Convocatoria de Campirela desde su blog
Más relatos aquí
Imagen tomada de la red
Aunque mi nombre completo es Filiberto Ignacio Rodriguez Gómez, desde chico me llamaban "Sherlock" -así quedé para la posteridad- por mi andar a la Holmes y la lupa en ristre con la que investigaba hasta los más mínimos detalles de la naturaleza. Y ya de grande, era obvia la profesión por la que me decantaría. Hice toda mi carrera en la policía metropolitana y llegué a inspector, hasta que un buen un día me harté del mal genio del Comisionado de Policía y decidí plantar bandera, dar media vuelta, y que lo mio era la independencia laboral que me daría paz espiritual y buenaventura, así que con un "Hasta aquí llegamos, jefe", me retiré de la Fuerza.
De esto han pasado 20 años y sigo más feliz que unas castañuelas, sobretodo porque me asocié con Enriqueta Watson Manzanares, que además de excelsa detective es mi mujer en la vida privada, así que manejamos nuestra oficina como una empresa familiar, ya que tenemos dos holmitos y tres watsonitas, que aunque jóvenes aún, apuntan maneras y siendo progenie de padres como nosotros, no podrían caer fuera del tiesto, o lejos del árbol, como quien dice.
Todavía recuerdo nuestro primer caso juntos, dio para alquilar balcones y por mucho tiempo seguimos riéndonos a calzón quitado cada vez que rememorábamos los pormenores del mismo.
Nuestro cliente era un violinista retirado que se nos apareció una tarde de primavera con un peluquín mal colocado en la cabeza, camisa blanca y corbatín de moño, y chaqueta y pantalones a cuadros negros y blancos, así como un tablero de ajedrez, pero de pié. Enriqueta, muy seria, lo recibió. Yo los observaba de lejos desde mi escritorio por entre una pila de papeles que estaba clasificando pudiendo oír con nitidez la conversación entre ambos.
- Giuseppe Solis, para servirle, a Ud y a la Patria, bella dama. Dijo haciendo una reverencia.
- Mejor diga Ud, caballero, ¿Cómo podríamos ayudarlo?. Enriqueta Watson, encantada. Bienvenido y tome asiento.
-¿Por dónde empiezo?
- Por el principio ¿no le parece?
- Bue...-carraspeando con nerviosismo- no... Bueno, verá Ud. hmmmm, necesitaría que siguieran a una persona y me informaran todo lo que hace, a quien ve o no ve, a donde trabaja, si va al cine, a la plaza, o a hacer compras; en fin, todo lo que se entiende por vida, obra y milagros.
- Comprendido. ¿Qué datos puede brindarnos de esa persona? ¿Algún hilo del que tirar, empezando por el nombre y la última dirección?
La seguimos alternándonos durante dos semanas, lo recuerdo como si fuera hoy, ¡madre del amor hermoso!, ¡qué mujer más activa!: era contrabandista de día, peluquera de tarde, y de noche puta muy bien pagada. Estaba escribiendo en limpio mi informe cuando Don Giussepe apareció muy excitado.
- ¿Ya tienen lo que le pedí? Es muy santa la Sra ¿verdad? Va a misa de 7 todos los domingos y teje crochet preciosos, los he visto. ¡Será una magnífica madre para mis futuros hijos!. Me siento emocionado, sé que Ud. confirmará que esta dama es lo suficientemente digna y recatada como para casarme con ella ¿Verdad? ¿Ya puedo ir pidiéndole matrimonio, cierto? ¡¿Cierto?! ¡Ah! y ya me darán uds. razón de sus gustos así puedo hacerla feliz con una que otra sorprecita.
- ¡Hecho!, si se calla, respira hondo y me deja, se lo explico, se lo explicamos. De a poco fuimos introduciéndolo en la materia relevada, con mucha delicadeza respondimos una a una sus preguntas, y para cuando llegué al tema de como y con quien pasaba las noches la señora, gimoteando, Don Giussepe se había desinflado como un globo y, deslizándose gelatinosamente de la silla; quedó tendido en el suelo sin posibilidad de reanimación alguna, más mustio y tieso que una hoja de parra en baño turco un día de pleno verano. De nada valieron los esfuerzos de Enriqueta por revivirlo.
645 palabras