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Monday, June 29, 2020

Ana Comneno (1083- ¿1153?) Princesa bizantina, académica, médica, directora de hospital, filósofa e historiadora.



Ana Comneno nació en el Gran Palacio de Constantinopla  como   la hija primogénita  del Emperador Alejo I Comneno y de su mujer Irene Ducas, recibió una esmerada educación que la convirtió en erudita en literatura bizantina, historia, geografía, mitología, e incluso filosofía. Se casó en 1097 con Nicéforo Brienio, hijo de un antiguo pretendiente al trono imperial. Intrigó junto con su madre, Irene Ducas, para conseguir que el emperador Alejo I nombrara sucesor a su marido en lugar de su hermano Juan. Al acceder al trono su hermano Juan II Comneno, Ana y su madre se retiraron a un monasterio. Allí, Ana escribió La Alexiada, historia en griego del reinado de su padre, Alejo I, en quince libros. La obra, que fue terminada en 1148, relata la carrera política de su padre desde 1069 hasta su muerte en 1118. Es la continuación de la historia que su marido, Nicéforo Brienio, había comenzado a escribir, y se había interrumpido a su muerte, en 1137. 

La Familia y sus primeros años

Ana nació en la cámara de pórfido del palacio imperial de Constantinopla, la “cámara de la púrpura”, color que sólo los emperadores bizantinos podían utilizar; por lo tanto se la podía denominar ‘porfirogénita’. Era la mayor de siete hijos. 

Aunque se la formó cuidadosamente en historia, matemáticas, ciencias y filosofía griega, sus padres le prohibieron el estudio de poesía antigua -en la que se glorificaba a dioses lujuriosos y mujeres no castas- ya que encontraban que su estudio era inapropiado e incluso peligroso para una mujer joven de su clase. A pesar de los intentos realizados por sus padres para impedírselo, Ana estudió furtivamente la poesía antigua con uno de los eunucos imperiales. Así, Ana recibió una educación extraordinaria que hizo de ella una de las mujeres mejor educadas de su época.

Ana demostró ser capaz no solo a nivel intelectual sino también en asuntos prácticos. Su padre la puso a cargo de un gran hospital y orfanato que él construyó para que ella administrara en Constantinopla. Se dijo que el hospital tenía camas para 10,000 pacientes y huérfanos. Ana enseñó medicina en el hospital, así como en otros hospitales y orfanatos. Fue considerada una experta en gota. Anna trató a su padre durante su enfermedad final.



 Esponsales y boda

Tal y como era habitual en la nobleza en el Medievo, Ana fue prometida en la infancia, debería casarse con Constantino Ducas, el hijo del emperador Miguel VII y María de Alania. Dado que en el momento del compromiso el emperador Alejo I Comneno no tenía hijos varones que pudieran heredar el trono, el joven Constantino fue proclamado coemperador del Imperio bizantino. Sin embargo en 1087 nació Juan II, con lo que Constantino perdió el derecho al trono. Murió al poco tiempo y Ana en breve fue prometida a su futuro esposo. 

En 1097 con 14 años Ana se casó con un brillante joven noble, el césar Nicéforo Brienio. Nicéforo era el hijo de una familia aristocrática que había competido con Alejo I por la  ascensión al trono. Nicéforo era también un reconocido hombre de estado, general e historiador. Ana indica que su matrimonio fue más una unión política que una cuestión de amor. Sin embargo en su mayor parte probó ser una unión provechosa durante 40 años y de la que nacieron cuatro niños: Alejo Comneno, Juan Ducas, Irene Ducaina y María Briennio Comneno.

Reivindicación del trono

Desde su infancia Ana supuso que algún día heredaría el trono, un sueño del que despertaría con el nacimiento de su hermano. Pese a todo, las ansias de poder de Ana no le dejaron aceptar el ascenso al trono por parte de su hermano. Ana consideró que ella y su marido deberían asumir el título de emperadores. Así la pareja conspiró junto con su madre Irene Ducas para desheredar a su hermano y dar la corona al marido de Ana. En aquellos momentos su padre Alejo I era débil y estaba enfermo. Sin embargo su conspiración no tuvo éxito y en 1118 Juan II ascendió al trono.  En su obra en ningún momento habla de este intento de tomar el poder del Imperio y poco o nada  nombra a su hermano al que debía, con seguridad, odiar.

Los intentos de Ana por usurpar la corona imperial persistieron y en 1118 nuevamente tramó deponer a su hermano y poner en su lugar a su esposo Nicéforo. Sin embargo, nuevamente el plan no tuvo éxito, debido a que Nicéforo en el último momento se negó a colaborar. Enfadada y decepcionada por la debilidad de su marido, Ana dijo que “la Naturaleza se ha equivocado en los sexos, ya que él debería haber sido una mujer”. El complot se descubrió y Ana tuvo que renunciar a sus propiedades y a su estatus familiar y así mismo, obligada a exiliarse al monasterio de Kecharitomenene (Lleno de Gracia), que su madre había fundado. La madre y su hermana Eudoxia fueron con ella. Irónicamente, Nicéforo permaneció en el palacio real y se convirtió en uno de los más fieles consejeros del emperador  Juan II, muriendo en el año 1137. 



Historiadora

En el recogimiento del monasterio, Ana se dedicó al estudio de la filosofía y la historia. Atendió reuniones intelectuales, incluyendo algunas dedicadas al estudio de Aristóteles. El genio intelectual y su hambre de saber es evidente en sus trabajos. Entre otras cosas, estaba versada en filosofía, gramática, teología, astronomía y medicina. Algo que se infiere del estudio de su obra más celebrada La Alexiada, en la que cita pasajes de Homero o de la Biblia, pese a cometer pequeños errores en dichas citas. Sus contemporáneos, tales como el obispo metropolitano de Éfeso, Jorge Torniques, considera a Ana como una persona que ha alcanzado “las más altas cimas de la sabiduría, tanto laicas como divinas”. 

Como historiador, Nicéforo Briennio había escrito un ensayo denominado “Material para la historia”, centrado en el reinado de Alejo I. Murió en 1137  antes de acabar su trabajo. A la edad de 55, Ana se impuso acabar el trabajo de su marido, denominándolo La Alexiada, la historia de la vida de su padre y su reinado (1081–1118). La Alexiada es hoy la fuente principal de la historia y política bizantina de finales del siglo XI y principios del XII. 




En La Alexiada, Ana da una visión de las relaciones políticas entre Alejo I y los occidentales. Describe vívidamente el armamento, las tácticas y las batallas. Debe tenerse en cuenta que ella escribe sobre sucesos que tuvieron lugar cuando era una niña, y que no podía recordar como testigo. Su neutralidad queda comprometida ya que escribe con el fin de loar a su padre y denigrar a su sucesor  (su hermano Juan II). A pesar de su parcialidad, su descripción de la Primera Cruzada es de gran valor para la historia ya que es la única descripción que se tiene realizada desde el punto de vista griego bizantino, puesto que ella  recoge el punto de vista de figuras clave de la élite griega. Su marido Nicéforo Briennio había luchado en el conflicto que surgió con el jefe cruzado Godofredo de Bouillón a las afueras de Constantinopla en Martes Santo de 1097. Su tío Jorge Paleólogo estaba presente en Pelkano en junio de 1097 cuando Alejo I discutió la futura estrategia de los cruzados.  Además de  permitir  observar la cruzada desde una perspectiva bizantina, La Alexiada transmite efectivamente la alarma que se sintió con la llegada de las fuerzas europeas a través del imperio Bizantino, y los peligros en que pusieron la seguridad de Constantinopla

Recordemos aquí que los bizantinos se creían herederos de Roma y por lo tanto se llamaban a sí mismos romanos, llamando a los demás pueblos bárbaros. 

Digno de mencionar es el retrato que hace Ana Comneno del cruzado Bohemundo de Tarento, normando del sur de Italia, quien bajo la jefatura de su padre Roberto Guiscardo, había invadido parte del territorio bizantino en los Balcanes en 1081. Aunque lo considera un bárbaro y hace de él “el malo” en su obra, por la enemistad con su padre así como su conquista de Antioquía, antigua ciudad bizantina, hay más de una insinuación de estar encaprichada con él. Ana Comneno ha identificado por primera vez en La Alexiada, los valacos de los Balcanes con los dacios y los búlgaros con los tracios.  El libro igualmente contribuye a comprender la mentalidad femenina de la época así, como del mundo bizantino en el que se desarrolla su historia. 

El estilo literario de Ana Comneno sigue el de Tucídides, Polibio o Jenofonte. Consecuentemente, al mostrar el aticismo que imperaba en la literatura de aquel período, resulta de todo ello un lenguaje bastante artificial. En su mayor parte, la cronología de los eventos es correcta, excepto en aquellos que transcurren cuando Ana ya está en el monasterio, cuando ya no tiene acceso a los archivos imperiales. Sin embargo, su historia alcanza los patrones de la época. 

La fecha exacta de la muerte de Ana no se sabe. Se infiere de La Alexiada que vivía aún en 1148. Sin embargo La Alexiada muestra perfectamente el torbellino emocional de Ana. Indica que apenas nadie podía verla y que muchos la odiaban. Del mismo modo, odiaba su posición aislada en la sociedad a la que se había visto abocada por el exilio.


 La Alexiada  por Ana Comneno, trad al español por  Emilio Díaz Rolando


Quien sabe que clase de monarca hubiera sido de haber podido llevar  Ana Comneno la corona,  aun habiendo estado en la cabeza del marido, que intuyo le hubiera dejado el mando a ella.   Entiendo su amargura,  fue la primogénita pero su hermano, que nació segundo, se llevó la corona sólo por ser  varón, no importa cuán preparada estuviera ella.  (Al parecer Juan fue un buen  emperador que aseguró los territorios del Imperio y protegió sus fronteras).


Las fuentes están enlazadas en el texto.




Tuesday, July 31, 2018

Teodora (815- desp. de 867), viuda del Emperador bizantino Teófilo, Emperatriz regente y defensora de la iconodulia



En la entrada de ayer, prometí hablar hoy de esta reina,  que desde que quedó viuda del Emperador Teófilo, de la dinastía bizantina frigia, sirvió como reina regente por su hijo Michael. Ella anuló la política eclesiástica iconoclasta de Teófilo y convocó un concilio bajo el patriarcado Metodio, hermano de Cirilo, en el que la veneración, pero no el culto, de íconos (imágenes de Jesucristo y los santos) fue finalmente restaurada y el clero iconoclasta depuesto. De acuerdo a los historiadores, Teodora  llevó adelante el gobierno con una mano firme y juiciosa;  reabasteció el tesoro y disuadió a los búlgaros de un intento de invasión. Sin embargo, fue durante su regencia que comenzó una persecución vigorosa de la herejía de la secta cristiana de los paulicianos. Para perpetuar su poder, descuidó deliberadamente la educación de su hijo y, por lo tanto, debe responsabilizarse del carácter voluptuoso que desarrolló bajo la influencia de su tío Bardas, que era hermano de Teodora y como ella, también de herencia mamikoniana (armenia) .


 
Icono de pintor anónimo que muestra a Teodora arriba a la izquierda
 en el Triunfo de la  Ortodoxia (e iconodulia).  Se encuentra en el Museo Británico.

Teodora intentó en vano combatir la autoridad de Bardas  (su hermano,  quien le tenía mucha envidia y estaba ávido de poder)  en 855 fue desplazada de su regencia  por él y posteriormente condenada  por intrigas en contra de su hermano y  encerrada en el  monasterio de Gastria en 857.  

Tanto Bardas como Michael (hijo de Teodora y Teófilo)  eventualmente serían asesinados por Basilio I, quien usurparía el trono y establecería la dinastía bizantina  macedónica. 

Teodora encontró  la muerte  en algún momento después del asesinato de su hijo en 867, habiendo sido testigo del fin de la dinastía que había trabajado arduamente para preservar. Fue canonizada en recompensa por su celo en nombre de la restauración de íconos como objetos de veneración.  Su fiesta  se celebra el 11 de febrero.



                                                     Mapa de Asia menor bizantina c.a 842 a la muerte de Teófilo 
                                                      que muestra la frontera con el Califato  Abásida (750-1258)








Fuentes enlazadas en el texto
Más bibliografía aquí:


Monday, September 18, 2017

La ruta de la seda (2) Los caravanserais, dos ejemplos: uno en Turquía y otro en Irán




TURQUIA:

Caravanserai turco   Sultanhani entre AksarayKonya. Entrada principal
 construida en 1229 durante en reino de Kaikubad I 



 imagen (c) Medievalislamicgeography.com

Los Caravanserais -literal: Palacios para Caravanas-  eran hosterías a lo largo de la ruta de la seda, colocados cada 30 o 40 km (que es la distancia que un camello puede andar en un día.  Se han venido utilizando desde el Siglo X. El comercio a través de Turquía en tiempos  del Imperio medieval Selyúcida  dependía, como sabemos,  de caravanas de  camellos. Al principio los selyúcidas construyeron fortalezas llamadas Ribat o Rábidas que posteriormente se ampliaron y transformaron en Caravanserai.


Especialmente durante los tiempos de sultanes selyúcidas Kilicarslan II y Alaaddin Keykubat la construcción de estos edificios aumentó después de que la seguridad de las carreteras comerciales fuera proporcionada por el Estado. La pérdida de  las mercancías sería compensada  por  las provincias o estados  del Imperio,  lo que significa que  este sería el  primer  sistema de seguro de viaje. Durante ese período, el comercio  nacional y extranjero prosperó. De esta manera, los selyúcidas, que ya eran económicamente poderosos, también se volvieron políticamente fuertes.



En los  caravanserais, comerciantes extranjeros y nativos, se  hospedaban   por tres días; se reparaban los zapatos  o los pobres tendrían zapatos nuevos;  se trataba a los enfermos. También los animales eran atendidos, camellos y caballos y  de ser necesario se colocaban  herraduras nuevas a los caballos.

                                                                                          interior de Sultanhani


Los patios están normalmente rodeados de dormitorios, depósitos y baños. Los "Mangals" (braseros) o "tandirs" (hornos en el suelo) se utilizaban para calentar los ambientes  mientras  era iluminados con  velas y  lámparas de aceite. 


Mesquita tipo kiosko (pequeña) en el centro del patio
con la que se cubrían las necesidades espirituales de los viajeros musulmanes.

Detalle ornamental en una pared de la mesquita tipo kiosko

Plano  corriente de un caravanserai


Todos los servicios eran proporcionados por las personas que trabajan en los caravanserais:  Por ejemplo,  un médico, un imán (líder de oración), un oficial de depósito, un veterinario, un  mensajero, un herrero,  un  cocinero, un encargado de los establos. Hasta había cobradores de impuestos de ruta, etc, etc. 

Y algo muy importante: se realizaban operaciones comerciales en esos días y se compartía información al cruzarse gente de distintos lugares. En ese sentido, eran como convenciones internacionales.


IRAN:

Caravanserai irani Sad al Saltaneh en Qasvin,

(importante ciudad desde c:a 1550 
del Imerio Safávida)
Este caravaserai fue construido  c:a 1790 durante 
la dinastía  Kayar



















Aquí, la lista de los Caravanserai construidos en Turquía durante el Imperio Selyúcida



 Más sobre Caravanserais en Cappadocia, Turquía

 Imágenes no asignadas tomadas de la red


Thursday, August 31, 2017

De pájaros (y 5) ¡¡¡Upps... se me coló otro jueves en Agosto y con él, unas aves más!!!

Fragmento probablemente colocado originalmente en un cuadrante simétrico  mirando a otro.   Dat. 200-300 CE.
  Procedencia desconocida por lo que no sabemos si estaba en un piso de un recinto sagrado o secular. 


Se han encontrado motivos de pavos reales en tumbas judías y cristiano- primitivas  en las catacumbas de Roma, en sarcófagos y en piso de mosaico en todo en todo el Imperio Bizantino y en el Norte de África. 

Para los antiguos griegos y romanos se asociaban los pavos reales a la diosa Hera (Juno).  En la iconografía de las apoteosis reales, la Reina al morir cabalgaba  en un pavo real. El Rey, en cambio, lo hacía en un águila, ya que estas se asociaban con Zéus (Júpiter).


Fragmento de piso  de mosaico  dat. 350-650 CE probl. de algún lugar del Mediterráneo  Oriental. Parral con racimos de uvas y un loro


Fragmento de piso de mosaico  dat 350-650 probal. Méd. Oriental.
Perro   con grullas, árbol y flores









Mosaico con aediculum
Méditerráneo Oriental, 500-600 EC



 Todos los mosaicos de esta entrada pertenecen a la Exposición permanente
 en el Museo de la Biblia, Jerusalén.



¡¡No hay caso, los jueves de Agosto de este año, pajareros me salieron!!







Thursday, August 10, 2017

De pájaros (2) Mosaicos bizantinos excavados en Israel Siglo VI

"El mosaico de los pájaros" Beit Govrin, Israel,   Bizantino, Siglo VI
(Foto Mía)






















Fotografías hasta aquí:  Menos la primera que es mía, todas las demás fotos son tomadas de la red. Los pájaros son de Beit Govrin, Lod, Cesárea, Naharía y  Taghba  (Israel) 




Música con grabaciones de cantos de pájaros 
 realizadas por el  conservationista y ornitólogo brasileño
 Johan Dalgas Frisch y orquesta.. 



A continuación  agrego las fotografías que tomé  hace dos años y que en su momento  había publicado unicamente en FB:



Fragmentos de pisos de mosaicos- Periodo Bizantino (324-638 EC) Museo Arqueológico Hecht, Haifa, Israel. Fragments of mosaic pavement, Byzantine Period (324-638 CE) exhibited in The Archaeological Museum Hecht, Haifa, Israel.



















Sunday, April 30, 2017

Hacerse a la mar - 5, o los amores de Belisario y Antonina, o los de Teodora y Justiniano, Siglo VI, o la envidia de mi hermano Procopius (3)


Querido lector, puede que te preguntes a que vienen estas crónicas que con tanto trabajo y placer te relato (1). Y me lo he preguntado  a mi misma una y mil veces,  llegando a la conclusión de que los motivos son varios. El primero, entretenerte con hechos que pasaron pero que mi envidioso hermano Procopio te relata desde su perspectiva.... ¿cómo definirla? pues, ya me entiendes.... porque a mi siempre me quedó claro que odiaba a muchos, pero sobretodo a las mujeres.  El segundo motivo que me impulsa a escribir es practicar el sagrado arte de la escritura que con tanto esmero aprendí y aprendo de mis maestros.  Y el último, el último es quizás el más bizantino -como dirías tú que me lees desde el futuro- y parte de mi convicción de que no importa la época en que vivamos, el ser humano  complica hasta lo más sencillo, ya verán los siglos venideros que el hombre que tan superior se cree a los animales de cuatro patas, es cuando poco, botarate. Verán los siglos venideros también que las sociedades se transforman, nosotros la creamos, nosotros las transformamos; ni nacen ni colapsan por generación espontánea, y digo visionariamente que  en ese proceso  cuenta la acción de cada individuo que suma al todo porque... dime tú ¿de qué se compone el todo sino es de la suma de las partes?;   pero a lo que iba:  a relatarte desde mi óptica los amores de Justiniano y Teodora y de cómo gobernaban su imperio. 



Mi hermano describe al Emperador Justiniano y a su mujer como demonios (2), ¡vaya que es exagerado!. Una de las historias   que escribió -con acierto- trata del codicioso de Zenón, nieto del que fuera Emperador romano de Occidente -Antemio-  nombrado  gobernador de Egipto por Justiniano y ordenado a  partir de inmediato a su destino. Zenón, empero flaco caso hizo al Emperador  demorando  su salida para poder   cargar   su nave con muchas riquezas en oro, plata y piedras preciosas.  Este par de demonios (como mi hermano llamaba a Justiniano y a Teodora)  no demoraron  en percatarse del suceso, así que ni cortos ni perezosos, sobornaron  a los marinos de Zenón, hicieron descargar todo y prender fuego a la  nave. Zenón fue informado luego de que perdió la nave en el incendio y el impacto de la noticia con seguridad le provocó  un ataque al corazón porque murió súbitamente poco después.  ¡Ah, la codicia humana! Los emperadores sin perder tiempo heredaron  sus propiedades, porque  eran muy hábiles  en heredar a sus súbditos, evitando  así que las riquezas se esfumaran en manos que no eran las suyas que la invertían en construcciones magníficas que hacían resplandecer  el Imperio.  Otros historiadores, como Evragio, el escolástico, recalcan que Justiniano se esforzó en achicar la corrupción,  en compilar y  codificar las constituciones imperiales y demás leyes desde la época  del Emperador Adriano suyo es el Código  que lleva su nombre y que es una parte de la obra Corpus Iuris Civilis (CIC) por su gracia  compilada . Para esta compilación y ordenamiento Jurídico del CIC,  designó  a una comisión de juristas dirigida por  Triboniano -y de aquí creo que podría emanar la inquina que Procopio le tenía, porque él, siendo jurista, no figuraba en esa lista-.  Eran como diez letrados, crema y nata de la profesión, que también  escribieron un manual" Instituciones" para la enseñanza del Derecho. Y esto, queridos lectores, será valioso, muy valioso para las generaciones futuras, estoy completamente segura.

Hiperactivo,   simpático,  de buen carácter, Justiniano muy rara vez se enfurecía, dormía muy pocas horas y comía muy frugalmente, tenía grandes planes para engrandecer el Imperio y su peor error -terrible error- fue el de  querer recuperar los territorios perdidos de la parte occidental del Imperio como continuador del Imperio Romano que  se veía a sí mismo. El consideraba  que su sacrosanta misión era la de restituirle su grandeza de otrora, lo que condujo a guerras sin fin que mermaron y empobrecieron a la población que además fue castigada con cargas impositivas para recolectar fondos para la construcción de todas las obras arquitectónicas de que dotó al Imperio. Era físicamente parecido al Emperador Domiciano y amaba profundamente a Teodora de la que se enamoró antes aún de ser Emperador y ella,  una costurera recién llegada a Constantinopla.


Teodora era una  mujer brillante, inteligente, ambiciosa, decidida, luchadora, divertida como ninguna,  hábil diplomática;  una   mujer que se hizo a sí misma, emergiendo  desde la baja estofa  hasta la cabeza del Imperio co-reinando con su marido. Hay distintas versiones sobre su lugar de nacimiento: Unos dicen que en Daman, Siria (y que era hija de un sacerdote monofisita llamado Mijaél), otros que nació en Pafelagonia  (actual Turquía) y otros en Chipre, pero  los más,   coinciden en que era hija de Acacius que era guardián de las bestias de la facción verde (3)  del  Hipódromo de Constantinopla durante el reinado del Emperador  Anastasio I.  Cuando aquel enfermó y murió dejó a su mujer viuda con tres hijas Comito, Teodora y Anastasia. La viuda se volvió a casar, pero Asterius, el Jefe de los Verdes,  negó al nuevo marido la posibilidad de heredar el trabajo de Acacius, lo que dificultó la supervivencia de esta familia que pasó verdaderas penurias, razón por la cual  la madre mandó a sus hijas a suplicar trabajo a la facción azul (3) que conmovidos, contrataron al marido como guardián de sus animales.  Teodora jamás lo olvidaría, desde ese momento odió a los  verdes y fue azul hasta la médula.  

Comito, la hija mayor,  se convirtió en hetaira y Teodora comenzó de pequeña como comediante y  era extremadamente graciosa, pero fue sometida a maltrato y abusos.  Los hombres tomaban a las comediantes como prostitutas sin serlo y las violaban; era la norma. En busca de un mejor futuro, Teodora siguió a Hecébulo, un tirano  que la llevó a Pentápolis, donde era Gobernador. El la maltrataba, por lo  ella logró escapar de sus garras, llegando primero a Alejandría y luego a Constantinopla, en donde se puso a trabajar como costurera. Fue ejerciendo esa tarea que Justiniano un día la conoció  y desde ese  mero momento quedó perdidamente enamorado de  la moza.  En esa época reinaba  su tío,  el Emperador Justino,  y Justiniano sabía que no podría casarse con la plebeya que tanto amaba por lo que la ascendió a rango patricio para poder hacerlo, pero  como  su tía Eufemia (que había cambiado su nombre extranjero Lupicina porque en Roma sonaba muy mal al asociarse con lupina o prostituta)  se negara a aceptar que Justiniano desposara a Teodora, se casaron recién en 525 EC,  después de que Eufemia muriera.   

Cuando Justiniano y Teodora accedieron al trono en 527,  ninguno de  los dos olvidó quienes eran  sus amigos y quienes sus enemigos. Y estos pagarían.  La venganza sería dulce como la miel y siempre servida en plato frio. Los amigos, en cambio fueron reconocidos y  recibieron beneficios. Los primeros años del reinado fueron muy difíciles y durante las revueltas de Nika, Teodora salvó el trono imperial  rogando a Justiniano que se quedara en Constantinopla (en lugar de huir como él planeaba) y que sofocara, como hizo finalmente, la rebelión. A tal efecto ella argumentó que prefería morir con el sudario púrpura que huir cobardemente.

Teodora era  muy amiga de  Antonina -mujer de Belisario (cuya historia relaté aquí),  uno de los mejores y más leales  generales de Justiniano- y Antonina tenía influencia sobre Teodora, que gobernaba junto con su marido con el que en todo estaban de acuerdo menos en un tema: ella defendía a los  monofisitas y  él a los cristianos calcedónicos.

Teodora jamás olvidó sus orígenes y ayudó a mujeres en problemas para las cuales creó un centro de asistencia y algo que es digno de elogio: impulsó legislación que mejoraba la situación de las mujeres del Imperio: ella logró que  se introdujeran  en el Código Civil leyes en contra de la prostitución y tráfico de mujeres, leyes que otorgaban mayores beneficios a las mujeres que se divorciaban, etc, etc. Después de su muerte, ninguna otra ley en pro de las mujeres fue introducida en el Corpus Iuris Civilis. 

Cuando Justiniano quedó viudo de la mujer que tanto había amado y a quien sobrevivió 17 años, deprimido, perdió interés por todo. Es cierto que Justiniano cometió abusos de los cuales él era absolutamente responsable, no lo voy a negar,  pero mi hermano deja una muy mala imagen del Emperador como intolerante, sin tener en cuenta que él reaccionaba a la tendencia general de la época  en cuanto a intolerancia de paganos y herejes y que si de intolerantes se trataba la cosa, lo fueron mucho más los emperadores anteriores.

Es cierto que Justiniano tomó medidas represivas, por ejemplo, durante las revueltas de Nika que mencioné antes,  pero no fueron excepcionales: de los cientos de senadores que había y de los muchos  que participaron en ella, sólo confiscó las propiedades de  18 de ellos.  Limitar el poder de la aristocracia y la  necesidad de legitimar su reinado,  atrajo sin duda el rechazo de los escritores defensores de la élite, como mi hermano lo era, para que engañarnos.

  Aspar y su hijo, plato de plata de 434 EC

Tomad nota, queridos lectores míos,  aquí os traigo un ejemplo:  El Emperador Anastasio   (que reinó  491-518) también tuvo que lidiar con un imperio en crisis  y llegó hasta  a vender las magistraturas de los que se oponían a su gobierno,  como nos lo recuerda Juan de Antoquia, y por su insaciable  deseo de recaudar fondos, vaciaba a las provincias de las unidades militares y las intimidaba de las peores maneras para que le pagaran tributos.

También en temas religiosos y doctrinales, la posición de Justiniano no era muy  diferente a la de Anastasio quien  depuso y exilió a dos Patriarcas de  Constantinopla  o la del Emperador Leo I que  atacó a los arrianos en la figura de la familia y  del propio general  Flavio Ardabur Aspar (400-471)  a quien hizo matar.  Aspar había sido un patricio de familia alana y goda y profesaba el arrianismo, religión que Leo persiguió encarnizadamente.  La familia de Aspar había sido muy influyente durante los  reinados de Teodosio II, Marciano y del sanguinario Leo I,  apodado Makeles, que significa matarife justamente porque hizo matar al aristócrata Aspar, que además  había sido quien lo colocó en el poder.

Justiniano, recordemos, nunca se enojaba y   fue capaz de mostrar clemencia contra conspiradores como Artabanes, algo que hasta mi hermano recoge  en uno de sus escritos sobre las guerras de Justiniano y esta actitud se contrapone con la furia habitual  de Anastasio contra sus ministros que por más importantes que  fueran,  presas de un miedo profundo, se postraban a sus pies. Y no olvidemos que Justiniano hacía la vista gorda a la protección que su mujer dispensaba a los monofisitas.

Por eso, si vamos a considerar que en el reinado de Justiniano se tendía hacia la intolerancia religiosa, seamos justos en las apreciaciones poniéndolo en contexto.  En  nuestro Siglo VI los emperadores no podían dejar a la deriva las cuestiones de unidad del Imperio y las cuestiones relacionadas con la fe que consideraban  el elemento aglutinante y salvífico.  La  Iglesia Cristiana  se estaba apenas definiendo tal, como los  sucesivos concilios lo atestiguan,  y seguir el credo correcto llevaba implícita, además,  la salvación de las almas (4).





Notas:

(1) Por si aún no lo sabes, relata Procopina de Cesarea: personaje ficticio  creado por  la editora de este blog, Myriam Goldenberg, como contrapunto a Procopio de Cesarea.

(2)  Procopius Of Cesarea, Secret History (La Anécdota)

(3) Las facciones azules, verdes y dos más  (los blancos y los naranjas) eran agrupaciones políticas que se enfrentaban en los juegos del  Hipódromo.

(4) Aún faltarían unos cuantos años -un par de centurias quizás- para que la Iglesia se expandiera considerablemente, capturara el poder político, acumulara cuantiosas riquezas y estableciera las instituciones legales que aseguraran ese poder contra viento y marea y todo aquel que significara un peligro.



Este relato se basa (además de en el texto de Procopio) en  el análisis de Geatrex Geoffrey  Perceptions of Procopius in recent Scholarship 2014,  Histos 8,  pgs 76-121, ISSN 2046-5963