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Thursday, November 28, 2013

B- Las relaciones sentimentales en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (2)


Los jóvenes Aura Negretti y Fernando Cálpena: Eran novios pero ella, al no tener noticias suyas  por largo tiempo y creyéndolo muerto, se casa con Zoilo, por imposición y tejes y manejes familiares como veremos  más adelante. Fernando toma muy mal este rechazo suyo, que lo vive como una afrenta a su honor,  y siendo un romántico empedernido, en la época en que  por desgracia muchos jóvenes (en la vida real) seguían el ejemplo del libro que había alcanzado amplia difusión -“Las desventuras del Joven Werther” de Goethe-  su madre y los amigos de su madre, temen que Fernando siga el ejemplo de ese personaje que termina suicidándose (Carta XV entre otras). Por lo que los amigos de la madre, Valvanera y Juan Antonio de Maltrana, arropan a Fernando en su casa de campo  en Villarcayo, Pcia de Burgos, y lo supervisan amorosamente. Fernando, empero, en su correspondencia con el que fuera su mentor el Cura Hillo,  niega que esa sea una opción para él (Carta V): “Ya habrás comprendido que no me pegué el tiro mortal ni tuve intención de ello”,  pero  es innegable que está  muy triste y  necesita saber que ha pasado con esta mujer para que reaccionara como lo hizo, para poder  así cerrar este amargo capítulo de su vida.

En la Carta I María  Tirgo  nos introduce a este personaje al hablar de  las “calabazas” que recibió “el” -como ella llama a Fernando-  “sujeto”. Fernando en la Carta X, dirigida a su exnovia,   de forma desesperada, apela a su compasión y que por favor  le responda por qué se casó tan rápido (con Zoilo), que si estaba tan persuadida de su muerte, como para hacerlo,  mostrando extrañeza porque “las personas que verdaderamente aman, suelen resistirse a creer que han perdido su bien”. “Más quiero la desesperación que la duda; más quiero un golpe mortífero de la verdad que el consuelo de esperanzas mentirosas” y termina la misiva  con un deseo de venganza si ella no accediera a sus ruegos: “Pido a Dios que, si no me respondes claramente, nunca tengas paz”. Ella no le responde.   Sabemos que Fernando ha ido a Bilbao a la casa de ella,  por su relato al cura Hillo en la Carta V, en una búsqueda infructuosa, porque no encuentra ni a ella ni a sus padres “que se han marchado”. Visita después de la cual, trató Fernando de  arrancarse del corazón “la raíz doliente”.  También hace averiguaciones  a través  de su amigo Uhagón  (Cartas VI y XIV) quien primero le dice que la parejita de Aura y Zoilo han sido vistos “como dos tórtolos que en medio del fuego se arrullaban” y le aconseja que la olvide y eche tierra al asunto; luego, se desdice –habiendo recabado más información- y le asegura a Fernando que hubo “coacción horrible y un “complot pérfido” armado por  la familia de ella: “que la muñidora del precipitado casorio había sido al esposa de Negretti, marimacho arriscado y astuto que lleva el nombre de Prudencia(la madre de Aura, otro tipo de mujer que se me pasó comentar en la parte A- de mi aporte). Udahón  avisa, entonces,  a Fernando que Aura, quien se escapara,  está buscándolo y que por eso, va rumbo a La Guardia (Carta XIV): “Y la niña se les escapa; corre sola por esos caminos, buscando en la Guardia  donde cree encontrara su bien, su solución…..”(dónde cree que está Fernando).

El Churri, que va en busca de Fernando para hablarle del tema -primo carnal del que se casó con al exnovia de Fernando- cree que no obstante Aura se ha casado con ese malévolo encantador de serpientes (ver abajo apartado siguiente) “Fernando podría fácilmente romper ese poder de encantamiento con que el primo tiene aprisionada en sus redes maléficas la voluntad de Aura y volverla a su ser propio”. Fernando se siente tentado de hacerlo, pero de las ganas no sale: “¡Tentación irresistible!. Díjele (al Churri) que lo pensaría, y que volviese” y agrega, “Estoy loco. Las brasas que quedaban entre las cenizas se han avivado y ya son llamas otra vez. Quiero apagar, y no puedo…”  (Carta VI).

El orgullo de “macho herido” o mejor dicho, su afrenta al ego, en  Fernando (Carta V) salta a nuestra vista en  lo que escribe Fernando al cura Hillo, quien fuera su mentor, cuando  le relata lo de “su atroz caída” y “la catástasis” (bien dramática la cosa, como podemos observar) y posterior  “catástrofe” de sus intenciones, temas a los cuales no le hace gracia volver porque, según  Fernando le dice al cura, “aún no se ha disipado la turbación que en mi alma produjeron, ni el despecho rencoroso, ni la vergüenza, que vergüenza he sentido y siento de tan inaudito desaire” y le repugna hablar de su caída de dignidad”. Carece de voluntad (igualito que los “diputados que dicen si y no según las órdenes del Gobierno”)  encerrado como está “en este limbo en donde la autoridad me confina” (la casa de los Maltrana en Villarcayo). Y si el cura insiste, Fernando le pintará su “caricatura” pero después de que su “espíritu se sosiegue” y que su amor propio se cure sus heridas….”. En Carta VII insiste Fernando   en que  la “resignación” que le recomienda el cura Hillo no es “una virtud caballeresca” y que suprimiendo la ley del honor”, no queda nada. También  alude en  esa carta al hecho de que está preso “y no puede salir de su dulce cárcel”, (referido a que no puede recibir al padre de Valvavera, que resultó no estar muerto).  Y Valvanera y Juan Antonio, es cierto, harán todo lo posible para que Fernando no se vuelva a encontrar con ninguno de los de Bilbao (Cartas IX, XIX, XXXI y XXXIX).

En la Carta VI tomamos nota del egoísmo e inmadurez  de Fernando (de 26 años) que solo piensa en sí, cuando refiere al Cura Hillo, que está “de malas”, con “murria”, “negra, sofocante” porque la noble familia (que lo alberga) está “más atenta a su dolor que al mío, me deja solo” (cuando creían ellos que el padre de Valvanera, la anfitriona, había fallecido). Fernando sigue  en la “cavilación  tétrica que le caldea los sesos” enroscado en saber si Aura lo ha traicionado o si fue una vil maquinación por parte de la familia.  Fernando fue a Bilbao a casa de los Arratia pero no pudo conseguir información porque “huyeron”, tampoco estaban ahí los padres de Aura. Luego sí consigue Fernando información a través de su amigo Uhagón, como hemos dicho antes.

El cura P. Hillo en Carta XI aconseja a Fernando  olvidarse del asunto y le resta la importancia dramática que le confiere Fernando: “¡Niño por Dios! Hasta en el teatro apestan estas cosas”. “Llegaste al fin, pero llegaste tarde……….” “Pues, amigo,  aprende para otra vez y da el negocio por concluido” “y aquí paz y después gloria”, etc, etc. La solución está según el cura, “dando media vuelta el galán”, en el desprecio y el olvido.  Y al final de cuentas, es lo que hace Fernando después de haberse lamido  las heridas y de haber logrado averiguar  hasta cierto punto, lo que pasó con Aura y el porqué de lo que hizo;  incluso  llegó a saber de su huida y   eventual muerte,  de ser ella tal como parece,  la mujer que lo andaba buscando.

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Aura Negretti y Zoilo Arratia: Fernando   relata al cura Hillo, las revelaciones de Churi, primo carnal de Zoilo, (Carta VI),  según las cuales  a Aura “la trastornó ese pillo de Zoilo, bigardón dotado de una formidable terquedad vizcaína y con esa fuerza de terquedad que es como el poder que gozan los magnetizadores y taumaturgos, reduce a esclavitud a  cuantas personas caen bajo su domino” (Observar que: describe a un tipo de personalidad psicópatica;  el típico encantador que atrapa a una mujer con una carencia afectiva para usarla como víctima, cebarse en ella,  y destrozarla).  Aura, según  lo investigado por Uhagón (Cartas VI y XIV) al darse cuenta del atroz engaño de la familia, “se volvió loca, es decir, loca enteramente no: llamémoslo trastorno, rabia, furor insano contra sus embaucadores” y pudo más su “energía expansiva” y “su furia de libertad” que se les escapa del encierro en que la familia la había confinado y “todos los Arratia se lanzaron en su búsqueda”. Sabemos por  la carta de Gracia a Fernando (Carta XXIII) que probablemente Aura, sea la mujer “mal trajeada, descalza, rendida de cansancio, sucia y cubierta de polvo” que en compañía de “dos ombres de mala traza” fue a buscarlo a La Guardia y luego, por las investigaciones de Demetria que envió un criado a seguirla, que se puso mala y fue internada en el Hospital como paciente anónimo. Más tarde sabremos por el criado Sabas (Carta XXV, desde Miranda del Ebro) a quien Fernando le había hecho el encargo de averiguar sobre esa mujer, que ella murió  en el hospital, y fue enterrada sin haberse confirmado la identidad, siendo que Sabas, por más veloz que fuera en su cabalgata, llegara ya cuando “acaban de darle sepultura”.  

Por lo que dicen unos y otros (Cartas IV, XIV, XVI), se da entender que esta pareja unida en contra de la voluntad de ella y por medio de engaños y manipulaciones, nunca fue aceptada por Aura, incluso rechazada de forma violenta. En la Carta XXXIX Zoilo se llega hasta donde estaba viviendo Fernando y trata, infructuosamente de hablar con él. Valvanera ha logrado impedirlo.

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Idelfonso Negretti  de Bilbao, está casado, pues, con esta “joyita” de mujer, Prudencia, según la  apreciación de Uhagón (Carta VI) y que Fernando relata al cura Hillo:  Idelfonso, pobre hombre, “paralítico, desquiciado de la voluntad y el entendimiento, era hombre al agua”. Bueno, este hombre ido posiblemente con lo que supongo podría ser alguna demencia senil, ha preferido escaparse por la tangente de la enfermedad, que seguir soportando a esa mujer mandona y manipuladora que tenía por esposa, al menos  ahora, aunque aún esté  en este mundo todavía, reposa en el santo limbo de la babia.

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Demetria de Castro-Amézaga  y Fernando Cálpena:    Por empezar, en Carta I,  nos dice Maria Tirgo que  Juana Teresa sospecha de  que Demetria  tiene otro amor (por la negativa que le dio a la propuesta marital de su hijo Rodriguito). Demetria se preocupa por el bienestar de Fernando: como lo señala María Tirgo  en Carta I: “pues al oír  la noticia (del suicidio de M.J. Larra) observé que Demetria palidecía. También  en Carta IV según su tía manifiesta: “entiendo yo que Demetria ve más emparentado al Don  Fernando con el personaje de esta historia (Werther)… que con el melancólico y desesperado muerto de Madrid (Larra)”. Fernando reviste para Demetria características de héroe, paladín – y por lo tanto, idealizado- porque  sin ni siquiera conocerlas, ha sido él, Fernando,  quien la salvara a  ella y a su hermana, del cautiverio en Oñate, (Cartas IV y XVII), (en dónde  perdieron la vida sus padres).

Demetria en la esquela  a Fernando adjuntada a Carta XVIII, si bien responde a los tres  pedidos que a través de Fernando le hiciera Valvanera, con solicitud eficiente y de forma muy concisa, muestra un delicado interés en Fernando en su justo punto: Celebraré que cuando el Sr. D. Fernando los coma (a los tirabeques que enviaba) se encuentre ya bien derecho y con propósito firme de no volver a torcerse”. Y con respecto a la receta del dulce de tomate agrega “y espero que Ud. que es tan goloso, se chupará los dedos cuando le sirvan el tomate en dulce”.  (Hay mucho erotismo insinuado en estos cándidos deseos).

Fernando por su parte, considera a Demetria (Carta XIII) con “criterio superior” que le permite “discernir claramente lo bueno de lo malo y lo sano de lo enfermo”, es decir, con un “discernimiento seguro” (firme, maduro) y él hasta el momento, no tiene posición social, ni dinero, ni apellido ilustre, siendo como es “un inclusero”,  se siente indigno de alguien como ella (Carta V) a quien ve por  encima de sus posibilidades.

Todo apunta  en La estafeta romántica” a que ambos puedan –una vez que Fernando haya gastado su lengua de tanto lamerse las heridas, y haya recompuesto su maltratado ego- formalizar una relación amorosa. Su ego lo recompondrá, como sabemos, al reconstruir su yo social con la fortuna que le entregará su madre por medio de un Fideicomiso, algo que lo sacará de su “denigrante  situación de inclusero” (Cartas XXVI, XXIX, XXX, etc) y con la revelación del enigma de su ilustre origen  (Carta XXI) como fruto de un amor prohibido pero rebosante de cucardas nobiliarias.

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Demetria de Castro-Amézaga y Rodriguito Urdaneta: esta es la unión que pretenden María Tirgo, el cura hno de María (Carta XVIII) y Juana Teresa (Y Dn Rodrigo lo que Dña Juana Teresa mande, por el bien de la paz del hogar).   En Carta I tenemos ya la primera negativa de Demetria a formalizar dicho enlace: “no he podido sacarle a Demetria razones claras de su negativa”, tal como dice su tía María Tirgo a su amiga Juana Teresa,  y ha observado la tía que “asoma por entre el tráfago de sus preocupaciones una puntita de tristeza, pero la pícara se da prisa por meterla para adentro”  que palideció según la tía, al enterarse del suicido de Mariano José Larra,  pensando que podría ser Fernando. A pesar de que según dice el cura tío de Demetria a Fernando: “pues reanudadas las negociaciones, hemos visto que presentan un excelente cariz” (Carta XVIII)  y que Juana Teresa lo confirme en Carta XX: “reanudadas las negociaciones hace dos semanas, presentan un semblante lisonjero”. Por un lado Demetria –presionada seguramente por la coacción que sus tíos y  Juana Teresa ejercen sobre ella-  explica que su negativa inicial no fue desprecio sino que “se cree indigna de honor tan grande…” (Carta XX) mientras que por otro,  con habilidad,  trata de ganar tiempo: “Dice la  niña que le demos un par de meses para determinarse…” (Carta XX).  De Rodriguito sólo sabemos que le escribe  a Demetria la  carta que cita la madre, pidiéndole por segunda vez a Demetria ser la Marquesa de Sariñán o sea, su mujer, tragándose el orgullo de la primera negativa ¿Por imposición materna? Quien sabe…. Todo sea,  quizás, por  preservar la paz del hogar y escaquearse de encima a la “madre matraca”, que ya sabemos el genio que se gasta.

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Gracia y Fernando: No hay tal relación en el plano sentimental,  pues por más que ella se le insinúa (Papelito adjunto a Carta XVIII y Carta XXIII con su puño y letra) “La que te ama morirá de aburrida”, etc, etc.,  Fernando la ve sólo como a una niña (Carta XIII): “A Gracia si conviene atarla un poquito corto con sus tareas de lectura. Porque no posee todavía el seguro discernimiento de su hermana”.

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Estas son (1 y 2)  las distintas relaciones sentimentales de los personajes que se escriben cartas en “la Estafeta romántica” de Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales 3ra Serie Nro 26) en  España, en el año 1837,  que muestra, como hemos visto,  una variedad de modelos,  reflejo de una época, pero con ciertas características universales  que podemos reconocer hoy en día en algunas relaciones. 
 
 
 

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg


Wednesday, November 27, 2013

B- Las relaciones sentimentales en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (1)


Ya hemos visto como  
Benito Pérez Galdós (BPG)  en "La estafeta romántica", de los Episodios Nacionales, 3ra Serie, Nro 26,   da voz a una serie  de personajes femeninos hábilmente diseñados (ver entrega 1 y entrega 2),   situados en la España de 1837 azotada, en ese entonces por la Primera Guerra Carlista, que  en esta propuesta intimista epistolar,  queda relegada a un mero telón de fondo. También hemos visto como BPG hace una serie de denuncias a través de estas voces.   Ahora en esta serie de entradas, vamos a ver, desde la Psicología, como se relacionan sentimentalmente estas mujeres y  como son sus parejas, prestando especial  atención al vínculo que establecen ambos. 


María Tirgo, la primera de las mujeres que aparece,  no tiene pareja. A lo largo de la Estafeta se habla de ella y del hermano cura párroco de La Guardia, Galicia. Ambos asumen la custodia de las sobrinas  Demetria y Gracia que quedaron huérfanas, convirtiéndose en los padres sustitutos. María Tirgo, aparentemente, encarnaría a “la típica solterona”. A menos, que sea viuda y no nos hayamos enterado, pues BPG nada dice de su estado civil, ni sentimental.

Juana Teresa   está casada con Rodrigo Urdaneta y viven en Cintruénigo, Navarra. Tienen un hijo (Rodriguito). Como ya hemos visto antes,  esta mujer es una víbora, más mala que la peste. En Carta II habla de su marido con su amiga María T, (refiriéndose al entierro de su suegro) determinó Rodrigo que las exequias fueran solemnísimas y de una nunca vista suntuosidad, como a tan esclarecido difunto correspondía”, luego le sigue contando a la amiga, lo que ambos hicieron. En la misma Carta agrega Rodrigo y yo estamos muy aliviados de nuestra tristeza con la satisfacción de haber cumplido con nuestro deber, sin que nos duela el excesivo dispendio ante tan sagradas obligaciones”. Cuando ella relata el convite por las exequias dice a su amiga “ostenté lo que Rodrigo y yo hemos logrado salvar de los derroches del pobrecito D. Gastón (como ella lo apodaba al suegro).  También Rodrigo acompaña a su mujer a revisar los papales de su padre: “Hoy hemos entrado Rodrigo y yo en el cerrado cuarto de Dn Beltrán para hacer inventario”. Rodrigo que ha seguido a su mujer en todo antes, digamos que muy posiblemente -se podría tranquilamente especular, dado de la universalidad de este comportamiento-  para mantener la paz del hogar, puesto que ella es un alacrán, lo sabemos, esta vez, sin embargo, sí se diferencia y defiende  la preservación del archivo de documentos con  cartas o esquelas firmadas por Napoleón, F. R. de Chateaubriand, Talleyrand,  Mme Recamier, etc, etc…, logrando imponer su voluntad tal como ella lo expresa: “Consérvese, pues todito y archívese y catalóguese”.  Por cómo se expresan María Tirgo y su hno en las Cartas III y IV, ambos, Dn Rodrigo y Juana Teresa son bien “amados”. Y por lo visto de cara a la Sociedad representan a un matrimonio bien avenido y deseoso de mostrar boato y pompa. Bien avenido porque salvo situaciones extremas,  el bueno de Dn Rodrigo, prefiere seguirle la corriente. Todo sea por la paz del hogar. En la última carta, la XL, en la expresión de Juana Teresa “mi esposo, que santa gloria hava” al referirse a Dn Rodrigo,  me hace pensar que el pobre santo ha muerto, liberándose por fin de esta araña pollito, víbora venenosa, alacrán o bruja mala.

Valvanera Urdaneta, hermana de Rodrigo,  está casada con Juan Antonio de Maltrana, tienen 5 hijos vivos y han perdido al mayor tres años atrás. Viven en el pueblo de  Villarcayo, en la Pcia de Burgos, desde hace 12 años. Antes, vivían en Madrid. Juan Antonio, tal como lo describe Fernando en Carta V, “es un buen caballero, no del cuño histórico de D. Beltrán, sino de esta nueva caballería….” “transacción del rancio españolismo con las novedades del pensamiento francés” “Liberal, templado, adora el justo medio y detesta por igual el absolutismo y las revoluciones; cree que con componendas se obtendrá la paz de los espíritus y el bienestar de los pueblos….” “Hombre rico……” cree en el desarrollo de la riqueza y en la industria, quiere ser diputado.  Valvanera, como hemos visto, es “la encarnación del buen gusto”, afable, inteligente, etc.  Ambos encarnan a una pareja feliz,  bien avenida  (Cartas V y XVI, por ej.) en la que circula el afecto, con muy buena comunicación.  Vemos que Valvanera consulta temas importantes con su marido y busca su consejo y no guarda secretos para con él.  José Antonio la apoya, como cuando le para los pies a su cuñada en una misiva (Carta XXII)  o como cuando está presente  en el momento crucial en que Valvanera le revela a Fernando –previo consentimiento de la madre-  el enigma de su origen (Carta XXI). Aunque ambos cónyuges no estén de acuerdo sobre algún tema,  como es natural y esperable, vemos que  él  es capaz de ceder (como cuando Valvanera dice en Carta IX “algún trabajillo me ha costado convencer a Juan Antonio de que ningún daño puede ocasionarnos esta buena obra” “He logrado catequizar a mi marido”) y en el hecho de que ella busca su consejo, por supuesto se da de que ella lo escucha y valora en alto grado su opinión, siendo capaz  por lo tanto Valvanera también de cambiar de opinión, si la del marido se muestra más sensata, porque lo han razonado juntos. Señal  de que funcionan como pareja de forma flexible y sana.

Pilar de Loaysa y el Duque Felipe,  están casados en una unión muy desgraciada y  para Pilar,  asfixiante, en la que ambos no tienen intereses comunes, partiendo de la diferencia enorme entre ambos caracteres, que con el paso de los años se  ha radicalizado. No tienen hijos.   Juega un  rol importante el secreto que Pilar guarda, cuya preservación ha contribuido a ahondar más la distancia “glacial” que los separa y el vacío que esta provoca en la relación de pareja. Especialmente  en la Carta XVI Pilar cuenta a su amiga Valvanera muchas cosas de su relación marital. Pilar solo desea que su marido pase largas temporadas en el Coto de Caza, en La Encomienda, para que ella pueda respirar y está al acecho, “siempre en guardia”  para aprovechar al máximo esos pocos momentos: “Por allá se estén (él y sus amigos) luengos días, y si fueran meses, mejor, para que yo respire”.  Felipe es suspicaz (celoso) y fiscalizador con respecto a ella, cosa que se agrava en momentos de mayor tensión o de estrés  “me estorbaba enormemente Felipe… aquel Felipe continuo, pegado a mí como mi sombra y de quien no podía de modo alguno desprenderme”.  Pilar se encierra en su cuarto de baño a escribir las cartas a su amiga que guarda con celo extremo de la mirada indiscreta del marido. Felipe y ella son “incompatibles, irreconciliables, el uno es la ley, el otro su transgresión”; completamente “desavenidos, inarmonizados, como dos notas discordantes que desgarran el oído cuando suenan juntas”.  Según Pilar  en esa misma carta,  Felipe  es una persona que “carece de inteligencia” mientras que ella “la tiene de sobra”.  La pasión de Felipe además de cazar, es la colección de armas antiguas. Su mujer lo describe como una persona intolerante y rígida atada a las convenciones sociales “Mi marido es de lo que celebran culto en  los altares de la rutina social y de todo artificio que nos rodea”.  “A tal extremo llega el fanatismo….”.  Ella está convencida de que Felipe jamás perdonaría lo que según el criterio general “es imperdonable”. Incluso asegura Pilar que “la magnanimidad es una virtud que le viene muy ancha…”.  Por eso ella,  para mantener su secreto a salvo, ha construido esa muralla de silencio entre los dos. Además,  como hemos visto en esta entrada, se ha obligado a construir una representación falsa   de sí misma representando el rol de mujer “coqueta”, “tonta de trapo”, etc. Por lo que al momento de escribir la carta, reconoce a su amiga, que ella vive “una existencia frustrada que ha perdido su órbita”.

En la Carta XXIV, la suspicacia de Felipe se exacerba, “está de peores, suspicaz y fiscalizador como nunca”, “ha faltado poco para que le tire a la cabeza- dice Pilar- una tetera de porcelana”. Patente es el deterioro de la pareja en el que además del maltrato mutuo psíquico, están –al menos Pilar lo está- de llegar a la violencia física. En la carta XXVI, Pilar lamenta el “histrionismo social” de ella: “para mi es una desdicha esta penetración que el histrionismo social en su desarrollo más perfecto me ha dado. Como yo leo el pensamiento de los que me rodean, pienso que los demás leen el mío”. En esta misma carta reconoce que “la representación falaz” que ha creado de su persona para poder vivir,  ese “histrionismo social” del que habla, es “más meritorio que en ninguna, por la enorme distancia entre lo que soy y lo que represento, entre mi ingenio secreto y mi estolidez pública”. En la Carta XXIX, Pilar se queja nuevamente de “la disparidad de voluntades” que los “junta como una cadena de presidio”.  Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo sobre dónde pasar las vacaciones. El queriendo estar con ella, ella no viendo la forma de zafar de él. Como Pilar a esta altura ya está viendo con el abogado amigo suyo,  como resolver la situación de su secreto con el menor costo social posible, sus ansiedades van en aumento, con lapsos de “delirios” o  como cuando se  sorprende “hablando como una cotorra” en las reuniones sociales, “sin saber lo que dice”, “algo como una lección aprendida” que se figura “ha de embelesar” a los que la oyen.   La cúspide de las ansiedades de Pilar, se alcanza en la Carta XXX, que es en la que el abogado Cortina revela a Felipe el gran secreto de Pilar.

El abogado, no sólo revela ese secreto a Felipe, también lo acompaña hasta la medianoche, para apoyarlo y evitar que cometa una locura; para que pueda calmarse y entrar en razón. Igualmente, el abogado,  ha aconsejado a Pilar estar lejos, encerrada en sus aposentos, a la espera de que Felipe decrete el futuro de ella;  una espera que se le hace intolerable, impensable hoy en día, pero estamos en el año 1837 y es el marido quien decide sobre la mujer. El abogado al darle noticias a Pilar  de sus gestiones y del estado de Felipe, le dice a ella (en Carta XXX): “Felipe la ama a Ud. con locura… Esta  es la verdad…. Quizás sea forzoso reconocer que no ha sabido amarla, porque el amor, dígase lo que se quiera, no sólo es un sentimiento, sino también un arte.” A pesar del alivio de Pilar, de  “estar ya del otro lado”, ella se siente triste por el dolor que abruma a Felipe.  Un dolor que  golpea a Felipe en lo más hondo (Carta XXXII) “no riñe, no se impacienta”, “no alza la voz para dar órdenes”  cambio radical de carácter según Pilar, que la inquieta por indicar “un trastorno profundo”. En realidad es el impacto del shock, que es lo que justamente dice Pilar en esta palabras: “la magnitud de la impresión, la sorpresa y el dolor han desquiciado su naturaleza revolviéndola y agitándole desde lo más hondo”, tanto que ella teme que le sobrevenga una enfermedad y todo por culpa de ella. Solo queda esperar la “benéfica acción del tiempo”, le dice el abogado a Pilar. Y sí, Felipe necesita tiempo para procesar todo eso y se lo toma, lo que muestra la humanidad del personaje diseñado por Galdós.    El golpe es fuerte (Carta XXXIII) que cuando Pilar logra espiarlo entrado subrepticiamente en su casa, lo ve con la  cabeza completamente blanca, su cuerpo “antes  arrogante y derecho se encorva hacia la tierra su paso es vacilante; se agarra a las sillas que encuentra próximas”, con “el rostro demacrado, cadavérico” y eso, la aflige “que a punto estuve de perder el conocimiento”…  Y agrega “¡Dios de mi vida,  qué lastimosa ruina, qué desmoronamiento fugaz!. Desapareció hacia la sala de armas; le seguí, apoyándome también en los muebles para no dar con mi cuerpo en tierra”. En este párrafo, también   Felipe trata de ir hacia los aposentos de ella y se detiene sin imaginarse que ella  está en los suyos espiándolo. “Y yo tan cerca en cuerpo ya alma, sin que él lo sospeche”. Vergüenza sintió Pilar de la sola idea de que Felipe le  quisiera hablar del pasado de su vida marital “tan árida, tan triste” “que no pudieran hacerla nueva, perdonándose el uno al otro, desprendiéndose cada cual de sus asperezas”  y esa falta de valor suya, provocó su huida de la propiedad, junto a la doncella que la acompañaba: “sentí vergüenza, la conciencia de mi inferioridad ante aquel sentimiento intensísimo me precipitó en una fuga loca”. Y por primera vez, Pilar se sintió una idiota: “Por primera vez en mi vida me he tenido por idiota” y lamenta la fatal equivocación en la que ambos han vivido: “¡Tan cerca uno del otro, y no nos hemos conocido, no nos hemos visto,(como personas) no sabíamos ni que existiéramos!”.

Finalmente, Felipe se traga su honor, su orgullo,  y perdona a Pilar  (Carta XXXVII) y no solo eso, sino que también accede a firmar lo que haga falta para que el hijo ilegítimo de Pilar, Fernando, reciba la suma de dinero que la madre quiere darle, también le concede su libertad y que viva donde ella quiera, en lo posible lejos de Madrid.  Por su parte, él decide quedarse hasta entrado el invierno en La Encomienda.  Felipe la perdona sí, pero “deplorando que en tantos años haya escondido este terrible secreto por miedo a sus rigores”   y agrega Pilar a su amiga Valvanera “sin dejar de comprender cuán difícil era mi revelación, siente que yo, con mi silencio haya malogrado toda nuestra vida matrimonial, poniendo entre los dos el espesor y frialdad de una muralla de recelo, y confinándonos una y otro en triste soledad”.  Esto es obvio que Felipe lo piensa ahora, de mayor, no sabemos si de joven hubiera reaccionado de la misma manera comprensiva y medida, a pesar del dolor. De hecho,  continúa relatando Pilar que Felipe dijo: “tratándose de un hecho irremediable, y sin atenuar mi enorme falta, no hay más remedio que bajar ante él la cabeza pues nada se adelanta con las soluciones violentas y trágicas a nuestra edad que ya reclama sosiego y volver los ojos a mejor vida”.  Galdós deja claro aquí la importancia  que tiene la edad para el desenlace que le dio Felipe al asunto. El realismo de una relación de pareja con estas características, queda patente en el hecho de que Felipe proscribe cualquier intento de reconciliación, escenas de abrazos y demás “manifestaciones”, como él las llama, de “gusto teatral”,  y se entiende y se comprende,  Felipe está lleno de resentimiento   hoy por hoy y hasta tanto no se extinga en él no puede haberla;  sumado al hecho de que  ambos ya  han tenido una vida entera marital de teatro en el que él ha jugado el papel  de antipático, recalcitrante, fiscalizador y celador asfixiante y ella el de coqueta saltimbanquis (frívola sí, pero sin llegar nunca a más, Carta XVI), algo que ella utilizaba como arma en contra de la soledad que sentía, mientras edificaba la muralla y se alejaba de él, cosa que – si se tratara de un caso real- él  hubiera percibido a nivel inconsciente y  provocado que él la persiguiera más.  Esto pasa en cualquier pareja con estas características,  ya sea del Siglo XIX o del Siglo XXI.  En el perdón de Felipe, descubre Pilar, el gran hombre que hay en él (Carta XXXVII) y su presunción del encasillamiento en eso de las “papeletas clasificadas” y del “formulismo” de Felipe (y su poca inteligencia), se  muestran haber resultado completamente falsas;  prueba inequívoca de que ni el uno ni  el otro se conocían, hecho del cual Pilar toma conciencia y se lamenta amargamente en la Carta XXXVII: “Las almas desvirtuadas por el artificio social no se descubren en su íntimo ser sino cuando las agitan graves problemas emanados de la Naturaleza….(….)”.






Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg



Thursday, November 21, 2013

A- Un estudio de los personajes femeninos en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (y3)


Benito Pérez Galdós (BPG)  en "La estafeta romántica", de los Episodios Nacionales, 3ra Serie, Nro 26,   da voz a una serie  de personajes femeninos hábilmente diseñados (ver entrega 1 y entrega 2),   situados en la España de 1837 azotada, en ese entonces por la Primera Guerra Carlista, que  en esta propuesta intimista epistolar,  queda relegada a un mero telón de fondo,  porque estas mujeres se ocupan de los temas que atañen a lo cotidiano, a sus familias y amigos, etc, sin tener ningún tipo de acción o actuación  relacionada con  la guerra. A pesar de que los personajes son antiguos, sin embargo,  resultan al lector moderno -en todo caso a mí sí me han resultado- familiares y reconocibles, porque Galdós ha sabido  "retratar personajes que son muy cercanos a personas con las que nos cruzamos todos los días".-como dice Pedro Ojeda y continúa -"como si Galdós hubiera sabido captar lo universal de estos comportamientos por encima de las cuestiones de época". Su realismo es tal, que a medida que iba leyendo, -y eso que no soy española- podía ponerles nombre propio y conocido  a cada una de esas mujeres. 

A través de estas mujeres BPG critica a la Sociedad de su tiempo, principalmente a "la burguesía acomodada -incluso ennoblecida- conservadora",  a la hipocresía imperante que condena a la mujer que ha tenido un hijo fuera del matrimonio,  por ejemplo, pero que  no le importa dejar tirado a un niño en una inclusa, todo sea por las apariencias y el qué dirán. Todo sea,  por la preservación del honor y del buen nombre, que impide a las personas mostrar su verdadera naturaleza y sus sentimientos, una de las causas del desmoronamiento del matrimonio de Pilar con el duque Felipe (al que me referiré la semana que viene en la Parte B de mi aporte).     

BPG  que adscribe a la estética realista, critica desde las distintas voces femeninas al Romanticismo;  tal como dice Valvanera: "inmenso servicio se haría a la Sociedad suprimiendo tales invenciones que no sirven más que para dar malos ejemplos a la juventud" o como dice Juana Teresa: El Romanticismo   sólo sirve para "disimulo de la holgazanería y los vicios", para nombrar un par de ejemplos.

También BPG hace una crítica del Suicidio desde las voces femeninas:  Las cartas de la estafeta comienzan a la semana del suicidio de Mariano José Larra y su suicido atraviesa las cartas en distintos momentos, incluso a Fernando se le aparece el muerto en un sueño escalofriante, tremendo. Varios personajes femeninos de la novela, temen que Fernando se quiera suicidar, motivado por el dolor de la traición  y agravio a su orgullo de "macho herido", de  que su ex-novia, creyéndolo muerto se casara con otro.  También  BPG nos muestra a través de la acción  de supervisión y cuidado amoroso de estas mujeres (me refiero en especial  a Pilar y a Valvanera), incluso de hombres (como el Cura Hillo o Don Beltrán) como  se puede evitar un desenlace fatal, brindando una red de apoyo social. Y no se equivoca Galdós, en este punto, (aun cuando se necesitan más elementos para prevenir un suicidio).   Tampoco se equivoca Galdós cuando pone en boca de Demetria -vía su tía-, (referido al suicidio de Larra) sobre el poder que tienen los pensamientos: "era un hombre que con sus propios pensamientos, como la cicuta, se amargaba y envenenaba la vida".  Hoy sabemos, desde de la Psicología,  que para que una persona llegue al extremo de suicidarse existen varios  factores que  se suman, no siendo nunca la causa una sola, así tenemos que pueden darse varios de estos factores: pensamientos negros permanentes y recurrentes, pérdida total de esperanza, un desbalance químico de los neurotransmisores del cerebro, dolor por la pérdida  de un amor o un ser muy querido, ausencia total   o pobreza de lazos interpersonales,  marcada introversión (con incapacidad para verbalizar lo que le pasa), y haber carecido en la infancia de una base segura afectiva. Es una simplificación falaz,  sin embargo, creer que todo pesimista es un suicida en potencia o creer que todo romántico, lo sea. 

Sé  que BPG ha tocado el tema del Suicidio en otras obras que no he leído, por lo cual, no puedo comentar sobre ellas ni sobre la posición de BPG en ellas respecto de este tema, pudiendo sólo referirme a La Estafeta.  BPG  escribe esta novela  en 1899,  dos años después de que Emile  Durkheim publicara su célebre obra sociológica sobre "El suicidio"  que indudablemente impactó a Galdós, tanto como el suicidio de Mariano José Larra, tan traído a cuento  en esta obra suya  cuyo inicio ha datado una semana después de este lamentable suceso, de igual manera,   no es inocente la mención que hace de  José de Espronceda, que enfermo de gravedad no puede asistir al entierro de Larra.  La  historia del amor apasionado de Espronceda  y Teresa, y su gran condena social, guarda puntos en común con la historia  apasionada -aunque muy breve-.  vivida por el personaje  de Pilar con el Príncipe Polaco   -que por cierto, si existió y murió en 1813 (si supiera!!!)-, estando casada y del cual naciera Fernando como fruto de ese amor prohibido, pero  a diferencia del caso anterior, Pilar logra dar una resolución satisfactoria a este tema que guardara secreto durante tanto tiempo  e incluso,   hasta logra el perdón de su marido y aún más, su libertad, pudiendo separarse de él y vivir donde le plazca, lejos de Madrid, en lo posible. 

Por último  el personaje femenino de Pilar cuya centralidad en la Obra de Galdós no nos pasa desapercibida -ya que ocupa 11 de las 40 cartas numeradas-  no es una suicida en potencia, y a mi juicio,  BPG no quiere que lo sea,  por las razones marcadas por mí  en la entrada anterior  de esta forma <1> , a saber:  Pilar es una mujer piadosa que lee asiduamente y busca consuelo en  el libro devocionario católico "La imitación de Cristo", que aunque le vienen a la cabeza ideas tétricas, las sabe apartar; que sabe la importancia de apoyarse en la Fe -siendo, como es,  una mujer creyente- y por lo tanto, de la expresión "Que sea lo que Dios quiera", cuando hay cosas que están más allá de su voluntad  y poder. También reconoce abiertamente que carece de valor suicida. Pilar desea que pase "la Gran Crisis"  (provocada por la revelación de su secreto) para poder así alcanzar "la paz del sosiego", "la vida".  Y algo muy importante presente en la mayoría de sus cartas:  Sabe tener la suficiente humildad como para pedir ayuda a los amigos. 

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Más o menos un par de décadas  posteriores  a la ambientación de esta novela, nacerán las primeras mujeres feministas de  España que darán cuerpo a la Segunda República Española; una nueva casta de mujeres comprometidas con lo social y comprometidas en impulsar  la igualdad  de  género. Y algunas pioneras, como Concepción Arenal, incluso ya habían nacido antes.



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg


Wednesday, November 20, 2013

A- Un estudio de los personajes femeninos en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (2)

Viene de aquí

Valvanera:  Lo que primero sabremos de esta mujer, lo sabremos por la carta V,  que  Fernando  escribe a su mentor, el cura Pedro Hillo,  "de su mujer (la mujer de Juan Antonio Maltrana, o sea Valvanera, en cuya casa está hospedado) te diré que sin ser muy hermosa que digamos, cautiva más que si  lo fuera, por su gracia, su afabilidad, su señorío, maravillosamente fundido con la llaneza"... es "la encarnación del  buen gusto".....tiene "el don de la forma"...."nacida de noble cuna, educada en los mejores colegios de Francia"....." verdadera castellana en el sentido feudal del término".... que desde hace 12 años vive en Villarcayo, lejos del bullicio de Madrid y de la Corte que para nada echa de menos, al contrario. Madre de cinco niños vivos y el mayor, muerto hace tres años, de tuberculosis. Felizmente casada con Juan Antonio "viven como príncipes", "suelen bajar a Burgos  por temporadas y a Bilbao algún verano", etc. etc.  Fernando admira la cualidad "centrifuga" de Valvanera que retiene a su esposo en el campo. Y agrega algo más    sobre su carácter: "es un tanto melancólica por la influencia de las soledades agrestes".  Por  el efecto halo, ya nos cae muy bien esta generosa mujer que hospeda en su casa al hijo ilegítimo de su  amiga de infancia Pilar,  lo cuida  y le da cariño  como si fuera su propio hijo y en cuatro cartas de la Estafeta, además de dedicarse a su familia amorosamente y a sus hijos  aún más  cuando caen enfermos, va a ser receptáculo de las confidencias de Pilar, y va a darle consejos muy atinados, recomendándole paciencia, prudencia,  que no quiera apurar las cosas (referido a los deseos de Pilar de que su hijo supere el desengaño amoroso sufrido recientemente, enamorándose de su candidata "la sin par" Demetria) "Déjame a mí la ejecución lenta y gradual....", le dice.  Incluso, Valvanera considera el cuidado de Fernando, "la santa misión" que Pilar ha puesto en sus manos (Carta IX).

 Ya desde la infancia, eran Valvanera y Pilar "dos cuerpos con una sola alma", pero  Pilar era la de las ideas y Valvanera, la de las acciones.  En la Carta XIX Valvanera se adscribe la función de "reguladora" del carácter de Pilar en "este negocio" que ambas se traen entre manos. Considera disparatado el romanticismo de la amiga, tanto como algunas ideas malas que le vienen a la cabeza, y del Romámnticismo (R) en sí mismo, piensa  y así se lo expresa a Pilar "...te digo para que veas cuan malo es el R. ... "inmenso servicio se haría a la Sociedad suprimiendo tales invenciones que no sirven más que para dar malos ejemplos a la juventud".  No vacila en servirse de "la diplomacia y delicada trastienda" para alcanzar los  objetivos que ambas amigas tienen (Carta XIX) llamémoslo directamente por su nombre: manipulación. Incluso miente, cuando lo necesita.  Para lograr que Fernando se abra a ella, no vacila en servirse de "la severidad combinada con las expresiones más dulces de cariño materno".(Carta XIX). Ante el romanticismo de Fernando (exaltación caballeresca y dramatismo) ella reacciona con fría calma razonando, le suelta "todas las andanadas del buen sentido del respeto que debemos a las leyes y prácticas sociales", también  saca "su Cristo" y manipula  a Fernando generándole sentimientos de culpa con respecto al daño que causaría a Pilar si él llegaba a producir un escándalo "por tales violencias (referido a un supuesto suicidio)" (Carta XIX). Se desvive por sus hijos y tiene una "ansiedad mortal" durante la enfermedad de ellos. También está intranquila por si "el drama" (de Bilbao) llega a las puertas de su casa. (Carta XIX). Capta la ansiedad de su amiga Pilar (con respeto al gran secreto de ella y de cuánto éste la atormenta) lo cual demuestra su capacidad de empatía (Carta XXXI) y está ansiosa por cómo se resuelve  "la gran crisis" (la revelación del secreto de Pilar).   Hace gala de un espíritu conciliador cuando  le dice a Pilar que su marido es en el fondo, en su corazón, bueno, que le mire con respeto y cariño  y "si cariño no puede existir, sálvese la estimación y el respeto" (Carta XXXI) También aconseja muy acertadamente a Pilar revelar su secreto a Dn Beltrán -padre de Valvanera-, cuando la visite,  que sea sincera y cariñosa con él, "ganando su voluntad", encontrando en él, "un excelente apoyo, un leal consejero y auxilio" (Carta XXXI).  Mujer de fe, piadosa, cita al Kempis, o sea al libro de devoción católica "La imitación de Cristo" escrito por Thomás de Kempis (Carta XXXI). Anticipándose al peligro, previsora y precavida,  cuando oliéndolo, despacha a un jinete que alcance al cura Pedro Hillo (que se ha ido con Fernando), para que sepa que hacer y  "esté con cuidado y evite en lo posible el encuentro con ese maldito bilbaino" (Zoilo Arratia, que se casó con la ex-novia de Fernando) cuya presencia inesperada en  la casa de V.  "viene a turbar mi gozo y el buen giro que toman los asuntos de Pilar y Fernando" (Carta XXXIX de ella a P. Hillo).   Por último, es ella quien le revela a Fernando,  previo consentimiento de la madre,    el enigma de su vida tal como  Fernando lo expresa en la Carta XXI al cura P. Hillo, su mentor: "Valvanera con infusión maternal y en presencia de Juan Antonio me descifró el enigma de mi vida".

Valvanera es una mujer noble de cuna, inteligente, muy educada, de clase, con gustos refinados, sencilla, llana, pero  que con la distinción y elegancia propias de una gran dama, también sabe moverse con  prudencia y buen tino, en el sentido que desea, sin contravenir abiertamente  las normas sociales. Hábil estratega de su tiempo, gana -mejor dicho, hace ganar a Pilar- la guerra que la malvada de Juana Teresa arremete  contra la media hermana cuyos secretos quiere averiguar para destruirla. Por la buena causa que enarbola, Valvanera, no duda en manipular a Fernando para evitar, lo que su madre y ella  creen que podría llegar a un suicidio. Pródiga es en el afecto a su marido, a sus hijos por quienes vela con ansiedad mortal, cuando caen enfermos;  igual de pródiga es en su afecto hacia su amiga de infancia, Pilar, y al hijo bastardo de ella, Fernando, a quien recibe en su casa como a un hijo propio y a quien supervisa de cerca y entretiene para que éste no cometa ninguna locura. Una mujer, nos dice Galdós, de esa nobleza campesina que ya no va quedando. 

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Pilar: Amiga de infancia de Valvanera, y por lo tanto comparten  la misma educación y círculo social, noble de cuna con varios títulos y casada con el duque Felipe, en un matrimonio sin amor y muy infeliz (que analizaré en la parte B de mi aporte a esta lectura, la semana que viene) guarda un gran secreto que le corroe el alma el cual sólo Valvanera y tres personas más conocen y guardan. Un secreto  que la ha obligado no sólo a crear un muro de silencio en su relación marital sino que la ha obligado a una "existencia frustrada" con una vida falsa, impostada y de disimulo social.   En la Estafeta Romántica ella va a escribir a Valvanera 11 cartas, que hacen  a poco más de un cuarto de total de cartas  numeradas. En ellas  podemos ver como en las cuatro primeras (la XXII, XV, XIV  y XVII) pone en evidencia su amor de madre,  su dolor (y culpa) por haber tenido que abandonar al bebé recién nacido, la preocupación por como Fernando toma su gran desengaño amoroso, sus intentos de alegrarle la vida con bromas (como cuando le escribe una carta haciéndose pasar por un amigo de Fdo), lo mal que se lleva con su media hermana Juana Teresa, que sabe, por experiencia lo mala persona que es (Carta XXVI). Su deseo de que Fernando sea feliz con Demetria y olvide su mal de amores y desengaño con Aura. Incluso es capaz de manifestar su enojo  para con esa mujer que tanto daño hizo a su hijo:  "¿no está Fernando convencido  de que la maldita Negretti es la esposa de otro?"  y "¡muera Cintruénigo!" (es decir, Juana Teresa  y sus planes de casar a Demetria con su hijo Rodrigo) y su más dulce venganza sería para ella, la de  quitarle  Demetria a Juana Teresa (Carta XXVI).  Pero, como mujer piadosa que es y lectora también de "La imitación de Cristo", se arrepiente enseguida de tales exabruptos: "Qué disparates pienso y escribo" <1>. Pilar reconoce que es una "pura pólvora" de impaciente, también lo mal que se lleva con el marido y lo coqueta que ha sido en su vida "He sido una coqueta formidable, ha sido mi defensa contra la soledad del alma", a partir de los cuarenta disminuyó sin embargo, su coquetismo,   encontrando consuelo en la lectura; incluso intentó ser beata pero  no le funcionó.

En la Carta XXIV continúa con la preocupación por  Fernando y el objetivo que se ha trazado de casarlo con Demetria,  habla de las ideas tétricas que se le meten  a ella en la cabeza por el Romanticismo, ideas que quiere espantar de su cabeza <1>. Pero  lo principal, "si para el fin que persigo (ver felizmente casado a Fernando con Demetria) no hubiere más remedio que romper con todo, romperé, estallaré como una bomba, que ya toda esta pólvora, toda esta metralla que llevo dentro de mí años y más años, quieren salir a que les de aire". En la Carta XXVI, busca una salida airosa a su problema, de la mano de un sabio jurisconsulto y amigo, Manuel Cortina, a quien pide asesoramiento y ayuda. Su pesimismo y tremendismo, con temores infundados: la llevan a agravar las situaciones y a hacen "escenas terroríficas", "levanta a su alrededor aparatos de consternación", reconociendo que es mejor no pensar tanto y tener más fe "Qué sea lo que Dios quiera" <1>, es que tal como ella dice, "el cerebro se me ha convertido en un nidal de dramas". Si en la Carta XVII se preguntaba muy angustiada  si sería capaz de "romper la insoportable ficción" en la que vive y arrostrar las humillaciones que suponen las papeletas de Felipe arrojadas sobre ella "en terrible avalancha", en esta Carta, se la percibe más sosegada y paciente después del consejo de Cortina (el abogado)  de que se tome las cosas con serenidad y paciencia.   Le aburre la chismografia social, cuyos temas encuentra desabridos e insignificantes,  por el contrario, las ideas revolucionaras alborotan su espíritu. Ha creado una representación falaz de sí misma para poder vivir, pero según ella misma  lo reconoce, en Pilar "el histrionismo es más meritorio que en ninguna, por la enorme distancia entre lo que soy y lo que represento, entre mi ingenio secreto y mi estolidez pública", que siendo mujer inteligente y aguda, se hace pasar por tonta y banal, o "una tonta de trapo" como ella lo dice.

 En la Carta XXIX, sigue avanzando el tema de la solución para que ella pueda dejar a Fernando dinero y títulos, dinero es posible por medio de un Fideicomiso, pero  títulos, no puede (por la sanción  de la  Sociedad y minimizar el costo del escándalo),   para como ella dice: "construir la personalidad de Fernando, sacándole de esa denigrante situación de inclusero", es decir,  la construcción de su yo-social, que elevaría su autoestima.  Aquí la motiva su amor de madre, pero también su culpa. La enorme culpa por haberlo abandonado de bebé y su necesidad de repararla. Se decide también en esta carta que será el abogado quien revele el secreto a Felipe porque ella no tiene ese valor, que es un "valor suicida". <1>. La angustia de ella crece, con la cercanía de la revelación, siente pánico: "Mi pánico es tal que se me ocurre huir a la calladita"....  El abogado le recomienda serenidad, que permanezca en la casa, entonces piensa:  "debo disponer mi alma para el sacrifico y la penitencia, realizando un acto religioso en mi capilla. Confesaré...comulgaré......"  "Después mi estado nervioso me impondrá un reposo absoluto"..........uno,  dos tres, días encerrada en sus aposentos  con sólo una doncella. "Desfallezco y parece que me acabo".  Interrumpe ahí la carta y sigue al día siguiente,  para comunicarle a Valvanera que ha tenido momentos de delirio en los que le "ha faltado poco para revelar todo" a la primera persona que entre en su casa y que se ha sorprendido por momentos hablando como una cotorra sin saber lo que dice (como una lección aprendida para embelesar a quienes la oyen). Termina la carta preguntándose si llegará, tras el peñón áspero de Felipe,  a alcanzar la paz el sosiego, la vida <1>.

 Las siguientes  cuatro cartas (XXX; XXXII , XXXIII y XXXVII)  están reservadas a la revelación del secreto, -primero que todo- a su marido Felipe,  en la  XXX, en que el abogado va a hablarle para ponerlo en autos y a acompañarlo hasta la media noche "procurando conservar en su ánimo la serenidad y prepararle para los actos razonables.  Lo que no tiene remedio debe afrontarse con valor y espíritu de concordia"  y las dos últimas,  a la espera angustiosa y terrible de la sentencia de Felipe y  el designio que a ella le fije su marido. En la XXX la angustia, el pánico, el terror, la ansiedad  de Pilar van in crescendo. El miedo es de tal magnitud que hasta tuvo una visión-delirio (magníficamente narrada desde el pto de vista de la psicología)  en la que El Duque, su marido, la llamaba a la sala de armas para darle el veredicto, era sin duda  "la hora del miedo".  Durante el delirio -y provocada por el pavor que la invade- siente una especie de despersonalización: "Me fui de sala en sala arrastrando por los pavimentos esterados de fino junco la cola de mi vestido sin que entonces ni después supiese yo la causa de aquella prolongación de mi ropa, ni entendiese lo que me decía  el extraño ruido que tras de mi iba dejando".  Busca luego, Pilar consuelo el "La imitación de Cristo" de Thomás de Kempis<1>. Extenuada, siente  una especie de "atonía cerebral".  Siente más miedo, incluso "un pánico horroroso",  trata de huir, pero recordando el consejo del abogado, vuelve  a sus aposentos, y una vez más busca consuelo en el Kempis en donde lee "Cuando el hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los demás y sin dificultad satisface a los que le odian", etc, etc.  Silencio y quietud sepulcrales reinan en la casa de los duques. En la carta XXXII  cuenta Pilar a Valvanera que Felipe está en estado de sorpresa y dolor,  desquiciada su naturaleza,  revolviéndole desde lo más hondo", o sea en estado de chock (Lo sabe por el mayordomo).  Pilar se siente en una cárcel de silencio y soledad, para  salir de esa "atmósfera de panteón o presido",  se va unos días a la quinta de una tía de ella en Carabanchel, por sugerencia de su abogado. La Carta XXXIII, la escribe Pilar en la quinta. No se aguanta y se va a Madrid, en donde entra sigilosamente en su casa y espía a Felipe a quien ve  subrepticiamente completamente encanecido, encorvado, con paso vacilante y cadavérico. Al regresar a la quinta. Pilar llora agobiada por el dolor, entra en lo que ella llama "una angustia contemplativa", "solo sabe sentir, pensar no puede".

Después de todo este sufrimiento  de Pilar, con toda esta angustia por la incertidumbre sobre su futuro, que dependerá de la voluntad de su marido, Felipe, más la pena tan grande por haberlo visto en ese estado lamentable, en la Carta XXXVII de Pilar a Valvanera, tenemos noticia del veredicto: ¡Felipe la perdona! y consciente en facilitar "todos los arbitrios legales que propone  Cortina", el abogado, para transmitir a Fernando una parte de los bienes de ella, además decreta su libertad, pero que si es posible, lejos de Madrid. Pilar se emociona por la grandeza de alma demostrada por Felipe. La sentencia definitiva la comunica Felipe a través del abogado. Pilar valora "la magnanimidad de Felipe"(que ya le inspira veneración, incluso, un amor puro y acendrado)  y lamenta que siendo "almas desvirtuadas - tanto el uno como la otra-  por el artificio social, no se descubren en su íntimo ser sino cuando las agitan graves problemas emanados de la Naturaleza"
                                           

Pilar  es una mujer  noble de cuna y muy culta, intrínsecamente buena, casada en un matrimonio desgraciado y asfixiante, que ha  cometido un grave error –imperdonable para la moral de la época- en su juventud que ha logrado mantener secreto, y ha vivido con el peso de ese gran secreto,  que de tanto pesarle -agravado  por  la culpa que la carcome y la necesidad de reparar el daño-  está por estallarle en cualquier momento.     Secreto  por el cual se ha visto obligada a crear una muralla de silencio entre ella y su marido; un secreto que comparte con muy pocas personas, una de ellas,  Valvanera, su amiga de infancia,  que la ayuda amorosamente, con eficacia y  sensatez,  en este tema y que  calma sus ansiedades y apuros. Pilar es una mujer que se ha visto obligada a abandonar a su hijo ilegítimo, para no contravenir las estrictas normas sociales, y en el camino,  ha edificado una representación ficticia de lo que es ella y de lo que siente y  como ella misma lo dice: a vivido  "una existencia frustrada que ha perdido su órbita" (Carta XVI).   Es por medio de este personaje  femenino que Galdós se vale, principalmente, para criticar la enorme hipocresía social imperante y la vacía  fatuidad de vivir una vida de apariencias, especialmente en lo que atañe a las mujeres en la sociedad  española del siglo XIX.  De ahí que las cartas que Pilar escribe sean 11 de las  40 numeradas que conforman La estafeta romántica.   

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Aura:  Ex-novia de Fernando, nombrada por primera vez por Ma Tirgo a Juana Teresa en la Carta I. Fernando le escribe la carta X, recriminándola de no haber esperado a confirmar  su supuesta muerte.  "Tan persuadida estabas de mi muerte que ni siquiera la pusiste en duda.....?"  No se explica como de haber tenido ella "hermosos arranques de su corazón....."como se trocaron en "endeblez, impotencia y pasividad". En la Carta XIV, Uhagón hace averiguaciones sobre el tema del casamiento de Aura con Zoilo,  primero aporta noticias, o  más bien chismes, de que ambos han sido vistos tomados del brazo como dos tórtolos y que no hubo coacción en la decisión que tomó Aura. Luego, Udagón se desdice y confirma "plenamente que hubo coacción horrible y un complot pérfido" fundado en la falsa noticia de la muerte de Fernando y cuando ella se entera de los artificios de los Negretti, Aura "se volvió loca, es decir loca enteramente, no: llamémoslo trastorno, rabia, furor insano contra sus embaucadores" y haciendo uso de su "energía expansiva" y "su furia de libertad", la dama se les escapa y está camino de La Guardia, en busca de Fernando.     Valvanera en Carta XIX la llama "hembra loca" y tiene una muy mala impresión de ella "si ahora   después de dejarse secuestrar tan torpemente, rompe con su nueva familia, atropella a toda conveniencia...etc". Inverosímil o no, la carta de Uhagón "le huele a verso" (En Carta XXIII de Gracia   a Fernando esta le cuenta que una mujer lo fue a buscar mal vestida y sucia, en compañía  de dos hombres de mala traza, que cayó enferma y la llevaron al Hospital Miranda  en donde fue ingresada con nombre anónimo. El criado Sabeas informa a  Fernando ( Carta XXV), que esa mujer (supuestamente Aura) que había sido internada en el Hospital, había muerto y que por más rápido que llegara, llegó tarde, pues "acaban de darle sepultura" por lo que no pudo  confirmar la identidad de la mujer. Sólo sabe el criado de acuerdo a lo que testigos le dijeron que era "mujer  en quien por encima de lo cadavérico se traslucía una gran hermosura". 

 Aura encarna la mujer atormentada, que es fuertemente manipulada por la familia, que se revela y es tomada por "hembra loca" hasta como por personas   sensatas  como Valvanera (quien, siendo capaz de entender el secreto de su amiga y aceptarlo, con todo lo que ello implica, reprueba, sin embargo, la conducta desbocada de Aura).  Aura; por unos criticada  por andar del brazo "como dos tortolitos" con su marido bilbaíno, por otros,  por haber reaccionado como una loca al enterarse de las manipulaciones de la familia y querer escapar al triste destino que le habían  asignado. En estos casos, nos dice Galdós,  -o más bien, así interpreto yo que nos dice- sólo hay  dos opciones para una resolución: el acatamiento sin más, como si esta mujer fuera una descerebrada y descorazonada,  o:  el escape por medio de la locura o la muerte, optando en  este caso, por esta última.



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Nicolasa y Pepita:  de 16 y 14 años respectivamente, la mayor más frágil de salud,  ambas hijas de Valvanera  y Juan Antonio Maltrana y ambas actúan en la pieza de teatro que Fernando prepara con ella "El sí de las niñas"  de Moratín, obra que adscribe a la estética neoclásica, estrenada en Madrid en .... y que fuera, en su momento, un éxito en tablas. Tal como Fernando le relata al cura Pedro Hillo en la Carta V y como evidentemente él las ve: son "tiernas y lánguidas...." "desaplicadas...." "rebeldes a la educación clásica", "inflamadas ambas con el santo horror  de la gramática y delirantes por el baile, por las comedias,---" "inocentes aún y cerradas a toda malicia". 

Es decir, dos típicas adolescentes de entonces, muy similares a las adolescentes de nuestra época. 
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Justina: Criada muy antigua, considerada casi miembro de la familia y guardadora hasta su muerte de los secretos de Pilar, secretos que según consta en la Carta IV, Juana Teresa, la especialista en tirar de cualquier hilito,  no pudo arrancarle.  Fue fiel a Pilar hasta su muerte.

Jerónima:   Hermana de Justina que reside en Cintruénigo, quien al volver a su casa, le dijo a Juana Teresa  que  "Pilar menudea cartas contigo (Valvanera)"  "Y cada semana te emborrona cuatro pliegos" (C IV)- No sabemos si habla porque ella es  cotilla o  inocentemente, por la habilidad que tiene Juana Teresa en tirarle de la lengua. 

Carlota Cisneros:   Informadora de Valvanera con respecto a la relación de Pilar con su media Hrna la Marquesa Juana Teresa de Sariñan (Carta IX), una mujer  en cuyo criterio Valvanera confía, pues, también escucha., aunque coteja y corrobora la información recibida, exponiéndosela a Pilar, para un eventual descargo. En un cuadro tan variado de la época pintado por BPG, no puede faltar, efectivamente,  la mujer corneta

Tia Consolación:  Tía de Pilar de Loaysa, en cuya quinta  en Carabanchel, Pilar pasa unos días luego de la terrible revelación a Felipe, su marido,   de su secreto. Según la apreciación de Pilar en Carta XXXIIII:   esta tía es "un calmante energético" del estado "espasmódico" de Pilar "por su bendita indiferencia de todos los asuntos que no sean sus devociones y paz de su casa, por carecer en absoluto del defecto esencialmente femenino, la maldita curiosidad".  Toda una "pasta de ángel", goza de "un profundo egoísmo"  "no le importa nada de nada: vive siempre en, por y alrededor de si misma, contenta del medio social, como los pececitos en su redoma de agua limpia; hablando mucho de las excelencias de la otra vida, y y procurando por todos los medios permanecer en esta el mayor tiempo posible; rodeada de curas y médicos, a quienes oye y atiende como a sibilas de la salud espiritual y física, disfrutando de sus riquezas con parsimonia y régimen intachables, practicando al caridad con medida: exacta en todo. Fría en sus afectos, cuidadosa de sus pelucas y de sus huéspedes...".

 Esta tía Consolación, resume a una personalidad de mujer ególatra y egoísta, cero empática,  indiferente a  todo lo que no tenga que ver con su persona y su hogar.  Y religiosa de la boca para afuera, ajustada a las tradiciones y por supuesto, a las apariencias e hipocresía de su tiempo. 

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  <1>Puntos por los que -contrario a la opinión de Sara Cosano Laguna en "La atracción del abismo en Galdós: El suicidio en La estafeta romántica"- no considero a Pilar una suicida en potencia, sí una mujer muy angustiada. 
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Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg