La Balsa Muisca es una figura de oro que representa la ceremonia sagrada de El Dorado,
que tenía lugar en la Laguna de Guatavita.
En la actualidad, esta pieza se encuentra alojada en el Museo del Oro de Bogotá
y es considerada un símbolo identitario de Colombia
Territorio Muisca
Según este artículo publicado en Live Science y escrito por Owen Jarrus, hace dos días. Los arqueólogos en Colombia han encontrado ocho vasijas de cerámica, con estatuillas metálicas y esmeraldas en su interior, dentro de un templo y sus tumbas adyacentes.
Los antiguos muisca (también [mal] llamados chibcha) elaboraron los frascos llamados "ofrendatarios" hace unos 600 años. Los muisca, un pueblo cuya civilización floreció en la región en ese momento, eran famosos por sus habilidades en la elaboración de metales, y su trabajo puede haber inspirado la leyenda de El Dorado, una ciudad legendaria hecha de oro.
Entre 1537 y 1540, los españoles conquistaron la región y muchos de los muiscas murieron durante los combates o debido a enfermedades. A pesar de la destrucción, los muiscas perseveraron y miles de sus descendientes viven hoy.
Ofrendatorio ( parte del tesoro encontrado ) Foto por Francisco Correa
Los Muiscas nunca desarrollaron la escritura, afectando la conservación de su cultura a través del tiempo, por lo que las fuentes primarias de conocimiento histórico sobre los muiscas son, en primer lugar, los escritos de los cronistas de Indias que se ocuparon del Nuevo Reino de Granada
durante los siglos XVI y XVII; en segundo lugar, los escritos de
investigadores y recopiladores durante los siglos XVIII y XIX; en tercer
lugar, los archivos oficiales desde la conquista y la colonia, como
registros bautismales, actas de matrimonio, actas de defunción,
testamentos, entre otros; y finalmente, las obras producidas por los
descendientes de los muiscas o por investigadores en contacto directo
durante los siglos XX y XXI.
Entre el 500 antes de la era común es decir, a.EC. (aC) y el 800 de la era Común, EC (dC). llegó una nueva oleada de pobladores al altiplano cundiboyacense,
cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de
adecuación agrícola y de vivienda. Estos nuevos pobladores eran los
muiscas, pertenecientes a la familia lingüística chibcha. Al parecer los muiscas se integraron a la población que ya habitaba el territorio.
Pectoral muisca con figuras de seis aves con las alas plegadas y humanos en cuclillas sobre sus cabezas.
Museo del Oro de Bogotá.
Uno de los mitos más hermosos es el de la Creación: En el principio solo existía Bachué, la Madre Abuela originaria de Iguaque y que se asentó en lo que hoy es Tunja.
Entonces Bachué gritó, y aparecieron los dioses, la luz, las plantas,
los animales y los muiscas o chibchas. Luego los dioses llenaron una
olla con semillas y piedras, y sembraron luceros en el espacio. Tomaron
las migajas que habían quedado en la olla y las lanzaron muy lejos, y
ese fue el origen de las estrellas. Sin embargo, todo estaba quieto,
nada se movía. Entonces los dioses fueron a visitar a Bague, y le
contaron su pesar porque nada se movía, ni crecía, ni sonaba. La Madre
Abuela preparó una bebida que los dioses tomaron hasta quedar dormidos.
Comenzaron a soñar y a tener visiones, y en sus sueños todo se movía,
las aves cantaban, las cascadas hacían ruido y los hombres se afanaban
en sus labores cotidianas. Cuando los dioses despertaron, la luz se
esparció por el universo, y todo tuvo movimiento, como en sus sueños. Ver Puerta Restrepo, Germán. El sueño de los dioses (UNAWE)
El maíz era el alimento básico en la dieta muisca
Agricultura y alimentación de los muicas:
Los muiscas establecieron parcelas de cultivo dispersas en diferentes
zonas climáticas. En cada zona tenían viviendas transitorias, lo que
les permitía aprovechar los productos agrícolas de las zonas frías y
templadas en períodos de tiempo regulados. Este sistema de agricultura,
denominado "modelo de microverticalidad", era administrado de forma
directa o mediante relaciones de tributo e intercambio con otras etnias
indígenas a las que los muiscas habían sometido. Este modelo sería una
respuesta adaptativa a los limitantes ecológicos, puesto que la mayor
parte de las cosechas eran anuales. Además, el riesgo constante de las
granizadas y de las heladas,
a pesar de no implicar la pérdida total de las cosechas, sí podía
generar situaciones de desabastecimiento. Parte del problema se
solucionaba con las múltiples variedades de papa que existían, además de
que la mayor parte de estas variedades podía resistir las heladas luego
de los cinco meses de haber sido sembradas. Pero además, al disponer de
productos de diversos pisos térmicos, tenían pleno acceso a la batata,
la yuca, el frijol, el ají, la coca, el algodón, la ahuyama, la
arracacha, el fique, la quinua y el hayo colorado, aunque el producto
básico en su dieta era el maíz.
Como los muiscas no conocían el hierro,
labraban la tierra con instrumentos de piedra o de madera en tiempo de
lluvias, cuando se ablandaba el suelo, y por eso consideraban las
temporadas de sequía como una gran calamidad. La papa, el maíz y la quinua
eran los principales productos de consumo, los cuales sazonaban con
sal, ají y una gran diversidad de hierbas aromáticas. Dos veces al año
cosechaban la papa, y el maíz una vez en las tierras frías, en donde
estaba asentada la mayor parte de la población. No se sabe si se servían
del extracto dulce de la caña del maíz, como los indígenas mexicanos, o
solo de la miel de abejas, que abundaba en los declives de la cordillera. La bebida por excelencia de los muiscas era la chicha, una bebida alcohólica fermentada de maíz. Ejercían la caza y la pesca,
esta última en los ríos y lagunas de las planicies con pequeñas redes y
balsas de junco que siguieron fabricando hasta el siglo XIX.
Consumían también abundantes proteínas vegetales como maní, frijoles y coca, y proteína animal como curí, venado,
conejo, pescado, hormigas, orugas, aves y animales de monte. Las
autoridades muiscas se encargaban de la redistribución de alimentos en
épocas de escasez. (Ver Martínez Martín, Abel Fernando. Entre risas y llantos. Una mirada a las costumbres muiscas a través de los cronistas, p. 3)
El cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo
contó que en los dos años que duró la conquista, ningún día dejó de
entrar en las bodegas de los cristianos todos los bastimentos
necesarios. Cuenta que hubo días de cien venados, otros de ciento
cincuenta, y el día que menos, treinta venados, conejos y curies, y
hasta un día de mil venados.
Higiene y relación con el agua:
Los muiscas se bañaban varias veces al día, lo que generó sorpresa y
rechazo por parte de los españoles, para quienes bañarse tantas veces
era innecesario y obsceno (puesto que se bañaban en los ríos hombres,
mujeres y niños a la vez). También hacían ciertos baños rituales: para
la madre y el hijo después del parto, en la llegada de la menstruación,
en el rito de iniciación masculino y en la coronación de un nuevo Zipa en la Laguna de Guatavita,
y en otras lagunas sagradas. Los sacerdotes se bañaban al investirse
luego de muchos años de preparación durante los cuales solo podían
lavarse la punta de los dedos.
La sexualidad:
Existía total libertad sexual antes del matrimonio y este poco tenía
que ver con la virginidad; por el contrario, la virginidad para la mujer
muisca era una verdadera desgracia; como lo relata Alonso de Zamora:
«Reparaban muy poco en no hallar doncellas a sus mujeres y en algunas
era motivo de aborrecerlas, si las hallaban con integridad: porque
decían eran mujeres desgraciadas pues no hubo quien hiciera caso de
ellas». ( ver DUQUE GÓMEZ, Luís. Historia Extensa de Colombia. Vol. I, T II, Prehistoria Tribus indígenas y sitios arqueológicos. Lerner, Bogotá, 1967. P. 477)
La poligamia era común entre la sociedad muisca. Los hombres podían tener el número de tygüi (esposas) que fueran capaces de mantener, aunque la primera era la principal, y se le daba el nombre de güi chyty (primera consorte). El incesto estaba prohibido.
Mucho más sobre los muiscas aquí