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Quien sería el Tercer Gran Duque de Toscana, Fernando I de Medici, a la muerte de su hermano Francisco, sucesor de Cosme I, estaba harto del insalubre hedor, las moscas que sobrevolaban las inmundicias y del permanente ruido de los herreros, curtidores y carniceros que tenían sus tiendas a lo largo de Ponte Vecchio, dónde no pagaban contrato de censo al propietario del suelo por estar sobre el rio Arno, que nace en el monte Falterona, en los Apeninos, y desemboca en el mar de Liguria, (en la región de La Toscana); tampoco pagaban ellos el peaje, es decir, la concesión del local al señor feudal.
El Gran duque, que era de gustos extremadamente refinados, y cuyo sentido del olfato estaba altamente desarrollado, sentía nauseas cada vez que pasaba por il ponte vecchio, ni siquiera le ayudaba el corredor Vasariano construido por el arquitecto Giorgio Vasari a solicitud de sus padres Cosme I y Leonor para poder circular entre sus palacios Vecchio y Pitti a ambas márgenes del Arno sin ser vistos por la plebe.
Por ello, Fernando decretó la expulsión de estos trabajadores -para él apestosos- y en cambio permitió que entraran a ocupar las tiendas vacías orfebres y joyeros. Benvenuto Cellini se puso feliz, ahí estaría él trabajando, sin duda. Había regresado por fin a Florencia, su ciudad natal, después de haber vivido desde los 19 a los 40 años en Roma -y Los Estados Pontificios (en donde incluso fue encarcelado)- y haber hecho una breve visita a Paris, ciudad en la que realizó una magnífica obra de orfebrería por encargo de Francisco I de Francia, el famoso salero con Ceres y Neptuno enlazando simbólicamente a la Tierra y el Mar:
(1539-1543; Kunsthistorisches Museum de Viena)
- Tú traes la sal del mar, yo la pimienta recojo- ella le respondió
- Aquí entre tú y yo, sobran las palabras, preciosa.
- ¿Qué guarde silencio me dices?
- Con sólo mirarnos nos basta, unidos como estamos...
... por toda la eternidad.
- Dicho así, ¿Qué tal si matamos el tiempo cantando?
- ¡Sí, sí cantemos, cantemos a todo pulmón!
- ¿cómo lazo de nuestra ferviente unión?
- o in-sal-ubre desazón, dependiendo de como esté el clima.
- ¡Cantemos, entonces, cantemos a todo pulmón!,
- ¡y si es en francés, mejor!:


