Viene de la entrada anterior
Sé que éste es un tema que a muchos asusta, aburre, o toca muy de cerca. Tarde o temprano todos _es de desear, más nos vale _ llegaremos a la vejez. Yo por mi parte, me he propuesto llegar sanita, vivita y coleando, con una copa de vino en la mano y las suelas de mis zapatos bien gastadas, mientras que disfruto de mis canas en buena lid ganadas, mi boina bien puesta y mi mejor sonrisa ( para llorar hay tiempo, tampoco faltarán oportunidades). Hoy cuelgo esta última entrada sobre el tema.
Cornelivs escribió hace un tiempito, una entrada en la que, basándose en el propio escrito de Cicerón: "De Senectude", nos planteaba la visión que este filósofo tenía sobre la ancianidad: principalmente en que nuestra vejez será una consecuencia de como hayamos vivido nuestra vida. Si hemos vivido una vida digna, honorable, pro-social, armoniosa; nuestra vejez también lo será, pués la vida es un continuo. Por el contrario, si nos hemos llenado de odio, de rencores, de envidia, seremos adultos mayores amargados, venenosos, rencorosos. Cuán cierto, por ejemplo: si no hemos aprendido de jóvenes a comunicarnos con nuestros seres queridos, mal podemos hacerlo de viejos.
La etapa de la vejez, puede ser una muy creativa en un ser humano. En ella, ya estamos maduros, formados y hemos aprendido muchas lecciones a lo largo de nuestra vida. Estamos listos y en condiciones de brindar de nuestro aprendizaje y expreriencias a las generaciones más jóvenes. Sófocles tenía 66 años cuando escribió Egipo Rey y 90 años cuando escribió Edipo en Colono poco antes de su muerte. Miguel de Cervantes Saavedra nos legó su Opus Magnum: El Quijote, la primera parte publicada a sus 58 años y la segunda publicada poco antes de su muerte a los 69. ¿Cómo veía la ancianidad Don Miguel? Cervantes, por lo poco que sabemos de su vida, la vivió en congruencia con sus valores, cumplió con su deber, tuvo un comportamiento heroico en la Batalla de Lepanto, soportó 5 años de cautiverio en Argel, burló la estricta censura de la Inquisición etc.; en lugar de lamentarse en la prisión Turca, utilizó ese tiempo productivamente para concebir el Quijote. Un ejemplo a seguir, sin duda alguna.
La idea de un continuo en el tiempo la marca William Shakespeare muy bien en su comedia "Como gusteis" (pag. 25/59 de este enlace ) en la que describe por boca de Jaime (que le habla al duque) las 7 edades del hombre. (¡¡¡¡¡socorro, socorro, me persiguen los duques!!!!).
Arthur Rubenstein, uno de mis modelos más queridos, desbordaba de pasión y alegría por la vida, según sus propias palabras vertidas en su Autobiografía. El se consagró como pianista de fama mundial a los 50 años y continuó ejecutando el piano hasta cumplidos los 91 años, falleciendo a los 93. Se consagró a los 50 y no antes porque, como el cuenta, tocaba siempre de corazón y en virtud de la buena vida que se daba, no practicaba suficiente, cosa que hacía que dejara caer algunas unas notas en sus ejecuciones. Y, justamente porque tocaba con el corazón, era amado en España, en dónde llegó a tocar hasta 4 da- cappos en un mismo concierto.
En la primer entrada enlacé a Ides Kihlen, una artista plástica de actualmente 92 años que durante años pintó para ella, por el placer de hacerlo y recién se animó a exponer al público a los 84 años. Lección: Nunca es tarde. También enlacé a Eugenia Sacerdote de Lustig, médica y escritora italiana de 92 años ( ambas residentes del Barrio de Belgrano, Buenos Aires, Argentina; el mismo barrio en el que yo viví, es que ese Barrio tiene "un no se qué"...). Como decía Voltaire (citado por FAYNA ) "cuanto más envejecemos, más necesitamos estar ocupados, porque es preferible morir que arrastrar ociosamente una vejez insípida"; la vejez de estas dos mujeres nada tiene de insípido.
En fin, podría dar miles de ejemplos. A dónde quiero llegar es a aqui: Se puede envejecer bien y la senescencia, ancianidad o vejez, como quieran llamarla, puede ser _a pesar de la declinación natural y esperable de nuestras funciones físicas y psíquicas_ un período de creatividad, de disfrute, de generosidad. Podremos hacer todo aquello que hemos ido postergando por falta de tiempo y también brindar de nuestra experiencia de vida y nuestro saber a las generaciones más jóvenes, lo repito y lo repitiré hasta el cansancio. Los jóvenes eso sí, nos tendrán que tener paciencia si, porque nos volvemos más lentos, perdemos velocidad tanto en el procesamiento de datos, como en nuestros movimientos físicos y perdemos un poco de memoria a corto plazo, nada más.
Previendo que llegaremos a una edad avanzada, conviene siempre que nos mantengamos intelectual y fisicamente activos. Lectura, ejercicio físico, alimentación balanceada. Más adelante, cuando ya las fuerzas comiencen a flaquear, sería apropiado vivir en viviendas que se acomoden a las necesidades del adulto mayor, sin escalones innecesarios, para evitar caidas y roturas de huesos, etc. O vivir en viviendas en Centros adaptados ergonomicamente y con acceso a servicio social, enfermería, médico, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, peluquería, etc. muy distinto a los depósitos de ancianos que conocemos.
Veiel ( 1988) discrimina diferentes dimensiones del apoyo social. El diferencia apoyo cotidiano de apoyo en situaciones de crisis y, el apoyo instrumental, del apoyo psicológico. Por eso, es muy importante el establecimiento de redes de apoyo social, que a mi me gusta llamar "nichos ecológicos humanos" en dónde se provea al adulto mayor de: afecto, estimulación, seguridad y protección. Estas redes involucran a familiares, amigos, clubes, centros asistenciales y demás instituciones con las que el adulto mayor, tiene contacto; cuánto mayor es la ciudad en la que vive, mayor serán estas redes. Muchinik (1993).
Para finalizar, quiero recalcar que para mí la vejez dentro del proceso continuo de la vida es una etapa natural en la que no aparecen cosas raras más que las peculiaridades de nuestro caracter que ya teniamos de antes y que, quizás eso sí, se vean agravadas. Muchos conflictos que surjen, en este caso, estaban ya presentes de forma no resuelta desde antes y pasaron a formar parte de nuestra personalidad.
De ninguna manera comparto la posición de José Ingenieros, en "El Hombre Mediocre" (1988, Pag 138) que dice: "La decadencia del hombre que envejece está representada por la regresión sistemática de la intelectualidad. Al principio la vejez mediocriza a todo hombre superior, más tarde, la decrepitud inferioriza al viejo ya mediocre": Yo a ésto lo llamo envejecimento patológico, que existe claro, pero de ésto no trata esta serie.
Suscribo sí, al simil taoísta que los chinos hacen del anciano con la imagen del bambú. Para ellos, el bambú simboliza la larga vida natural, cuyo espíritu siempre joven, se mantiene íntegro y fiel a sí mismo, más allá de los cambios exteriores.
Querida Merche, como la caña de bambú.
....