Showing posts with label Ibn Arabi. Show all posts
Showing posts with label Ibn Arabi. Show all posts

Sunday, July 9, 2017

Muhyiddin Ibn Arabi: El tesoro de la compasión, místico andalusí sufí (1165-1240)


¡Qué maravilla un jardín
en medio de tanto fuego!
Capaz de acoger cualquiera
de entre las diversas formas
mi corazón se ha tornado:
Es prado para gacelas
y convento para el monje;
para los ídolos, templo,
Kaaba de quien le da vueltas;
es las Tablas de la Tora
y es el Libro del Corán.
La religión del amor
sigo adonde se encaminen
sus monturas, que el amor
es mi práctica y mi fe.

 Ibn Arabi, Taryumân al-ashwâq (El intérprete de los deseos). Casida XI. (Trad. P. Beneito) 


                                  
  
 Muhammad Ibn Ali Ibn al-Arabi nació en Murcia, en el sureste de España, en 1165 d. C. (año 560 de la Hégira), en un momento de esplendor de la cultura andalusí.

Desde la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica en el 711 d.C., el sur de la Península se había arabizado, y el árabe se había convertido en la lengua común de toda la gente culta. En  al-Andalus las tres tradiciones abrahámicas principales, es decir, el judaísmo, el cristianismo y el islam prosperaron conjuntamente con una cierta armonía, y fueron muchos los que las consideraron como caminos diferentes hacia un mismo final. Era un mundo enormemente rico y talentoso, como todavía podemos apreciar en edificios como la Alhambra de Granada, o la Mezquita de Córdoba; un mundo donde los grandes clásicos de la literatura griega, sobre todo Aristóteles y Platón, fueron traducidos (primero al árabe y luego al latín) y estudiados junto con las enseñanzas espirituales de las tres religiones abrahámicas.

La puerta de la Mezquita de Córdoba, donde Ibn Arabi asistió a diversos cultos.
 Ibn Arabi creció en una atmósfera empapada en las ideas científicas, religiosas y filosóficas más importantes de su época. En una época en la que la comunicación de masas era inexistente, esto fue un ingrediente esencial en la formación de una de las mentes más brillantes del mundo occidental. Como se muestra en el poema anterior, Ibn Arabi no se contentaba simplemente con saber sobre las cosas, ni con seguir un camino en particular. Aunque muchos escritores lo hayan caracterizado como un gran maestro sufí firmemente arraigado en el mundo islámico, sería una equivocación limitar su atractivo al público musulmán o verlo simplemente como un gran pensador medieval. Su objetivo exclusivo y principal era conocer la realidad tal y como es, sin importar de qué modo se represente. Lógicamente, se expresaba dentro del contexto cultural que él mismo conocía, pero da por sentado que sus lectores tendrán la misma actitud resuelta, enfocada a la pasión por la verdad, y sus escritos tienen un tono muy contemporáneo: “todo lo que nos deja la tradición, son meras palabras. Está en nuestras manos averiguar lo que significan”.

Esta pasión se manifestó en él desde una edad muy temprana. Durante su adolescencia, como muchos adolescentes antes que él y sin duda desde entonces, solía dividir su tiempo entre ser un estudiante serio, que estudia el Corán, la ley islámica, etc., y pasárselo bien con sus amigos. En medio de una de estas fiestas nocturnas en Sevilla oyó una voz que le llamaba: "Oh Muhammad, no fuiste creado para esto". Se alejó consternado y durante varios días permaneció en retiro espiritual junto a unas tumbas. Aquí fue donde sucedió un evento fundamental: su triple visión, en la que se encontró con Jesús, Moisés y Muhammad (Mahoma) y fue instruído por ellos. Fue una iluminación que simultáneamente lo inició en el camino espiritual y lo asentó en su función de maestro. Esta visión ocurrió en el mundus imaginalis (Mundo Imaginal, o barzaj),la presencia imaginativa donde Dios se le manifiesta directamente al aspirante espiritual, e Ibn Arabi recibiría muchas iluminaciones de esta clase a lo largo de su vida. A partir de este entendimiento emprendió el viaje de su vida; un viaje que no sólo le llevaría de un extremo a otro del mundo arabófono, sino que también le revelaría la intensidad plena de la vida espiritual más notable, que mediante sus obras ha marcado, formado y transformado a todo aquel que ha entrado en contacto con ellas.

Principio de Unidad


Es difícil transmitir algo más que unas pinceladas de las enseñanzas de  Ibn Arabi, porque sea cual sea el punto de partida, sea cual sea el punto de vista que se sostenga como verdadero, es como adentrarse en un océano. Como en el caso de Bach, incluso la cantidad de su producción literaria asombra, con aproximadamente 300 libros, tratados y colecciones de poesía, de las cuales quizás se conserven todavía 200  (una de ellas, al-Futûhât al-makkiyya o Las iluminaciones de La Meca), se estima que llegaría a las 17.000 páginas en su nueva edición). Sin embargo, en realidad el problema no es el volumen total de trabajo, que requeriría toda una vida o más de estudio, sino la extraordinaria calidad del material, que exige mucho al lector.

La primera página de al-Futûhât al-makkiya, .Manuscrito de Konya, escrito a mano por Ibn  Arabí.

A pesar de todo, se nos da una clave para comprender: la visión triple de los tres grandes profetas de la tradición abrahámica, que para Ibn Arabi transmiten el mismo mensaje, esto es, la misma religión esencial del amor. El autor considera a todos los profetas y santos como maestros de esta religión fundamental.


No hay más conocimiento que el tomado de Dios, ya que solo Él es el Omnisciente…. los profetas, a pesar de su gran número y de los largos períodos de tiempo que los separan, no tenían ningún desacuerdo en el conocimiento de Dios, ya que lo tomaron de Dios.



Al-futûhât al-Makkiyya (Las iluminaciones de La Meca) II. 290.

Trad. al inglés por W. Chittick, “The Sufi Path of Knowledge”.




Continúa aquí

Artículo:  escrito por   Stephen Hirtenstein
Foto:  de internet (abeja Daysipoda Toraki, macho)