Aún recuerdo la última lluvia de invierno arropada en el viento que golpeaba con fuerza los cristales de ese piso once. Me asomé a la ventana y vi tu imagen delinearse. Era el mar, al fondo, que me la traía con sabor a olas. Era el mar, me dije, y envuelta en una ola, regresé a sentarme en el sillón de mi odontóloga.
