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Monday, March 23, 2020

El barril de amontillado, cuento por Edgar Allan Poe, 1846




El barril de amontillado
(“The Cask of Amontillado”, 1846)
Originalmente publicado in Godey’s Lady’s Book (noviembre 1846)



      Había yo soportado hasta donde me era posible las mil ofensas de que Fortunato me hacía objeto, pero cuando se atrevió a insultarme juré que me vengaría. Vosotros, sin embargo, que conocéis harto bien mi alma, no pensaréis que proferí amenaza alguna. Me vengaría a la larga; esto quedaba definitivamente decidido, pero, por lo mismo que era definitivo, excluía toda idea de riesgo. No sólo debía castigar, sino castigar con impunidad. No se repara un agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido.

       Téngase en cuenta que ni mediante hechos ni palabras había yo dado motivo a Fortunato para dudar de mi buena disposición. Tal como me lo había propuesto, seguí sonriente ante él, sin que se diera cuenta de que mi sonrisa procedía, ahora, de la idea de su inmolación.


       Un punto débil tenía este Fortunato, aunque en otros sentidos era hombre de respetar y aun de temer. Enorgullecíase de ser un connaisseur en materia de vinos. Pocos italianos poseen la capacidad del verdadero virtuoso. En su mayor parte, el entusiasmo que fingen se adapta al momento y a la oportunidad, a fin de engañar a los millonarios ingleses y austriacos. En pintura y en alhajas Fortunato era un impostor, como todos sus compatriotas; pero en lo referente a vinos añejos procedía con sinceridad. No era yo diferente de él en este sentido; experto en vendimias italianas, compraba con largueza todos los vinos que podía.
       Anochecía ya, una tarde en que la semana de carnaval llegaba a su locura más extrema, cuando encontré a mi amigo. Acercóseme con excesiva cordialidad, pues había estado bebiendo en demasía. Disfrazado de bufón, llevaba un ajustado traje a rayas y lucía en la cabeza el cónico gorro de cascabeles. Me sentí tan contento al verle, que me pareció que no terminaría nunca de estrechar su mano.
       —Mi querido Fortunato —le dije—, ¡qué suerte haberte encontrado! ¡Qué buen semblante tienes! Figúrate que acabo de recibir un barril de vino que pasa por amontillado, pero tengo mis dudas.
       —¿Cómo? —exclamó Fortunato—. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y a mitad de carnaval…!
       —Tengo mis dudas —insistí—, pero he sido lo bastante tonto como para pagar su precio sin consultarte antes. No pude dar contigo y tenía miedo de echar a perder un buen negocio.
       —¡Amontillado!
       —Tengo mis dudas.
       —¡Amontillado!
       —Y quiero salir de ellas.
       —¡Amontillado!
       —Como estás ocupado, me voy a buscar a Lucresi. Si hay alguien con sentido crítico, es él. Me dirá que…
       —Lucresi es incapaz de distinguir entre amontillado y jerez.
       —Y sin embargo no faltan tontos que afirman que su gusto es comparable al tuyo.
       —¡Ven! ¡Vamos!
       —¿Adónde?
       —A tu bodega.
       —No, amigo mío. No quiero aprovecharme de tu bondad. Noto que estás ocupado, y Lucresi…
       —No tengo nada que hacer; vamos.
       —No, amigo mío. No se trata de tus ocupaciones, pero veo que tienes un fuerte catarro. Las criptas son terriblemente húmedas y están cubiertas de salitre.
       —Vamos lo mismo. Este catarro no es nada. ¡Amontillado! Te has dejado engañar. En cuanto a Lucresi, es incapaz de distinguir entre jerez y amontillado.
       Mientras decía esto, Fortunato me tomó del brazo. Yo me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome una roquelaure, dejé que me llevara apresuradamente a mi palazzo.
       No encontramos sirvientes en mi morada; habíanse escapado para festejar alegremente el carnaval. Como les había dicho que no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes expresas de no moverse de casa, estaba bien seguro de que todos ellos se habían marchado de inmediato apenas les hube vuelto la espalda.
       Saqué dos antorchas de sus anillas y, entregando una a Fortunato, le conduje a través de múltiples habitaciones hasta la arcada que daba acceso a las criptas. Descendimos una larga escalera de caracol, mientras yo recomendaba a mi amigo que bajara con precaución. Llegamos por fin al fondo y pisamos juntos el húmedo suelo de las catacumbas de los Montresors.
       Mi amigo caminaba tambaleándose, y al moverse tintinearon los cascabeles de su gorro.
       —El barril —dijo.
       —Está más delante —contesté—, pero observa las blancas telarañas que brillan en las paredes de estas cavernas.
       Se volvió hacía mí y me miró en los ojos con veladas pupilas, que destilaban el flujo de su embriaguez.
       —¿Salitre? —preguntó, después de un momento.
       —Salitre —repuse—. ¿Desde cuándo tienes esa tos?
       El violento acceso impidió a mi pobre amigo contestarme durante varios minutos.
       —No es nada —dijo por fin.
       —Vamos —declaré con decisión—. Volvámonos; tu salud es preciosa. Eres rico, respetado, admirado, querido; eres feliz como en un tiempo lo fui yo. Tu desaparición sería lamentada, cosa que no ocurriría en mi caso. Volvamos, pues, de lo contrario, te enfermarás y no quiero tener esa responsabilidad. Además está Lucresi, que…
       —¡Basta! —dijo Fortunato—. Esta tos no es nada y no me matará. No voy a morir de un acceso de tos.
       —Ciertamente que no —repuse—. No quería alarmarte innecesariamente. Un trago de este Medoc nos protegerá de la humedad.
       Rompí el cuello de una botella que había extraído de una larga hilera de la misma clase colocada en el suelo.
       —Bebe —agregué, presentándole el vino.
       Mirándome de soslayo, alzó la botella hasta sus labios. Detúvose y me hizo un gesto familiar, mientras tintineaban sus cascabeles.
       —Brindo —dijo— por los enterrados que reposan en torno de nosotros.
       —Y yo brindo por que tengas una larga vida.
       Otra vez me tomó del brazo y seguimos adelante.
       —Estas criptas son enormes —observó Fortunato.
       —Los Montresors —repliqué— fueron una distinguida y numerosa familia.
       —He olvidado vuestras armas.
       —Un gran pie humano de oro en campo de azur; el pie aplasta una serpiente rampante, cuyas garras se hunden en el talón.
       —¿Y el lema?
       —Nemo me impune lacessit.
       —¡Muy bien! —dijo Fortunato.
       Chispeaba el vino en sus ojos y tintineaban los cascabeles. El Medoc había estimulado también mi fantasía. Dejamos atrás largos muros formados por esqueletos apilados, entre los cuales aparecían también barriles y pipas, hasta llegar a la parte más recóndita de las catacumbas. Me detuve otra vez, atreviéndome ahora a tomar del brazo a Fortunato por encima del codo.


       —¡Mira cómo el salitre va en aumento! —dije—. Abunda como el moho en las criptas. Estamos debajo del lecho del río. Las gotas de humedad caen entre los huesos… Ven, volvámonos antes de que sea demasiado tarde. La tos…
       —No es nada —dijo Fortunato—. Sigamos adelante, pero bebamos antes otro trago de Medoc.
       Rompí el cuello de un frasco de De Grâve y se lo alcancé. Vaciolo de un trago y sus ojos se llenaron de una luz salvaje. Riéndose, lanzó la botella hacia arriba, gesticulando en una forma que no entendí.
       Lo miré, sorprendido. Repitió el movimiento, un movimiento grotesco.
       —¿No comprendes?
       —No —repuse.
       —Entonces no eres de la hermandad.
       —¿Cómo?
       —No eres un masón.
       —¡Oh, sí! —exclamé—. ¡Sí lo soy!
       —¿Tú, un masón? ¡Imposible!
       —Un masón —insistí.
       —Haz un signo —dijo él—. Un signo.
       —Mira —repuse, extrayendo de entre los pliegues de mi roquelaure una pala de albañil.
       —Te estás burlando —exclamó Fortunato, retrocediendo algunos pasos—. Pero vamos a ver ese amontillado.
       —Puesto que lo quieres —dije, guardando el utensilio y ofreciendo otra vez mi brazo a Fortunato, que se apoyó pesadamente. Continuamos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos bajo una hilera de arcos muy bajos, descendimos, seguimos adelante y, luego de bajar otra vez, llegamos a una profunda cripta, donde el aire estaba tan viciado que nuestras antorchas dejaron de llamear y apenas alumbraban.


       En el extremo más alejado de la cripta se veía otra menos espaciosa. Contra sus paredes se habían apilado restos humanos que subían hasta la bóveda, como puede verse en las grandes catacumbas de París. Tres lados de esa cripta interior aparecían ornamentados de esta manera. En el cuarto, los huesos se habían desplomado y yacían dispersos en el suelo, formando en una parte un amontonamiento bastante grande. Dentro del muro así expuesto por la caída de los huesos, vimos otra cripta o nicho interior, cuya profundidad sería de unos cuatro pies, mientras su ancho era de tres y su alto de seis o siete. Parecía haber sido construida sin ningún propósito especial, ya que sólo constituía el intervalo entre dos de los colosales soportes del techo de las catacumbas, y formaba su parte posterior la pared, de sólido granito, que las limitaba.


       Fue inútil que Fortunato, alzando su mortecina antorcha, tratara de ver en lo hondo del nicho. La débil luz no permitía adivinar dónde terminaba.
       —Continúa —dije—. Allí está el amontillado. En cuanto a Lucresi…
       —Es un ignorante —interrumpió mi amigo, mientras avanzaba tambaleándose y yo le seguía pegado a sus talones. En un instante llegó al fondo del nicho y, al ver que la roca interrumpía su marcha, se detuvo como atontado. Un segundo más tarde quedaba encadenado al granito. Había en la roca dos argollas de hierro, separadas horizontalmente por unos dos pies. De una de ellas colgaba una cadena corta; de la otra, un candado. Pasándole la cadena alrededor de la cintura, me bastaron apenas unos segundos para aherrojarlo. Demasiado estupefacto estaba para resistirse. Extraje la llave y salí del nicho.
       —Pasa tu mano por la pared —dije— y sentirás el salitre. Te aseguro que hay mucha humedad. Una vez más, te imploro que volvamos. ¿No quieres? Pues entonces, tendré que dejarte. Pero antes he de ofrecerte todos mis servicios.


       —¡El amontillado! —exclamó mi amigo, que no había vuelto aún de su estupefacción.
       —Es cierto —repliqué—. El amontillado.
       Mientras decía esas palabras, fui hasta el montón de huesos de que ya he hablado. Echándolos a un lado, puse en descubierto una cantidad de bloques de piedra y de mortero. Con estos materiales y con ayuda de mi pala de albañil comencé vigorosamente a cerrar la entrada del nicho.


       Apenas había colocado la primera hilera de mampostería, advertí que la embriaguez de Fortunato se había disipado en buena parte. La primera indicación nació de un quejido profundo que venía de lo hondo del nicho. No era el grito de un borracho. Siguió un largo y obstinado silencio. Puse la segunda hilera, la tercera y la cuarta; entonces oí la furiosa vibración de la cadena. El ruido duró varios minutos, durante los cuales, y para poder escucharlo con más comodidad, interrumpí mi labor y me senté sobre los huesos. Cuando, por fin, cesó el resonar de la cadena, tomé de nuevo mi pala y terminé sin interrupción la quinta, la sexta y la séptima hilera. La pared me llegaba ahora hasta el pecho. Detúveme nuevamente y, alzando la antorcha sobre la mampostería, proyecté sus débiles rayos sobre la figura allí encerrada.


       Una sucesión de agudos y penetrantes alaridos, brotando súbitamente de la garganta de aquella forma encadenada, me hicieron retroceder con violencia. Vacilé un instante y temblé. Desenvainando mi espada, me puse a tantear con ella el interior del nicho, pero me bastó una rápida reflexión para tranquilizarme. Apoyé la mano sobre la sólida muralla de la catacumba y me sentí satisfecho. Volví a acercarme al nicho y contesté con mis alaridos a aquel que clamaba. Fui su eco, lo ayudé, lo sobrepujé en volumen y en fuerza. Sí, así lo hice, y sus gritos acabaron por cesar.


       Ya era medianoche y mi tarea llegaba a su término. Había completado la octava, la novena y la décima hilera. Terminé una parte de la undécima y última; sólo quedaba por colocar y fijar una sola piedra. Luché con su peso y la coloqué parcialmente en posición. Pero entonces brotó desde el nicho una risa apagada que hizo erizar mis cabellos. La sucedió una voz lamentable, en la que me costó reconocer la del noble Fortunato.
       —¡Ja, ja… ja, ja! ¡Una excelente broma, por cierto… una excelente broma…! ¡Cómo vamos a reírnos en el palazzo… ja, ja… mientras bebamos… ja, ja!


       —¡El amontillado! —dije.
       —¡Ja, ja…! ¡Sí… el amontillado…! Pero… ¿no se está haciendo tarde? ¿No nos estarán esperando en el palazzo… mi esposa y los demás? ¡Vámonos!
       —Sí —dije—. Vámonos.
       —¡Por el amor de Dios, Montresor!
       —Sí —dije—. Por el amor de Dios.
       Esperé en vano la respuesta a mis palabras. Me impacienté y llamé en voz alta:
       —¡Fortunato!
       Silencio. Llamé otra vez.
       —¡Fortunato!


       No hubo respuesta. Pasé una antorcha por la abertura y la dejé caer dentro. Sólo me fue devuelto un tintinear de cascabeles. Sentí que una náusea me envolvía; su causa era la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Puse la última piedra en su sitio y la fijé con el mortero. Contra la nueva mampostería volví a alzar la antigua pila de huesos. Durante medio siglo, ningún mortal los ha perturbado. ¡Requiescat in pace!




Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)




Más cuentos cortos aquí





Saturday, June 2, 2018

Fábulas Jataka y monasterios budistas en el estado Majarashtra en la India (2) Cuevas Ellora

(1) Cuevas Ajanta aquí
 
 Templo Kailasha del  Monasterio Ellora, Cueva 16
Esculpido de arriba hacia abajo en la roca y no al revés


Templo Kailasha, Cueva 16



 Cueva 30


 Pintura del S. XIX, Cueva 15

Cuevas 11 y 12


Dios Shiva danzando

Diosa Ganga   (la diosa del rio ) en la entrada a la Cueva 21


Diosa Ambica (uno de los nombres de la diosa Parvati) Cueva 34

 Diosa  Yakshini, cueva 11



 Diosa Sidaika  (diosa jainista  de la generosidad y prosperidad
equivalente a la hindú Lakshmi) Cueva 32 


 Diosa Parvati


 Templo Indra (hindú)

 Cueva 10




Majavira con  yaksha Matanga y  yakshi Siddhaiki


Cueva 29
Jataka del árbol del amor

 Había una vez un rey en Benarés, llamado Brahmadatta, que tenía cuatro hijos. Cierto día, éstos enviaron a buscar a su cochero y le dijeron: Deseamos ver el árbol del amor, muéstranoslo. Así lo haré, respondió el cochero, y fue mostrándoles el mismo árbol  uno a uno.
  • Al mayor  lo llevó al bosque y le mostró el árbol en la época en que las yemas inician el brotar en sus ramas.
  • Al siguiente  se lo mostró  cuando las hojas estaban verdes.
  • Al tercero le mostró el árbol en la época de la floración
  • Y al  cuarto  se lo  mostró cuándo el árbol daba sus frutos
Hallándose reunidos todos, alguien les preguntó: ¿Qué clase de árbol es el árbol del amor?
  • El primero dijo: “Es como una cepa quemada”
  • El segundo exclamó: “Es como una higuera de agua”
  • El tercero manifestó: “Es como una acacia”
  • Y el cuarto dijo: “Es como un manjar”
Tan sorprendidos quedaron con sus diferentes respuestas que corrieron a presencia de su padre, el Rey,  para  preguntarle ¿cómo es el árbol del amor?.
 Su padre  a su vez les preguntó: - ¿Qué habéis dicho vosotros? y, tras escuchar sus respuestas, les dijo: - Los cuatro habéis visto el mismo árbol pero ninguno habéis preguntado  al cochero: - ¿es siempre así, o cambia con las estaciones?;  el no  saber distinguir ha sido es el motivo de vuestro error.
Entonces el Rey recitó esta estrofa:
  • “Todos han visto el árbol del amor,
  • ¿Cuál Fue el motivo de vuestra perplejidad?
  • No haber preguntado al cochero:
  • ¿Qué forma mantiene a lo largo del año?
        
Cuevas de Barabar, en el estado de Bihar

 Las cuevas de Ajanta y Ellora en el estado de Majarashtra constituyen dos ejemplos de la arquitectura en rocas de la India en donde se  encuentran 1500  de estos monumentos y templos o   monasterios.  Las cuevas más antiguas, las de  de Barabar, se encuentran en el estado de Bihar al noreste y datan de la época del Imperio Maurya (320-185 aEC)

Las fábulas Jataka, cuyas imágenes se ven en algunas cuevas y forman parte del Canon Pali del Budismo Theravada -una de las tres divisiones principales del Budismo y la más antigua-     constituyen   un voluminoso cuerpo de literatura nativa de la India, dat. 400 aEC, en verso,   sobre los nacimientos previos de Gautama Buda tanto en forma humana como animal. El Bodhisattva, futuro Buda,  puede aparecer como un rey, un paria, un dios, un elefante, pero siempre  exhibe alguna virtud   e interviene  solucionando problemas y llevando a los personajes y al relato a un final feliz.  Como toda fábula, estas son pedagógicas y dejan  por lo general  una moraleja.


Imágenes de la red. Fuentes enlazadas en el texto.


Friday, May 25, 2018

Fábulas Jataka y monasterios budistas en el estado Majarashtra en la India (1) Las Cuevas Ajanta

 
Pintura del  Buda como el ganso  de las plumas de oro en las Cuevas Ajanta
Erase una vez unos padres con sus tres hijas que vivían en una pequeña cabaña  en el bosque, pues eran muy pobres. Y un día, el padre les dijo a su esposa y sus hijas: «Buena esposa, buenas hijas, debo abandonaros por algún tiempo. Pero volveré cargado de riquezas y cosas bellas. Mis hijas tendrán muchas alhajas para ponerse en el pelo, y todas vosotras seréis felices». Dichas estas palabras, el padre emprendió su largo viaje. En su camino, atravesó de noche un bosque y se encontró con un hada. — ¿ A dónde vas, viajero, a estas horas de la noche? —le preguntó ésta. — V o y a buscar fortuna —contestó. Sin otra palabra, el hada levantó su varita y le golpeó en el hombro con ella, convirtiéndolo en un ganso con plumas de oro. 

El pobre padre, transformado ahora en ganso, voló a la rama de un árbol y se dijo: «¿Qué puedo hacer por mi familia ahora? No soy más que un ganso, no puedo ir en busca de riquezas y mi esposa y mis hijas son muy pobres». Estos eran sus pensamientos mientras estaba posado sobre la rama del árbol, y estaba terriblemente triste. Pero, de pronto, miró hacia abajo y se vio reflejado en una charca que había dejado. «¡Mis plumas son de o r o ! » , exclamó, sacudiendo sus alas con júbilo. Y se fue volando hasta la pequeña cabaña en la que su esposa y sus hijas esperaban. « ¡ M a d r e ! , se acerca hacia aquí un ganso de oro», exclamaron las hijas. 

Posándose frente a la puerta, el ganso les habló así: «Buena gente, sé que sois pobres, pero, ved, mis plumas son de oro». Y, cogiendo una pluma de su dorso, se la ofreció diciendo: «Coged esta pluma, pues, y vendedla. Yo vendré de nuevo más adelante». Y dicho esto se volvió volando al bosque. 

La esposa vendió la pluma y recibió mucho dinero por ella. Y cada vez que éste se terminaba, el ganso volvía y les daba otra pluma. Pero un día la madre les dijo a las hijas: «Hijas mías, puede que este ganso un día se vaya y no vuelva jamás. La próxima vez que venga, hemos de arrancarle todas las plumas». Las hijas lloraron amargamente al ver esta muestra de ingratitud. Pero, con todo, cuando el ganso volvió, su madre lo agarró y le arrancó todas las plumas. Despojado de su plumaje, el ganso no podía volar, y su egoísta mujer lo metió en un tonel y apenas le daba que comer. Pero las plumas que ella arrancó se volvieron blancas como las de cualquier otro ganso, pues el hada las había hechizado, con un hechizo que les hacía volverse blancas si alguien en alguna ocasión se las quitaba. 

Después de haber vivido algún tiempo de este triste modo en el tonel, las alas del ganso se volvieron a poblar de blancas plumas. Y entonces se marchó volando, muy lejos, hasta un bosque en el que todas las aves eran felices, y vivió feliz con ellas por siempre jamás. 

Estado de Maharashtra, ¡donde se encuentran  las Cuevas de Ajanta y Ellora

Monasterio Budista en las Cuevas Ajanta


Distribución de las cuevas Ajanta

Las cuevas de Ajanta son  aproximadamente 29 monumentos rupestres budistas excavados en la roca en el estado de Majarashtra en la India.  Las cuevas incluyen pinturas y esculturas talladas en la roca  y es  uno de los mejores ejemplos  de arte indio antiguo conservado, particularmente por las pinturas o esculturas expresivas que presentan emociones a través del gesto, la postura y la forma.

Estas  cuevas se construyeron en dos fases, la primera fase comenzó alrededor del siglo II aEC, mientras que la segunda fase se construyó alrededor de 400-650 EC.  El sitio  está protegido por el Servicio arqueológico de la India,  y desde 1983, las cuevas de Ajanta han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En toda la India hay aproximadamente 1500 construcciones de monumentos en roca.  Al igual que en Petra, Jordania, estos se esculpen de arriba hacia abajo y no al revés.



Cueva 13
Las cuevas de Ajanta constituyen antiguos monasterios y salas de adoración de diferentes tradiciones budistas  que han sido talladas  en  las rocas conforme a la creencia de que las cuevas excavadas por el hombre tenían la misma sacralidad que las naturales.   

 Las cuevas también presentan pinturas que representan las vidas pasadas y los renacimientos del Buda,  pinturas de las fábulas Jataka y esculturas talladas en la roca de deidades budistas. Los registros textuales sugieren que estas cuevas sirvieron como un retiro monzónico para los monjes, así como también un lugar de descanso para los mercaderes y peregrinos en la India antigua.  


Cueva 4

Las cuevas de Ajanta se mencionan en las memorias de varios viajeros budistas chinos a la India en la época medieval, igualmente   las menciona  un funcionario  mogol de la era del Emperador  Akbar a principios del siglo XVII. Las grutas estaban cubiertas por la jungla hasta que  fueron descubiertas  accidentalmente en 1819  por un oficial británico colonial  durante una cacería  de tigres.
  
 Hall  budista   en la Cueva Cave 26 de Ajanta, Foto por Robert Gill,  c:a 1868


Cueva  9


Cueva 17 con pintura del Jataka (fábula) del Elefante blanco


Cueva.... con pintura de Buda como....  en una fábula  Jakaka
***
Las fábulas Jātaka constituyen   un voluminoso cuerpo de literatura nativa de la India,  datado 400 aEC, en verso,   sobre los nacimientos previos de Gautama Buda tanto en forma humana como animal. El  Bodhisattva  puede aparecer como un rey, un paria, un dios, un elefante, pero, en cualquier forma, exhibe alguna virtud  e interviene en diferentes situaciones para resolver los problemas y llegar a un final feliz.  La finalidad de estos poemas  es la de  inculcar valores morales. Como toda fábula, estas son pedagógicas y dejan siempre una moraleja. 

En el budismo Theravada, las fábulas Jātakas  conforman un apartado del Canon Pāli. El Tipitaka o Tripitaka (del pali ti, "tres" + pitaka, "cestos o canastas"), conocido también como el Canon Pali, es la colección de los antiguos textos budistas escritos en el idioma pali, que constituyen el cuerpo doctrinal y fundacional del budismo theravada.
 
El círculo de vida de Buda

Cueva 19


El viernes que viene, las Cuevas Ellora

Imágenes de la red. Fuentes enlazadas en el texto.


Monday, February 20, 2017

Sushi, un cuento escrito por Cayetano Gea Bermejo




Me llamo Sasuke. Y estoy hasta el gorro de que me llamen chino. Porque no soy chino, sino japonés. Vine a Madrid a completar mis estudios de español que inicié años atrás en Tokio. Yo era para todos… “el chino”.
—¿Sabes hacer “arroz tres delicias”?
—¿Qué porquerías metéis en los rollitos de primavera?
—¿Por qué en vuestros restaurantes no hay gatos?
Y cosas por el estilo.
Solo lo hacían  para fastidiarme.
—¿Por qué tenéis poco vello en la cara?
—¿Es cierto que los chinos tenéis el pene pequeñito?
Al principio no paraba de decir:
—¡Que no soy chino, coño!
Los tacos es lo primero que los extranjeros aprendemos cuando venimos a España: joder, coño, cabrón, puta, la madre que te parió…  Uno le coge afición a estas palabras y se anima. Debe ser cosa del clima.
—No soy chino, soy japonés, como Murakami-, decía inútilmente. Pero la mayoría no sabía quién era Murakami. La cultura occidental es muy limitada para las cosas de fuera. De Japón  solo conocen el “manga” y el “sushi”.
Luego ya me cansé. Tiré la toalla, como dicen los españoles. Me resigné. Me llamaban chino y respondía. ¿Para qué discutir inútilmente con estos occidentales, cretinos de ojos como huevos que se creen el centro del mundo?
—Hey, chino, vamos a tomar una cerveza, aunque en el bar al que vamos no tienen arroz de aperitivo. ¡Jejejeje!
Y se partía el culo de la risa. Y es que a los españoles les gusta decir ocurrencias y cosas que se inventan a las que llaman chistes y todos se ríen como bobos. En el bar, con la cerveza, nos pusieron algo que me gustó: unos “boquerones en vinagre” que me recordaban un poco a nuestra caballa en vinagre de arroz (“shimesaba”)
Algunos iban de listillos:
—Mira, he comprado un décimo de lotería que acaba en 4. ¿Lo compartimos?
—Vamos a subir en ascensor hasta la planta 4. ¿Te importa?
—¿Qué pasa? ¿No te da miedo el número 4? Pues me habían dicho que teníais en China mucha aversión a ese número.
—Vamos a comprar la bebida al chino de la esquina. Ve tú que igual nos hacen rebaja por ser un compatriota. ¡Jojojojo!
Al final, casi deseé ser chino para que me dejaran en paz.
Por mi parte, respeto mucho al país que me abrió sus puertas. Y eso que me irritan muchas cosas de las que veo en España: cacas de perro en todas las aceras, la costumbre de comer y cenar tan tarde, lo exagerados que son cuando cuentan las cosas, no respetar tu espacio y hablarte casi en la cara, te tocan, te miran descaradamente a los ojos, las voces que dan cuando hablan, que parece que se están peleando, las comidas tan saladas…
Hay algunos que te dan la mano y te la estrujan como si fuera un limón. A otros no les importa sonarse la nariz en público. Hace poco le di una tarjeta mía a un conocido con mi teléfono, mi dirección y mi correo electrónico ¡y se la guardó en el bolsillo de atrás del pantalón! Y luego se sentó en una silla. En mi país es una grosería “sentarte” sobre la tarjeta que te ha dado otro.
Luego están esas pintadas en las paredes. Son unos guarros. También comen cosas asquerosas como eso que llaman “arroz con leche”, ¡un arroz dulce! ¡Puaj!
Eso sí, las chicas españolas son muy guapas, solo que me dan un poco de miedo porque tienen la mala costumbre de tomar decisiones y eso desconcierta mucho.
Está claro que cada país tiene sus costumbres. Pero no quiero renunciar a las mías.
Yo, lo que quiero es que me dejen en paz, que pueda sentarme en el suelo si me apetece, no en esas incómodas sillas. O hacer ruido cuando me como mis fideos.
Y que no me den palmaditas en la espalda ni me estrujen la mano.
Y que no me llamen chino.



(Publicado antes en La Charca Literaria)



 
 

Friday, July 31, 2015

De moscas y reinas: Ahhotep I, (1560-1530 a EC), una reina valiente y "mosquetera".

Esta semana  tuve una buena lucha en contra de una invasión de moscas en casa,  27 para ser más exactos, fueron, cual sastrecilla,  valientemente eliminadas por mí, mientras lo hacía recordé la importancia que las moscas tuvieron en el Antiguo Egipto, eso me llevó a evocar la reina Ahhotep del final de la Dinastía XVII (Imperio Medio) y comienzos de la Dinastía XVIII (Imperio Nuevo) allá por 1560- 1530 a EC,  galardonada  por  el faraón en reconocimiento a su valor en su contribución para arrojar a los Hyksos de Egipto, de su último reducto en Avaris (capital de los Hyskos), desde la ciudad de Tebas.  Será su hijo Farón reinante quien finalice la tarea dando origen a una nueva Era, que llamamos el Nuevo Imperio, con capital en Tebas. Los Hyksos eran  pueblos asiáticos con componentes semíticos que invadieron Egipto e impusieron su propia dinastía, la XV, (alr. de dos siglos de ocupación) algo que supuso para los Antiguos Egipcios un gran trauma.  
La Reina Ahhotep  estaba casada con su hermano, el Faraón Seqenenre  Tao "el bravo",  que murió combatiendo a los Hyksos.

 Al morir el Faraón y con el caos extendiéndose por el reino, la Reina Ahhotep  rápidamente coronó a su hijo Mayor, Kamosis, pero este murió  -también en combate-  después de reinar tan sólo tres años, por lo que  la reina  coronó a su hijo menor Ahmosis, que tenía 10 años,   al tiempo que se convertía en Reina Regente hasta que este pudiera gobernar por sí mismo. En ese interín ella tomó parte en las batallas en contra de los Hyksos de las que surgió vencedora,  hay testimonio arqueológico que sustenta esta afirmación, como la gran estela de Ahmosis I, conmemorando la victoria sobre los Hyksos, en el Templo de Amon Ra en Karnak, en la que se  rinde homenaje al valor de la Reina   en batalla o la tumba de Ahhotep, descubierta en 1859 por A, Mariette en  Dra Abu el Naga en Tebas.  En ella,  se encontraba la momia de la Reina en su ataúd  dorado conteniendo asimismo espléndidas  piezas de orfebrería y armas (brazaletes,  collares, hacha y puñal ceremoniales,  la condecoración de las moscas   otorgada a la Reina por su hijo Ahmosis en gratitud por su valor  en batalla y dedicación a la causa del reino, etc)  Estos artefactos  ceremoniales  simbolizaban y garantizaban la victoria eterna del orden Maat , sobre el caos, los enemigos, las fuerzas del mal. 


 La práctica del Maat, -según la Tradición egipcia antigua- era una regla creada por la Luz Divina, significando la rectitud, la verdad,  la justicia y la armonía  sin la cual  la existencia se convierte en un  infierno.  
Este principio del Maat 
que canaliza y transmite la Luz Divina, permitiendo de esta manera a los dioses residir en este mundo es un concepto que nada tiene que ver con el establecimiento de dogmas y una casta sacerdotal, sino todo lo contrario: El Faraón en Egipto gobernaba junto con un consejo de sabios, que como dice C. Jacq,  no eran poseedores de la verdad absoluta, lo cual excluye el fanatismo, sino que esos sabios, de entre los cuales se contaba, por supuesto, el faraón,  remodelaban y reformaban  el pensamiento y los 
rituales a fin de conservar un lazo vivo con las potencias creadoras, trayendo, de esta menara, orden 
al Reino.

                           
                                 "Mosca dorada" "Mosca dorada  al valor" o "La Orden de la mosca dorada"
                                 otorgada a la Reina Ahhotep por su hijo, el Faraón Ahmosis



Las moscas  en la mitología egipcia daban protección contra las enfermedades y/o la mala fortuna.  En la Antigua Mesopotamia, en cambio, estaban vinculadas al inframundo, incluso podían representar al mimo  Nergal,  dios de inframundo, como en sellos babilonios descubiertos. 
En la corte egipcia los batidores de moscas, mayales o ventiladores, eran también un símbolo de prestigio e intercambio entre reyes.  



                                                          Anillo de la Reina Ahhotep, Museo del Louvre




Esta Reina Ahhoptep fue valiente y decidida y salvó a Egipto Antiguo del caos y la sumisión a poderes foráneos; fundó una estirpe de Reinas esposas-hermanas poderosas, que brillarían en la Dinastía  XVIII y XIX  del Nuevo Imperio como Ahmose-NefertariHashepsutNefertari Merimut, etc, etc. , tan grande fue su arrojo y tan valorada fue por los  suyos, que le valió una trilogía  -muy recomendable- escrita por el egiptólogo francés y novelista Christian Jacq: "El imperio de las Tinieblas", "La Guerra de la Corona" y "La espada resplandeciente". 






Fuentes: 


Gestoso Singer, Graciela "Queen Ahhotep and the "Golden fly"

Manley, Bill, "Some images of the King and Queen together in stele of Ahmose I"

Williams, Caroline Ramsom, "Gold and silver jewelry and related objects", Catalogue of Egyptian antiquities, The NY Historical Siety, NY, 1924

Jacq,  Christian, "Les grands sages de L´Egypte ancienne", Perrin Ed, Fr,  2007

Jacq,  Christian, "Pouvoir et sagesse selon L´Egypte ancienne", Broche, Fr, 2003

 Säve-Södebergh, Torny, "Egyptisk egenart" W&W, Uppsala Univ,  Sv, 1980

 Säve-Södebergh, Torny, "Faraoner och Männikor" W&W, Uppsala Univ, Sv, 1883

Wikipedia.






Wednesday, May 13, 2009

EL SIGNIFICADO: cuento de la tradición Sufi


Un hombre que había pasado muchos años intentando descifrar significados de enigmas, acudió a ver a un sufí para comunicarle su búsqueda.

El sufí le dijo: _"Vete y cavila sobre este: IHMN".
El hombre partió. Cuando volvió, el sufí se habia muerto.
_"¡Ahora nunca conoceré la verdad!", se dolía el buscador de significados.

En ese momento apareció el discípulo principal del sufí y le dijo:
_"Si te estás preocupando por el significado secreto de IHMN, yo te lo diré. Son las iniciales de la frase persa "In huruf maani nadarand (estas letras no tienen significado) " .

_" Entonces, ¿Por qué se me dió esta tarea? , gritó el hombre angustiado.
_"Porque cuando un burro acude a tí, le das coles. Ese es su alimento, con independencia de cómo se llame. Los burros probablemente piensan que están haciendo algo mucho más significativo que comer coles."

Wednesday, May 6, 2009

NATURALEZA HUMANA Y ELECCION , cuento Sufi


Estábamos de pie sobre una pequeña altiplanicie en los alto
de las mantañas de Kohistan, en Asia Central.
Mi Maestro dijo:_ " Mira esos árboles y observa cómo unas son pequeños y otros grandes. Algunos han enraizado bien y otros se inclinan mal sesgados. Otros, sin razón alguna, tienen sus ramas estropeadas." Yo pregunté: _ "¿ Qué podemos inferir de ésto?" EL respondió: _ "Los altos están llenos de aspiración" _" ¿Lo lograrán todos?" _" De ninguna manera" _ "¿Y los dañados?" _ "Son los que buscan justifcarse" _ "Son los pequeños menores que los altos?" _ "Algo puede ser pequeño por herencia, falta de oportunidades, ausencia de nutrición o a causa del deseo. Todo dependerá de su naturaleza y de la elección que hagan sus raices para obtener verdadero alimento".

Wednesday, April 29, 2009

COMPASION ....... con pasión a la Martin Buber

El Rabbi Moshe Leib de Sasov contaba esta historia:

"El modo de amar a los hombres es algo que aprendí de un campesino. Este se hallaba sentado con otros en una taberna, bebiendo. Durante largo rato estuvo silencioso como los demás, hasta que en cierto momento, movido por el vino preguntó a uno de los que estaban a su lado: _'¿ Dime, me amas o no me amas?'. El otro contestó _ 'Te amo mucho'. Pero el primero objetó: _' Dices que me amas, pero no sabes lo que necesito. Si realmente me amaras, lo sabrías. El otro, no tuvo palabras ante esta afirmación, y el campesino que había hecho la afirmación quedó silencioso nuevamente.

Pero yo entendí. Conocer sus necesidades y soportar la carga de sus padecimientos, en ésto consiste el verdadero amor a los hombres".


Cuento Jasídico,
de los cuentos compilados por Martin Buber.

Nota: Sobre la diferencia entre empatía y compasión quien lo desee puede ir a este enlace , en donde tengo una entrada sobre el tema. Gracias.

Sunday, April 12, 2009

La renovación del águila.

El águila es el ave de mayor longevidad de la especie. Llega a
vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, a los 40, deberá tomar una seria y difícil decisión.

A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles, sin conseguir tomar a a sus presas de las cuales se alimenta.

Su pico, largo y puntiagudo se curva, apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas, gruesas.

Volar se hace tan difícil!!!

Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación, que dura 150 días.

Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar.

Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear con su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo. Después de arrancarlo, esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, comenzará a desplumar sus plumas viejas.

Después de cinco meses, sale para el famoso vuelo de renovación y para vivir 30 años más.

En nuestra vida, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación.

Para continuar un vuelo de victoria, debemos desprendernos de hechos, costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor.

Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae.

Anonimo

Tuesday, April 7, 2009

GRAMATICA a la Benedetti

Todo lo contrario

_ Veamos, dice le profesor_ ¿ Alguno de ustedes sabe lo que es lo contrario a IN?

_ OUT_ respondio´ prestamente un alumno.

_ No es obligatorio pensar en Inglés. En Español , lo contrario de IN (como prefijo privativo, claro) suele ser la misma palabra pero sin esa silaba.

_ Si, ya se´ : insensato y sensato; indócil y dócil, ¿no?

_ Parcialmente correcto. No olvide muchacho que lo contrario del invierno no es el vierno, sino el verano.

_ No se burle profesor.

_ Vamos a ver ¿Sería capaz de formar una frase, más o menos coherente, con palabras que, si son despojadas del prefijo IN, no confirman la ortodoxia gramatical?

_ Probare´, profesor : " Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió dulgente pero d
ómito, hizo ventario de las famias con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse colume, asi y todo por las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento"

_ Sulso pero pecable_ admitió sin euforia el profesor.


Mario Benedetti, Cuentos Completos, Ed. Guadamarra, España, 1994



Friday, November 28, 2008

El ANCIANO DEL BOSQUE



Se trataba de un anciano ermitaño. Vivía en un bosque a unos kilómetros del pueblo. Dependía de la caridad de las buenas gentes del pueblo, que le proporcionaban algunos alimentos y ropas.

Pero en los últimos meses el anciano había sido víctima de los robos y malos tratos de los maleantes. Sin embargo, cuando robaban y golpeaban al anciano, éste sonreía amorosamente y los instaba cordialmente a que se llevaran todo lo que quisieran.

Alentados de tal modo, los maleantes volvían una y otra vez: robaban y golpeaban al anciano y huían. Uno de los maleantes, viendo cuánto amor exhalaba el anciano, se arrepintió de corazón y se lo contó al alcalde del pueblo.

El alcalde y una comitiva visitaron al ermitaño y le comentaron:
_ "Anciano, te roban, te insultan, te golpean, y devuelves amor. No podrías al menos enfadarte y gritar a ver si alguien puede socorrerte o, al menos, los haces desistir de sus atropellos? "

El anciano los miró con ojos entrañables. Afirmó: _" Yo no puedo hacer otra cosa que la que hago. Devuelvo amor porque es lo que llevo dentro. No puedo forzar mi naturaleza."

El maestro dice: El amor es una actitud; cuando uno se instala en ella, se hace tan espontánea como la belleza del loto.


Cuento Hindu

Thursday, November 27, 2008

LA JAULA DEL AMOR


No pudo evitar Miu-Chi que un rubor inoportuno tiñera sus mejillas cuando, la vista baja y la voz temblorosa, preguntó al sapientísimo anciano Kon-Tsai :


_Cómo puedo estar segura, venerado maestro, de que aquél por quien mi pecho suspira no se mostrará impiadoso con la llama que me consume? _Había encontrado la doncella el valor de hacerle al sabio la pregunta, y ahora, sin atreverse a levantar la mirada del suelo, esperaba ansiosa la contestación.


Y Kon-Tsai, cuya pupila penetraba en el alma como la mano en cofre abierto, dijo:


_Niña, hubo una vez una princesa _no recuerdo su nombre, pero lo que te relato sucedió muchos años atrás _,que se prendó de una hermosa avecilla. En jaula de oro la tenía encerrada. Con su propia mano le daba de comer; le hacía mimos y caricias; la acompañaba; le confesaba sus más íntimos secretos... para ella vivía. Pero no se decidía a abrirle la puerta por temor a que, batiendo las alas, se le escapase hacia la azul inmensidad del firmamento.


Una noche, sin embargo _imperdonable descuido! _olvidó la princesa asegurar el minúsculo cerrojo de aquella magnífica prisión de dorados barrotes. A la mañana siguiente encontró la jaula vacía. Oh, aflicción inconsolable!. Su amado joyel de irisadas plumas había desaparecido!. Lloró, gritó, rodó por el suelo, se rasgó las vestiduras, cubrió de cenizas sus cabellos y acusó a la fugitiva _entrecortadas las palabras por el sollozo_ de egoísmo, ingratitud y deslealtad.


Muchas lunas vagaron por la celeste bóveda estrellada. La princesa creció. Se afinó su cintura cimbreante; una curva sensual y delicada fueron dibujando sus delicadas caderas; y como orgullosas fierecillas, bajo la seda de la bata, erguíanse los senos desafiantes... Advirtiendo estos cambios, el padre de la princesa comprendió que había llegado la hora de encontrarle consorte. Y la casó (un mes duraron los festejos de los esponsales) con un poderoso monarca.


Al principio todo anduvo a las mil maravillas. El esposo la adoraba. Con su propia mano le daba de comer. Le hacía mimos y caricias. La acompañaba. Le confesaba sus más íntimos secretos... para ella vivía. Pero la tenía encerrada en un palacio de oro y jade y, por temor a que lo dejara abandonado, no le permitía siquiera asomarse al jardín.


La princesa amaba a su cónyuge; pero no toleraba la prisión que éste le había asignado, aunque su lecho fuera de pétalos y de aroma sus muros. No hay cosa ante la que los deleites de la pasión se desvanezcan con más celeridad que la amargura. Llegó un momento en que la princesa sólo pensaba en escapar.

Urdió un plan, y con la complicidad furtiva de los luceros, una cálida madrugada de verano, abandonó los regios esplendores de su cárcel.


Cuando el esposo, al rayar el alba, descubrió la fuga, gimió desesperado. Lloró, gritó, rodó por el suelo, se rasgó las vestiduras, cubrió de ceniza su cabello y anatemizó a la joven mujer llamándola egoísta, ingrata y desleal... La princesa no dejó rastros. Nunca retornó. Mas no faltan quienes dicen haber divisado en el remoto bosque de Tai-Zong a una hermosísima doncella, idéntica a la esposa del compungido rey abandonado; una joven que salta y juega feliz entre los matorrales, y que va siempre acompañada de una gentil avecilla con la que no cesa de conversar.


Cuento Taoista