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Wednesday, August 12, 2020

Este jueves, un relato: "Objetos" Mi primer vuelo en EL AL a Israel

"Objetos"
Convocatoria de Alfredo Cot desde su blog "La Plaza del Diamante"   en donde hallarán más relatos. Las imágenes  e ideas abajo son suyas. De las opciones que nos dio  yo elijo la que sigue y desde ya les anticipo  que es una anécdota verídica:


Las horas. El tiempo. Tarde. Pronto. Espero. Me esperan. Corro. Llego. Fin.


En 1974 tenía 18 años y hacía dos que era jurídicamente emancipada (como ya conté en este otro viaje a Holanda)   Había decidido viajar desde  Colombia en dónde me encontraba circunstancialmente  en ese entonces a  Israel vía Zurich en  El Al, la compañía aérea nacional de Israel, país en el que tenía familiares y que por primera vez visitaría. Si un avión es un objeto, entonces para mi, es el más preciado. Vuelo - y con asiduidad-  desde que tenía 6 meses de edad (mis padres me iniciaron). El avión, objeto al que le agrego mi cartera [con  un mapa, una brújula,  mi tarjeta  de crédito, el pasaporte, el teléfono móvil, una caja de cleaneex y un peine. Cualquier otra cosa es superflua y por lo tanto, innecesaria. (Y por la pandemia agregaría, tapabocas y un frasco de alcohol en gel)].


Elegí hacer la escala  en Zurich y quedarme unos días vistando la ciudad y a amigos que tenía allí. Ellos me llevaron al aeropuerto para abordar mi avión a Tel Aviv. Llegamos temprano, con tiempo. Despaché mi maleta y recibí mi tarjeta de embarque, pero   no  entré directamente a la zona exclusiva para pasajeros  porque faltaba mucho hasta la salida del avión, así  que me quede  en la cafetería  de la zona general charlando con mis amigos y se me fue el santo al Cielo. Pero ido,  bien ido.    En un momento interrumpimos  la conversación, levanto la vista a la pantalla de Despegues y veo que las dos luces rojas a la derecha de mi vuelo están tintineando.

Erika me dice - ¡Ya está, lo perdiste!. Te quedas con nosotros unos días más. 
Jan afirmó - Te quedas. No hay problema.
- ¡No, gracias!- les respondí agitada y me levanté como una flecha, los saludé de lejos y corrí a un mostrador como quien vio al mismísimo diablo. Logré - no sé cómo- que llamaran por teléfono a mi avión, avisando que tenía la tarjeta de embarque y había despachado la valija y que  tenía si o sí que abordarlo, que no podían despegar sin mi. Vinieron a dónde estaba dos  agentes de Seguridad  Israelí con walky talkies y corriendo flanqueada por  ellos, uno a mi derecha y el otro a mi izquierda,  pasé migraciones y seguridad  suiza obviando las enormes colas y seguimos corriendo y corriendo. -¡Abran paso!- exclamaban  los agentes en inglés y alemán.  Yo iba con ellos por  donde me indicaban,  corredores,  salas,  escaleras rodantes,  y no sé que más porque iba concentrada en seguirles el paso a esos atléticos hombres.  En inglés  les decía, - No quiero perder el vuelo. - No lo vas a perder- me respondían.

Llegamos a un gran  hangar, mi corazón iba al galope.  Respiré profundo unas tres veces para calmar mi agitación y me sequé el sudor que corría en goterones por la frente. Recuerdo que el galpón  tenía una enorme mesa rectangular de madera en el centro y mi  maleta estaba encima.  Alrededor  se   había  abierto un abanico de entre siete  y nueve agentes israelíes, hombres y mujeres. No recuerdo el número exacto. Saludé  y hablé con ellos en  inglés y en francés. En esa época, mi inglés no era tan bueno y el francés era mi segundo idioma.  Yo repetía toda azorada que no quería perder el vuelo, que para mí era muy importante tomarlo.   Ellos me decían. - El avión te esperará.   Luego siguió una media hora -de  reloj-  de interrogatorio en la que se enteraron de toda mi vida y la de mi familia, al derecho y al revés. En inglés y en francés. Porque me hacían las mismas preguntas para ver si había discrepancias o si mi relato era congruente.    Revisaron muy bien la maleta y vieron  algo extraño que no comprendían y que tuve que explicar (una de esas brillantes ideas que a veces se me ocurren):  Fue el hecho de que comprara un periódico israelí  en hebreo que estaba extendido sobre todo lo prolijamente empacado. 

- ¡Lee el periódico!
- No sé - sólo sé decir ¡Shalóm! (hola/paz), bebakashá (por favor)  Todá  (gracias) Ken (sí) y Lo (no). Esto es todo lo que sé -les repetí- Ese es todo mi vocabulario, por ahora.
- Y entonces, ¿por qué tienes un diario que no puedes leer?
-  Quería  ver las palabras en hebreo, me gustan las letras, las frases. Espero aprenderlo.

Se miraron entre ellos.  (No quise ni adivinar sus pensamientos). Yo transpiraba copiosamente. Y sentía como un calor vergonzante me subía por oleadas.
- ¿Estás nerviosa? ¿por qué?  
- Hace media hora que  El Al debería   haber despegado, no quiero perder este vuelo.
-  No te preocupes,  el avión te espera.

Cuando quedaron convencidos de que era una inofensiva gila de cuarta,   tres  de ellos me  llevaron hasta un mercedes blanco, de tipo presidencial, incluida mi valija, se subieron conmigo escoltándome y el que conducía enfiló hacia la pista  hasta llegar cerca  del avión que  había detenido su corretaje, esperando a -lo que creían- un pasajero muy importante.  Abrieron la compuerta y bajaron la escalera. Exultante y agradecida, me despedí de los agentes   y subí por la escalerilla. Sería otoño. Recuerdo que vestía ese día  una auténtica falda escosesa  en blanco y negro y polera blanca de lana, una  capa larga y boina  haciendo juego,  correspondiente a uno de sus clanes, cuyo nombre he olvidado. Todos los pasajeros se  inclinaron por el pasillo o asomaron sus cabezas por sobre los asientos  para  ver quien era el gran personaje  por el que el avión  había interrumpido su  corretaje en pista  y esperado media hora.  Y subo yo, una niña de 18 años, muy elegante. Eso sí.  ¡Sorpresa, sorpresa!. ¡Shalóm!

- ¡Esperábamos un ministro!- dijo uno consternado.
- ¡O un príncipe o rey!- dijeron otros con sorna.
- ¡Lamento desilucionarlos!. Sólo soy yo, Myriam,  y este es mi  primer viaje a Israel. ¡Y en El Al!. Definitivamente, no podía perder este vuelo. ¡Gracias a todos por esperarme!.
Las carcajadas no se hicieron esperar. Y así,  todo el vuelo.






Thursday, October 17, 2019

Este jueves, un relato: "Aviones", El avión


Foto  © Myriam Goldenberg. 




Kevin Klein, ejecutivo de una conocida empresa de Software, tomó el avión como lo venía haciendo  cuatro o cinco veces al mes desde que  había ascendido al puesto de Gerente de ventas, hacía 4 años.  Al comienzo no le resultó nada fácil. Tuvo que ir a terapia con una respetada psicóloga para aprender a vencer su fobia  que le impedía subirse a un avión.

- Sujétense los cinturones- dijo  el piloto por el altavoz. Pasaremos por una zona con tormenta, por lo tanto  habrá turbulencias, pero la buena noticia es que durará poco tiempo. Kevin comenzó a temblar como una hoja de parra al viento y a sudar copiosamente como sí él mismo fuera una de  las Cataratas del Niágara.  Entonces recordó la vez que navegó con su amigo Giuseppe  Contilano en canoa hasta llegar a la cueva "de los Vientos", bajo la cascada "el Velo de la novia" y de como se extraviaron  en la Isla "de la Cabra".  Y de que casi se mueren allí hasta que después de una semana, fueron rescatados en helicóptero de la Cruz Roja. Cerró los ojos y  respirando lento y profundo tal como había aprendido en una de las sesiones de terapia, se decía para sus adentros...."comparado con aquello, Kevin, esto es moco de pavo, es.... moco de pavo". Y trataba de imaginarse que estaba en una playa de ensueño en el Caribe con una mujer con cabellera caoba,  de buenas curvas y voz dulce.  De pronto, sintió una sacudida,  alguien lo estaba despertando de su ensueño. Abrió los ojos. Miró a su alrededor, no  estaba en el avión, no había otros pasajeros, sólo estaba él con esa mujer de cabellera caoba en una cueva oscura y húmeda. La miró con atención. Tenía ojos brillantes verde esmeralda,  una dentadura blanca con destellos multicolores y un traje de escamas plateadas que la cubría  de la  cabeza a los pies y que portaba bien ceñido al cuerpo. La mujer  con voz metálica intermitente y plana, le dijo:  _ Has llegado a tu destino, Kevin Klein. ¡Bienvenido al planeta Orialmek de la Constelación del Tigre!.


(¡Un relato en exactamente 350 palabras!)





Monday, May 14, 2018

De Qatar a Bali lo que no podía pasar, pasó



El vuelo iba de Qatar en el Golfo pérsico a Bali  en Indonesia. Y todo parecía indicar que el pasaje al completo disfrutaría de unas maravillosos  vacaciones en la  paradisíaca isla.  Porque todos iban a ello, eso era más que seguro. Nadie puede concentrarse para hacer negocios cuando fluyen los daiquiris y los vodkas, las flores y las danzas,   en las playas de  aperladas arenas  con profundo mar azul  (no como las amarillas petro-veteadas y tristes de Qatar).

En el vuelo,  la  amable tripulación había repartido bebidas, al parecer, también alcohólicas antes de la comida. Pero hete aquí que un pasajero iraní que inoportunamente se había  quedado  dormido no pudo evitar que su mujer, con espíritu detectivesco,  le tomara el dedo índice de la mano derecha entre sus cálidas manos y lo estampara  en el  teléfono móvil del hombre...  ¡Y Sim salabim!   en el acto, desbloqueado. Poco después,  carterazos, cachetadas, gritos, insultos, más gritos y cachetadas,  y finalmente,   un aterrizaje forzoso en...


... Chennai, capital de estado Tamil Nadu al Sur de la India, para descargar a la pareja iraní
 de la que ignoramos como termina la historia.

Moraleja tripartita:
Hombre,
 no le metas los cuernos a tu mujer.
No dejes tu teléfono al alcance de cualquiera,
y por sobretodo, no te duermas en un vuelo,
que todo puede terminar
como el rosario de la aurora.

Feliz semana para todos,
sin sobresaltos,

Nota: Podría ser un chiste, pero  este hecho inaudito  realmente sucedió. Y la noticia fue publicada el 7 de Noviembre de 2017 en  el HindostanTimes. 

 Imágenes tomadas  de la Red.



Monday, April 23, 2018

La valentía, profesionalidad y calma de una piloto que salvó a 153 personas en un vuelo la semana pasada

 Capitana Tammy Jo  Shults (nac.. Bonell)

Este martes 17 de Abril próximo pasado,  el Boeing 737-700  de la compañía de aviación estadounidense  Southwest Airlines, vuelo 1380, acababa de salir del aeropuerto LaGuardia en  Nueva York hacia  Dallas cuando el motor izquierdo explotó y el metal roto voló hacia una ventana, chupando  parcialmente a una pasajera -que fue recuperada luego  pero que lamentablemente falleció-  e hiriendo  a otros 7 pasajeros. 






Estaban volando a una altitud de 30.000 pies (casi 9.800 mts), 149 pasajeros y 5 tripulantes. Cuando sucedió la explosión,  la piloto notificó por radio inmediatamente  el May-day  May-day  y giró hacia Filadelfia para hacer un aterrizaje  de emergencia mientras que los pasajeros y personal de vuelo respiraban por las máscaras de oxígeno y  se preparaban  para un aterrizaje de emergencia. La Capitana  liberó el combustible e hizo descender la nave  a   c:a  900 mts por minuto hasta aterrizarla  a buen recaudo y salvar así a 148 pasajeros y 5 tripulantes.  Los servicios de emergencia la esperaban en la pista.
.
La capitana Shults sirvió  antes de pasar a la aviación  civil  10 años en el  Ej. de la Marina  de los EEUU,  llegando al rango de Lt Commander  (equivalente a Mayor en Ejército de Tierra) .

La persistencia de Shults en convertirse en piloto se remonta a su crianza en un rancho de Nuevo México, cerca de la Base de la Fuerza Aérea Holloman,  relata Tammie Jo Shults en el libro "Military Fly Moms" (1), escrito  por Linda Maloney. "Algunas personas crecen alrededor de la aviación. Yo, por mi parte, crecí debajo de ella", dijo. Viendo espectáculos aéreos  a diario desde niña,   sabía con certeza que su vocación era la de volar.

Durante su último año de escuela secundaria, en 1979,   Tammie Jo Shults (entonces Bonnell, que es su apellido de soltera) asistió a una conferencia sobre aviación. Un coronel retirado comenzó la clase preguntando a Shults, la única chica que asistía,  si se había extraviado al aterrizar en su clase. "Reuní el coraje para asegurarle que no era así y que estaba realmente interesada en volar", escribió. "Me permitió quedarme pero me aseguró que no había mujeres piloto profesionales". Cuando conoció en la universidad a una mujer que había recibido sus alas de la Fuerza Aérea, escribió: "Me puse a trabajar  para entrar al club".  Mientras que la Fuerza Aérea "no estaba interesada" en  que Shults ingresara,  La Marina sí  le permitió postularse para la escuela candidata a oficial de aviación, "aunque no parecía haber  demanda de mujeres piloto".

Finalmente,  cuenta la Capitana,  que un año después de tomar el examen de aviación de la   Armada,  encontró por fin a un reclutador que procesaría su solicitud. Después de terminar  la escuela como  candidata a oficial de aviación en Pensacola, Florida, fue asignada a un escuadrón de entrenamiento en la Estación Aérea Naval Chase Field en Beeville, Texas, como piloto instructor enseñando a los estudiantes aviadores cómo volar el T-2 de la Marina. Más tarde voló   el corsario A-7 en Lemoore, California. En ese entonces  conoció a su "caballero en avión brillante", un compañero piloto que se convertiría en su marido, Dean Shults,  y que también vuela en la actualidad  para Southwest Airlines.

Debido a la ley de exclusión de mujeres   en  combate (ley cambiada en 1993)  se prohibió a Tammie Jo Shults volar en un escuadrón de combate.  Su marido pudo unirse a un escuadrón,  pero las opciones  de  ella, en cambio,  fueron limitadas y consistieron principalmente en proporcionar entrenamiento  de guerra electrónica a los buques y aeronaves de la Armada.

Más tarde  Tammie Jo Shults se convirtió en una de las primeras mujeres en volar lo que entonces era el nuevo caza de la Armada, el F / A-18 Hornet, pero nuevamente en un papel de apoyo. "Las mujeres eran nuevas en la comunidad Hornet, y ya había signos de dolores de parto".

Tammie Jo Shults sirvió en la Armada durante 10 años, alcanzando el rango de Teniente Comandante de la Marina. Dejó la Marina en 1993 y ahora vive en el área de San Antonio con su  marido y  dos hijos: un hijo adolescente y una hija de unos 20 años a los que educan para ser personas de bien y líderes.



En esta foto se ve la nave aterrizada a salvo  en Filadelfia. La Capitana Tammie Jo Shults incluso se tomó el  tiempo para  agradecer  a la torre de control: "Gracias. … Gracias por la ayuda, chicos."  y saludar a cada uno de los pasajeros, quienes más tarde en las redes sociales, se deshicieron en alabanzas al arrojo y calma de la piloto que los había salvado de una muerte inminente.

Fuentes

The Whashington Post,  aquí 

Military Fly Moms por Linda Maloney  (1) es un estupendo libro -según las críticas- con una colección de historias reales de setenta mujeres que compartieron los mismos dos sueños: convertirse en aviadoras militares y ser mamá. Linda Maloney conoce su tema cuando escribe sobre mujeres que equilibran la carrera de los militares  aviadores y la maternidad. La autora fue una de las primeras en volar misiones de combate después de que la ley permitiera a las mujeres hacer así que entró en vigencia en 1993. No es tan coincidente, ella también es la madre de dos niños.


Monday, January 30, 2017

Los paracaidistas



Estaban volando en un avión comercial pequeño un cura con sotana, un cantante hippy, un  economista encorbatado y un político de mofletes rozagantes.   Charla va, charla viene, todo era ameno, whisky, vino, pan, queso y jamón ibérico;  hasta al cantante le dio por  tocar  la guitarra y deleitar a los otros pasajeros con la última canción de ese que ganó el Nobel de literatura, hace poco. 

 De pronto el avión se sacude, cae en picada, se ajustan los cinturones,   vuelan los pájaros, digo, caen las máscaras de oxígeno. Suena el altavoz:  "señores pasajeros tenemos un leve inconveniente, el motor de la izquierda de ha parado, pero no se preocupen, todavía funciona el de la derecha. Esperemos que lo siga haciendo por que si lo peor llegara a pasar, les informamos que tenemos sólo  tres paracaídas y Uds. son cuatro,  así que vayan pensando  que hacer" y gesticulando  nerviosamente,  la azafata los muestra y deja en uno de los sillones vacíos. 

Gran revuelo y muchos ¡ohes y ahes! y ¡Ay señor Dios mio!.... in nomine pater et fili....... El cantante que siente que se va a mear encima,  va corriendo al baño. El político, tose nervioso. El economista histéricamente,  teclea en  la calculadora.

¡Cataplun!  se para el motor de la derecha. 
-
"Su atención señores pasajeros: Esta es una grabación,  se ha jodido el segundo y último motor,  hemos puesto el piloto automático y ya nos hemos arrojado en nuestros  paracaídas, así  que antes de que  se hagan puré,  les sugerimos  que se coloquen los paracaídas y  vayan  saltando de a uno.  Como saben, uno de Uds. deberá sacrificarse por el bien común". 

Los pasajeros se miran con ojos desorbitados, pelos parados y bocas abiertas; gritan, putean, bendicen, maldicen; al final deciden tirar a la suerte quien se arrojará con el primer paracaídas.

Gana el cura que con velocidad super-sónica  se ajusta el paracaídas y se arroja gritando: "hijos míos les doy mi bendición".

Tiran a la suerte de nuevo, esta vez, gana el político,  agarra uno de los paracaídas que quedan  y se arroja  gritando: "viva la democracia". 

Quedan el economista y el hippy.  El economista con voz melosa  le dice al cantante  hippy:  "Tengo una cuenta bancaria de 12.000.000 de euros, una casa en las Bahamas y una en Tailandia, un apartamento el Nueva York y un Edificio en Madrid, todo eso es suyo si me deja  ponerme el paracaídas y saltar ahora". 

El cantante lo piensa, lo mira, levanta una ceja, levanta la otra, esboza una sonrisita nerviosa y le dice: "¡Ok, man!, está bien, lo haré,  pero lo quiero todo por escrito  y con su firma, por favor. Y  no se olvide de poner el Nro de cuenta completo, nombre de Banco y claves, ya que estamos".

El economista con pulso tembloroso  escribe y firma todo según lo convenido y le entrega el papel. El hippy lo lee,   lo dobla y guarda en un bolsillo de su chaqueta al tiempo que el economista se ajusta el último paracaídas  y salta;  pensando en el idiota que está a punto de estrellarse, larga una carcajada.

Con un gran estruendo, cae el avión y al chocar en las rocas,  brotan llamas y humo negro. ¡Ufff, que desastre!

En el cielo, contento  el economista va bajando, cuando ¡Ups!.... ¿qué ve? ¡¡Al hippy bajando muy orondo en otro paracaídas!!  Sin entender nada  le grita: "Hombre ¿¿pero, cómo hizo, si yo agarré el último??".  El hippy lo mira y le contesta:  ¡¡ah.... pues mire, el político -going in the wind-  bajó en mi mochila!!



(El chiste es anónimo y  más viejo que Matusalén, pero lo saqué de mi galera y refaccioné)

¡¡Muy buena semana para todos!!.





Saturday, June 18, 2016

De cabras y flatulencias



Esta noticia es del año pasado pero es tan  chistosa e inaudita que merece  ser compartida aquí: Resulta que el 26 de Octubre de 2015  el vuelo del carguero SQ 7108 de la Aerolínea de Singapur que había partido de Adelaida en Australia rumbo a Kuala Lumpur en Malasiahizo en la mitad de camino  en Denpasar,  Bali,  Indonesia,  un aterrizaje de emergencia porque había humo a bordo y temían  un gran incendio que llevara a todos a mejor vida. Luego de una exhaustiva investigación -bomberos de por medio-  ningún fuego había de temer  puesto que el humo provenía nada más ni nada menos que  de las flatulencias de las 2.186 cabras a bordo.  El avión retomó su ruta dos horas y media después.  Las cabras llegaron  a destino muy bien;  la tripulación, empero,  casi asfixiada por tamaña pedorrera.

¡Muy buen  fin de semana  para todos!


Aquí la fuente ( de la noticia, no de las flatulencias)