somos máquinas, ningún varón lo es. En este aspecto, las mujeres incluso “somos más afortunadas” porque, si lo deseamos, podríamos fingir un orgasmo, cosa que el varón no puede hacer.  MVLL lo pone de manifiesto muy claramente con este personaje porque  es absolutamente plausible que una cosa así suceda   ante tanto estrés, que ni sus ejercicios de QI gong, en los que respiraba profundo y buscaba su centro,  lo ayudaban a relajarse.  Lo raro sería que no sucediera. Esto no significa de ninguna manera que Felícito fuera impotente sexualmente (O que tuviera una disfunción sexual eréctil)  sino que su cuerpo reaccionaba, simplemente,  en consonancia con su mente.  

Con Mabel recién se enteró Felícito de que el sexo podía ser algo hermoso (P44), se fue enamorando de ella:   “-Nunca en mi vida he sido tan feliz- le confesó Felícito.  Arrodillándose y besándole las manos- Hasta ahora yo no sabía lo que era gozar, te lo juro”“   (P 43),  “Yo te quiero a ti más que a nadie en el mundo” (P46)   El Sgto Litiuma pensaba que Felícito “estaba templado hasta los tuétanos” por ella (P79) Felícito se mostraba cariñoso con Mabel (P48) y protector  (P49)  por lo que, la traición doble –más por ella que por el hijo espurio (P270)- fue para él como una “cruz pesada” que sólo alivianaba en  el desahogo verbal  dónde su amiga la santera (P364)  y tanto con el hijo  (Ps 348 a 352) como con ella  (Ps 354 a 358) rompe la relación con la frialdad y precisión de un cirujano, hasta tal punto que al buenote del Sgto Liuma, testigo  de su  charla con Miguel en la Cárcel, se le heló la sangre (P352).

Mabel había empezado a salir con el hijo-no hijo de Felícito (que bien podría haber sido suyo si lo hubiera querido, aun no siendo su padre biológico) sin saber,   ni sospechar siquiera,  que Felícito era el padre;  cuando lo supo quiso cortar la relación, pero Miguel, que era manipulador, la extorsionó con que la delataría ante el padre. Por eso, accedió a simular el secuestro, suponiendo  que Felícito no sería tan   testarudo (P216) y pagaría el recate. Cuando Mabel fue “secuestrada” Felicito se puso líbido ojeroso, abriendo la boca en una expresión idiota y los ojos de espanto (P129) pero  aun así, no dio su brazo a torcer y los policías entre copa y copa, porque “Había sufrido un quebranto terrible y el alcohol  le contenía las ganas de la  lloradera”  (P147),  con mucho esfuerzo logran convencerlo  en un bar de que publique un anuncio simulando que paga y así, finalmente lo hace. Un trabajo enorme se tomaron el Capitán-Culo y el Sgto Lituma en convencerlo porque si por él  hubiera sido no hubiera publicado la nota, porque no pagaría aunque mataran a Mabel y él tuviera que suicidarse (P147). Cuando, finalmente, es liberada, Felicito  se puso “eufórico, aliviado, feliz” (P178).

Mabel  sopesa los pros y los contras y las posibilidades de salir  mejor  parada en uno u otro caso, decide al final cooperar con  la policía en la investigación y denuncia a Miguel, lamentando profundamente haberse metido en ese enredo (Ps 210 a 231).  Ella había en el pasado fantaseado con la idea  de que si  se empeñaba, Felícito podría dejar a su mujer para casarse con ella ya que  Mabel  la veía “Como una chola rechoncha que se parecía más a un cuco que a un ser humano”   (P212), pero hecho lo hecho, perdió todo, porque llegados a este punto, Felicito fue inflexible y de nada le valieron sus lágrimas de cocodrilo (P356);  fue lapidario y... en memoria de su padre y del mandato paterno, vector de su vida, ¿cómo iba a dejarse pisotear?: “Si queriéndome me hiciste lo que sabemos, qué hubieras hecho si me hubieras odiado” (P357, P358). 
               




Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog:  
 La Acequia  ©  Myriam Goldenberg



Nota:  Citas del texto en color verdeenlaces en color azul.


7 comments:

Pedro Ojeda Escudero said...

Excelente, Myriam. Esta relación, tan desigual en todo, estaba condenada al fracaso. Hasta el mismo Felícito lo sabía, pero el hombre necesitaba algo a lo que agarrarse sentimentalmente. Es curioso cómo salen Felícito y su mujer de toda esta historia, ¿verdad?
Besos.

Bertha said...

Tiene que haber sido un jarro de agua fría enterarse de esa manera.


-Hasta el próximo jueves.Para seguir enterándome un poco más.

Un abrazo Myriam.

Genín said...

:)
Besos y salud

Manuel López Paz said...

No fue la mejor manera de enterarse...Pero ya sabes, que en cuestiones del amor...

Besos El jueves vendré puntual

Katy Sánchez said...

Muy buen resumen. Ando un poco lejana a mis blogs, de hecho entro ahora poco.
Te dejo un cálido abrazo

Abejita de la Vega said...

Felícito se construye su paraíso pero los paraísos siempre se escapan a la otra esquina. Una relación así tenía que hacer aguas por alguna parte.
A la vista de esta entrada, estoy deseando leer tu análisis en torno a Lucrecia y don Rigoberto. Te aconsejo que leas también la novela erótica "Los cuadernos de don Rigoberto". ¡Qué pareja!? ¿Y qué me dices del crío, de Fonchito?

Besos

Paco Cuesta said...

En estos asuntos es muy importante el engaño a sí mismo. La conciencia queda tranquila, los temores desaparecen siempre que alguien o algo no nos haga despertar.
Besos