Jarra de dos litros, linda ¿verdad? y no chorrea ni pierde por donde no debe. Había estado tentada de hacer una al mejor estilo Mochica, pero por mis nietas me abstuve, no fuera a ser que los padres pusieran a la abuela en el rincón de penitencia cuando la abuela debiera poner el ejemplo en discreción.... y seriedad ¡¿?!
El plato más al fondo de estas tres piezas, se me rajó en la segunda horneada, así que como dice el dicho "persevera y triunfarás" y yo soy muy voluntariosa, me puse a hacerlo de nuevo y el resultado final lo ven en las dos siguientes fotos:
Todas estas piezas junto con la anterior ¿se acuerdan? se las hice a mi hija y yerno. El cuenco y esta fuente redonda los pintó ella porque yo no alcancé, siendo como era, la indefectible hora del regreso a casa.
Aquí sigo con mis clases de cerámica, como ya les conté y hoy, además, toca Neruda, pero aunque no haga un aporte a la lectura, debo reconocer que amasando, amasando la dúctil arcilla, me vienen a la memoria versos del poeta, enredando sombras, sabiéndote lejos; sin campanarios que suenen, ni noche que venga de bruces, pero sola yo, frente al mar. Sola yo y la arcilla que amaso. (A la profe, no la tenemos en cuenta. Ella muda, mira y observa, lista a intervenir en caso de emergencia o indicación necesaria). Por eso, sola, no pienso, no camino y menos, corro ¿cómo podría?, amaso y amaso templando la arcilla. Y con cada vaivén de las manos, siento la brisa del mar que me llega o los versos del poeta chileno, o tu recuerdo que envuelve y me besa.
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