Este jueves nos convoca Mamaceci, del blog "Notas desde el fondo de mi placard" con el tema: "Ritos culinarios". Mi mente voló enseguida a "El Festín de Babette" (Babettes gaestebud), excelente película danesa escrita y dirigida por Gabriel Axel, basándose en un relato de Karen Blixen, que escribió bajo el seudónimo de Isak Dinesen; película ganadora del Oscar 1988 a la mejor película de habla no inglesa.
La película:
Aquí, en esta foto, vemos a Babette (Stéphane Audran) distinguido chef francés que, escapando de la Revuelta de los Comuneros de 1871, en París, tras la derrota de Napoleón III frente a Prusia, llega a la casa de estas dos hermanas solteronas Martine (Brigitte Fiederspiel) y Filipa ( Bodil Kjer) en un remoto pueblo de Dinamarca, con una carta de recomendación. Hijas ambas de un pastor pietista luterano muy estricto, que uno a uno fue rechazando todos los pretendientes de sus hijas, cuando estaban "en edad de merecer".
Poco a poco, Babette se gana la confianza de las austeras y piadosas hermanas. Un día, Babette, gana un billete de lotería que un amigo renovaba para ella cada año (único lazo con su madre patria) y decide, en un acto de auto-sacrificio gastar todo ese dinero en preparar un banquete para la celebración del Centenario del nacimiento del fundador de la Comunidad. A ese banquete asisten todos los habitantes del pueblo, incluso antiguos pretendientes de las viejecitas, con sus mujeres actuales. Babette, se entrega de forma generosa a preparar todas las delicias culinarias (con los ingredientes traídos por un amigo o sobrino de ella de París, especialmente para la ocasión) para el completo deleite de los comensales, quienes jamás habían disfrutado algo semejante.
Poco a poco, Babette se gana la confianza de las austeras y piadosas hermanas. Un día, Babette, gana un billete de lotería que un amigo renovaba para ella cada año (único lazo con su madre patria) y decide, en un acto de auto-sacrificio gastar todo ese dinero en preparar un banquete para la celebración del Centenario del nacimiento del fundador de la Comunidad. A ese banquete asisten todos los habitantes del pueblo, incluso antiguos pretendientes de las viejecitas, con sus mujeres actuales. Babette, se entrega de forma generosa a preparar todas las delicias culinarias (con los ingredientes traídos por un amigo o sobrino de ella de París, especialmente para la ocasión) para el completo deleite de los comensales, quienes jamás habían disfrutado algo semejante.
En esta, para mi, maravillosa película, resaltan dos hechos el primero, la diferencia de concepciones dentro del mundo cristiano entre el alegre y piadoso catolicismo de Babette y el penitente y austero luterano de las hermanas Martine y Filipa, que no tenían idea de los placeres de la vida. Y el segundo, la generosa entrega de Babette, para alegrar a las hermanas y a toda la comunidad, aún a expensas de su libertad económica en cuanto a que destina todo el dinero ganado en la lotería, sumado a su amorosa dedicación profesional a la preparación del exquisito banquete. Una entrega que es un acto de amor y por lo tanto, la Luz se hace presente en esa celebración, dándole un sentido de gozo mundano pero a la vez, espiritual.
Y ahora mi relato de este jueves:
Como cada viernes a las 7 de la noche, cumplíamos con el sagrado rito culinario de compartir, alrededor de una mesa con mantel de lino bordado a mano y copas de cristal de Baccarat, un banquete con un surtido de nuestras pastillas multicolores de comida sintética pero muy nutritiva (y zumos igualmente sintéticos), seguido del visionado de una película de celuloide, de esas que se hacían en el lejano Siglo XX, usted me entiende, preferentemente, con temas de cocina, a modo de masturbación mental colectiva o de regreso, si lo prefiere, a un paraíso más que perdido y altamente añorado.


