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Wednesday, July 4, 2018

Detrás de la fachada del chiste, el sufrimento latente en "El Pisito" Rafael Azcona (Es, 1926-2008) Edición de Juan Ríos Carratalá, Ed. Cátedra, 2016. Seguna parte


Primera parte aquí 

Aquí veremos de forma muy sucinta como se  dan las relaciones entre algunos de los personajes:

Pedrita y Rodolfo:

Lejos están los recuerdos de juventud de Rodolfo, cuando a Pedrita se le rompió un tirante del sostén y le vió  "los pechos tan firmes y tan tiesos" (P156)

La relación  de pareja de Roberto Gómez con  Pedrita, su novia desde hace 14 años, "empeñada en llegar virgen al matrimonio",   tal como mandan las convenciones sociales, y que "jamás le permitió [a Rodolfo] retozarla de la cintura para abajo. Ni siquiera en el cine" (P 154) está en un punto muerto, en el limite de lo soportable,  y como situaciones desesperadas requieren soluciones desesperadas, Pedrita que es  mujer de armas tomar, las tomará.

Así pues, Fofó es presionado  por Pedrita,  quien harta ya del hacinamiento en el que vive en casa de su hermana y  de su eterno noviazgo que no avanza,  planea una y otra vez como hacerse con el apartamento, tal como cuando ella y Rodolfo van a ver al dueño del piso, el casero Don Luis,  y antes,  en el parque dialogan sobre que decirle: -"O sea yo le digo [dice Pedrita]:  Imagínese que doy a luz en la calle por no tener casa" (P154) . - "Un momento. [le responde Rodolfo] Si es católico y piensa que hemos.... o sea, que te he dejado embarazada sin casarnos, a lo peor nos echa a patadas".


Pedrita y Martina:

Pedrita no  duda en encarar la situación, más adelante,   luego de asimilar la idea del matrimonio de su novio con la anciana,   compra polvorones para la merienda y una botella de vino quinado y se lanza a hablar con la mismísima Martina -quien  pretende tranquilizarla con la promesa del apto a su muerte-  a la puerta de la Iglesia y le larga así,  sin anestesia:

"(...) Bueno, pues  resulta que nos hemos enterado  de que si se muere  usted mañana (....) bueno, quien dice mañana dice el año que viene, pero sea cuando sea, el caso  es que usted se muere, lo que Dios no quiera, y el piso se lo queda el casero y nosotros seguimos sin poder casarnos" (P192)

Ante el poderío y determinación de Pedrita que no para de hablar, la pequeña e indefensa  viejecita cae palmada derrumbándose "como si acabaran de deshuesarla",   cuando esta  le dice que Rodolfo se quiere casar con ella"  (P193). Martina llama a Rodolfo "sátiro". "¡Tengo que echar a ese sátiro!" Y Rodolfo,  que a escucha, se hace el  ofendido "(....) me largo" (P194).




Pedrita y Dimas: 

Dimas  se refiere a ella como "la burra".   Ambos compiten por la mitad del apto y se odian.  Es Dimas  que teniendo un papel firmado por Rodolfo  comprometiéndose a sub-alquilarle la mitad del apto.  se siente muy seguro y apoya a Rodolfo en la idea del casamiento  convenciendo  a la anciana (que además consulta con su finado marido en foto que, generosamente,  le da su aprobación).

Pedrita, tan cerca de la meta a estas alturas,   arremete contra  Dimas al que enfrenta, desafía  y finalmente logra echar del apartamento, previa deglución del famoso papel firmado por  Rodolfo. (P 245).

 Martina y Rodolfo:

¿Y  qué hay de la Relación marido-materno filial  de Rodolfo con la anciana  Martina? Previo al casorio,  Rodolfo está lleno de dudas: "me largo y me ahorro un mes de pensión" (Ya que lo llamó sátiro)  (P194)   "¿Para que me voy a casar ahora que Pedrita me ha dejado? (Cuando ella se enteró de que Rodolfo quería casarse con Martina) (P 165)  ¿Y si me caso y no se muere nunca [Martina] (P166)  ¿Y si me caso y luego llega a centenaria? (P187).  
                             
Ya casados, la  anciana  reverdece y disfruta de sus últimos días,  mima a Rodolfo  alimentándolo y llamándolo a diario al trabajo, ha logrado darle un nuevo sentido a su vida, una razón por la que vivir.  El, como buen gigoló o "chulo",  sale con ella (a regañadientes)  a  uno u otro restaurante o cafetería;   además de que le ha prometido cuidar del   gato tal como la anciana se imagina y desea desde el principio:

-"No se preocupe   [le había asegurado Martina a Rodolfo] que no voy a prohijar a ese perdulario [de Dilmas]. El piso será  para Ud, para que se case con su novia y me cuiden a Teo [el gato] cuando yo falte" (P. 140).

"No me movía ningún torpe interés ¡imagínese a mis años!,  sino el deseo de proporcionarles a ustedes un hogar para que el día  de mañana  formen una familia cristiana" (P209)   Esto le cuenta Martina a Pedrita que le dijo al cura, el  Padre Gamellas,  para que este los casara.  Y la anciana se va a mostrar generosa con la parejita de eternos tortolitos, pues a Rodolfo y a Pedrita,   entre sus  últimos estertores les dice dónde esconde sus tan preciados dinerillos.

Para finalizar:

Comencé este aporte diciendo en la primera parte  que el humor de Rafael Azcona tiene puntos en común con el humor judío  y lo sostengo.  Saber reírse de si mismos y de la amarga  situación en la que viven, sobretodo en momentos de persecución y miseria,   es característico de los judíos y desde siempre indiscutible puntal de la capacidad de resiliencia   de este pueblo. 

A la luz del abordaje cómico  en El pisito, se alumbra lo feo de la situación vital en la que están inmersos estos personajes, los personajes de Azcona, a la vez que se pone distancia emocional, lo que permite bordar una  crítica -disimulada-  que invita a la reflexión,  desacralizando los valores impuestos por el régimen dictatorial nacional-católico franquista, produciendo a la vez, una ganancia de placer al permitirse jugar con los pensamientos y los juicios.   Poder hacerlo, forma parte del arte del buen vivir y sobretodo, de la salud  -a pesar  de las condiciones adversas-  y tiene un efecto transformador con una semilla de esperanza implícita: la de que las cosas cambien.

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   © Myriam Goldenberg




Tuesday, July 3, 2018

Detrás de la fachada del chiste, el sufrimento latente en "El Pisito" Rafael Azcona (Es, 1926-2008) Edición de Juan Ríos Carratalá, Ed. Cátedra, 2016. Primera parte


Detrás de la fachada del chiste, el sufrimiento latente:

Como dirían Theodor Reik en "Psicoanálisis del Humor" (1940) o Sigmund Freud  en "El chiste y su relación con el inconsciente" (1905).  

Como se  suele hacer en el humor judío, en esta obra "El pisito" de Rafael Azcona, el Pathos, en el sentido original griego de sufrimiento, se invierte aquí y encuentra una mueca de burla o rebeldía. A través del acertado uso del humor, Azcona nos pinta caricaturizada -en un punto, sin perder el contacto con la realidad-  la realidad de un Madrid de los años  50 bajo el Régimen dictatorial de Francisco Franco, la pobreza, y la censura impuesta. Un Madrid hacinado, apático, conformista, indolente, lleno de buenos para nada, aprovechados, manipuladores,  y faltos de energía vital innovadora y creativa -porque el régimen  franquista la bloquea- que  se buscan la vida como pueden trapicheando  o armando   estrafalarias patrañas con pingues beneficios.

Detrás de la fachada del chiste, el sufrimiento latente. Y la crítica social.  Al subvertir los valores impuestos por la dictadura franquista, entonces,  Rafael Azcona apunta a   disparar un pensamiento democrático, crítico,  que puentea o elude la censura e invita a una reflexión seria, por ejemplo,  sobre la pobreza y el hacinamiento en las viviendas -en este caso,  de Madrid-  que se alquilaban y sub-alquilaban. Lo vemos no  solo en la  que comparten  Rodolfo y el callista Dimas,  quienes  subarrendaban a la anciana inquilina Martina,  también   en la casa de Rosa,  la hermana de Pedrita, y su marido Paco, el guardia:

"Paco y y sus hijos varones se repartían en las literas de una de las dos habitaciones realquiladas, y Rosa y Pedrita con las cuatro niñas en las de la otra; para hacer uso del matrimonio (....) el municipal y su mujer se encerraban en el baño a altas horas de la madrugada, únicas en las que cabía la esperanza de encontrarlo desocupado",  ( P. 153).

 Caracteres de  algunos personajes:

En una lectura desde este presente y desde la perspectiva  de género, según  el epíteto  que Dimas  Girondo y el mismo Rodolfo Gómez  le daban  en  muchas ocasiones a lo largo de la novela a Pedrita  de "la burra";  Pedrita, la resolutiva novia de Fofó (el fofo de Rodolfo, el escribiente o contable, que era bien fofo, insulso y acomodaticio)  no era tan burra como ellos la pintaban, (puesto que aunque tarde consigue lo que quiere);  ni la anciana era tan anciana, en el sentido de decrépita (puesto que al tener un marido-hijo que  dota su vida de sentido, reverdece y disfruta de su última estación, por breve que esta fuera). Pero el callista Dimas,  a quien "los problemas morales se los  pasaba por la horcajadura" (P168 ) era,  es y sigue siendo un crápula (y así le va, ya que por lana va y sale trasquilado al ser  justamente "la burra" la que le planta cara y una vez conquistado el feudo, lo expulsa bien expulsado y sin retorno).

Sobre Dimas, el pedicuro, la anciana  Martina se queja a su  sub-inquilino predilecto,  Rodolfo Gómez:
"-Sabe Ud. que la otra tarde aprovechó que yo estaba en la Novena para meter en casa a una golfa?"   (...) 
"(...) ¿sabe lo que me ha propuesto?" - No.  -"quiere que lo adopte" - ¿A quién? - A él. Así, cuando me muera, lo que el Señor no quiera, hereda el piso y ya no se lo puedo dejar a Ud" ( P. 140)


Rodolfo y Dimas conviven y compiten;  quieren ambos quedarse con el apartamento a la muerte de Martina para lo que el calculador de Dimas, además de jugársela por la espalda como hemos visto en el fragmento anterior,   inventaba planes y aconsejaba a Roberto   -que "lo escuchaba como quien oye llover" (P137). Es el propio Dimas quien convence, finalmente,   a Doña Martina de casarse con Rodolfo y a este le instruye -suponemos- como apersonarse ante la vieja  "con el felino en brazos con la expresión de un San Antonio acunando al niño Jesús" (P198)


Rodolfo filosofa en el retrete "(...) esto de nacer pobre es una cosa que se paga toda la vida, pero por  la menos cago a diario con toda felicidad" (P142)  Tampoco es que se esfuerce un ápice por cambiar de vida, de trabajo por lo menos, siguiendo en el mismo  decrépito  lugar que ha  pasado de las ridículas "higalmendras" a las  palomitas de maíz en su variante anglosajona de "pop corrrrrn" (que gran guiño el de Azcona). 

El fofo de Fofó-Rodolfo es  aconsejado por su colega contable en el Trabajo y por pu patético jefe Don Manuel  (de Higalmendra, su gran empresa "innovadora" en la que trata de vender  sin éxito la "bazofia alimentaria" (P143) de higos rellenos con almendras y  que está a punto de la quiebra):  "Escúcheme bien Gómez, (...) Usted se casa con la inquilina y cuando la buena mujer deje este mundo usted se alza con el santo y la limosna (...)" (P147)

De Rodolfo,  Dimas piensa que es un cobarde: "A ti un día te va a descolgar el escroto hasta el suelo y vas a ir arrastrando las pelotas por la calle, de cojonazo que eres. (...)" (P138). La secretaria de la empresa lo cree un "lavativa" (P144)  y Pedrita lo llama "calzonazos""si no fueras un calzonazos ya hubieras echado a Dimas para meterme a mi en su habitación" (P220) y su propio cuñado  piensa que es "un galápagos" que cualquier día  deja plantada a su hermana ( P175)

Y es cierto como lo perciben los demás,  porque Rodolfo sabe poner cara de imbécil para que Pedrita tome la iniciativa,   que la toma "tan decida como siempre" (P157) como cuando ambos van a hablar con el  casero de apto. Pero como el casero no se ablanda y como Martina, según él le paga una minucia de alquiler, a él le conviene que  la vieja se muera  y le deje libre el piso para alquilar  a otros con un nuevo contrato. Vamos, cero empatía por parte del casero, ya que business first y él, desde luego responde a pie juntillas a la ética del régimen.


Al final Rodolfo  que se había comenzado a envalentonar defendiendo a la novia, explota soltándole al casero, en un arranque típico de una persona que hasta ahora se ha mostrado sin carácter: "Porque yo me caso con la vieja, la vieja se muere, yo heredo el gato y el piso, y Ud. ni siquiera me puede subir el alquiler, gilipollas" (P 163)  a lo que Pedrita tiene, lo sabremos después, "una reacción demencial "cuando lo oye decir tal barbaridad. (P 164). Y antes de reconciliarse con ella,  el cobarde de Rodolfo, sale a enfrentarse con su novia,  "sintiendo que le fallaban los esfínteres" (P243)


Sigue mañana donde veremos algunas de las relaciones entre estos personajes


Para una introducción a la obra de Rafael Azcona,  aquí,  Abejita nos da una muy buena.
 

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   © Myriam Goldenberg