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Wednesday, May 10, 2017

Hacerse a la mar - 6 (redondamente en 100 palabras)



Era Junio, todos los barcos atracaron en  La marina a la hora convenida  muy prolijos en fila, y los capitanes y acompañantes entraron al Club Naútico. Todos habían  atracado, menos tú que decidiste dejar al gremio plantado, olvidar la  prometida conferencia,   e irte a pescar besugos en alta mar. "¡Otra vez será!", gritaste mientras blandías en el aire el pañuelo en señal de despedida; tan preocupado estabas en hacer puñetas y muecas  que no viste como un grandísimo pez que por atrás se acercaba abrió las fauces y te deglutió con barco y todo, sólo que no te llamas Jonás.





Friday, February 19, 2016

Harcerse a la mar -1


-Te lo dije, Felipe- le dijo mientras lo miraba con desdén.
-  ¿Otra vez la cantaleta, Carlota?- le  interpeló molesto.
- No, si tú no me escuchas nunca...
-  ¿Y ahora qué?
- Lo de siempre, Felipe, lo de siempre...
- Y dale que dale....mujer...
- ¿A sí? y ahora que estamos por hacernos a la mar...
-  ¿Es que no quieres salir? ¡haberlo dicho antes!...
- ¡Ay, Felipe! que no entiendes... dime... A ver...¿Trajiste el carnet de timonel?
 Felipe azorado busca la billetera en todos sus bolsillos de la chaqueta, de la camisa, del pantalón... nada...empieza a ponerse nervioso y  colorado;  resopla, putea....
al fin musita un tímido: ¡no... lo... encuentro!
Carlota con una sonrisa gigante  sumerge la mano en su bolso, revuelve un poco
y saca al cabo de un par de segundos,   una billetera de cuero negra y orgullosa, se la entrega a Felipe.
- Toma, le dice con suavidad,  ¡si me hubieras escuchado...!
- ya, ya... bueno, no perdamos tiempo, sube a la embarcación.
- ¿A qué hora es la cita? - preguntó Carlota mientras trepaba.
-  Todavía estamos a tiempo...¡apura, mujer! y no hagas tantas preguntas.
- Tú siempre tan simpático...¿eh?

 Lentamente van saliendo del muelle por entre las embarcaciones aparcadas. El día es fresco pero soleado y el mar está  en calma. Carlota se  pone un pañuelo en la cabeza que ata al cuello con delicadeza y  los viejos anteojos de sol; Felipe,  que agarra con  firmeza el timón,  mira al horizonte mientras dirige la nave a las coordenadas marcadas  pensando: ¡Allá vamos, señores!.   Después de un par de horas de navegación grita: ¡Ya estamos llegando a aguas internacionales!. Ahí veo la señal...  ¿Ya te pusiste el traje de buzo? le pregunta a Carlota.
-En esas estoy- se oye  de lejos.

Felipe detuvo la embarcación junto a la boya que   flotaba marcando un punto, ahí, en el ancho mar  bamboleándose  al vaivén de las olas y  bajó rápido  al camarote a ponerse su traje de buzo.  A la cuenta de tres, de espaldas,  se arrojaron a las  profundidades primero ella, luego él;  más abajo, un viejo barco hundido los esperaba ensaetado en un peñón.  Faltaba muy poco para llegar a destino,  cuando en eso vino nadando un enorme pez y  se tragó a Felipe ante la mirada atónita de Carlota  que se iba -como quien no quiere la cosa- despacio, despacio, alejando de allí, hasta que,  sin saber como, ni cuando,  ni  por qué, se despertó en un campo de amapolas con las lengüetadas de un gran perro danés sobre su cara y un penetrante olor  a transpiración que no podía distinguir  si era perruno o tipo-oso marrón (porque los polares huelen distinto),    también podía oír acercándose  el alboroto de un grupo de aldeanos con gaitas y flautas alegres, un poco extrañada se incorporó  entonces,  miró  con esfuerzo pero la luz del sol la segaba,  cuando en eso  oye la voz ronca de Felipe que se daba  vuelta en la cama ofendido: -¿Qué pasa querida es que no quieres hacer el amor?



Friday, July 10, 2015

Mar y velero


                                                         El mar, los estaba esperando
                                                                              y los acunaba
                                                                                    y ronroneaba
                                                                                         y les sonreía.
                                                         A mi, en cambio,  un Gran Pez me deglutió
                                                                              y me regurgitó  en una playa
                                                                                                  desierta.



                                           Muy felices vacaciones a quienes se las toman ahora
                                           y sino, felices días de verano para el hemisferio Norte


                         

Sunday, February 24, 2013

Y el gran pez deglutió a Jonás


En un librito de cuatro capítulos 48 versículos,  La Biblia nos relata como Jonás fue enviado por Dios a Nínive para profetizar su destrucción por causa de todos sus pecados y corrupción reinante. En el Cap. 1,  Jonás, el chico rebelde,   se niega a hacer lo que Dios le ordena y se escapa a Tarshish, digamos allá por dónde el  diablo perdió el poncho, porque más lejos no podía llegar. En el segundo, está Jonás en la barca rumbo a Tarshish  y Dios, para mostrar su ira,  desata una gran tempestad. Los compañeros de viaje de Jonás eran de muchos lugares y religiones distintas, pero  común a todos  ellos, la creencia de que el pasajero que hubiera desobedecido a su Dios, era el causante de desatar la ira divina en forma de tormentas, y por tanto, debía hacerse cargo del problemita y arreglar el entuerto. Jonás estaba dormido en el fondo de su camarote y trató  de esquivar el bulto a toda costa.



Pero, ante la insistencia de sus compañeros, que a la sazón habían revisado sus vidas y tirado a la suerte sin encontrar causa alguna en ellos  de que el barco estuviera a punto de zozobrar, dedujeron que el dormilón hebreo era el culpable, por que lo instaron a que reconociera su responsabilidad en los hechos y se hiciera cargo.


 Tuvo Jonás entonces  que zambullirse en el mar por el bien de la causa y hete aquí que fue deglutido por un gran pez, tal como dice en la Biblia  (que nosotros llamamos ballena) en cuyo vientre pasó tres días y tres noches muerto de miedo en esa oscura y maloliente acuosidad gástrica,  clamando a Dios lo perdone y tratando de sobornarlo por todos los medios y promesas,  hasta que fue vomitado a tierra por el cetáceo -que, evidentemente,  lo encontró sumamente indigesto-  Cap. 3  y no le quedó otra cosa a Jonás que ir a Nínive y profetizar lo que Dios le había ordenado:   "De aquí a 40 días Nínive será destruida". Al escuchar la terrible sentencia de Jonás, los hombres de Nínive se mearon en los pantalones, creyeron en Dios, incluso se arrepintieron de todas las iniquidades que habían cometido hasta entonces,  justo antes del vencimiento del plazo.  Dios  conmovido, al ver que las gentes se habían arrepentido, muestra su misericordia para con Ninive y perdona a sus habitantes, cosa que no le cae bien a Jonás, que  se sintió como un tonto que había dicho algo que después no resultó ser cierto. Entonces Dios,  en el Cap 4, con infinita paciencia,  en tan solo una noche  hace crecer un ricino para que de sombra a Jonás  ahí donde había acampado en las afueras de la ciudad  y Jonás se pone muy contento con el fresquito, porque  a decir verdad  se estaba achicharrando. La alegría no le dura mucho tiempo, porque Dios le manda un gusano  con mucha hambre que le come el ricino en una hora y Jonás otra vez increpa a Dios, "¡que porque hacía esa maldad, que patatín, patatán". Dios le explica que así como Jonás tuvo lástima del pobre ricino fenecido, tuvo Dios misericordia del arrepentimiento de las gentes de Nínive y por eso, les dió una segunda oportunidad, porque se arrepintieron. Por eso. 

Hasta aquí el relato. 



 Ahora viene mi interpretación:  

El estado del mundo actual es la  iniquidad, la corrupción. Jonás, en hebreo: Ionáh que significa paloma,  es enviado a promover el arrepentimiento (de forma muy pedagógica y directa, amenanzando con inmediata destrucción, para que irse con vueltas ¿verdad?). La paloma es símbolo de paz, de bondad. (Recordemos  en un relato anterior, luego del Diluvio, que Noé envió primero un cuervo a ver si podían dejar  el Arca.  El cuervo no volvió, por lo que envió después a una paloma, que primero no trajo nada y la segunda  vez, a la semana, una ramita de olivo en el pico, señal de que ya podían bajar a tierra).  La paloma -símbolo de  la paz y la bondad, que habitan  en el interior del hombre-  debe despertar. Para eso, Jonás navega por el tiempo en el barco de la Vida. En hebreo barco y yo, comparten la misma raíz. (Barco se dice: Oniáh y yo: Aní.  La raiz es ANI). Jonás debe asumir la responsabilidad sobre su vida y cumplir su misión.

Pero  no puede haber toma de conciencia, ni de misión en la Tierra,  ni navegación posible, sin entrar en la noche oscura del alma -cosa que Jonás hace en el vientre del gran pez- como Jesús descendió a los infiernos por tres días y tres noches o  como San Juan de Cruz vivió la noche oscura del alma. No hay redención sin descenso, sin catábasis;  no hay cura, ni salvación posible, sin haberse sumergido primero en el dolor más profundo, en la oscuridad más aciaga, en la evaluación más sincera, en la Crisis con mayúsculas.  Es sólo ahí cuando podemos asumirnos integralmente con todo lo bueno y lo malo que tenemos, asumiendo también nuestra responsabilidad como personas -solos o con ayuda experta- para emerger a un plano superior de conciencia,  plano en el que también podemos darle un sentido a nuestra vida. Hoy, aquí,  ahora, porque ¿sino cuándo?.


El sentido   que podemos darle a la vida solo puede encontrarse  en la acción  amorosa  hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes. Lo primero implica que nos hemos perdonado y aceptado, lo segundo, que hemos dado un paso más allá de nuestro propio ombligo, para aceptar, ver y estar con el Otro; para construir con el Otro un vínculo dialógico auténtico, maduro y solidario. Es, por último,  por esta red de vínculos  que la Humanidad entera puede salvarse.