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Thursday, March 17, 2022

Este jueves, un relato. "Sucedió en la fábrica" de Salazón de pescado en Claudia Boelia, entre realidad y ficción ( mi participación)

 

La factoría de salazones descubierta en Baelo Claudia por la Universidad de Cádiz cuenta con nueve piletas y ha aparecido en el barrio sur del yacimiento, en la zona más cercana a los chiringuitos. Foto por Alejandro Ruesga (EL PAÍS)

 

 Realidad:

 
 Ficción: 
 
Junia Rufina, empresaria rompedora de moldes romana muy adinerada y viuda del diunviro Lucio Fabio Rufinus, dirigía con esmero y mano férrea la fábrica de salazón de pescado y producción con receta propia y secreta de salsa garum (salsa que mezclaba hasta cinco pescados y mariscos fermentados, una exquisitez para el paladar romano, cartaginés, fenicio, etc) recibida como un regalo de su padre en Baelo Claudia  muy cerca del Puerto de Asta Regia de dónde salían  las naves cargadas con los productos marinos a todos los rincones del Imperio, a Cartago, a Fenicia, a Bizancio, a Silecia, etc.  Los esclavos que trabajaban para tener capacidad máxima en las 9 piletas  lo hacían día y noche por turnos de 12 horas bajo un sol abrasador o una  lluvia torrencial. En cada pileta cabían 2000 lomos de atún.   El capataz Filipo Numio era un ser despreciable. Muchos lo odiaban y deseaban su muerte. Nadie  se había atrevido a enfrentarlo hasta que llegó un día a trabajar en el complejo Nicomeno  Xilertes, un monumental esclavo capturado en  Efeso. Y se armó la de Dios es Cristo y hasta aquí llegamos. El hombre, Filipo,  apareció muerto de asfixia al día siguiente con un gran pescado podrido en el boca y colgado  de un poste por los pies y boca abajo, bamboleándose al viento. 


Entre Realidad y Ficción: 331 palabras

Fuentes enlazadas en el texto. Imágenes de las Fuentes. 

 


 

 
 
 
 
 
 

Thursday, February 17, 2022

Este jueves, un relato: "Historias con título a la carta" El ánfora... con el cargamento especial

 

Imagen y convocatoria de Mónica desde su blog Neogémenis   
en dónde se pueden leer más relatos
De los títulos propuestos por Mónica, o elegí " El Ánfora"
 
 
 

Jeiredin Barbarroja ( 1475-1546)


Año 1522, Hızır bin Yakup, mejor conocido como Jeiredin Barbarroja,  preparaba su flota compuesta por galeras grandes  y galeotes pequeños y ligeros  para la conquista de Rodas, por orden de su majestad, el Sultán Suleimán, El Magnífico,  quien lo catapultaría  de pirata-corsario a Kapudán Pashá,   esto es, Gran Almirante  de la  armada naval otomana.
 
 
 
 Galeote otomano  para 26 remeros
 
Así pues, una noche de  junio,    zarparían de  Estambul, según los cronistas, 400 navíos con alrededor de 200.000 soldados bajo las órdenes del delegado de Barbaroja y cuñado del Sultán Suleimán, Mustafá Pashá.   No podía haber errores, ni traiciones, el rumbo se indicaría a la tripulación en altamar.  El Mediterráneo,  el mismo que había sido el  Mare Nostrum romano,  ahora lo sería Otomano. Rodas debía, por lo tanto,  caer.   El Sultán se unió a la campaña el 18 de Julio.



Castillo de Rodas construido por los Caballeros de San Juan de Jerusalén en el 1309
 

Después de un largo asedio de cinco meses, los Caballeros de San Juan u Hospitalarios capitularon  y fueron expulsados definitivamente de la isla  el 1ro de Enero de 1523.  La conquista de la isla permitió de esta manera a los otomanos poder controlar de forma segura para ellos todo el Mediterráneo oriental, zona comercial por excelencia. 

 
 
Restos de un naufragio- ánforas  que transportaban aceite  de oliva y vino - GETTI images


 
Ánforas en el Museo de Arqueología marítima de Bodrum (La antigua Halicarnasos)
 
 
El Gran Maestre luego de rendirse a los otomanos   dio la orden, llevarían los escasos víveres y vino que les quedaban  en un cargamento de ánforas y entre  todas ellas, disimulado, iría una  repleta de monedas de oro.  Próximo destino para la Orden después de un corto peregrinaje, Malta.
 
 
 (241 Palabras)
Las  Imágenes no atribuidas fueron tomadas de internet
 
 


 

Friday, October 22, 2021

¡Le Jaím! El complejo industrial vitivinícola más grande del mundo excavado en Yavne, Israel, cerca de Tel Aviv

 El complejo industrial que data de hace 1.500 años, que se encuentra al sur de Tel Aviv, era capaz de producir 2 millones de litros de vino al año que se comercializaban en toda la región, dicen los arqueólogos.
 

 Jar with stopper found at Byzantine winepress in Yavne (Yaniv Berman/IAA)

 

La planta incluye cinco prensas de vino, almacenes para añejar y embotellar el vino y hornos para cocer las ánforas de arcilla en las que se almacenaba el vino, dijo el lunes la Autoridad de Antigüedades de Israel. El sitio se remonta a la era bizantina, alrededor de los siglos IV-V de la Era Común., y es el mayor complejo de este tipo conocido que existe en ese período.


 ( De Der. a Izq.) Dr. Jon Seligman, Liat Nadav-Ziv and Dr. Elie Haddad with some of the wine jars found at the Byzantine winepress in Yavne (Israel Antiquities Authority)
 
 
Los arqueólogos descubrieron tinajas de barro intactas, así como decenas de miles de fragmentos en el complejo, que también presentaba rutas de acceso bien planificadas entre las diferentes instalaciones. Los directores de la excavación dijeron que el tamaño del sitio y su capacidad para producir una cantidad tan grande de vino utilizando métodos de producción manual eran inesperados. “Nos sorprendió descubrir una fábrica sofisticada aquí, que se utilizó para producir vino en cantidades comerciales”, dijeron el Dr. Elie Haddad, Liat Nadav-Ziv y el Dr. Jon Seligman en una declaración conjunta. “Además, los nichos decorativos en forma de caracol, que adornaban los lagares, indican la gran riqueza de los dueños de las fábricas”. 
 

 Vats for wine storage at Byzantine winepress in Yavne (Yaniv Berman/IAA)
 

“Un cálculo de la capacidad de producción de estos lagares arroja que se comercializaban aproximadamente dos millones de litros de vino cada año, si bien debemos recordar que todo el proceso se realizó de forma manual”, señalaron. Debido a que el agua en ese momento a menudo no era estéril o muy sabrosa, beber vino en la antigüedad era muy común tanto para adultos como para niños. El vino se agregaba al agua para mejorar su sabor o simplemente se sustituía por agua potable.

Cada lagar en el sitio de Yavne cubría un área de aproximadamente 225 metros cuadrados, con un piso donde las uvas serían aplastadas con los pies descalzos rodeadas de compartimentos separados y cubas para fermentar y almacenar el vino.

Entre los lagares había cuatro grandes almacenes que servían para añejar el vino en ánforas alargadas conocidas como "tinajas de Gaza", que se elaboraban en el lugar en grandes hornos. La IAA dijo que "Gaza and Ashkelon Wine" se consideraba una marca de vino de calidad del mundo antiguo, con una reputación que iba más allá de las inmediaciones de los lagares. Los arqueólogos dijeron que el vino se comercializaba a través de los puertos de Ashkelon y Gaza, de ahí su nombre, y luego se transportaba a lo largo de la cuenca del Mediterráneo. 

Las excavaciones en Yavne también descubrieron lagares aún más antiguos, que se remontan al período persa hace unos 2.300 años, dijo la IAA. “En la Mishna [tradiciones orales judías] se dice que después de la destrucción de Jerusalén [en el 70 EC], el liderazgo judío emigró a Yavne, y que los sabios de Yavne vivieron en un viñedo y estudiaron Torá. La excavación muestra un continuo de existencia de la industria del vino en el sitio durante muchos siglos ”, dijeron los arqueólogos.

 


 



 
 
 
 

Monday, September 27, 2021

La producción cerámica como expresión de una Cultura (7): La Cultura Muisca, Colombia (1200-1600 EC) - Segunda parte

 Primera parte aquí



 
 Los grandes talleres de cerámica estaban en los territorios de Tocancipá, Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, cuyas arcillas les ofrecían una materia prima excelente.

Sus productos eran para uso doméstico, ofrendas a los dioses, o intercambio comercial.

Elaboraron su cerámica modelando directamente el barro, o por medio de rollos de arcilla en espiral.

En lugar de cántaros fabricaban jarras de cuello alto, se hallaron fruteras con un pequeño pie, ollas de múltiples asas, vasijas en forma de hombres, a las cuales les abrían un agujero, en el vientre o en la cabeza, para guardar en ellas los tunjos y esmeraldas. Son frecuentes figuras humanas sobre cuyo pecho había una insignia en "X".

Algunas piezas fueron adornadas con aplicaciones de pastillaje y con incisiones; cuando están pintadas, tienen fondos terracota y dibujos espirales predominantes en negro.

 

1. Vasija subglobular (múcura) con cuello estrecho alto y hombro angular. Tamaño: 43 x 34 cm.
2. Copa
3. Motivo antropomorfo en arcilla, sus ojos y boca están hechos con dobles tiras formando el típico elemento “grano de cafe”. Tamaño: 37,5 X 26,5 cm.
4. Vasija representando un chamán. Obtenida en Guatavita.


5. Figura masculina con tocado ceremonial, sobre el pecho la frecuente insignia cruzada en "X". Tamaño: 31,5 x 19,5 cm.
6. Vasija antropomorfa, en el agujero guardaban tunjos y esmeraldas.
 

 
La Orfebrería muisca: 

Para los orfebres muiscas, el arte tenía un doble significado: expresión estética y simbolismo religioso. El oro que obtenían por intercambio con los pobladores de las riberas del río Magdalena, lo trabajaban con el cobre, obteniendo el tumbaga una aleación de color bronceado. Sobresalían en la técnica de la cera perdida y utilizaban matrices de piedra. Las piezas:

Tunjos

Son las más pequeñas y representativas de los muiscas, que muestran casi siempre un personaje humanoide, generalmente elaborados para ofrendar a los dioses.
La factura es siempre similar: sobre una plancha se dibujan las formas humanas y su atuendo con hilo de tumbaga.
La terminación es descuidada pues muestra las rebabas de la fundición.

Pectorales

Los pectorales muestran un meditado diseño y una acabada terminación. Son imágenes humanoides, que aluden a seres míticos o a personajes de su sociedad.
Están realizados con planchas gruesas y fundidas en tumbaga.

Colgantes y narigueras.

Simbolizaban jerarquía y alcurnia para sus poseedores.
Las narigueras, se objetivan abstracciones de aves y entramados de chapa e hilo trenzado junto a colgantes adosados.
Los colgantes presentan un similar sentido ornamental pero mayor cuidado en la terminación.


Pieza característica de la orfebrería. Fundida a la cera perdida, carente de pulimento y con los rasgos figurativos esquematizados como códigos gráficos. Antropomorfo de dos cabezas encerrado en un cercado. Tamaño: 9,1 x 5,7 x 6,4 cm. 
 

Los "tunjos", son un compendio visual de tipos sociales, los detallas se representan esquemáticamente con finos alambres. En la imagen una mujer sosteniendo a su hijo con un brazo, con el otro una especie de bastón. Tamaño: 8,4 x 2,5 cm. 



Las narigueras como los colgantes, simbolizaban jerarquía y alcurnia para sus poseedores. Tamaño: 14,6 x 18,9 cm
 
 

 Pectoral representado el vuelo del chamán.
Tamaño: 15 x 14,5 cm.
 
Pieza de ofrenda en forma de rostro o máscara.
Tamaño: 5,3 x 5 cm
 
Todas estas Piezas  de Orfebrería  se encuentran alojadas en el  Museo del Oro
del Banco de la República, Bogotá, Colombia.
 
 
 
 Las evidencias textiles muiscas, provienen de cuevas en los páramos y tal vez de santuarios; por las crónicas sabemos que las mantas eran preciadas, presentes como regalo en los festejos, las usaban coloradas en señal de luto y los cortesanos de Tunja muy ricas y decoradas. Las momias eran envueltas en finos tejidos de algodón.

Emplearon para tejer fibras vegetales como el algodón y el fique, el primero lo usaron principalmente para la fabricación de mantas y el segundo para cuerdas y mochilas.

En el proceso del hilado para la elaboración de la fibra, utilizaron husos cuyos volantes eran de piedra con los que produjeron hilos muy finos de excelente calidad. Manejando una compleja técnica producían telas de una sola pieza con innumerables entretejidos, muy resistentes.

Desarrollaron la tintorería, para darle color usaron colorantes y pigmentos naturales de origen vegetal y mineral obteniendo una gama variada de colores. Las pinturas eran motivos geométricos, al parecer de carácter simbólico.

En las mantas, introdujeron hilos de urdimbre tinturados generalmente de color marrón oscuro formando rayas angostas, que en algunos casos limitaban el espacio donde se pintaba la tela.

Hasta el momento no existe el hallazgo arqueológico de un telar muisca y no se conoce ninguna cita de cronista al respecto.

 

Manta



Nota
Las fuentes están en los enlaces y las fotos o son tomadas de allí o de internet. 







Saturday, September 25, 2021

La producción cerámica como expresión de una Cultura (7): La Cultura Muisca, Colombia (1200-1600 EC) - Primera parte

 

La Balsa Muisca es una figura de oro que representa la ceremonia sagrada de El Dorado, 

que tenía lugar en la Laguna de Guatavita

En la actualidad, esta pieza se encuentra alojada  en el Museo del Oro de Bogotá 

y es considerada un símbolo identitario de Colombia


Territorio Muisca


Según este artículo publicado en Live Science y escrito por Owen Jarrus, hace dos días.   Los arqueólogos en Colombia han encontrado ocho vasijas de cerámica, con estatuillas metálicas y esmeraldas en su interior, dentro de un templo y sus tumbas adyacentes. Los antiguos muisca (también [mal] llamados chibcha) elaboraron los frascos llamados "ofrendatarios" hace unos 600 años. Los muisca, un pueblo cuya civilización floreció en la región en ese momento, eran famosos por sus habilidades en la elaboración de metales, y su trabajo puede haber inspirado la leyenda de El Dorado, una ciudad legendaria hecha de oro. Entre 1537 y 1540, los españoles conquistaron la región y muchos de los muiscas murieron durante los combates o debido a enfermedades. A pesar de la destrucción, los muiscas perseveraron y miles de sus descendientes viven hoy.

 

                                      Ofrendatorio  ( parte del tesoro encontrado ) Foto por Francisco Correa

 

Los Muiscas nunca desarrollaron la escritura, afectando la conservación de su cultura a través del tiempo, por lo que las fuentes primarias de conocimiento histórico sobre los muiscas son, en primer lugar, los escritos de los cronistas de Indias que se ocuparon del Nuevo Reino de Granada durante los siglos XVI y XVII; en segundo lugar, los escritos de investigadores y recopiladores durante los siglos XVIII y XIX; en tercer lugar, los archivos oficiales desde la conquista y la colonia, como registros bautismales, actas de matrimonio, actas de defunción, testamentos, entre otros; y finalmente, las obras producidas por los descendientes de los muiscas o por investigadores en contacto directo durante los siglos XX y XXI.

Entre el 500 antes de la era común  es decir, a.EC. (aC) y el 800 de la era Común,  EC (dC). llegó una nueva oleada de pobladores al altiplano cundiboyacense, cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de adecuación agrícola y de vivienda. Estos nuevos pobladores eran los muiscas, pertenecientes a la familia lingüística chibcha. Al parecer los muiscas se integraron a la población que ya habitaba el territorio.
 

 

                                                  Pectoral muisca con figuras de seis aves con las alas plegadas y humanos en cuclillas sobre sus cabezas. Museo del Oro de Bogotá.

 

Uno de los mitos más hermosos es el  de la CreaciónEn el principio solo existía Bachué, la Madre Abuela originaria de Iguaque y que se asentó en lo que hoy es Tunja. Entonces Bachué gritó, y aparecieron los dioses, la luz, las plantas, los animales y los muiscas o chibchas. Luego los dioses llenaron una olla con semillas y piedras, y sembraron luceros en el espacio. Tomaron las migajas que habían quedado en la olla y las lanzaron muy lejos, y ese fue el origen de las estrellas. Sin embargo, todo estaba quieto, nada se movía. Entonces los dioses fueron a visitar a Bague, y le contaron su pesar porque nada se movía, ni crecía, ni sonaba. La Madre Abuela preparó una bebida que los dioses tomaron hasta quedar dormidos. Comenzaron a soñar y a tener visiones, y en sus sueños todo se movía, las aves cantaban, las cascadas hacían ruido y los hombres se afanaban en sus labores cotidianas. Cuando los dioses despertaron, la luz se esparció por el universo, y todo tuvo movimiento, como en sus sueños. Ver Puerta Restrepo, Germán. El sueño de los dioses (UNAWE)
 
 
 
 El maíz era el alimento básico en la dieta muisca

Agricultura y alimentación de  los muicas:

Los muiscas establecieron parcelas de cultivo dispersas en diferentes zonas climáticas. En cada zona tenían viviendas transitorias, lo que les permitía aprovechar los productos agrícolas de las zonas frías y templadas en períodos de tiempo regulados. Este sistema de agricultura, denominado "modelo de microverticalidad", era administrado de forma directa o mediante relaciones de tributo e intercambio con otras etnias indígenas a las que los muiscas habían sometido. Este modelo sería una respuesta adaptativa a los limitantes ecológicos, puesto que la mayor parte de las cosechas eran anuales. Además, el riesgo constante de las granizadas y de las heladas, a pesar de no implicar la pérdida total de las cosechas, sí podía generar situaciones de desabastecimiento. Parte del problema se solucionaba con las múltiples variedades de papa que existían, además de que la mayor parte de estas variedades podía resistir las heladas luego de los cinco meses de haber sido sembradas. Pero además, al disponer de productos de diversos pisos térmicos, tenían pleno acceso a la batata, la yuca, el frijol, el ají, la coca, el algodón, la ahuyama, la arracacha, el fique, la quinua y el hayo colorado, aunque el producto básico en su dieta era el maíz.

Como los muiscas no conocían el hierro, labraban la tierra con instrumentos de piedra o de madera en tiempo de lluvias, cuando se ablandaba el suelo, y por eso consideraban las temporadas de sequía como una gran calamidad. La papa, el maíz y la quinua eran los principales productos de consumo, los cuales sazonaban con sal, ají y una gran diversidad de hierbas aromáticas. Dos veces al año cosechaban la papa, y el maíz una vez en las tierras frías, en donde estaba asentada la mayor parte de la población. No se sabe si se servían del extracto dulce de la caña del maíz, como los indígenas mexicanos, o solo de la miel de abejas, que abundaba en los declives de la cordillera. La bebida por excelencia de los muiscas era la chicha, una bebida alcohólica fermentada de maíz. Ejercían la caza y la pesca, esta última en los ríos y lagunas de las planicies con pequeñas redes y balsas de junco que siguieron fabricando hasta el siglo XIX.

Consumían también abundantes proteínas vegetales como maní, frijoles y coca, y proteína animal como curí, venado, conejo, pescado, hormigas, orugas, aves y animales de monte. Las autoridades muiscas se encargaban de la redistribución de alimentos en épocas de escasez. (Ver Martínez Martín, Abel Fernando. Entre risas y llantos. Una mirada a las costumbres muiscas a través de los cronistas, p. 3)

El cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo contó que en los dos años que duró la conquista, ningún día dejó de entrar en las bodegas de los cristianos todos los bastimentos necesarios. Cuenta que hubo días de cien venados, otros de ciento cincuenta, y el día que menos, treinta venados, conejos y curies, y hasta un día de mil venados.

 Higiene y relación con el agua: 
 
 Los muiscas se bañaban varias veces al día, lo que generó sorpresa y rechazo por parte de los españoles, para quienes bañarse tantas veces era innecesario y obsceno (puesto que se bañaban en los ríos hombres, mujeres y niños a la vez). También hacían ciertos baños rituales: para la madre y el hijo después del parto, en la llegada de la menstruación, en el rito de iniciación masculino y en la coronación de un nuevo Zipa en la Laguna de Guatavita, y en otras lagunas sagradas. Los sacerdotes se bañaban al investirse luego de muchos años de preparación durante los cuales solo podían lavarse la punta de los dedos.
 
La sexualidad: 
 
 Existía total libertad sexual antes del matrimonio y este poco tenía que ver con la virginidad; por el contrario, la virginidad para la mujer muisca era una verdadera desgracia; como lo relata Alonso de Zamora: «Reparaban muy poco en no hallar doncellas a sus mujeres y en algunas era motivo de aborrecerlas, si las hallaban con integridad: porque decían eran mujeres desgraciadas pues no hubo quien hiciera caso de ellas». ( ver DUQUE GÓMEZ, Luís. Historia Extensa de Colombia. Vol. I, T II, Prehistoria Tribus indígenas y sitios arqueológicos. Lerner, Bogotá, 1967. P. 477)
 

La poligamia era común entre la sociedad muisca. Los hombres podían tener el número de tygüi (esposas) que fueran capaces de mantener, aunque la primera era la principal, y se le daba el nombre de güi chyty (primera consorte). El incesto estaba prohibido.

 Mucho más sobre los muiscas  aquí 

 

En la próxima entrada  (Segunda Parte) veremos algo de su  Cerámica,  Orfebrería y Textiles

 


Wednesday, March 17, 2021

Este jueves, un relato: "Al otro lado de la puerta", el terror (Homenaje a Edgar Allan Poe)

 

 La casa de Edgar Allan Poe/Deviantart/ Autor: Sit by me and sea

 Convocatoria de Magade Qamar desde su blog "La trastienda del pecado"

 

Desde siempre me había llamado la atención la fachada de la antigua casa victoriana, la muy célebre y lúgubre Mansión Usher, en el barrio de Boston, EEUU.   Acababa de regresar  al país y a mi hogar de una campaña de excavación  en Saqqara, Egipto, donde había trabajado  en el equipo del eminente arqueólogo Zahi Hawas y aún tenía  en mi maleta el gato embalsamado que  me había traído  de contrabando y así como un bello escarabajo  de oro puro, que contenía en su interior enrrollado un conjuro mágico escrito en jeroglíficos.  No suelo hacer esas cosas pero después de cuarenta años en la profesión y a punto de jubilarme, deseaba guardar algún recuerdo de mi trabajo, más que nada como legado a mis hijos y nietos.  Aunque cansado, me di un baño caliente, acicalé mi barba blanca, me perfumé  y vestí con el  traje que mi abuelo me había dejado de recuerdo, que al ponérmelo me transportaba a otro tiempo. Encendí la pipa y mirando hacia  el exterior, me senté a fumarla  en el sillón; el mismo que  le gustaba a mi abuelo  y que  había  acaparado para sí cuando vivía. ¡Debo ir a esa casa!, sí.... a esa, a "la mansión Usher",  me dije, sé que su dueño  Don  Roderick Usher  fue un buen  amigo  de mi abuelo que también lo había sido  de E. A. Poe. Lentamente fui sumergiéndome  en  una densa niebla  que  ingresó veloz  por la ventana abierta y  todo lo cubrió.  Horrorizado tomé mi abrigo y mi galera y salí con premura  hacia  la calle. Con pasos agitados caminé mientras percibía entre la niebla, una humedad rojiza con  un tufo pesado y  grasiento. Tropecé con un carro de castañas. "¡Ürgeme llegar a esa casa!". Sé que guarda un secreto que debo desenmarañar.

Después de haber cruzado cinco calles en dirección Norte, antes de llegar al Fenway Garden  doblé a la derecha y caminé con pasos apresurados pero torpes hasta cruzar otras siete calles.  Ya  podía percibir  la cercanía de la mansión Usher antes del derrumbe, cuando todavía se  erguía digna y majestuosa, aunque  por dentro la impregnara el moho. Toqué la aldaba con fuerza y un mayordomo sombrío,  adusto y flaco abrió la puerta. Traspasé el umbral, la niebla se coló en el interior envuelta en mi persona. Traté de sacudírmela. Fue imposible.  Resbalé en la escalera que subía hacia el salón principal y di con mis huesos en el piso, al incorporarme, entre la niebla, sentada en uno de los escalones estaba ella, Madelaine -la hermana  melliza de Roderick-,  que con su lánguida mirada y patética sonrisa espectral me miraba desde las cuencas vacías de sus ojos. Sus ropajes blancos de lino  estaban totalmente deshilachados y manchados con  tierra  mezclada con  sangre que  dibujaba diseños macabros sobre su regazo, sin embargo esto no parecía importarle. Ella  me miraba sin verme porque me sabía allí. Esquivándola, volví a subir.  Ya arriba en el salón,  reía histéricamente Roderick Usher, con una carcajada diabólica y mezquina.  Apresurado me desvié  hacia el cuarto de baño,  en la bañera a medio llenar me miraba sorprendido un pulpo.  Desabrochéme la bragueta   y asomóse el pene, pero  no emboqué donde debía en parte porque el pulso me temblaba, en parte porque casi no veía.  Mientras me aliviaba, el azorado pulpo recibió en su cabeza una lluvia dorada de orines espumantes. Como la  niebla  se hacía más densa,  logré apretarla en el baño y quedó acompañando al pobre pulpo.  Volví al salón. Era la hora del te.  Algo compuesto, ahora sí, Roderick me dio la bienvenida y tomé asiento.


John Tenniel illustration for Edgar Allan Poe's "The Raven."

Graznó un cuervo revoloteando sin ton ni son y luego se posó sobre la mesa desde donde procedió  hambriento a observarme. Acurrucado en  el sillón de pana roja, recordé los ojos de Madelaine que no estaban en sus cuencas y tuve mucho miedo de perder los míos. Roderick ya no reía, balbuceaba frases incoherentes y sudaba.  Traté de que  distrajera al cuervo, que al acecho,   esperaba frente a mi. Saqué el escarabajo de oro de mi bolsillo y se lo ofrecí, nervioso, con el afán de distraerlo.    El cuervo abrió el pico y lo engulló de una. Al rato, el estúpido pajarraco  se transformó en un gato negro que  pasó a pantera y luego a boa constrictor. Lo que siguió fue muy rápido, la boa se lanzó hacia mi envolvente y me atrapó, mientras la maldición de las tumbas excavadas de Saqqara hacía su efecto, sentí  mi  cuerpo triturarse poco a poco en ese  abrazo. 

Luego vino  la hecatombe. La mansión  Usher se desplomó entre una nube de polvo y un gran estruendo como si la hubieran dinamitado.

Quedamos pues todos, sin  remedio, como despojos muertos y  enterrados hasta que un arqueólogo del futuro, si acaso,  se digne  rescatarnos.


Recreación de:

The fall of de house Usher by Edgar Allan Poe

Con guiños a:

El escarabajo de oro 

El cuervo

El gato negro


Friday, January 29, 2021

Arqueología y gastronomía: "¿Qué comían en la Tierra de Israel hace 3.700 años?

 Además de los alimentos locales a base de trigo, dátiles y semillas de sésamo, en los dientes de los humanos que vivieron en Megido también se encontraron restos de soja, bananas y cúrcuma. Este descubrimiento refleja la existencia de un antiguo comercio entre la India y el sudeste asiático con la Tierra de Israel.

Un nuevo estudio realizado por un equipo internacional, en el que participaron investigadores de la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de Israel, descubrió que ya en el siglo XVI a.e.c. existía un comercio global significativo entre India y el sudeste asiático con la Tierra de Israel. El comercio en esos días consistía principalmente en alimentos exóticos como la soja, las bananas y la cúrcuma, casi mil años antes de la primera evidencia de la presencia de estos alimentos en el Medio Oriente. 
 
 

Sitio de excavaciones arqueológicas en Tel Megido.
(Universidad de Tel Aviv)
 
 
El estudio se basó en restos de comida hallados en los dientes de personas enterradas en Tel Meguido y Tel Erani, cerca de Kiryat Gat. En los dientes se encontraron restos de diversos alimentos, incluidos algunos del sudeste asiático como soja, bananas y cúrcuma, que datan del siglo XVI a.e.c.. en Meguido y del siglo XI a.e.c. en Tel Erani. El estudio fue realizado por el profesor Philip Stockhamer de la Universidad de Múnich, con la participación del profesor Israel Finkelstein y el doctor Mario Martin del Departamento de Arqueología y Culturas del Antiguo Cercano Oriente de la Universidad de Tel Aviv, y el doctor Yanir Milevsky y Dmitry Yegorov de la Autoridad de Antigüedades de Israel. La investigación fue publicada esta semana en la revista PNAS. 
 
 

Prof. Israel Finkelstein.
(Universidad de Tel Aviv)
 
Según los investigadores, al imaginar el mercado urbano de Meguido hace 3.700 años se puede suponer que tenía alimentos locales a base de trigo, dátiles y sésamo: se encontraron proteínas antiguas y microfósiles de estos alimentos en las mandíbulas de humanos enterrados en Meguido y Tel Erani. Pero también se hallaron restos de soja, bananas y cúrcuma, lo que según los investigadores es un hallazgo impresionante, ya que en ninguna parte del mundo se han encontrado evidencias más antiguas de estos alimentos fuera del sudeste asiático. El descubrimiento antecede en cientos (en el caso de la cúrcuma) e incluso en mil años (en el caso de la soja) a su presencia en la Tierra de Israel y en la cuenca mediterránea. Esto significa que ya en el segundo milenio a.e.c., había un comercio de frutas exóticas, especias y aceites entre el sur de Asia y la Tierra de Israel, a través de la Mesopotamia o Egipto. Desde ya que ninguna banana hubiera sobrevivido al viaje desde el sudeste asiático a Meguido, por lo que se estima que eran consumidas como frutos secos. 
 
 
 

Dr. Yanir Milevsky.
(Yuli Schwartz/Autoridad de Antigüedades )
 
 
 "Esta es una clara evidencia del comercio con el sudeste asiático ya en el siglo XVI a.e.c., mucho antes de lo que las investigaciones habían revelado hasta ahora", explicó el profesor Finkelstein. "Hace unos años se descubrió una evidencia similar de un comercio a larga distancia en el estudio de restos moleculares en la cerámica de ese período en Meguido. Una investigación descubrió evidencia de importaciones de vainilla. Pero lo oculto prevalece sobre lo visible en términos de detalles sobre las formas de comercio y la manera de trasladar las mercancías". 
 
 

Dmitry Yegorov.
(Yuli Schwartz/Autoridad de Antigüedades)
 
 El doctor Yanir Milevsky y Dmitry Yegorov, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, señalaron que una excavación realizada en Tel Erani reveló un cementerio de la Edad del Hierro Temprana hace unos 3.100 años, lo que hizo posible aprender más sobre la vida en ese momento. "En algunas de las tumbas encontramos familias enterradas juntas y ofrendas fúnebres: cuencos, jarras y cántaros, enterrados con los muertos, ya que creían que estos serían utilizados por los fallecidos en el otro mundo. En algunos de los cuencos, jarras y cántaros fueron hallados huesos de animales, principalmente ovejas y cabras, que para ellos eran comida para los muertos", afirmaron. Los investigadores planean estudiar los recipientes encontrados en las tumbas para buscar restos de banana y sésamo hallados en los dientes.
 
 

Uno de los hallazgos en Tel Erani.
(Yuli Schwartz/Autoridad de Antigüedades)
 
La soja se domesticó por primera vez en la China moderna en el séptimo milenio a.e.c. Las bananas se domesticaron por primera vez en Nueva Guinea, en el quinto milenio a.e.c, y llegaron a África occidental 4.000 años después, pero hasta ahora no se conocía una propagación anterior de la fruta en Oriente Medio. La cúrcuma y las proteínas de soja se encontraron en la mandíbula de una persona de Meguido, en tanto que las proteínas de banana fueron halladas en las mandíbulas de dos habitantes de Tel Erani, lo que refleja que estos alimentos estaban disponibles para cualquiera que los quisiera, sin importar la clase social. No obstante, los investigadores estiman que se trataba de personas que probablemente pertenecían a una clase relativamente alta en la ciudad-Estado de Meguido. Esto es evidente en la estructura de las tumbas y las ofrendas colocadas en ellas. Además, los investigadores encontraron evidencia del consumo de sésamo en las mandíbulas tanto de Meguido como de Tel Erani, un hallazgo que indica que el sésamo se convirtió en una parte importante de la cocina local ya en el segundo milenio antes  de la era común.
 
 

Friday, November 13, 2020

De Egipto hasta Roma y más allá; transporte de obeliscos. Art por Francesc Cervera

 

La fuente de los Cuatro Ríos en la famosa plaza Piazza Navona de Roma está coronada por la copia romana de un obelisco egipcio, proveniente del Circo de Majencio. Foto: Istock


Según relata Plinio el Viejo, en el año 10 a.C., por orden de Augusto, se transportaron a Roma dos obeliscos de Heliópolis (al nordeste de El Cairo). El primero se colocó en la espina del Circo Máximo, y el segundo sirvió de marcador para el monumental reloj de sol que se construyó en el Campo de Marte. Para Augusto, primer emperador de Roma, fue también un símbolo con el que celebrar su victoria sobre Antonio y Cleopatra.

Cincuenta años después, en el año 40 d.C. Calígula imitó a su divino antepasado: se llevó a Roma un obelisco de 25 metros del templo de Karnak, en Tebas, y lo instaló en el Circo Vaticano. Plinio refiere que tanto la nave usada por Augusto como la empleada por Calígula, causaron asombro entre los romanos, de manera que fueron amarradas, la primera en el antiguo puerto romano de Ostia y la segunda en Nápoles, para que el pueblo las pudiera visitar.

Años más tarde Claudio hundiría la nave de Calígula, que remolcó desde Nápoles, llenándola con cajas de cemento, para asentar el faro del nuevo puerto de Ostia. De hecho algunos restos de esta nave fueron descubiertos en 1959 por el arqueólogo Otello Testaguzza, quien propuso que el casco de la nave tendría unas medidas de 104 por 20 metros. Sin embargo el hecho de que el obelisco de Calígula midiera solo 25 metros de altura, ha hecho sospechar a investigadores más recientes de que la nave no superaría los 50 metros de largo.


Transporte de una de las Agujas de Cleopatra desde Alejandría, Egipto, hasta Nueva York a bordo del SS "Dessoug" en el verano de 1880. Foto: Cordon Press

 

La moda de los obeliscos

La iniciativa de estos primeros emperadores fue muy popular, de modo que, a lo largo de los siglos siguientes, se importarían más obeliscos antiguos, se encargarían nuevos ejemplares e incluso se harían copias en la propia Roma. El obelisco de mayor envergadura (32 metros y 455 toneladas de peso) fue trasladado desde Karnak por Constancio II, hijo de Constantino, en el 357 d.C.

Según comenta Plinio, el barco de Calígula estaba dotado de un amplio velamen: el mástil de fresno era tan grueso que se necesitaban los brazos de cuatro hombres para rodearlo. Amiano Marcelino, por su parte, afirma que la nave de Constancio II se impulsaba con 300 remeros. Se supone además que ambas embarcaciones dispondrían de un conjunto de remolcadores, para ayudar en su maniobra y navegación.

Ante la parquedad de datos que nos proporcionan las fuentes, el método concreto con el que se transportaron los pesados obeliscos, desde tan lejos y con la tecnología de la época, continúa siendo una incógnita que los arqueólogos luchan por descubrir.

 

El complicado transporte de los obeliscos

Así pues ¿cómo podría haber sido el transporte de un obelisco, desde su lejano templo o cantera hasta Roma? Primero se bajaba el monumento hasta un trineo especialmente diseñado, con ayuda de poleas y un armazón de madera para evitar su rotura. El siguiente paso era la excavación de una trinchera al lado del Nilo, en la que se construía la barcaza de transporte. Era entonces el momento de arrastrar el obelisco hasta el río, con ayuda de leche y mantequilla como lubricantes, y subirlo a su medio de transporte. Llegada la crecida del Nilo, la trinchera se convertía en un canal, con lo que la barcaza flotaba, y se remolcaba río abajo hasta Alejandría mediante pequeñas embarcaciones.

Ya en la costa el obelisco era trasladado a una nave de transporte de mayor envergadura y calado. A su llegada a Ostia, el obelisco era reembarcado en una segunda barcaza fluvial, tirada por yuntas de bueyes Tíber arriba. Al llegar a Roma sería descargado y transportado hasta su lugar de destino mediante un trineo, para finalmente ser arrastrado por un conjunto de grúas sobre una rampa de tierra hasta descender su base al pequeño pozo donde encajaba.

¿Tres naves?

En el año 2000 el historiador Armin Wirsching afirmó que el transporte se habría realizado por tres barcos unidos: dos embarcaciones de unos 37 por 5 metros unidas con vigas sostendrían el obelisco entre sus cascos, mientras que un trirreme situado delante se encargaría del remolque.

Wirsching basó su estudio en la reinterpretación de ciertos murales egipcios, como los de la tumba de Hatshepsut, y otras fuentes que describen naves paralelas usadas para transportar bloques de piedra. Además, según él, no existía la tecnología para crear un barco tan grande, por lo que se tendrían que haber usado otros más pequeños. Así mismo, afirma en su investigación que el transporte sería más estable si el obelisco se mantenía a nivel del agua.

 

Después de los Césares

El Renacimiento avivó de nuevo el interés por los obeliscos: numerosos conjuntos esculturales -como la fuente de los cuatro ríos de Bernini- fueron levantados para servirles de soporte, se restauraron algunos que habían caído e incluso se volvieron a realizar copias. Precisamente en este período cuando se movió el obelisco de Calígula desde las ruinas del Circo Vaticano hasta la nueva plaza de San Pedro. Para moverlo, al igual que en tiempos antiguos, se usó una estructura de madera para sostener el peso, mientras que el monumento era bajado hasta unas vías de madera. Los cabestrantes tirados por caballos sustituyeron las grúas de rueda romanas, y en vez de un trineo se usaron troncos para transportar rodando los enormes bloques por los raíles de madera. El traslado por tierra fue tan lento que se avanzaba a poco más de 30 metros al día.

No será hasta el siglo XIX, con la llegada de los nuevos barcos de vapor, que volverán a transportarse obeliscos por vía marítima. Deseoso de romper con el poder otomano y estrechar sus vínculos con occidente, Mehmet Alí, el nuevo valí o gobernador de Egipto, decidió regalar algunos monumentos antiguos.

 

Obelisco  en la Plaza de Concorde de Paris. Foto: iStock

 

Francia fue el primer país en beneficiarse de ello. Champollion en persona se encargó, en 1830, de escoger uno entre todos los del templo de Luxor. Al año siguiente un vapor de fondo plano especialmente construido para la ocasión, y apropiadamente llamado Louxor, partió hacia Egipto. Tras ser remolcado por el Mediterráneo, remontó el Nilo hasta Tebas, donde cargó el obelisco, llegando a París en 1833, después de dar la vuelta a España y navegar Sena arriba. Este obelisco se levanta hoy en la Place de la Concorde.

Por su parte ingleses y americanos también recibieron sendos obeliscos en la segunda mitad de siglo, popularmente conocidos como las Agujas de Cleopatra, Cleopatra’s Needles en inglés: el obelisco americano se halla hoy en Central Park, delante del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, mientras que el inglés se puede ver en Londres, en los jardines del Victoria Embankment al borde del Támesis.

 

 Art. por Francesc Cervera  publicado originalmente aquí 

 

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