Sunday, June 19, 2016

De viudeces y amores 2 - O monólogo de Aspasia mientras se cepilla el cabello frente al espejo al regreso del entierro de su amado Pericles


(Año 429 a EC interior, noche)

Ha caído la noche y mi amado Pericles ya no está aquí conmigo para darme un beso a la mañana  y otro al atardecer,  cosa nada común para los ciudadanos ilustres de Atenas, pero él me amaba sincera y apasionadamente y no desperdiciaba ocasión de hacérmelo saber. También  buscaba en mi refugio de las intrigas políticas y de los continuos ataques de sus oponentes,  consuelo en el dolor, compañía  en su soledad y  a menudo, solicitaba y escuchaba mi  opinión  en los diversos  asuntos que tanto lo preocupaban.  El quería hacer grande a Atenas (me consta que se esmeró como pocos) y yo era su más fiel colaboradora y grandísima admiradora, además de adorar sus penetrantes ojos negros. Y ahora me ha dejado sola a merced de los lobos, a  mi que de mi Mileto  natal en Caria, Asia menor, vine a Atenas traída por un pariente, en circunstancias que prefiero no recordar,  cuando era aún niña  inocente ignorando entonces que aquí la mujer es relegada de cualquier actividad política, artística e  intelectual. ¡Sí, tal como lo oyes, espejo!  Las ciudadanas de Atenas, sólo pueden quedar en casa y criar hijos. Hubo momentos en los que sentí que me asfixiaba... leyendo y estudiando siempre a escondidas, pero ya ves, aquí sigo,  ¡Aspasia es un hueso duro de roer....!   Muchos ciudadanos me llaman hetaira y otros, directamente,  prostituta,  porque no pueden tolerar que una mujer estudie y debata con hombres temas de artes, filosofía y política, o lo que es para algunos  de ellos todavía peor: les enseñe (como a Jenofonte y a su mujer).... por suerte y a mucho honor soy meteca y eso aquí me permite poder ser independiente y no, no tomo clientes para venderles sexo, que quede claro, ¡enseño retórica! y al igual que Protágoras, cobro por ello, pues nada malo hay  en hacerlo  si ahí se encuentra mi sustento y mi independencia;  soy reconocida en los círculos más importantes, Sócrates y yo que somos muy buenos amigos,  lo éramos desde niños ¡ah, esa bella edad de la inocencia y despreocupación!; ya de  mayores ambos solíamos reunirnos en los simposios que organizaba en mi casa a los que también asistían la crema y nata masculina de la sociedad ateniense y alguna que otra mujer inteligente para que no me sintiera  como una mosca en la leche. Y sí, soy, he sido, la concubina de Pericles, desde que se divorció de su mujer ateniense hace dieciséis años para vivir conmigo,  nuestra unión fue basada en la atracción sexual,  en el amor genuino, la colaboración mutua  y el respeto;  ambos nos complementamos y logramos sacar en el otro lo que este tiene mejor de si, juntos nos potenciamos  y somos invencibles, ¿somos?...¡eramos!, no me acostumbro, Pericles amado, a que hayas partido hace poco al reino de Hades a encontrarte con la diosa Demeter, ¡víctima de la horrible  plaga te me fuiste! ¿por qué te llevaron de mi lado?.... ¡te sigo amando y te sigo extrañando! no, no me acostumbro a que ya no estés conmigo.... Reconozco que esta unión me ha situado en un lugar prominente en una Ciudad que niega todo lugar -fuera del hogar, por supuesto- a la mujer. No sé como seguir adelante hoy,  a mi regreso de las pompas fúnebres, no se como  aliviaré mi dolor, siento como el miedo atenaza mi alma y se cierne sobre  mi futuro cercano como una sombra siniestra, mas he de jurarme no sucumbir y menos,  mostrar dolor  frente a mis enemigos,   ¡Lo juro! por ningún motivo  he de mostrar debilidad, ¡Lo Juro, espejo,  frente a ti! por el bien mio y por el de nuestro hijo Periclito,  como le llamo, o Pericles Junior, como le dirán en el futuro según me  vaticinó  una amiga que es vidente, (aunque poco creo en videncias... o en dioses,  de ahí que no suela invocar a Hécate tan popular entre griegos y carios).  Creo, sí,  en Sofía,  la sabiduría que anida en mi interior  y en mi razonamiento,  fruto de pensamientos y argumentaciones sopesadas y ellos  me indican  que debo  tomar medidas de inmediato. Se que los ciudadanos de Atenas y sus hijos, y los que vengan después, en especial comediantes  (como ese Aristofanes ¡que gordo me cae! ¿Para qué negarlo?, ¡a ti espejo, no puedo mentirte!) harían mofa de ello y darían carne a mis enemigos  que más que humanos, parecen buitres esperando a devorarme.   Y sé que otros  más sabios  reconocerán mi lugar, este que me he ganado a pulmón y en buena lid. Puedo apostar casi con seguridad a que personas como Esquines  Socrático  reconocerán y recordarán mi  sapiencia y lo mucho que me gusta enseñar retórica o debatir con hombres cultos y poderosos. Incluso oponentes de Pericles con gran corazón,  como el historiador Tucídides,  me recordarán con honestidad. Y sino, al tiempo. 




¡OH, amado Pericles!  te siento aquí conmigo ahora, que estoy frente al espejo cepillando mi larga cabellera y meditando. ¿Te acuerdas lo poco que te gustaba mirarte al espejo porque tu cabeza alargada hacia arriba, no respondía a los cánones de belleza helenos?  Aún recuerdo tu altercado con Fidias cuando le exigiste que esculpiera tu cabeza con el casco de guerrero: ¡Con el casco!, le dijiste, ¡siempre con el casco!.   Ahora que te evoco, viene a mi memoria tu gran discurso oficial fúnebre  por los soldados atenienses que murieron en una de las primeras batallas de la Guerra del Peloponeso"Cuando se trata de resolver conflictos privados, todos son iguales ante la ley; cuando  se trata de poner a una persona antes de otra en posiciones de responsabilidad pública lo que cuenta -dijiste- no es la pertenencia a una clase en particular, sino su capacidad real, la capacidad que  tiene el hombre de  realizar la tarea", ¡y cuánto discutimos cuando armamos el discurso juntos!  sí, sí, me acuerdo, fue cuando  te pregunté  porque demonios  una mujer ateniense no podía  valer tanto como un hombre en esos temas.  ¡Ay! ese discurso, tú discurso, nuestro discurso, ¡me parece estar oyendo tu oratoria vibrante, decidida y a la vez cálida!. ¡Cómo ensalzaste entonces los valores de nuestra ciudad y diste las razones de por qué los jóvenes  habían muerto: lo habían hecho, recalcaste,  defendiendo esos valores!, los valores de nuestra ciudad abierta el mundo, abierta y parangón; preferiste concentrar en ella, en el puerto y en la flota tus esfuerzos, dejando desprotegido el campo, lo rural ¿pero que podías hacer? Era una cosa o la otra....no había recursos para ambas defensas, había que elegir y tú lo hiciste. Luego te recordé, la importancia que tiene la belleza en nuestras vidas, que ella nos mejora en lugar de hacernos débiles y tú  me contestaste:  ¡mi belleza eres tú, mi Aspasia amada! Y  agregaste luego  lo de la pobreza, dijiste, recuerdo con prístina claridad: "nadie tiene porqué avergonzarse de haber nacido pobre, vergüenza sí debiera tener aquel que   nada hace para salir de ella".  ¡Qué maravilloso discurso, mi amado Pericles! Como te ovacionaron todos, desde el más anciano hasta el más niño.  Hasta a  tu contrincante Tucídides, le cayó un lagrimón y parco como siempre me susurró al oído cuando lo miré: "es una basura en el ojo" y agregó tratando de disimular la emoción: "cala hondo este discurso Pericliano,  lo recordaremos por muchos años". La oratoria era tu fuerte, la retórica el mío, ¡que dúo potente conformábamos! ¡juntos, lo repito, éramos invencibles! Una cosa, una única cosa te reprocho y lo hago porque me duele enormemente: tu empecinamiento  en no querer -o no poder- cambiar  la Ley de la Ciudadanía que promulgaste justo antes de conocerme y que tanto perjudica a nuestro bien amado hijo. Exigiste que  ciudadano ateniense sería  sólo aquel hijo de ambos padres atenenienses. Antes, bastaba que uno sólo de los padres lo fuera, incluso los hijos bastardos podían serlo....

(Suspirando) Mañana hablaré con Sócrates, mi fiel y profundo amigo,  aciaga es esta hora y  más que nunca  necesito de  su apoyo y su cariño.  Hoy, más lustre no le puedo sacar a mi cabello y tú, espejo, si te agobio más, vas a quebrarte.

(Baja el telón,  se oyen los sollozos de Aspasia)



Esta  imágen es de una  pintura de Hector Leroux (1682-1740), que retrata a Pericles y Aspasia admirando la gigantesca estatua de Atenea en el estudio de Fidias.






Imágenes de la Red.




12 comments:

Cayetano Gea said...

Un tiempo interesante aquel. Y Pericles, un personaje singular y fascinante que dio lugar a la denominación de un siglo floreciente en todos los aspectos. Retratas muy bien su semblanza a través del testimonio de una mujer que lo conoció bien.
Un abrazo, Myriam.

María Luz Evangelio said...

Desconocía la existencia de Aspasia, y he tenido que leer un enlace bastante largo sobre esta señora. Tebía una gran inteligencia y tuvo una vida llena de altibajos. Gracias por la entrada, si no es por ti, no me hubiese preocupado de conocer a la compañera de Pericles.

Javier Rodríguez Albuquerque said...

Casualmente tengo previsto pasar 15 días en Grecia, estas vacaciones.
Una entrada muy motivadora. :-)
Besos.

Manuel López Paz said...

Momento duro el que vive Aspasia...Como el que nos toca vivir a todos...Recordar a quien no está, no para olvidarle, sino para hacerle inmortal...

Besote guapa

Tracy said...

Una entrada muy pero que muy interesante.
Besitos.

Genín said...

:) Muy interesante si...
Besos y salud

Bertha said...

Si en verdad era una heterea, en aquella época, eran mujeres muy bien prepararas y ademas tenían independencia económica y pagaban impuestos, su condición de extranjera posiblemente tuvo esa ventaja ya que la mujer de la antigua Grecia no gozaba de esas ventajas.

Hace mucho tiempo que vi una obra escrita por Plutón basada en estos dos personajes :"Menexeno" y mientras leía esta entrada se me estaban representando parte de ella.

Una mujer pese a quien pese, aunque muchos historiadores dicen que todo su biografía esta basada en hipótesis pero sea así una mujer transgresora en un mundo machista.

Un abrazo feliz semana Myr.

Abejita de la Vega said...

No sabemos mucho pero tuvo que ser un tiempo muy especial el de la Atenas de Pericles. Nunca había pensado en su mujer, la imaginaba recluida en el gineceo, hilando y esperando.
Le has dado vida maravillosamente. Hetaira, qué lenguas de víbora.
Besos Myriam.

Ele Bergón said...

Desde que "conocí" a Aspasia siempre me fascinó,con toda su sabiduría y en aquella época.¿Sabes que en Velilla de San Antonio tenemos un pequeño parquecito que está dedicado a ella? Te diré más: Todos los parques de Velilla están dedicados a las mujeres, la mayoría olvidadas por la historia . Hubo una alcaldesa María Dolores Agudo Masa, que se ocupó de que esto fuera así, pocos y pocas reconocen hoy su labor-¡Qué te voy a decir! es una mujer. Hice una entrada en mi blog con estas mujeres desconocidas, para que mis alumnos y alumnas se ocuparon de estos parques y buscaran a las mujeres que llevan su nombre.

Me alegra que vayas poniendo de vez en cuando a las mujeres tan importante como Aspasia y más si has encontrado sus escritos. Muchos hombres que escriben historia, se han olvidado por completo de ellas y somos nosotras las que tendremos que sacarlas a la luz.

Besos

La entradas o entradas que ahora no recuerdo, se llaman " Las mujeres de los parques de Velilla" te lo digo por si te quieres pasar.

Kety said...


Interesante.
Besos

Bertha said...

...hetera

Pedro Ojeda Escudero said...

Siempre está el ángulo de que aquel tiempo se basó en la esclavitud de otros. Como ahora, sin ir más lejos. Doble llanto el del cepillado...
Besos.