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Thursday, October 15, 2020

Este jueves, un relato: "Hay un dios en mi sandwich", Hathor, la diosa egipcia del amor, pone un consultorio sentimental junto con Afrodita en Marruecos

 

 


Mi nombre es Hathor, diosa egipcia  del amor, la sexualidad, la alegría, la danza, el cuidado materno y protectora de mis consortes   a veces Horus y a veces  Ra en contra de sus enemigos. He cruzado entre los mundos   y descendido  a Duat,  el inframundo, para ayudar  a las almas de los  difuntos a  que pudieran salir al otro lado, a la plena luz del día en Aaru,  y me he sentido muy feliz por ello.

 

Auguste Mariette (Fr. 1821- Eg.1881)


 Templo en honor de la diosa Hathor, en Dendera, Egipto

 

Mi nombre es Hathor y soy la siempre bella y eterna diosa del amor que, lamentablemente,  ha sido molestada con la excavaciones que realizara el impertinente y ávido Señor Auguste Mariette en mi Templo allá por los años 1873-75 del Siglo XIX terráqueo.  Estoy furiosa y como no me place estarlo,  he decidido emprender un viaje re-creacional para superar esta crisis, alinear mis chakras, y volver a mi natural estado  de amor y alegría.   Supe que una colega mía andaba  de visita  por los mundos perdidos de Maraverso, así que decidí  viajar a verla  y compartir experiencias ya que también ella  era diosa del amor, pero griega. Como no tenía la dirección exacta, en el camino me perdí por  unos laberintos por donde andaban el dios Sobek y la faraona   Sobeknefaru, luego  llegué a un Museo, en donde me topé con la Momia Rasputelis,  Borlis Karloff y un desconcertado y solícito guardia con mate y pava.   Mi  brújula interior se había dañado, no cabía duda, así que tomé rumbo a  la  Estación Espacial de la Nasa, para alquilar un cohete  con tecnología de punta y la promesa de devolverlo en buen estado cuando hubiera completado el viaje de regreso. 

  

                                                     Cohete  alquilado por la diosa Hathor  a la Nasa para llegar a Maraverso

 

Finalmente, yo Hathor, llegué a Maraverso luego de ajustar en el GPS  un par de veces las coordenadas que me sopló mi amigo el Demiurgo de Hurlingam. Allí estaba bella como siempre Afrodita a la que abracé emocionada. Charlamos largo y tendido de todo lo divino y humano hasta la caída del sol y la salida  de la primera estrella de la Constelación del Pavo Real Supremo que  brilla en esos Cielos.  Como  volvimos a cruzarnos con los dos tuarégs desorientados que seguían por allí,  decidimos acompañarlos a Marruecos.  En el camino Afrodita y yo charla va, charla viene, tuvimos la brillante idea de poner un consultorio sentimental en Tánger porque, conversando con los tuarégs, descubrimos la gran necesidad que tienen los marroquíes de ser guiados en ese sentido.

 ¡Ah, sí!  Al cohete espacial todavía lo  están esperando los de la NASA.  ¿Y Afrodita y yo? ¡Nos la pasamos genial!. Yo recobré mi estado original,  en unos minutos   estamos por  salir de excursión a visitar la mágica ciudad azul de Chaouen pero  he de reconocer que ni ella ni yo queremos llevar ningún  sandwich para comer  en el camino por si se nos apareciera en él  un dios masculino de esos que suelen entrometerse en nuestros planes y estropearlos, de esos que no pueden dejar de alardear de sus cualidades de machos alfa,  que así   estamos felices  con nuestra nueva libertad adquirida, amor entre nosotras  puro, sincero,  completo, y una empresa más que floreciente que nos apasiona.


Chaouen


 Convocatoria de  Roxana B. Rodríguez desde su blog "Soñando uno de tus sueños" con el tema: "Hay un dios en mi sandwich" 

 

Imágenes tomadas de la RED