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Wednesday, January 18, 2012

Polonio, el mayordomo en la Sonata de Primavera de Valle-Inclán

Uno de los personajes de los que más interesantes me resultan  en esta Sonata, es el de Polonio. Un mayordomo bien mayordomo, como en los cuentos de misterio conocidos, quizás como uno de los monjes de Umerto Eco en el Nombre de la Rosa. Polonio, brazo ejecutor de  las maldades de la Princesa Gaetani, maldades que, existiendo en el corazón de estas personas,   han sido activadas -como sabemos- por la actitud desvergonzada, sádica e irrespetuosa del Marqués -en la Primavera de su vida- de acosar sexualmente  a María Rosario, joven de veinte años, que está apunto de ingresar  a la vida religiosa de un Convento.

Presentación del Mayordomo a través de las palabras del Marqués: El Marqués de Bradomín se encuentra por primera vez con el mayordomo Polonio cuando sale del recinto  en donde estaba el féretro del cuñado muerto de la Princesa Gaetani en su Palacio: "Halléme con un viejo y ceremonioso mayordomo que me esperaba en la puerta""Excelencia, mi Señora la Princesa me envía para que os muestre las habitaciones" (Cap 5). El mayordomo se muestra contrariado luego, al escuchar de labios del Marqués,  su negativa a quedarse en el Palacio de la Princesa. Pero cuando el Marqués dice preferir el Palacio, con sus cinco doncellas encantadas a los graves teólogos del Colegio Clementino en donde hasta ahora  se hospedaba, el mayordomo lo mira con  asombro, vacila, muestra deseos de hablarle, luego se calla y termina indicándole el camino "acompañando la acción tan solo con una sonrisa" (Cap 5). Aquí en Mayordomo muestra  respeto y servilismo hacia el Marqués.

El Marqués nos describe al mayordomo: "Era un viejo rasurado, vestido con largo levitón eclesiástico que casi le rozaba los zapatos ornados con hebillas de plata" "andaba en la punta de los pies, sin hacer ruido, y a cada momento se volvía para hablarme en voz baja y llena de misterio[...]". (Cap. 5)

EL mayordomo pide  su parecer  al Marqués, porque según parece, María Rosario se ha quejado de su comportamiento: "Excelencia, perdonad que os moleste, pero decid si estáis quejoso de mí. ¿He cometido con vos alguna falta, acaso algún olvido...?"  y luego se lamenta "Pero ella, ella que jamás ha reñido con nadie, venir a reñir con este pobre viejo... ¡Y qué injustamente, qué injustamente!"[...]  y nos cuenta el Marqués que Polonio comenzó entonces el largo relato de las virtudes que adornaban el alma de aquella doncella hija de príncipes, "Y era el relato del viejo mayordomo ingenuo y sencillo, como los que pueblan la leyenda Dorada" (Cap. 9) Aquí muestra aún más servilismo, "adoración" por sus amos  y preocupación por la opinión que el Marqués se hace de él,

La obra escultórica del mayordomo: Más adelante la "escuálida figura" del Sr Polonio, se apersona ante la princesa Gaetani a quien  anuncia "ya he dado el último perfil al paso de las Caídas..." Cap 14, (su escultura para la posesión de Semana Santa), una obra costeada y patrocinada por la Princesa Gaetani, pero que el mayordomo creía  -por lo que el Sacristán  de las Madres Carmelitas le había dicho- que esta obra no saldría a la procesión por el luto del Palacio.

Al final del Cap 14 el Marqués se burla de las dotes artísticas del mayordomo que se ufana entre modestia y orgullo: "¿Pero de que época sois, Señor Polonio?" (Preg. el Marqués) "Vos tenéis razón, Excelencia.... hablando con verdad, no puedo decir que éste sea mi siglo......" "Vos pertenecéis a la antigüedad más clásica y más remota. ¿Y Cuál arte cultiváis, Señor Polonio?" (Preg. El Marqués),  a lo cual  el Señor Polonio repuso con suma modestia: "Todas excelencia".  El Marqués de burla: "¡Sois un nieto de Miguel Angel!" y el mayordomo le responde: "EL cultivarlas todas no quiere decir que sea maestro en ellas, Excelencia". Finalmente la Princesa insta a al Marqués a ver su última obra: "EL paso de las Caídas"  ¡Una Maravilla!". Al oír estas palabras de boca de la Princesa, el mayordomo "llora enternecido". El mayordomo aquí se defiende de los ataques de burla del Marqués, pero le responde con respeto y se enternece por el precio que su ama, la Princesa, le muestra.

El mayordomo muestra al Marqués su obra al tiempo en que le da las explicaciones pertinentes:
"Conviene saber que el  Nazareno y el Cirineo son los mismos que había antiguamente. De mi mano son unicamente los judíos. Los hice de cartón.[...]   Ya en la sala, los ojos del Marqués quedaron extasiados al ver en medio de la sala unas andas con Jesús Nazareno, entre cuatro judíos torvos y barbudos.  Luego el Marqués se hace eco del mito de los judíos como deicidas según se enseñaba en la religión católica antes del Concilio Vaticano II: "EL Señor Polonio daba vueltas en torno de las andas, y con los nudillos golpeaba suavemente las fieras cabezas de los cuatro deicidas" : ¡De Cartón! una idea que le vino al Mayordomo Polonio, como las caretas que hacía para Carnavales de cartón. (Cap 15) El mayordomo muestra orgullo y cariño por su creación y eso se nota en las detalladas y solícitas  explicaciones  de su obra,  que con suma paciencia   da al Marqués.

La disolución de la obra escultórica de  Polonio: En esta parte de la obra, Valle-Inclán hace gala de  una gran ironía y burla  en hacer  que  justo el día de la procesión se largara una lluvia torrencial que disuelve a estos "cuatro judíos fieros y torvos", vestidos de rojo. La Procesión llegaba "pero los cuatro judíos habían depuesto su fiereza bajo la lluvia. Sus cabezas de cartón se despintaban. Ablandábanse los cuerpos, y flaqueaban las piernas como si fuesen a hincarse de rodillas. Parecían arrepentidos". Y todavía es más chistoso aun, cuando "las dos hermanas de los rancios vestidos de gro viendo en ello un milagro, repetían" "¡Edificante, Antonia!" "¡Edificante, Lorencina!"  (Cap. 23). (Debo confesar que largué una carcajada ya me imaginaba yo, lectora, la cara de espanto del mayordomo viendo a su bien-amada creación derritiéndose y esas dos viejecitas agregando ese cierre tan cómico).

El mayordomo  Polonio tiene  una explicación muy peculiar para  tal hecho: acusa  al Marqués y le dice: "Conozco vuestro pensamiento! No basta a vuestra venganza el maleficio con que habéis deshecho aquellos judíos obra de mis manos y con ese anillo queréis embrujarme" Y nos cuenta el Marqués  "Huyó de mi presencia haciendo la señal de la cruz como si hubiese sido del Diablo"(Cap 24)

El Mal, presente en las almas de la Princesa y del mayordomo -brazo ejecutor de las órdenes de la Princesa-  se desata en Palacio por la traición del Marqués que lo activa:

EL mayordomo apuñala al Marqués: "Un aliento jadeante rozó mi cuello, y la punta de un puñal desgarró mi hombro. Me volví con fiera presteza, Un hombre corría a ocultarse en el jardín. Le reconocí con asombro, casi con miedo al cruzar un claro iluminado por la luna" (Cap. 17)
  
Mirada saeta, oblicua del mayordomo al Marqués: "Yo le adivinaba asaetándome con los ojos" "El mayordomo me dirigió una mirada oblicua [...]." Una mirada claramente evocadora de la traición, como lo aclara El Marqués en la continuación de la  frase: "en la que me recordó al viejo Bandelone, que hacía los papeles de traidor en la companía de Ludovico Straza" (Cap. 18)

Robo del anillo del Marqués por Polonio:  que lo lleva  a una bruja para que le haga un maleficio al Marqués del cual éste es advertido por un Capuchino y por María Rosario. También  esculpe una figura de cera representando al Marqués, que entrega a la bruja. (Cap. 22).

No hay límite para lo que el mayordomo puede llegar a hacer  para salvar a la Princesa, su ama, de las afrentas del Marqués. Hasta  lo denuncia luego al Santo Oficio.

A lo largo de esta Sonata vemos como el personaje del mayordomo va evolucionando de un ser servil y respetuoso, misterioso y solícito en una persona capaz de clavar un puñal, hacer un muñeco  del Marqués para ejecutar en el un maleficio, pedir  una brujería a una hechicera y hasta  plantar una denuncia en el Tribunal del Santo Oficio.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.  © Myriam Goldenberg


EL próximo miércoles dirigiré mi atención al estudio de las luces y sombras en esta Sonata.

Nota: Como sabemos, Las Sonatas no están divididas por capítulos numerados, sino por entregas s/n según se fueron publicando en los periódicos de la época, como las páginas varían según la edición, numeré las entregas como si fueran capítulos para que quien desee pueda encontrar más rápidamente las citas de este texto.

Thursday, January 12, 2012

La mujer veneno o el mito de la Vagina Dentata




Este afiche lo fotografié en  Madrid la última vez que  visité España y me sorprendió que los ojos de esta mujer tropical, estuvieran tapados con ese cartel y que alguien le hubiera dibujado un par de colmillos. Reviendo las fotos de ese viaje  ésta  -así alterada-  me recuerda  el Mito panamericano de la Vagina Dentata. Un mito que aún pervive y que ha sido ampliamente transmitido -aunque en formas degradadas- en la cultura popular actual.

Este mito -cuenta el etnólogo Felix Baez de la Univ. Veracruzana de México- le fue relatado en 1973 por un anciano curandero de los Zoques de Chiapas. En él,  el héroe cultural y patrón del pueblo de Chapultenango, espiaba a una  atractiva doncella  de nombre  Piowacwe que se bañaba en la laguna. Pronto advirtió Tumsawi -el héroe- escamas en el cuerpo de la mujer que de joven se  iba transformando  en anciana, en el tránsito del día a la noche, momento en que ya era vieja "y tenía dientes en su cosa de mujer".  A pesar del enamoramiento del héroe, el temor a ser castrado por los dientes  le inhibió el apetito sexual motivando el enojo de Piowacwe herida en su vanidad femenina por lo que iracunda, provocó temblores e inundaciones y  se transformó finalmente,  en la mujer-vulcana Chichonal, en cuyo volcán tenía su casa. Cuándo este volcán erupcionó en 1982  probablemente a causa de las detonaciones  que las Petroleras venían haciendo en la región en la década de los 70 -causando enormes pérdidas en los poblados aledaños-  este mito sería reinterpretado como la violenta respuesta de la mujer-vulcana a  estas exploraciones petroleras. 

Este mito tiene una segunda parte: según las Culturas del Amazonas o del Chaco, los demiurgos Salih o Dakota vencen a las seductoras mujeres de la Vagina Dentata con lo cual instauran el principio de reproducción humana. Interesante ¿no?.

A pesar  de lo podamos llegar a creer, el mito de la Vagina Dentata,  nada tiene que ver con "la Angustia de Castración" freudiana. De hecho Freud -como tan claro lo resume Wikipedia- nunca mencionó esta expresión en ninguno sus trabajos y va en contra de sus propios pensamientos sobre la castración. Para Freud, la vagina significaba miedo a la castración porque el niño joven supone que la mujer empezó teniendo un  pene que ahora está atrofiado. La vagina, era entonces el resultado de la castración, no la causa.

 Aunque este mito de la Vagina Dentata  circulaba por la toponimia mexicana -ya sea real o imaginaria  en la que el Marqués de Bradomín  se movía-  este prototipo de mujer peligrosa poco tiene que ver  con la exhuberante Niña Chole de la Sonata de Estío de Ramón de Valle-Inclán o quizás, sí   hallemos algún resquicio de ella en  el sadismo que muestra la Niña en  la escena de los tiburones que se engullen al colosal negro que mata a uno.  Si así fuera,  podríamos considerar también al Marqués como al héroe mítico que vence este miedo a la castración: Un reto -sin duda alguna-  a la altura de un gran Don Juan.

Como sabemos, la creación de cinco tipos de mujer: la maligna, la misteriosa, la dominante, la hipersexual y la independiente, es tópico modernista. Sin embargo, la existencia de este mito y variantes  en las Culturas Panamericanas muestra sin duda que "la mujer veneno" - y "fíjate con quien te metes", fue anterior, lo fue modernista y lo es actualmente también, nada más recordar la película: Atracción Fatal, para nombrar solo un ejemplo de los muchos que existen.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia. © Myriam Goldenberg 



Nota: para ver un dibujo de la Mama Huaca, de la Cultura Chavín de Huantar ( 1200 aJC- 200 aJC), Perú  pulsar aquí  o el trabajo investigativo "Develando el origen de la Mama Huaca"  de Juan Martinez Borrero pulsar aquí.

Wednesday, January 11, 2012

El flan de la vida en Primavera: observando los temblores en la Sonata de Primavera de Valle-Inclán

 En la magnífica prosa poética de la Sonata de Primavera de  Valle-Inclán,  tiembla la Naturaleza que recién se despierta de un largo y frío invierno y lo hace en todas sus formas:

Aquí tiembla la Naturaleza propiamente dicha:

"[...] y los  rayos de sol que pasaban por entre el follaje, temblaban en ellas [las cinco hermanas] como místicos haces encendidos" (Cap 6)
 
"En el azul profundo temblaban las estrellas [...]" (Cap 13) 


Tiembla también la joven María Rosario, que evita con todas sus fuerzas despertar su sexualidad y consagrarse a la vida religiosa en un Convento y lo hace más cuando está cerca del Marqués:


"En su mejilla temblaba la sombra de las pestañas y yo sentía que en el fondo de mi alma, aquel rostro pálido temblaba con el encanto misterioso y poético que tiembla en el fondo de un lago el rostro de la luna" (Cap 7)


"y su boca [la de María Rosario] intensamente pálida, que parecía entreavierta por el anhelo de un suspiro temblaba" (Cap 12)

"Yo veía que toda su figura temblaba [la de María Rosario]" (Cap 20)

 "Procuraba mostrarse serena, pero yo veía temblar sus manos sobre los floreros [ las de María Rosario]" (Cap 25)


"Pobre niña, vuestro corazón tiembla por mi [dice el Marqués] (Cap 27)
 

Hasta que María Rosario logra controlarse:

"María Rosario había dejado de temblar" (Cap 27)


La oraciones también tiemblan:

"EL temblor de un rezo pasó por las lenguas barbas [del Prior y de los graves teólogos] que salían del misterio de las capuchas [...]"  (Cap. 10)

La vejez tiembla:

"[...]la vieja salmodiando bendiciones, temblona sobre su báculo" (Cap 11)


Los objetos inanimados de la casa también tiemblan:

"En los cristales de una ventana temblaba el reflejo de la Luna  [...]" (Cap 13)

"De tiempo en tiempo la cortina temblaba [....]"  (Cap 17)


Los hombres tiemblan:
Aquí tiembla el criado-soldado Musarelo al ver a su Capitán, el  Marqués,  herido:

"[...] yo sentí que sus manos temblaban [las de Musarelo]" (Cap 17)


Aquí tiembla el Marqués:

 "Aún recuerdo que mi corazón tembló, como el corazón de un niño, cuando volví a verme frente a la Princesa Gaetani" (Cap 17)

"Mi orgullo levantábase en ráfagas, pero sobre los labios temblorosos estaba la sonrisa" (Cap. 18)

"Y mi voz helada por un temblor nervioso, tenía cierta amabilidad felina que puso miedo en el corazón de la Princesa" (Cap 18)


Hasta tiembla la imagen del Marqués:

"Yo me incliné sobre la fuente, y como hablase con la imagen que temblaba en el cristal del agua, murmuré: [...] (Cap 20)


Y -como la guinda del pastel- no podía dejar de temblar tampoco  la furibunda Princesa Gaetani:

"La Princesa no esperaba tanta osadía y tembló" (Cap 18)

como tampoco podían  dejar de hacerlo las palabras en labios de la bruja:

"Yo  [El Marqués] veía temblar sobre sus labios palabras que no podían orírse" (Cap. 21)

ni siquiera el pérfido Mayordomo Polonio se salvó de temblar en la Sonata:

"Inclinó la cabeza y lo recibió temblando"  [al anillo del Marqués que antes había dado a la bruja] (Cap 24)


Como podemos observar, el temblor es un recurso permanente en esta Sonata, porque nos lleva a un despertar de  la Naturaleza luego del largo y gélido Invierno - tal como sucede en la Primavera- en todas sus formas: amimadas (las personas), inanimadas (la fuente, la luna, las cortinas etc), jóvenes (María Rosario), viejas (la anciana de la Iglesia), malas (La Princesa Gaetani, la bruja, el mayordomo Polonio, el Marqués), buenas (Los rezos, María Rosario) tanto en hombres (Musarelo, el Marqués) como en mujeres (P. Gaetani, María Rosario); tanto en pasión contenida (María Rosario) como en la desfachatez (del Marqués) como en la rabia  (de la Princesa Gaetani) o el temor (de Polonio).

Sobre  el personaje tan especial del  mayordomo Polonio -brazo ejecutor de las maldades de la Princesa Gaetani-  hablaré el próximo miércoles.

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.  © Myriam Goldenberg

Wednesday, December 21, 2011

Sonata de Estío (4) Conclusiones


 Sonata de Estío (3)

Hoy  responderé a las preguntas:  1- ¿Guarda -desde el punto de vista de la Psicología- coherencia interna el personaje del Marqués? 2- ¿Se salva la Niña Chole con esta relación?

2- Empezaré por la Niña Chole:   Como sabemos, por su belleza exótica y crueldad,  la Niña Chole atrae y cautiva al Marqués quien olvida por ella sus males de amores previos y acepta el reto en  un  afán de conquista donjuanesco. La Niña Chole se hace desear por éste, provoca sus celos,  tiene una apasionada relación sexual con el Marqués  en un lugar sagrado que no duda en profanar y mide el grado de compromiso de Bradomín. ¿Será capaz él de jugarse por ella?, se pregunta. Incluso se sincera  con el Marqués y  le confiesa lo que  él llama "su pecado".  Ella quiere librarse de su padre que la domina en una relación forzada incestuosa desde que tenía 12 años, cosa que intentó en el pasado aunque con malos resultados: ese amante fue  asesinado por el padre. Bradomín es ahora su mejor opción.  Ella desea y confía que  la salve y en él pone su esperanza. 

La descripción que hace Valle de la Niña Chole  se contrapone marcadamente a la que Chateaubriand hace de Atalá y Valle quiere que lo tengamos en cuenta, puesto que explícitamente lo menciona: "más bella que Atalá" Cap 7. Para los que no conocen el relato: Atalá es la princesa indígena hija de una india cristiana -y de padre adoptivo, un cacique y de padre biológico, un europeo cristiano-  en cuyo lecho de muerte le hace jurar a la hija que se entregará a la Virgen pura y casta. Atalá, enamorada de Chactas a quien salva de morir en manos de los guerreros de una tribu enemiga,   para no violar el juramento hecho a la madre, termina suicidándose. El viejo Chachtas, de la tribu de los Natchez del Mississipi,  de joven perdidamente enamorado de Atalá, cuenta esta historia de amor trágico a René, el  europeo, nacido en 1725.

La  Niña Chole muy por el contrario, es  sensual, bella, lujuriosa, irreverente, cruel y vive a pleno su sexualidad con  su amante y presunto salvador. En el Marqués cifra sus esperanzas de salir de la relación de incesto forzada con el padre y de él por eso se enamora. Recordemos que La Niña vivió desde siempre en un clima de violencia, miedo y sumisión. El Marqués era para ella un Don Juan atractivo y como español, un exótico conquistador que se presenta  en su vida como su salvador, pero que por sus limitaciones funciona como un anti-héroe  que no  es  capaz de liberarla  cuando el padre la encuentra y  la secuestra. Sin embargo, por un hecho fortuito, este padre  malvado es asesinado y el Marqués y ella terminan reuniéndose  y viven juntos hasta que, no sabemos como ni cuando, el Marqués continúa su camino por otros derroteros que lo llevan de regreso a Europa.

Si  se tratara de un caso real, esta relación con el Marqués serviría de tiempo de reparación de la heridas de la Niña Chole, cuya integridad como persona había sido ultrajada y su autoestima, indudablemente baja. Acostumbrada  además  a la violencia que el padre ejercía sobre ella; la relación con  el Marqués  era en comparación, una verdadera panacea. Ese amor que viven, le devuelve la fe en sí misma y le abre las puertas a otras realidades de las vividas intramuros. Le enseña que el amor por parte de un extraño, aunque limitado,  es posible. Una relación que aporta apertura a la exogamia y a otras realidades amorosas, salva. La salva de sus propios demonios y de su autodestrucción o de   seguir matando a colosales negros en bocas de tiburones, por un fenómeno de sustitución. Incluso, en el futuro, podría ser capaz de tener una relación  de mejor calidad con  otro hombre, porque con ésta, habría ascendido en el camino de su autoconocimiento, valorándose también, como ser humano.

1- Con respecto al Marqués, éste guarda coherencia interna. Ya conocemos desde la Sonata de Otoño sus debilidades. Valle no esconde las debilidades de su personaje, por eso, lo muestra humano. Por eso, como he dicho antes, no lo podemos odiar. Por eso, a pesar de todo, las mujeres lo aman y por eso, no es capaz de rescatar a la Niña Chole de manos de su padre, tanto como no es capaz  de decirle a la prima Isabel  ni a las niñas que Concha ha muerto.También -es cierto, recordémoslo- muestra valentía al cuidar a Concha hasta su muerte en la Sonata de Otoño  y  en ésta, al emigrar a México  a tierras extrañas o cuando, por ejemplo, salva al efebo Guzmán de los asaltantes. 

Nota: Como delicia estilística confieso que los capítulos que más me  han gustado son el 27 y el 28, en los que el Marqués y comitiva cabalgan hacia su Marquesado, luego de haber perdido a la Niña Chole en manos de su padre.

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.

© Myriam Goldenberg

Wednesday, December 14, 2011

Sonata de Estío (3) De amores consumados: sacrílegos, irreverentes y fulminantemente pasionales

Sonata de Estío (2)


Hoy me toca hablar de la Consumación "nupcial" en el ámbito sagrado del Convento y posterior "daccapo" del Marqués de Bradomín con la Niña Chole, según el plan que me tracé de análisis, pero antes me gustaría dejar claro algo:

Estoy fascinada por el virtuosismo polifónico de Valle en sus Sonatas. La acción, el ritmo, el tono, los contrastes, las ambientaciones y   las descripciones tan plásticas, senestésicas, irónicas, llenas de parodia, que fluctúan entre lo melodramático y divertido, entre lo convencional y escandaloso, entre lo sagrado y lo profano, entre lo serio y lo banal. Estupendos también, los juegos intertextuales que Valle hace con autores románticos, etc. He elegido poner el acento en la Sonata de Estío en como Valle construye la psicología de sus personajes centrales:    el Marqués de Bradomín  y a su contraparte femenina, en este caso la Niña Chole,  y en como interaccionan,  porque me parece que Valle  lo hace de manera genial y totalmente verosímil y hasta real, actual, moderna.

No podemos odiar al Marqués, creo yo, justamente por eso: por lo humano que se muestra el personaje que no esconde sus debilidades, aunque en alguna oportunidad las lectoras femeninas lo querríamos cachetear y los negros se sientan mortalmente ofendidos -y con razón- por como los describe. Valle, era hijo de su época y nos señala una realidad del pasado colonial, que además nos viene muy bien recordar y analizar, porque la discriminación  al diferente sigue -lamentablemente- viva hoy en nuestras sociedades. No podemos odiar al Marqués,  porque cada uno de nosotros -si lo pensamos bien- nos  podríamos reconocer  en él o  en su contra-parte femenina, en algún punto de nuestra vida o en alguna de las situaciones que plantea, traídas, claro a nuestra realidad y a nuestro tiempo.

Cuatro Sonatas, cuatro  estaciones en la evolución del alma humana, narradas desde la vejez con fidelidad en la coherencia interna de la obra en su conjunto y de los personajes. Cuatro joyas de la literatura española.

Por último y antes de empezar: Agradezco a Pedro Ojeda que nos haya hecho leer las Sonatas en el orden de publicación y no en el argumental, porque  el impacto de los contrastes es mayor como lo es también ese saltar entre las estaciones que las convierte además en una danza, que es la danza la vida. Muerte. Vida y muerte. Vida.

En el Monasterio: (Caps. 11 a 14):

Lugar: La Niña Chole y el Marqués piden hospedaje en un antiguo priorato de las Comendadoras Santiaguistas. El Monasterio, que hoy se llamaría Convento, es de una  orden  femenina vinculada a la orden militar española de los Caballeros de Santiago.  que sigue la regla de San Agustín, que como sabemos, es extremadamente rigurosa en su ascetismo.

Recibimiento:   

"Una monja donada, toda blanca en su hábito apareció en el umbral"."Pasen hermanos si quieren reposar en la santa casa". Un santo lugar que desde su inicio es profanado por una mentira por parte del Marqués: "llego a esta santa casa para cumplir un voto" y cuando la monja toma a la Niña Chole por la Señora Marquesa: "¿La Señora mi Marquesa también?" ni él ni ella -que cambian entre sí una mirada burlona-  la contradicen. Al contrario el Marqués lo reafirma "También, hermana, también".
 
La actitud  transgresora posterior  del Marqués que viene más adelante, se va a ver contrastada con esta presentación de la que Bradomín hace gala:  "Yo, como caballero santiaguista, recé mis oraciones  dispensado de arrodillarme por el fuero que tenemos de canónigos agustinos".

Las monjas los reciben con generosidad y cordialidad: Dos legas traen una fuente cargada de refrescos y confituras. Luego entra la Abadesa flotante el blanco hábito, que ostentaba la cruz de Santiago y les da la bienvenida, era oriunda de España y había conocido al abuelo de Bradomín.
Suprimir
El Marqués se embala en una mentira -aún mayor que la anterior- a la Madre Abadesa quien  ingenuamente la  engulle en su totalidad: "Leyenda de amor, caballeresca y romántica",  que el Marqués inventa en honor de la Niña Chole "aquel enredo de comedia antigua" que hace llorar a la Niña Chole de vergüenza tanto que "sepultó el rostro entre las manos sollozando en amargo duelo". 


El colmo de la irreverencia y transgresión:

Después de haber sido conducidos por la Madre Abadesa al jardín y dejados solos, la pareja llega a una fuente a cuyo pie estaban  sentadas dos legas. La Niña Chole  tiene sed y termina bebiendo agua bendita de "la cándida virilidad" de la estatua que resultó ser del Niño Jesús. "La Niña Marquesa prefería saciar la sed aplicando los labios al santo surtidor de donde el agua manaba"No puedo dejar de pensar en  como tomarían ésto los lectores y las lectoras de la época.  Lo cierto es qué, después de éste introito, cualquier cosa siguiente que como sabemos se pone cada vez más candente, va a poder ser tolerada por los lectores de la época sin que quemen al autor en una hoguera, porque sabemos que eso no llegó a suceder.


El Marqués  además -y como si fuera poco- se siente tentado por la bella Madre Abadesa con su hábito blanco, "pero  no fue más que una tentación", en el siguiente capítulo que calma los ánimos  del lector antes de:


La consagración nupcial en 8 pasos (en numerología cristiana es el número de Cristo, Χριστός : 888)

1- La Niña Chole estaba dormida. El la despierta con su "primer beso de esposo"

2-  El Marqués tuvo que recordarle sus "deberes conyugales".

3- La Niña Chole se lamenta (no es amenaza o advertencia, como en los casos señalados la semana pasada ¡ojo!): "¡Oh! ... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermudez!...."


4- El se ríe de sus cuitas y ella se pone "ciega de cólera". Ahora viene una actitud por parte del Marqués que me resulta incomprensible: él le toma las manos a la Niña y se las aprieta y cuando ella chilla de dolor, él se siente despechado, pero se domina y se las besa. Ella solloza y se deja caer en la almohada. El siente "un fiero desdeño de injurias altaneras" por lo que, para disimular el temblor de sus labios sonreía. Honestamente no me lo explico más que por una total y absoluta falta de empatía  del Marqués, hacia lo que de verdad le pasaba a la Niña Chole que ya había sucumbido a sus encantos y que temía por su muerte. Falta de empatía y  un egocentrismo absoluto, por parte del Marqués, es lo que veo. Ella solloza. El se retira aunque siempre tiene "un corazón dispuesto a perdonar".


5- La Niña Chole lo llama: "¿Señor, no conoce la señal de la agonía?" a ver si se entera éste Marqués de que va la cosa. Y le advierte una vez más -refiriéndose a él- el peligro que corre en manos del General Bermudez. La Niña Chole llora, él está a su lado. Tañido de campanas, susurros  de follajes en el jardín, brisa con aromas se suceden y el Marqués ya ha esperado suficiente. 


6-  Juzgando propicio el instante Bradomín la besa. 


7- Ella parece consentir -¡chán, chán! se cree el Marqués- cuando la campana dobló a muerto ¡Plop!

 8- La Niña da un grito y se estrecha a su pecho "palpitante de miedo" y vaya que el miedo obra milagros, porque pechos desflorados de por medio, por las "manos doctorales" del Marqués, celebraron sus bodas "con siete sacrificios", que yo llamaría bombos y platillos ¿O sería que ella -bien pudiera ser-  tuviera siete orgasmos?.


En el Parador: Daccapo sexual,  Cap 23:

EL Marqués y la Niña Chole habían salido ya del Monasterio  y regresado a Veracruz a la fragata que aún atracaba en el puerto. Poco después la nave se hace a la mar y en el siguiente puerto, ellos descienden rumbo al vetusto Parador en el que hicieron alto, en cuyo portal "unas viejas caducas se peinaban". 

Desde la noche de bodas en el Monasterio, el Marqués y la Niña Chole habían "vivido en forzosa castidad" y la noche de bodas en el convento le parecían  a  Bradomín ya  muy lejanas. Pero como algunas esperas tienen su recompensa, en este Parador gustó el Marqués "de las mayores venturas amorosas urdidas con el hilo dorado de la fantasía".

El Marqués quiere que la Niña suelte su cabello trenzado. Todos sabemos la gran carga erótica de la melena suelta en la mujer (de ahí que se cubran los cabellos en algunas religiones con mantillas, hijab o sombreros). Bradomín vive luego su fantasía de que la Niña Chole es una princesa prisionera y el un capitán conquistador.  Y es pura fantasía, porque él es incapaz más adelante, frente al padre de ella, de llevarla a cabo. Pero regresan los bombos y platillos en forma de Siete Sonetos uno por cada sacrificio. Incluso el último Soneto, lo repitió dos veces ¡Aleluyiah! Función doble para el Marqués. Luego se duermen como dos satisfechos y dulces angelitos, hasta que penetra en la alcoba "un rayo de sol juguetón, tan vivo, tan alegre,  que al verse en el espejo se deshizo en carcajadas".  ¡Esto sí que un allegro troppo, ma Troppísimo

La semana que viene:  (4) Las conclusiones de este trabajo en las que responderé a las preguntas:  1- ¿Guarda -desde el punto de vista de la Psicología- coherencia interna el personaje del Marqués? 2- ¿Se salva la Niña Chole con esta relación?

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   © Myriam Goldenberg


Nota: Desde la leyenda de amor engullida por la madre Abadesa hasta el final de los ocho pasos  de la Consagración Nupcial me quedó todo el texto en negrita, cuando solo la puse en los títulos o en alguna palabra relevante. Escribí este trabajo en la nueva interfase de Google y renuncio ya a cualquier intento de modificación después de varios fallidos. Así que, lo siento. ¿O será la Mano Divina que actuó?

Thursday, December 8, 2011

Sonata de Estío (2) La niña Chole, fruto prohibido por partida doble y un plan de seducción en marcha - Parte 2

 Continuación de ayer. Por favor, leer la Parte1 primero pulsando aquí

La Niña Cholé llora y confiesa  al Marqués "su pecado", Cap 15: 

"Yo era una pobre criatura inocente cuando fui víctima de aquel amor maldito" Ella se cubre el rostro, él adivina "su pecado": el mismo de las tragedias antiguas. Ella llora, se cuelga a su cuello. El que todo lo perdona, le da un beso de noble perdón. Ella conmovida de gratitud y de amor,  lo ve generoso. El ni corto ni perezoso,  le dice que es   su esclavo  "para toda la vida". Sabiendo nosotros, los lectores, de la constancia del Marqués en los amores, este "toda la vida" suena  un puro y grandilocuente eufemismo y más que ridículo, digno de una buena carcajada del lector.  Ella llora, se cuelga de su cuello, le dice "eres el único hombre a quien he querido, te lo juro, el único ... y sin embargo, por huir de mi padre, he tenido un amante muerto", pero los labios de Bradomín tiemblan ardientes sobre la tierna oreja de la Niña Cholé y parece que no registra lo que ésta le dice....


Provoca celos al Marqués, Cap 19 y Cap 20:

En la Fragata luego de haber regresado a Veracruz: Y así lo cuenta el Marqués: "entre los jugadores estaba aquel taciturno y bello que en otra ocasión me había disputado la sonrisa dela Niña Cholé" .. " Mis ojos descubrieron a la Niña Cholé".... ".. y sonreía al bello y blondo adolescente." "Experimenté tan vivo impulso de celos y de cólera..." Pero la Niña le muestra al Marqués que sus celos son infundados: ¡al hermoso ruso blondo le gusta un mulato!.   Otro ejemplo de celos con el mismo ruso y de como reacciona el Marqués, lo tenemos en la escena de la Feria (Cap. 25) a la que ya me referí en la entrega de la semana pasada. Quizás -no lo sabemos- todos intentos de la Niña de poner a prueba la fidelidad y coraje del Marqués para luchar por ella.

Ya de viejo al relatarnos Bradomín  estos amores de estío, se lamenta de no haber probado "ese fruto hermético", "bello pecado", el "pecado" de la homosexualidad, y nos confiesa: "Presiento que ha de ser grato, cuando la vida declina poder penetrar en los jardines de los amores perversos". [Cuando lea la Sonata de Invierno, veré si se quedó con las ganas o se atrevió a saborearlos. Y antes de que alguien diga algo, en la época en la que Valle escribió las Sonatas, todavía se consideraba que  la homosexualidad era una perversión, así que no me lo linchen, por favor].

Se muestra sumisa ante el pusilánime Marqués primero y luego ante el violento padre incestuoso C. 26: 

Estando ambos en el jacal (choza) de la ex-doncella de ella  casada con el negro "cornudo consentido"  habiendo ya ocurrido la envalentonada del Marqués en la Feria contra el muchacho homosexual, que ya referí en la entrega anterior,  en este capítulo testea la Niña Cholé si el Marqués es capaz de matar  por amor -a ella- a algún oponente. El no lo haría, le dice, porque  la Niña  "no es la Marquesa de Bradomín". Ella no lloró, sino que guardó silencio y "como una esclava sumisa" siguió acariciándole los cabellos. Y él, tan dispuesto a perdonarle "el eterno pecado femenino" [ aquí le doy la razón a Merche y Abejita y quiero cachetear al Marqués, pero como el Marqués es una creación  de Valle-Inclán,  como lectora femenina, lo agarraría al autor por las barbas y lo revolearía lejos, bien lejos, para que fuera a cantarle el pecado a Gardel... pero..¡ay de mí! ¿Cómo se le revolean las barbas a un muerto?]

Cuando aparece a galope el General Diego Bermudez,  padre y "esposo" de la Niña Cholé,  ésta al reconocerle lanza un grito y luego se arroja a tierra implorando perdón con los brazos abiertos y grita "¡Vuelven a verte mis ojos!... ¡ Mátame, aquí me tienes! ¡Mi Rey! ¡Mi Rey querido!" El la saluda cruzándole un latigazo en el rostro, ella gime todavía "¡Mi Rey!.... ¡Mi Rey Querido!".....


En sí en este capítulo, la Niña Cholé pidió y deseó ser salvada por el Marqués -como veremos en la entrega de la semana que viene, Bradomín  podía jugar y fantasear eróticamente con que él era un conquistador español que rescataba a una princesa prisionera- pero en la realidad era  totalmente incapaz  de lograrlo:  ahí, cuando debe jugarse por ella, la abandona  (aunque después se arrepiente y blá, bla....) y más tarde se reúnen a la voz de:  "Muerto el Rey-Qué viva el Rey".  El Marqués hace gala de una actitud de pusilanimidad muy coherente con la que ya leímos a lo largo de la Sonata de Otoño, pero en especial, cuando Bradomín no es capaz de frenar a las niñas de Concha para que no la vean  muerta al ir a saludarla al despertar.

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.  © Myriam Goldenberg

Próxima semana:  (3) De amores consumados:  sacrílegos, irreverentes  y fulminantemente pasionales  (En el  Convento y el daccapo en  el Parador).

Wednesday, December 7, 2011

Sonata de Estío (2) La niña Chole, fruto prohibido por partida doble y un plan de seducción en marcha- Parte 1

Como dije en Sonata de Estío (1), la semana pasada,  bastó que el Marqués de Bradomín se cruzara con la Niña Cholé en las lejanas tierras de México a donde había ido con espíritu aventurero a olvidar penas de amores,  para que quedara irremediablemente atravesado por el flechazo de Cupido, siempre inoportuno y atrevido. ¿Pero como describe Valle a esta joven que no solo hace olvidar a Bradomín sus penas, sino que aviva las más profundas pasiones? Veámoslo:

Seductora en su apariencia, Cap. 3: 

La sola aparición de la Niña Cholé cautiva al Marqués, por su belleza exótica: "Una figura hierática y serpentina, cuya contemplación evocaba el recuerdo de aquellas princesas hijas del sol.........". Su atuendo:  "hipil, recamado con sedas de colores...etc"  Su cabellera negra que le caía suelta.  Al Marqués le parecía que por todo  "aquel cuerpo bruñido por los ardientes soles yucatecos se exhalaban lánguidos efluvios" que él aspiraba y bebía y se embriagaba con ellos [me queda la duda: ¿perfume  o sudor, o, una mezcla de ambos?]. Bradomín  ve la sonrisa de La Niña al criado  al que le habla mientras cabalga. Como el Marqués al final logra verla de frente, es de suponer -aunque Valle no lo haya escrito-  que  La Niña Cholé  hubiera captado esa mirada, porque cualquier  mujer percibe siempre,  la mirada del hombre al que atrae.

Carga erótica en los chapines de la  figura de blanco que se acerca a la Fragata, Cap. 6: 

Mayor aproximación visual de la aparición que tuvo el  Marqués en el cap 3. El Marqués va a la recepción del esquife "en confusa espera" y ve a "una figura vestida de blanco" de la que solo puede ver "los pies de reina calzados con chapines de raso blanco". Los chapines que eran asientos de corcho para  los pies que cumplían una triple función en el calzado de una dama: 1- La elevaban del suelo para no ensuciarse la zapatilla con el lodo  e inmundicias de la calle, 2- la hacían ver más alta para alcanzar las miradas de los hombres y 3- marcaban la iniciación y pasaje a la adultez, pues según algunos autores, solo las mujeres casadas calzaban chapines, mientras que las doncellas,  capitillas. Para una profundización en el término, remito al texto de Alvarez y Galera "Sobre tres palabras de dificil traducción en la Novelas Ejemplares" a propósito del uso de la palabra "chapin" por Cervantes en "El coloquio de los perros" (novela  por cierto  genial).  Valle utiliza a la perfección este elemento con toda su carga erótica. Como lectores recordamos y asociamos los besos que Bradomín daba a Concha siguiendo las venas azules de sus pies en la Sonata de Otoño. Aquí ver esos pies que apenas asomaban por debajo del hipil, calzados en esos chapines  de La Niña Cholé erotiza al Marqués, pero también al lector. Y este es solo el inicio, porque a medida que avanza  la novela, avanza la erotización y la transgresión sexual a los cánones de la época va in crescendo hasta límites escandalosos, porque Valle se burla de todo, pero  de eso hablaré más profundamente en la próxima entrega.

La Niña Cholé  viaja en La Fragata, pero no sale de su camarote, Cap.7:

Cosa  ésta que incrementa el deseo ardiente del Marqués, que sin saber como,  recuerda una canción que le cantaba la amiga de su madre, en cuyo regazo dormía de niño. Valle  menciona  aquí también a la mestiza cristiana "Atalá" de Chateaubriand, comparándola con la criolla de la canción y con la Niña Cholé, a quien ve más bella aún que Atalá.

Muestra  desdén y una gran crueldad, puro sadismo: en sí y visto desde la psicología analítica hoy,  un deseo de matar al padre, que paga con su vida el colosal negro que  se tragan  los otros  tiburones compañeros del muerto por el negro, cap. 8:

_ ¿Manda alguna cosa la Niña?
_ Quiero verte matar un tiburón [ ...]
_ Cuatro centenes , ¿le apetece a mi amita? 
_ ¿Acabarás?... ¡Sean cuatro centenes! ( con ese desdén patricio que las criollas sienten por los negros)
A lo que el Marqués reacciona con un: "la crueldad de la criolla me horrorizaba y me atraía".
Con este acto  La Niña Cholé mata  de forma simbólica a su padre, que la tenía avasallada en una relación forzada incestuosa, de la que Valle dará cuenta a través del relato del Marqués, más adelante en la novela. Sobre el tema específico del incesto y su significación en la actualidad, remito a este texto mío que aquí enlazo.

Sonrisas y muestra de piedad que termina  por prendar al Marqués, Cap.9:

Luego de bajar a tierra en el Puerto de Veracruz  y antes de  emprender la ruta juntos  -la Niña Cholé con el cortejo de sus criados y   Bradomín solo con su esclavo negro- le lanza la Niña Cholé una larga mirada y una bella sonrisa. De igual manera, al entrar ella  a la Iglesia de los Dominicos que  quedaba  de paso,  desde el atrio, la Niña Cholé  envía una sonrisa al Marqués, este santo que se reconoce pecador y sin aureola, más bien "un santo caído de su altar y descalabrado". El marqués ahora ya  enternecido por  las sonrisas que la Niña le dedica,  queda irremediablemente prendado. Esto sucede  porque esta santa piadosa tiene también su lado oscuro -y su secreto- ese que vimos antes aparecer  en su crueldad para con el pobre colosal negro que terminó siendo bocado de tiburón y el binomio santidad-crueldad es un cocktail irresistible.
 
Se hace desear  pero frena al Marqués en la puerta, Cap 10.  Todo un juego mutuo de seducción:
La Niña Cholé envía por el Marqués:
El Marqués acude solícito al llamado y la saluda  a quien le habla con "voz queda, salmodiada y dulce, voz de sacerdotisa y de princesa" y el caballeroso Marqués le responde con un pantomima teatral en tres actos: 1- Se inclina, como lo aprendiera del "viejo Ovidio" con la firme intención de enamorarla 2- hace una cortesía versallesca digna de la corte de Luis XIV y 3- Se inclina de nuevo "con rendimiento".

 El motivo de tal llamada es la propuesta que le hace la Niña Cholé a Bradomín de reunir las escoltas y marchar juntos. Poco le importa el Marqués que vayan en direcciones contrarias, él está dispuesto a seguirla, es más,  tiene propósito -según lo manifiesta-  de secuestrarla apenas se hallen en despoblado.   La Niña lo piensa  loco, como todos los españoles, pero le  advierte: "Vea que camino a reunirme con mi marido[...] el General Diego Bermudez". Esta es la primera de las tres advertencias que la Niña Cholé le hace a Bradomín al respecto. (La siguiente será en el Cap 11: "Téngase por muerto como recele algo de esta burla el el General D.B." y la última en el Cap 14: "Estará a las puertas del Convento el General Bermudez")

A estas alturas, el Marqués está ya completamente rendido,  seducido, derretido, babeando, para  cuando ella quiere montar el alazano del belfo blanco y de linda estampa que le trae el caballerango al patio. Ella medio se burla de Bradomín y con mal disimuladas sonrisas le dice que ella parte "en el mero instante" y que él no está listo. El Marqués de Bradomín (que ahora "recuerda" a su  muy real amigo: ¡Barbey D´Aurevilly! un guiño irónico muy Cervantino dirigido a los lectores de su primera Sonata publicada -y supongo- a los críticos que la tildaron de plagio) no se amedranta y la ayuda a calzar la espuela, para lo que   hinca su rodilla  y  de paso, le besa el pie prisionero en chapín de seda.¡Y zás!:  llega el balde de agua fría aunque de forma risueña: "Señor deténgase en los umbrales". No necesito aquí explicar la significación que el cruce del umbral tiene para el acto nupcial, supongo ¿O si?

En el patio el Marqués se prepara para el viaje y hace ensillar su caballo. De pronto reaparece la Niña Cholé y "Fingiéndose enojada, batió el suelo con su lindo pié". ¡Qué imagen más plástica! ¡Qué belleza!



Sigue mañana la Segunda y última  parte de (2)  aquí enlazada

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Próxima semana:  (3) De amores consumados:  sacrílegos, irreverentes  y fulminantemente pasionales  (En el  Convento y el daccapo en  el Parador).

Wednesday, November 30, 2011

Sonata de Estío ( 1) Plenitud estival en la personalidad del Marqués de Bradomín

Después de la Primera Sonata publicada por Valle-Inclán, La Sonata de Otoño, nos quedó a los lectores el sabor amargo de un Marqués que  "llora no por la amante fallecida ni por las pequeñas huérfanas, sino por sí mismo. Bradomín solo puede quererse, en verdad, a sí mismo". [Concha la amante muerta, las huérfanas las hijas de ésta]

Punto de partida de la Novela: 

EL Marqués de Bradomín embarca en Londres rumbo a México -en donde su mayorazgo tenía algunas tierras- en la Fragata "La Dalila" por dos motivos explícitos: mal de amores y deseo de aventura,  de ánimo: "con corazón muerto y vestido de lúgubre sepulturero".

El Tercer motivo se deja suponer al anunciar su posición política carlista.  En dos oportunidades el marqués  se refiera a "la traición de Vergara". Una al inicio al referirse a sí mismo y otra al final  cuando dice de su mayordomo Brión que había sido un antiguo soldado de Don Carlos emigrado después de la "traición" de Vergara.

Racismo del marqués o el mito del salvaje:
 

Una de las cuestiones más álgidas que tuvo el Colonialismo fue el descubrimiento en tierras lejanas -África, América- de seres humanos distintos a los blancos europeos -negros e indios-  que fueron  llevados a las cortes europeas como "animales de zoológico" (además de los que fueron esclavizados, por supuesto). El historiador y curador  francés Pascal Blanchard,  realizó estudios sobre el poco conocido y sin embargo masivo fenómeno en el siglo XIX de los zoológicos humanos, en los que se exponían al público familias enteras consideradas exóticas. Justamente ahora en París en el museo "du Quai Branly"  tiene lugar una exposición sobre este tema  que apunta a la toma de conciencia por parte del espectador sobre este fenómeno y  se haga cargo del peso que estos mitos tienen para la gestación y fomento de actitudes  racistas en contra del diferente imperantes en la actualidad. Invito a leer esta nota del Diario español El Pais.

El marqués no podía ser ajeno a este fenómeno. Valle introduce el tema en la voz narrativa del Marqués, estando éste en la Fragata,   en la que contrapone "la taifa luterana"  de su experiencia mexicana con un viaje anterior a Tierra Santa en un navío genovés en la que había gente "de toda laya".  En un -para mí claro guiño- al "Itinerario de Paris a Jerusalem" del autor del "Genio del Cristianismo" de quien hasta más adelante en esta obra, nombrará a "Atalá", uno de sus personajes centrales de una novela suya.

Los indios de los que en su relato nos habla el marqués, están siempre casi desnudos (como el guía de la canoa que lo lleva  atierra en Tuxlán) y "ensabanados como fantasmas". Algunos sentados en rueda devorando la "miserable ración de tamales".  Un indio se le planta delante "con un salto salvaje" y  lo acosa  "con furia fantástica de gato embrujdado". El marqués también posee un rapazauelo mulato, que recibió de regalo de un aventurero portugués .

Veamos como Bradomín describe a algunos  negros,  por ejemplo el negro que lucha contra el tiburón es un "negrazo" con "labios elefancíacos". O cuando se refiera a la "la sonrisa de ogro avaro y sensual" esbozada por "los labios hidrópicos del negro". Otro negro,  más adelante,  le sonreía a él y a la niña Cholé  mirándolos "con sus ojos de res enferma: ojos de una mansedumbre verdaderamente animal"

Las mujeres indias o criollas, en cambio, son descritas por el marqués como "mujeres de tez cobriza y mirar dulce" "indiferentes y silenciosas" que los veían pasar al salir a los umbrales.  La actitud de estas mujeres  "revelaba  esa tristeza vetusta  de las razas vencidas",  "de rostros humildes, con dientes blancos y grandes ojos negros".

Punto de partida en el relato del marqués  para la experiencia amorosa estival en contraposición  a como ve el amor hoy, en el invierno de su vida:  

"Por aquellos días de peregrinación sentimental" con poca experiencia y "novelería en la cabeza gozaba de la existencia" y era indefiniblemente  feliz  "por amar a todas las mujeres".   Habiendo vivido amores juveniles y bullentes y pasiones equilibradas y sanguíneas. Hoy  -escéptico- se lamenta además de no  haber podido penetrar en los jardines de los amores perversos: la homosexualidad, algo que quedó arcano -desconocido-  para él, y como así la música "de ese teutón llamado Wagner". También hoy en su invierno -que es cuando nos relata esta sonata estival- compadece a aquellos hombres que han sido engañados por una mujer.


El flechazo de Cupido:  

 Bradomín aprovecha la escala que hace la fragata en el puerto de lo que Valle-Inclán llama "San Juan de Tuxtlán". Allí entre ruinas de palacios, pirámides y templos, en dónde crecen polvorientos sicomoros, ve por primera vez a la Niña Cholé, "vestida como las criollas yucatecas", con "albo hipil recamado de sedas y colores, etc", entre un cortejo de servidores. Al contemplar su imagen, evoca  el marqués, el recuerdo "de aquellas princesas hijas del sol", de cabello negro que le caía suelto. La actitud de la Niña Cholé, según relata el marqués, era la de un ídolo, estático y sagrado de la raza maya, "tan antigua, tan tan noble, tan misteriosa". Pero nada mejor que ésto para calar la profundidad del flechazo: "Me parecía que de aquel cuerpo bruñido por los ardientes soles yucatecos se exhalaban lánguidos efluvios, y que yo los aspiraba, los bebía, que me embriagaba con ellos". Hasta ese momento no había visto su rostro. Luego al verlo, el corazón le da un vuelco porque recuerda a su antiguo amor  Lili a la que no sabe si ama o aborrece. (Supongo como lectora, que es a la mujer que quería olvidar en este viaje).
 
Efectos del encandilamiento: 
 
El efecto inmediato que sufre el marqués a tal encandilamiento (en el que vió esta divina aparición  y chupó efluvios) es el de olvidar la actitud lugubre y sepulturera que adoptaba frente a las mujeres y con las que inicia la sonata.  Acto  seguido, Bradomín se hace la película de jeque árabe al que el Profeta le da siete huríes en el Paraíso, en forma de sueño en la hamaca en medio de las ruinas, donde se tiró a descansar. Siete criollas con la sonrisa de Lili y la mirada de la Niña Cholé de cuyos ojos terminaría enamorándose si los volvía a ver. Pero como ya los había  visto, esos ojos  habían encendido ya, en la sangre tumultuosa del marqués, deseos ultracarnalmente estivales y también en su espíritu, un ansia "vaga" de amor. Finalmente de regreso  a la fragata solo, se le despiertan "las mal dormidas víboras del deseo" que todo el día  llevaba enroscadas en el corazón. El recuerdo de la niña Cholé le perseguía con "mariposeo ingrávido y terco", y a tal extremo, que todo era en él "hoguera voraz que en su carne ardía".

Juego de seducción y conquista:  lo trataré más adelante en  Sonata de estío (2)

Consumación "nupcial" en el ámbito sagrado del Convento y posterior "daccapo": Idem (3)

Arrojo y valor para terceros:

El marqués  sacó las pistolas y se puso al lado de  Don Juan Guzmán, salvándolo,  al ser atacado por mercenarios en el Convento en dónde se había refugiado y en donde paraban El Marqués y la niña Cholé.

Celos y burla de un cornudo consentido:

Bradomín los siente hasta de un muchacho homosexual bello y ruso. En la feria, Bradomín se envalentona y dice al jugador acreedor de la deuda de la Niña Cholé:  "ésta mujer es mía y su deuda también" y la arrastra de allí. Llegan a un jacal -choza-  en la que la dueña es una antigua doncella de la Niña Cholé que los recibe contenta, casada con un esclavo liberto negro que se dolía con voz quejosa del engaño de su mujer a la que se le había dado por los morenos. Bradomín se burla: "No le dolía el engaño por la afrenta de hacerle cornudo, sino por la baja elección de la tehuana (su mujer) hacía" o sea que era un "cornudo consentido".

Abandono y pusilanimidad:

Aquí los celos son cambiados por miedo "pálido y mudo ví como se la llevaba". Bradomín teme al padre y "marido" de la Niña Cholé y cuando éste la encuentra y la rapta, el marqués no hace nada, absolutamente nada por defenderla. Y se justifica: "la Niña Cholé, por hija y por esposa, pertenecía al fiero mexicano, y mi corazón se humillaba resignado acatando aquellas dos sagradas potestades".  Nunca fue más fiel a su divisa que entonces: "despreciar a los demás y  no amarse [más que ] a sí mismo".

El caballo paga "el pato" de su falta de carácter:

Bradomín cabalga de  forma brutalmente sádica destrozando los ijares del caballo, clavando las espuelas y  desangrándolo. A tal punto,  que yo como lectora sentí alivio cuando el pobre caballo casi reventado además de tanto galopar entra, en el agua fresca de la laguna. Aunque  los charros  mexicanos usan espuelas y otros jinetes también -se han encontrado yacimientos arqueológicos que dan cuenta de la extensión del uso de las espuelas en la Península Ibérica, etc,-  éstas no son necesarias en el arte ecuestre y hasta nada deseables en caballos domados correctamente. No se utilizan en Argentina, no las ultilizaban las tribus indígenas de Norteamérica y menos aún, los jinetes  de las estepas de Anatolia y el Cáucaso.

Arrepentimiento y lamentos con lágrimas de cocodrilo y algunos culebrones enroscados: 

 "Mi alma empezaba a cubrirse de tristeza y a suspirar románticamente. La carne flaca se estremecía de celos y de cólera. Todo en mí clamaba por la Niña Cholé. Estaba arrepentido de no haber dado muerte al incestuoso raptor, y el pensamiento de buscarle  a través de tierra mexicana se hacía doloroso: Era una culebra enroscada al corazón, que me mordía y me envenenaba"
  
Inesperado final feliz de cuento de hada sin comer perdices:

Recién después de que el padre de la Niña Cholé ha sido asesinado por bandoleros y ya no significa peligro alguno, el marqués de Bradomín y la Niña Cholé se reúnen en un final feliz y éste la  "perdona" -como si  haber sufrido de abuso sexual y moral por parte del padre  fuera algo a perdonar-  pero la trata de tonta al relatarlo ya de viejo -porque suya era la gloria de enseñárselo-  al tiempo que aprovecha para  justificar el porqué abandona  las mujeres: "Pobre Niña Cholé, después de haber pecado tanto, aún no sabía que el supremo deleite solo se encuentra tras los abandonos crueles, en las reconciliaciones cobardes".



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.

© Myriam Goldenberg

Thursday, November 17, 2011

De la "Sonata de Otoño" de Valle-Inclán al "Cortinado carmesí" de Barbey d'Aurevilly y algo llamado intertextualidad en una breve comparación - Parte 2



Viene de la entrada de ayer

Los personajes  principales  de ambos autores  tienen algunas semejanzas  pero difieren entre si: 

Personaje Vizconde de Brassard  (de Rideau): Barbey lo describe en las primeras páginas de la novela -en la voz narradora del compañero de carruaje- como a un hombre de  52 años,  de carácter inglés -había sido criado en Inglaterra nos dice- valeroso capaz de desafiar a la muerte después de ser herido gravemente "un vieu beau (un viejo bello)" o "un beau (un bello) abreviando", amado por las mujeres (La marquesa V hasta guardaba en un brazalete un mechón de su bigote) pero -agrega- solo "bello" no le haría justicia porque por su espíritu  y maneras, el Vizconde, era generoso, rico, opulento, lleno de una lentitud patricia como se daba en el más magnífico de los dandis.  De origen normando -según cree el narrador- al igual que Guillermo el Conquistador, que conquistó mucho,  hubiera el vizconde llegado a mariscal francés  de no haber sido por que su carácter de dandi se oponía a la disciplina y rigor del ejército.  Toda esta presentación del personaje la hace Barbey d'Aurevilly en los primeros folios de la novela. Es  digno de mencionarse aquí que el autor nació en Normandía y él mismo era un dandi. La relación con Alberte la tiene el vizconde  de muy joven, cuando nada sabía de amores y pasiones y  el relato del recuerdo de estos sucesos comienza en el folio10/43 de la versión de texto que utilizo.

Personaje Marqués de Bradomín (de la Sonata): un Don Juan que ama a muchas mujeres, pero  incapaz de comprometerse seriamente con ninguna y que se pierde en sus  laberintos interiores, pero que sí es capaz de estar con Concha hasta el final y hacerla feliz en sus últimos momentos, porque ya de mayor y con canas en las sienes,  para eso ha vuelto al Palacio de Concha, para estar con ella.  Y es ahí y entonces que tiene lugar el encuentro pasional de ambos. Según tengo entendido, Valle-Inclán en su propia biografía mezcla realidad y ficción con este personaje del cual dice ser un sobrino o algo así. El Marqués es, además, un personaje cuya personalidad irá desplegándose a lo largo de las Cuatro Sonatas.

Personaje  bautizada Albertine, llamada luego Alberte (de Rideau): De 18 años y recién llegada del Internado de Señoritas. Actúa de manera adusta, distante y correcta en apariencia, habitualmente silenciosa (21/43) pero que provoca de forma consciente al joven  imberbe e inexperto subteniente, tocándolo por debajo de la mesa del comedor con la mano y el pie. Ante tal inesperado roce siente el subteniente la braza   encendida  de la pasión estallar en su cuerpo, debiendo de igual manera,  obligarse a contenerse y disimular delante de los padres de ella. Luego  Alberte se hace desear por seis meses, mostrándose altiva, fría y distante hasta que una noche  se aparece en la alcoba de él (31/43) y dan rienda suelta a la pasión hasta entonces contenida. Ella sigue viniendo noche  de por medio y para llegar hasta la alcoba del subteniente, Alberte  debe atravesar  -a pies desnudos sobre el frio suelo para no hacer ruido- la de sus padres, que siempre dejaban la puerta abierta y dormían como un par de troncos o mejor dicho, "meduzas". Aventura ésta que duró seis meses.

Personaje Concha  (de la Sonata) la agonizante Concha amó cándidamente y desde  que era pequeña su primo el Marqués de Bradomín, aún conociendo sus flaquezas y a él -poniéndose "el mundo de montera"- se desnudaba como  desnudaba las rosas de su Jardín.


Ambas mujeres mueren en los brazos de sus amantes:

Muerte de Alberte y reacción del joven Vizconde y subteniente de Brassard:

En el primer encuentro amoroso de ambos (31/43) ella va a la alcoba de él que al verla sintió terror al verla. Ella le tapa la boca para que no grite y luego se engrapan en un beso de fuego,  acto seguido la puso sobre el canapé de marroquín azul, ella estaba medio desnuda y descalza en la que - siempre a partir de entonces- el primer movimiento amoroso de él era sobre los fríos pies de ella para calentárselos y que no enfermara del pecho. Los amantes noche de por medio, no tenían "la menor inquietud" -después de que él venciera el miedo de tal innombrable imprudencia (33/43)- de hacer el amor sobre el canapé "esa lámina de sable  suspendida sobre un abismo"(32/43). De ninguna manera vulgar, Alberte, con sus trazos de rígida princesa y terriblemente pálida se arrojaba a sus brazos, reclinando su cabeza sobre el pecho de él y luego  la separaba mirándolo con sus enormes ojos negros. Luego se fundían en un beso, luego el canapé. Ella siempre silenciosa, le producía el efecto (34/43) de "una espada y dura cobertura de mármol que quemaba desde abajo..." El creía que en algún momento el mármol se fundiría pero no, éste seguía manteniendo su rígida densidad. Aún así este amor, esta pasión le daba al subteniente que jamás volvió a sentir con niguna otra mujer, incluso a aquellas a quienes amó más que a Alberte.  El vizconde ya otoñal comprende que hubo aquí felicidad en el ocultamiento y poder del misterio en la complicidad.

Esa noche en cuestión, la noche del trágico suceso, Alberte estaba más silenciosa y también más amorosa que nunca. El comprendía el lenguaje de su cuerpo silencioso y tenía la experiencia "de los espasmos voluptuosos de Alberte" (38/43) El la sentía desmayar y volver a la vida, pero esa noche, Alberte estaba muerta y el sintió el rígido cadáver bajo sus labios" (39/43). El subteniente entra en pánico, trata de cargar el cadáver de Alberte sobre su espalda y llevarlo hasta su alcoba atravesando la de los padres de ella y lo intenta, pero el peso y el terror lo vence y no logra traspasar el umbral, regresando con ella a su cuarto. ¿Cómo explicar la inexplicable muerte de ella en su alcoba y deshonrada?. Luego piensa en arrojar el cadáver por la ventana simulando un suicidio, etc.... al final se escapa de la casa y va a ver a su Coronel, que lo saca del atolladero enviándolo a otro destino fuera del pueblo. Aunque el Coronel le prometió contarle como solucionó el tema de el que él se hacía cargo, jamás se lo contó.

Muerte de Concha y reacción del ya otoñal  Marqués de Bradomín:

Remito aqui en primer lugar al texto de Pedro Ojeda "Párpados cera"  y sobre como reacciona el Marqués ante la muerte de Concha a mi entrada  "De laberintos en la Sonata de Otoño de Valle-Inclán", especialmente en lo que refiere al Cap.25 y su prima Isabel.



 Para concluir y resumiendo: 

Ambas mujeres son transgresoras. Ambas quieren vivir el amor y la pasión en sus últimos momentos, porque Alberte aunque no lo sepamos con certeza, quizás esa rigidez de esfingie  que su amante dice que tenía,  se debiera a que se sentía enferma. Pero  mientras que Concha es cándida y se desnuda, Alberte calla y no desvela su interior.

Tanto el Vizconde como el Marqués abrazan a sus mujeres, que mueren en sus brazos. El vizconde es un muchacho de 17 años  que recién despierta  con esta experiencia su sexualidad, el Marqués un hombre ya otoñal que  ha tenido mucho mundo. Pero ambos reaccionan ante el abrazo de la muerte con el mismo terror. El vizconde  no puede devolver a Alberte a su alcoba y huye despavorido después de barajar otras opciones.  El Marqués si la devuelve a su alcoba y atraviesa para ello, los laberintos de Palacio, en el que Valle despliega en su prosa poética esperpento y dolor. Barbey en la voz del Vizconde ya mayor que recuerda los hechos, pone un tono de melancólica tristeza y franca amargura.

Si Valle-Inclán partió para su Sonata de Otoño de la idea central de la novela de Barbey d'Aurevilly,  Valle-Inclán va mucho más allá convirtiendo a la Sonata de Otoño  en una re-escritura de la escritura en la que siendo la suma y burla de los tópicos finiseculares novocentistas lo parodia todo.  No solo juega -a mi juicio- con el romanticismo del texto francés, sino que añade además elementos  nuevos como  el fetichismo, lo macabro y el esperpento, etc,  en una magnífica prosa poética, lo que convierte a la Sonata de Otoño -junto a las otras tres sonatas que aún no he leído- en lo mejor de la prosa modernista española y en un producto original por lo novedoso y transgresor. Al menos para mí- lo repito- ésta lo es de pleno derecho.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.

© Myriam Goldenberg