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Wednesday, December 4, 2013

Colofón: Relaciones sentimentales como meta-texto o amores de la vida real que se entrecruzan con “La estafeta romántica” de Benito Pérez Galdós

Con  “La estafeta romántica”, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (BPG) se entrecruzan varias relaciones sentimentales de la vida real de una forma o de otra, casi diría yo que dialogando con ella. Una especie de meta-texto que está presente para el lector  capaz de leer entre líneas y que nos ofrece una panorámica,  incluso internacional, de relaciones amorosas a fines del Siglo XVIII y primera mitad del  XIX, relaciones, dentro de las que se cuentan  las propias del autor, sin decir, diciendo. Relaciones  en las que  seguramente BPG meditó mucho e incluso, podría suponer, que comparó con las que describió en su obra y que tan bien reflejan  (Entradas uno y dos) la alta sociedad burguesa española de esa época.



La primera de ellas es la de  José Mariano Larra y Dolores Armijo: “Suicidado…. por despecho amoroso de la rabia que le dieron los desdenes de su amante, la cual era casada”  (sg Maria Tirgo en Carta I) y que  “Se mató por contrariados amores con una casada: ¡qué abominación!” (sg Juana Teresa, Carta II). Carta ficticia de Miguel de los Santos, escrita en realidad por Pilar adosada a  XI: “¿Y ella?” “por huir del pecado, había surgido la espantosa tragedia”.  Sin embargo Demetria  considera "que el difunto suicida -Larra -era un hombre que con sus propios pensamientos, como la cicuta, se amargaba y envenenaba la vida (según lo  cuenta su  tía Maria Tirgo en Carta IV). El suicidio de Larra va a ser un leitmotiv en La Estafeta, apareciendo en varias cartas y del cual se habla desde distintas perspectivas, pero siempre reprobándolo y temiendo alguno de los personajes (Pilar,  Valvanera, Demetria) que  otro personaje,  Fernando, se suicide, cosa que él deja claro en Carta V al cura Hillo que no desea hacer  ni es una opción válida para él, claro que el muchacho tendrá que elaborar su duelo por el amor perdido.  De hecho,  toda la Estafeta comienza una semana después del suicido de Larra.

En Carta VII incluso, Fernando sueña con Larra, quien se le aparece y le dice --_“debemos matarlas a ellas (a las mujeres)  y a nosotros no” “¿Qué culpa tenemos nosotros de sus traiciones?”.

Cómo es sabido (Ver texto de Carmen de Burgos) si bien es cierto que Dolores no fue el primer amor de José Mariano Larra -que incluso estaba casado desde 1829 con Josefa (Pepita) Wettoret,  con la cual tuvo tres hijos, que abandona en 1933 o 34- la relación sentimental entre ambos dura desde 1832 hasta la muerte de Larra el 13 de Febrero de 1837, momentos posteriores a que ella haya ido a su casa a pedirle que le regresara las cartas. Dolores Armijo estaba casada con José Cambronero  que había sido destinado a un alto cargo gubernamental en las Filipinas, con quien desea volver a reunirse después de la separación de los cónyuges motivada por el escándalo. El barco  nunca llega a destino, naufragando en altamar. No hubo sobrevivientes.

Otra relación que también está presente es  la  de Goethe  y Charlotte Kestner, (reflejada en los personajes de Werther y Lotte). En la obra de Goethe “Las desventuras del Joven Werther”   en el enamoramiento  del personaje Werther por Lotte que está por casarse con Albert, 11 años mayor que ella, Goethe ha puesto mucho del amor juvenil  que él sintió por Charlote Buff Kestner, una mujer  que conoció en un baile que organizó la tía  abuela de Goethe en 1772 en  Wetzlar, Alemania. A pesar de que en el baile Carlotte bailara mucho con Goethe,  no mostró,  al parecer, interés sentimental en él y poco después se casó con Johann Ch.  Kestner, un diplomático   y coleccionista de arte. Cortés y valiente,  Goethe,  les regaló los añillos de boda y  acto seguido se puso a escribir el libro de “Las desventuras del Joven Werther”, el escritor tenía entonces, 24 años.    Según se dice, Goethe se ha arrepentido en su vejez de haber escrito ese libro.  Lo interesante aquí, es el suicido simbólico de Goethe a través del suicidio de su personaje. En cierta medida podemos decir, que la escritura de esta obra, en su momento, fue terapéutica para Goethe, (no  así para los muchos jóvenes románticos que hubieran seguido el ejemplo de lo que se llamó “el efecto Werther”, suicidándose  por un fracaso sentimental).  Goethe sublima en  la obra cualquier impulso hacia ese sentido que, como joven despechado y dolido, pudiera haber tenido.


F-R. de Chateaubriand y Mme Récamier: Chateaubriand es mencionado como parte de la copiosa literatura que leen Demetria y Gracia, esta última  cuenta  a Fernando que leyó “Atala”, y luego leerá también “Los Mártires”, dos obras de François-René  de Chateaubriand (Papelito adjunto a Carta XVIII). Ambos,  F-R.  de Chateaubriand y Mme J. Récamier son mencionados también porque Juana Teresa encontró papeles de ellos en el archivo de Dn Beltrán (Carta II).  El vizconde de Chateaubriand se casó de muy joven, a los 24 años, con una amiga de su hermana  Lucile, Céleste Buisson de La Vigne,  noble, rica -que luego perdió (por culpa del tío) su fortuna-  y huérfana,  más por presión de sus hermanas  Julie y Lucile que por amor, en realidad él en esa época no estaba bien anímicamente, según queda reflejado en sus “Memorias de Ultratumba”.   Un año después, en 1794, cuando su familia estaba siendo encarcelada y decapitada, partió apresuradamente  al exilio, solo, por aprox. unos 12 años, lo que de por sí impidió que  ambos cónyuges se aprendieran a conocer y  ambos, en realidad,  no podían ser más diferentes, más dispares en  gustos, forma de pensar y caracteres. Sin embargo, Celeste  le quería, pero  era incapaz por su temperamento práctico y muy concreto,  de llegar a entender a su marido en lo profundo. Hay una anécdota en “Le Cahier Rouge” –Parte del libro de Memorias y cartas de Mme de Chateaubriand, Jadis et Naguère, Paris, 1929-  una anécdota que relata con ternura pero que refleja los sobresaltos a los que su marido la sometía.   François-René de Chateaubriand se había opuesto tenazmente a Napoleón, a partir del asesinato del Duque de Enghien en 1804,  incluso, había renunciado ante M. de Talleyrand, el entonces  Ministro de Relaciones Exteriores,  su reciente nombramiento como Ministro en La Rep. de Valois, (Suiza). En el año 1814, M. de Chateaubriand -cuenta Céleste- estaba escribiendo su folleto “De Buonaparte et des Bourbons”, si este escrito caía en manos de las autoridades, la sentencia sería, sin duda, dice ella, la guillotina. A pesar de ello, F-R. de Chateaubriand, era muy negligente para esconderlo, razón por la cual ella velaba por su resguardo: “seguido ocurría que cuando él salía, lo olvidaba sobre la mesa (…). Y yo estaba en trances mortales, así que agarraba el manuscrito y me lo metía en la ropa. Un día atravesando Les Tuilleries, me doy cuenta de que no lo tengo más y estando bien segura de haberlo sentido al salir de casa, no dudo de que lo perdí en el camino; veo el escrito fatal caer en manos de la Policía y M. de Chateaubriand arrestado, literalmente me desmayo  en medio del jardín, me asiste buena gente, inmediatamente me conducen de regreso a mi casa de donde no me había alejado mucho. Qué suplicio subiendo la escalera, yo flotaba en un pavor que era más bien la certeza  esa (de haberlo perdido) y a la vez,   quería tener una vaga esperanza de haberme olvidado el folleto en casa!. Al acercarme al cuarto de mi marido, me siento nuevamente desfallecer, entro al fin: nada sobre la mesa, me acerco a la cama, toco primero la almohada, no siento nada,  la levanto, veo el rollo de papel: el corazón me bate fuerte cada vez que  pienso en ello. Nunca sentí una alegría mayor en mi vida. Cierto, puedo decirlo sinceramente,  no hubiera sido mayor la alegría si hubiera sido yo la que estaría al pie de la Guillotina, porque en realidad era alguien que me era más querido que yo misma  a quien veía en ese peligro mortal” (Trad mia, Op. Cit.  P 53 y 54.-  F. René de Chateaubriand también refiere algo de este episodio en sus “Memorias de Ultratumba”) 

Volviendo a F-R. de Chateaubriand, tuvo  varias amantes, sí,  entre las que se cuentan Mme Custine (en un breve romance, de quien también existe un libro  con sus Cartas),  Mme Pauline de Beaumont que fue a morir de tuberculosis en sus brazos a Roma, cuando él era Embajador allí,  en 1804, a quien no sólo cuidó hasta su muerte, también vendió muebles para pagar su entierro; Mme  Natalie de Noailles (con quien se encontró en España a su regreso del viaje a Tierra Santa, Egipto, Turquía y Grecia y del casi naufragio en Lampedusa), etc,  pero la mujer que lo acompañó  siempre -la que fue el amor de su vida-  sin lugar a dudas,  fue Mme Récamier, a quien conoció en casa de Mme  Staël ,  durante una breve visita  suya en 1801, pero que  16 años más tarde  volvió a encontrar y desde entonces, fueron inseparables  por casi 30 años (salvo cuando ella se fue a Roma, un año y medio). Mme  Juliette Récamier era capaz de entender en lo profundo y transitar las oscuras y atormentadas celdas del alma  de F-R. de Chateaubriand, y ella como nadie,  era capaz de calmar sus ansiedades en una época extremadamente convulsa e inestable políticamente,  en la que el terror era moneda corriente y nadie mejor que Mme Récamier también, para valorar sus escritos, porque es cierto, Mme de Chateaubriand, si bien contribuyó  con su marido a fechar ciertos eventos puntuales, nunca leyó, por ejemplo,  sus “Memorias de Ultratumba”. Y así, Mme Récamier y R-F. de Chateaubriand se visitaron a diario hasta el fin de sus días, ella  casi ciega por cataratas mal operadas, él hemiplégico.

Espronceda   nombrado en la carta adjunta a Carta XI y el no dicho romance con Teresa, pero  por muchos harto conocido y  del cual se desahoga en su Canto a Teresa. Un romance pasional pero prohibido y condenado severamente por la sociedad de la época, incluso de forma muy cruel.

Y por último,  no podemos obviar la propia vida del  autor: Benito Pérez Galdós y sus mujeres: aunque fuera soltero toda su vida, mantuvo sin embargo, largos romances  por ejemplo,   con  Lorenza Cobián de la cual hasta tuvo una hija,  con Concha Ruth Morell,  que visitaba en Santander, primero y luego  incluso llegó a mudarse allí,  y con  la Condesa Emilia Pardo Bazán con quien tuvo, al parecer,  un romance de  más de 20 años.



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg


Thursday, November 28, 2013

B- Las relaciones sentimentales en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (2)


Los jóvenes Aura Negretti y Fernando Cálpena: Eran novios pero ella, al no tener noticias suyas  por largo tiempo y creyéndolo muerto, se casa con Zoilo, por imposición y tejes y manejes familiares como veremos  más adelante. Fernando toma muy mal este rechazo suyo, que lo vive como una afrenta a su honor,  y siendo un romántico empedernido, en la época en que  por desgracia muchos jóvenes (en la vida real) seguían el ejemplo del libro que había alcanzado amplia difusión -“Las desventuras del Joven Werther” de Goethe-  su madre y los amigos de su madre, temen que Fernando siga el ejemplo de ese personaje que termina suicidándose (Carta XV entre otras). Por lo que los amigos de la madre, Valvanera y Juan Antonio de Maltrana, arropan a Fernando en su casa de campo  en Villarcayo, Pcia de Burgos, y lo supervisan amorosamente. Fernando, empero, en su correspondencia con el que fuera su mentor el Cura Hillo,  niega que esa sea una opción para él (Carta V): “Ya habrás comprendido que no me pegué el tiro mortal ni tuve intención de ello”,  pero  es innegable que está  muy triste y  necesita saber que ha pasado con esta mujer para que reaccionara como lo hizo, para poder  así cerrar este amargo capítulo de su vida.

En la Carta I María  Tirgo  nos introduce a este personaje al hablar de  las “calabazas” que recibió “el” -como ella llama a Fernando-  “sujeto”. Fernando en la Carta X, dirigida a su exnovia,   de forma desesperada, apela a su compasión y que por favor  le responda por qué se casó tan rápido (con Zoilo), que si estaba tan persuadida de su muerte, como para hacerlo,  mostrando extrañeza porque “las personas que verdaderamente aman, suelen resistirse a creer que han perdido su bien”. “Más quiero la desesperación que la duda; más quiero un golpe mortífero de la verdad que el consuelo de esperanzas mentirosas” y termina la misiva  con un deseo de venganza si ella no accediera a sus ruegos: “Pido a Dios que, si no me respondes claramente, nunca tengas paz”. Ella no le responde.   Sabemos que Fernando ha ido a Bilbao a la casa de ella,  por su relato al cura Hillo en la Carta V, en una búsqueda infructuosa, porque no encuentra ni a ella ni a sus padres “que se han marchado”. Visita después de la cual, trató Fernando de  arrancarse del corazón “la raíz doliente”.  También hace averiguaciones  a través  de su amigo Uhagón  (Cartas VI y XIV) quien primero le dice que la parejita de Aura y Zoilo han sido vistos “como dos tórtolos que en medio del fuego se arrullaban” y le aconseja que la olvide y eche tierra al asunto; luego, se desdice –habiendo recabado más información- y le asegura a Fernando que hubo “coacción horrible y un “complot pérfido” armado por  la familia de ella: “que la muñidora del precipitado casorio había sido al esposa de Negretti, marimacho arriscado y astuto que lleva el nombre de Prudencia(la madre de Aura, otro tipo de mujer que se me pasó comentar en la parte A- de mi aporte). Udahón  avisa, entonces,  a Fernando que Aura, quien se escapara,  está buscándolo y que por eso, va rumbo a La Guardia (Carta XIV): “Y la niña se les escapa; corre sola por esos caminos, buscando en la Guardia  donde cree encontrara su bien, su solución…..”(dónde cree que está Fernando).

El Churri, que va en busca de Fernando para hablarle del tema -primo carnal del que se casó con al exnovia de Fernando- cree que no obstante Aura se ha casado con ese malévolo encantador de serpientes (ver abajo apartado siguiente) “Fernando podría fácilmente romper ese poder de encantamiento con que el primo tiene aprisionada en sus redes maléficas la voluntad de Aura y volverla a su ser propio”. Fernando se siente tentado de hacerlo, pero de las ganas no sale: “¡Tentación irresistible!. Díjele (al Churri) que lo pensaría, y que volviese” y agrega, “Estoy loco. Las brasas que quedaban entre las cenizas se han avivado y ya son llamas otra vez. Quiero apagar, y no puedo…”  (Carta VI).

El orgullo de “macho herido” o mejor dicho, su afrenta al ego, en  Fernando (Carta V) salta a nuestra vista en  lo que escribe Fernando al cura Hillo, quien fuera su mentor, cuando  le relata lo de “su atroz caída” y “la catástasis” (bien dramática la cosa, como podemos observar) y posterior  “catástrofe” de sus intenciones, temas a los cuales no le hace gracia volver porque, según  Fernando le dice al cura, “aún no se ha disipado la turbación que en mi alma produjeron, ni el despecho rencoroso, ni la vergüenza, que vergüenza he sentido y siento de tan inaudito desaire” y le repugna hablar de su caída de dignidad”. Carece de voluntad (igualito que los “diputados que dicen si y no según las órdenes del Gobierno”)  encerrado como está “en este limbo en donde la autoridad me confina” (la casa de los Maltrana en Villarcayo). Y si el cura insiste, Fernando le pintará su “caricatura” pero después de que su “espíritu se sosiegue” y que su amor propio se cure sus heridas….”. En Carta VII insiste Fernando   en que  la “resignación” que le recomienda el cura Hillo no es “una virtud caballeresca” y que suprimiendo la ley del honor”, no queda nada. También  alude en  esa carta al hecho de que está preso “y no puede salir de su dulce cárcel”, (referido a que no puede recibir al padre de Valvavera, que resultó no estar muerto).  Y Valvanera y Juan Antonio, es cierto, harán todo lo posible para que Fernando no se vuelva a encontrar con ninguno de los de Bilbao (Cartas IX, XIX, XXXI y XXXIX).

En la Carta VI tomamos nota del egoísmo e inmadurez  de Fernando (de 26 años) que solo piensa en sí, cuando refiere al Cura Hillo, que está “de malas”, con “murria”, “negra, sofocante” porque la noble familia (que lo alberga) está “más atenta a su dolor que al mío, me deja solo” (cuando creían ellos que el padre de Valvanera, la anfitriona, había fallecido). Fernando sigue  en la “cavilación  tétrica que le caldea los sesos” enroscado en saber si Aura lo ha traicionado o si fue una vil maquinación por parte de la familia.  Fernando fue a Bilbao a casa de los Arratia pero no pudo conseguir información porque “huyeron”, tampoco estaban ahí los padres de Aura. Luego sí consigue Fernando información a través de su amigo Uhagón, como hemos dicho antes.

El cura P. Hillo en Carta XI aconseja a Fernando  olvidarse del asunto y le resta la importancia dramática que le confiere Fernando: “¡Niño por Dios! Hasta en el teatro apestan estas cosas”. “Llegaste al fin, pero llegaste tarde……….” “Pues, amigo,  aprende para otra vez y da el negocio por concluido” “y aquí paz y después gloria”, etc, etc. La solución está según el cura, “dando media vuelta el galán”, en el desprecio y el olvido.  Y al final de cuentas, es lo que hace Fernando después de haberse lamido  las heridas y de haber logrado averiguar  hasta cierto punto, lo que pasó con Aura y el porqué de lo que hizo;  incluso  llegó a saber de su huida y   eventual muerte,  de ser ella tal como parece,  la mujer que lo andaba buscando.

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Aura Negretti y Zoilo Arratia: Fernando   relata al cura Hillo, las revelaciones de Churi, primo carnal de Zoilo, (Carta VI),  según las cuales  a Aura “la trastornó ese pillo de Zoilo, bigardón dotado de una formidable terquedad vizcaína y con esa fuerza de terquedad que es como el poder que gozan los magnetizadores y taumaturgos, reduce a esclavitud a  cuantas personas caen bajo su domino” (Observar que: describe a un tipo de personalidad psicópatica;  el típico encantador que atrapa a una mujer con una carencia afectiva para usarla como víctima, cebarse en ella,  y destrozarla).  Aura, según  lo investigado por Uhagón (Cartas VI y XIV) al darse cuenta del atroz engaño de la familia, “se volvió loca, es decir, loca enteramente no: llamémoslo trastorno, rabia, furor insano contra sus embaucadores” y pudo más su “energía expansiva” y “su furia de libertad” que se les escapa del encierro en que la familia la había confinado y “todos los Arratia se lanzaron en su búsqueda”. Sabemos por  la carta de Gracia a Fernando (Carta XXIII) que probablemente Aura, sea la mujer “mal trajeada, descalza, rendida de cansancio, sucia y cubierta de polvo” que en compañía de “dos ombres de mala traza” fue a buscarlo a La Guardia y luego, por las investigaciones de Demetria que envió un criado a seguirla, que se puso mala y fue internada en el Hospital como paciente anónimo. Más tarde sabremos por el criado Sabas (Carta XXV, desde Miranda del Ebro) a quien Fernando le había hecho el encargo de averiguar sobre esa mujer, que ella murió  en el hospital, y fue enterrada sin haberse confirmado la identidad, siendo que Sabas, por más veloz que fuera en su cabalgata, llegara ya cuando “acaban de darle sepultura”.  

Por lo que dicen unos y otros (Cartas IV, XIV, XVI), se da entender que esta pareja unida en contra de la voluntad de ella y por medio de engaños y manipulaciones, nunca fue aceptada por Aura, incluso rechazada de forma violenta. En la Carta XXXIX Zoilo se llega hasta donde estaba viviendo Fernando y trata, infructuosamente de hablar con él. Valvanera ha logrado impedirlo.

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Idelfonso Negretti  de Bilbao, está casado, pues, con esta “joyita” de mujer, Prudencia, según la  apreciación de Uhagón (Carta VI) y que Fernando relata al cura Hillo:  Idelfonso, pobre hombre, “paralítico, desquiciado de la voluntad y el entendimiento, era hombre al agua”. Bueno, este hombre ido posiblemente con lo que supongo podría ser alguna demencia senil, ha preferido escaparse por la tangente de la enfermedad, que seguir soportando a esa mujer mandona y manipuladora que tenía por esposa, al menos  ahora, aunque aún esté  en este mundo todavía, reposa en el santo limbo de la babia.

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Demetria de Castro-Amézaga  y Fernando Cálpena:    Por empezar, en Carta I,  nos dice Maria Tirgo que  Juana Teresa sospecha de  que Demetria  tiene otro amor (por la negativa que le dio a la propuesta marital de su hijo Rodriguito). Demetria se preocupa por el bienestar de Fernando: como lo señala María Tirgo  en Carta I: “pues al oír  la noticia (del suicidio de M.J. Larra) observé que Demetria palidecía. También  en Carta IV según su tía manifiesta: “entiendo yo que Demetria ve más emparentado al Don  Fernando con el personaje de esta historia (Werther)… que con el melancólico y desesperado muerto de Madrid (Larra)”. Fernando reviste para Demetria características de héroe, paladín – y por lo tanto, idealizado- porque  sin ni siquiera conocerlas, ha sido él, Fernando,  quien la salvara a  ella y a su hermana, del cautiverio en Oñate, (Cartas IV y XVII), (en dónde  perdieron la vida sus padres).

Demetria en la esquela  a Fernando adjuntada a Carta XVIII, si bien responde a los tres  pedidos que a través de Fernando le hiciera Valvanera, con solicitud eficiente y de forma muy concisa, muestra un delicado interés en Fernando en su justo punto: Celebraré que cuando el Sr. D. Fernando los coma (a los tirabeques que enviaba) se encuentre ya bien derecho y con propósito firme de no volver a torcerse”. Y con respecto a la receta del dulce de tomate agrega “y espero que Ud. que es tan goloso, se chupará los dedos cuando le sirvan el tomate en dulce”.  (Hay mucho erotismo insinuado en estos cándidos deseos).

Fernando por su parte, considera a Demetria (Carta XIII) con “criterio superior” que le permite “discernir claramente lo bueno de lo malo y lo sano de lo enfermo”, es decir, con un “discernimiento seguro” (firme, maduro) y él hasta el momento, no tiene posición social, ni dinero, ni apellido ilustre, siendo como es “un inclusero”,  se siente indigno de alguien como ella (Carta V) a quien ve por  encima de sus posibilidades.

Todo apunta  en La estafeta romántica” a que ambos puedan –una vez que Fernando haya gastado su lengua de tanto lamerse las heridas, y haya recompuesto su maltratado ego- formalizar una relación amorosa. Su ego lo recompondrá, como sabemos, al reconstruir su yo social con la fortuna que le entregará su madre por medio de un Fideicomiso, algo que lo sacará de su “denigrante  situación de inclusero” (Cartas XXVI, XXIX, XXX, etc) y con la revelación del enigma de su ilustre origen  (Carta XXI) como fruto de un amor prohibido pero rebosante de cucardas nobiliarias.

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Demetria de Castro-Amézaga y Rodriguito Urdaneta: esta es la unión que pretenden María Tirgo, el cura hno de María (Carta XVIII) y Juana Teresa (Y Dn Rodrigo lo que Dña Juana Teresa mande, por el bien de la paz del hogar).   En Carta I tenemos ya la primera negativa de Demetria a formalizar dicho enlace: “no he podido sacarle a Demetria razones claras de su negativa”, tal como dice su tía María Tirgo a su amiga Juana Teresa,  y ha observado la tía que “asoma por entre el tráfago de sus preocupaciones una puntita de tristeza, pero la pícara se da prisa por meterla para adentro”  que palideció según la tía, al enterarse del suicido de Mariano José Larra,  pensando que podría ser Fernando. A pesar de que según dice el cura tío de Demetria a Fernando: “pues reanudadas las negociaciones, hemos visto que presentan un excelente cariz” (Carta XVIII)  y que Juana Teresa lo confirme en Carta XX: “reanudadas las negociaciones hace dos semanas, presentan un semblante lisonjero”. Por un lado Demetria –presionada seguramente por la coacción que sus tíos y  Juana Teresa ejercen sobre ella-  explica que su negativa inicial no fue desprecio sino que “se cree indigna de honor tan grande…” (Carta XX) mientras que por otro,  con habilidad,  trata de ganar tiempo: “Dice la  niña que le demos un par de meses para determinarse…” (Carta XX).  De Rodriguito sólo sabemos que le escribe  a Demetria la  carta que cita la madre, pidiéndole por segunda vez a Demetria ser la Marquesa de Sariñán o sea, su mujer, tragándose el orgullo de la primera negativa ¿Por imposición materna? Quien sabe…. Todo sea,  quizás, por  preservar la paz del hogar y escaquearse de encima a la “madre matraca”, que ya sabemos el genio que se gasta.

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Gracia y Fernando: No hay tal relación en el plano sentimental,  pues por más que ella se le insinúa (Papelito adjunto a Carta XVIII y Carta XXIII con su puño y letra) “La que te ama morirá de aburrida”, etc, etc.,  Fernando la ve sólo como a una niña (Carta XIII): “A Gracia si conviene atarla un poquito corto con sus tareas de lectura. Porque no posee todavía el seguro discernimiento de su hermana”.

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Estas son (1 y 2)  las distintas relaciones sentimentales de los personajes que se escriben cartas en “la Estafeta romántica” de Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales 3ra Serie Nro 26) en  España, en el año 1837,  que muestra, como hemos visto,  una variedad de modelos,  reflejo de una época, pero con ciertas características universales  que podemos reconocer hoy en día en algunas relaciones. 
 
 
 

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg


Wednesday, November 27, 2013

B- Las relaciones sentimentales en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (1)


Ya hemos visto como  
Benito Pérez Galdós (BPG)  en "La estafeta romántica", de los Episodios Nacionales, 3ra Serie, Nro 26,   da voz a una serie  de personajes femeninos hábilmente diseñados (ver entrega 1 y entrega 2),   situados en la España de 1837 azotada, en ese entonces por la Primera Guerra Carlista, que  en esta propuesta intimista epistolar,  queda relegada a un mero telón de fondo. También hemos visto como BPG hace una serie de denuncias a través de estas voces.   Ahora en esta serie de entradas, vamos a ver, desde la Psicología, como se relacionan sentimentalmente estas mujeres y  como son sus parejas, prestando especial  atención al vínculo que establecen ambos. 


María Tirgo, la primera de las mujeres que aparece,  no tiene pareja. A lo largo de la Estafeta se habla de ella y del hermano cura párroco de La Guardia, Galicia. Ambos asumen la custodia de las sobrinas  Demetria y Gracia que quedaron huérfanas, convirtiéndose en los padres sustitutos. María Tirgo, aparentemente, encarnaría a “la típica solterona”. A menos, que sea viuda y no nos hayamos enterado, pues BPG nada dice de su estado civil, ni sentimental.

Juana Teresa   está casada con Rodrigo Urdaneta y viven en Cintruénigo, Navarra. Tienen un hijo (Rodriguito). Como ya hemos visto antes,  esta mujer es una víbora, más mala que la peste. En Carta II habla de su marido con su amiga María T, (refiriéndose al entierro de su suegro) determinó Rodrigo que las exequias fueran solemnísimas y de una nunca vista suntuosidad, como a tan esclarecido difunto correspondía”, luego le sigue contando a la amiga, lo que ambos hicieron. En la misma Carta agrega Rodrigo y yo estamos muy aliviados de nuestra tristeza con la satisfacción de haber cumplido con nuestro deber, sin que nos duela el excesivo dispendio ante tan sagradas obligaciones”. Cuando ella relata el convite por las exequias dice a su amiga “ostenté lo que Rodrigo y yo hemos logrado salvar de los derroches del pobrecito D. Gastón (como ella lo apodaba al suegro).  También Rodrigo acompaña a su mujer a revisar los papales de su padre: “Hoy hemos entrado Rodrigo y yo en el cerrado cuarto de Dn Beltrán para hacer inventario”. Rodrigo que ha seguido a su mujer en todo antes, digamos que muy posiblemente -se podría tranquilamente especular, dado de la universalidad de este comportamiento-  para mantener la paz del hogar, puesto que ella es un alacrán, lo sabemos, esta vez, sin embargo, sí se diferencia y defiende  la preservación del archivo de documentos con  cartas o esquelas firmadas por Napoleón, F. R. de Chateaubriand, Talleyrand,  Mme Recamier, etc, etc…, logrando imponer su voluntad tal como ella lo expresa: “Consérvese, pues todito y archívese y catalóguese”.  Por cómo se expresan María Tirgo y su hno en las Cartas III y IV, ambos, Dn Rodrigo y Juana Teresa son bien “amados”. Y por lo visto de cara a la Sociedad representan a un matrimonio bien avenido y deseoso de mostrar boato y pompa. Bien avenido porque salvo situaciones extremas,  el bueno de Dn Rodrigo, prefiere seguirle la corriente. Todo sea por la paz del hogar. En la última carta, la XL, en la expresión de Juana Teresa “mi esposo, que santa gloria hava” al referirse a Dn Rodrigo,  me hace pensar que el pobre santo ha muerto, liberándose por fin de esta araña pollito, víbora venenosa, alacrán o bruja mala.

Valvanera Urdaneta, hermana de Rodrigo,  está casada con Juan Antonio de Maltrana, tienen 5 hijos vivos y han perdido al mayor tres años atrás. Viven en el pueblo de  Villarcayo, en la Pcia de Burgos, desde hace 12 años. Antes, vivían en Madrid. Juan Antonio, tal como lo describe Fernando en Carta V, “es un buen caballero, no del cuño histórico de D. Beltrán, sino de esta nueva caballería….” “transacción del rancio españolismo con las novedades del pensamiento francés” “Liberal, templado, adora el justo medio y detesta por igual el absolutismo y las revoluciones; cree que con componendas se obtendrá la paz de los espíritus y el bienestar de los pueblos….” “Hombre rico……” cree en el desarrollo de la riqueza y en la industria, quiere ser diputado.  Valvanera, como hemos visto, es “la encarnación del buen gusto”, afable, inteligente, etc.  Ambos encarnan a una pareja feliz,  bien avenida  (Cartas V y XVI, por ej.) en la que circula el afecto, con muy buena comunicación.  Vemos que Valvanera consulta temas importantes con su marido y busca su consejo y no guarda secretos para con él.  José Antonio la apoya, como cuando le para los pies a su cuñada en una misiva (Carta XXII)  o como cuando está presente  en el momento crucial en que Valvanera le revela a Fernando –previo consentimiento de la madre-  el enigma de su origen (Carta XXI). Aunque ambos cónyuges no estén de acuerdo sobre algún tema,  como es natural y esperable, vemos que  él  es capaz de ceder (como cuando Valvanera dice en Carta IX “algún trabajillo me ha costado convencer a Juan Antonio de que ningún daño puede ocasionarnos esta buena obra” “He logrado catequizar a mi marido”) y en el hecho de que ella busca su consejo, por supuesto se da de que ella lo escucha y valora en alto grado su opinión, siendo capaz  por lo tanto Valvanera también de cambiar de opinión, si la del marido se muestra más sensata, porque lo han razonado juntos. Señal  de que funcionan como pareja de forma flexible y sana.

Pilar de Loaysa y el Duque Felipe,  están casados en una unión muy desgraciada y  para Pilar,  asfixiante, en la que ambos no tienen intereses comunes, partiendo de la diferencia enorme entre ambos caracteres, que con el paso de los años se  ha radicalizado. No tienen hijos.   Juega un  rol importante el secreto que Pilar guarda, cuya preservación ha contribuido a ahondar más la distancia “glacial” que los separa y el vacío que esta provoca en la relación de pareja. Especialmente  en la Carta XVI Pilar cuenta a su amiga Valvanera muchas cosas de su relación marital. Pilar solo desea que su marido pase largas temporadas en el Coto de Caza, en La Encomienda, para que ella pueda respirar y está al acecho, “siempre en guardia”  para aprovechar al máximo esos pocos momentos: “Por allá se estén (él y sus amigos) luengos días, y si fueran meses, mejor, para que yo respire”.  Felipe es suspicaz (celoso) y fiscalizador con respecto a ella, cosa que se agrava en momentos de mayor tensión o de estrés  “me estorbaba enormemente Felipe… aquel Felipe continuo, pegado a mí como mi sombra y de quien no podía de modo alguno desprenderme”.  Pilar se encierra en su cuarto de baño a escribir las cartas a su amiga que guarda con celo extremo de la mirada indiscreta del marido. Felipe y ella son “incompatibles, irreconciliables, el uno es la ley, el otro su transgresión”; completamente “desavenidos, inarmonizados, como dos notas discordantes que desgarran el oído cuando suenan juntas”.  Según Pilar  en esa misma carta,  Felipe  es una persona que “carece de inteligencia” mientras que ella “la tiene de sobra”.  La pasión de Felipe además de cazar, es la colección de armas antiguas. Su mujer lo describe como una persona intolerante y rígida atada a las convenciones sociales “Mi marido es de lo que celebran culto en  los altares de la rutina social y de todo artificio que nos rodea”.  “A tal extremo llega el fanatismo….”.  Ella está convencida de que Felipe jamás perdonaría lo que según el criterio general “es imperdonable”. Incluso asegura Pilar que “la magnanimidad es una virtud que le viene muy ancha…”.  Por eso ella,  para mantener su secreto a salvo, ha construido esa muralla de silencio entre los dos. Además,  como hemos visto en esta entrada, se ha obligado a construir una representación falsa   de sí misma representando el rol de mujer “coqueta”, “tonta de trapo”, etc. Por lo que al momento de escribir la carta, reconoce a su amiga, que ella vive “una existencia frustrada que ha perdido su órbita”.

En la Carta XXIV, la suspicacia de Felipe se exacerba, “está de peores, suspicaz y fiscalizador como nunca”, “ha faltado poco para que le tire a la cabeza- dice Pilar- una tetera de porcelana”. Patente es el deterioro de la pareja en el que además del maltrato mutuo psíquico, están –al menos Pilar lo está- de llegar a la violencia física. En la carta XXVI, Pilar lamenta el “histrionismo social” de ella: “para mi es una desdicha esta penetración que el histrionismo social en su desarrollo más perfecto me ha dado. Como yo leo el pensamiento de los que me rodean, pienso que los demás leen el mío”. En esta misma carta reconoce que “la representación falaz” que ha creado de su persona para poder vivir,  ese “histrionismo social” del que habla, es “más meritorio que en ninguna, por la enorme distancia entre lo que soy y lo que represento, entre mi ingenio secreto y mi estolidez pública”. En la Carta XXIX, Pilar se queja nuevamente de “la disparidad de voluntades” que los “junta como una cadena de presidio”.  Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo sobre dónde pasar las vacaciones. El queriendo estar con ella, ella no viendo la forma de zafar de él. Como Pilar a esta altura ya está viendo con el abogado amigo suyo,  como resolver la situación de su secreto con el menor costo social posible, sus ansiedades van en aumento, con lapsos de “delirios” o  como cuando se  sorprende “hablando como una cotorra” en las reuniones sociales, “sin saber lo que dice”, “algo como una lección aprendida” que se figura “ha de embelesar” a los que la oyen.   La cúspide de las ansiedades de Pilar, se alcanza en la Carta XXX, que es en la que el abogado Cortina revela a Felipe el gran secreto de Pilar.

El abogado, no sólo revela ese secreto a Felipe, también lo acompaña hasta la medianoche, para apoyarlo y evitar que cometa una locura; para que pueda calmarse y entrar en razón. Igualmente, el abogado,  ha aconsejado a Pilar estar lejos, encerrada en sus aposentos, a la espera de que Felipe decrete el futuro de ella;  una espera que se le hace intolerable, impensable hoy en día, pero estamos en el año 1837 y es el marido quien decide sobre la mujer. El abogado al darle noticias a Pilar  de sus gestiones y del estado de Felipe, le dice a ella (en Carta XXX): “Felipe la ama a Ud. con locura… Esta  es la verdad…. Quizás sea forzoso reconocer que no ha sabido amarla, porque el amor, dígase lo que se quiera, no sólo es un sentimiento, sino también un arte.” A pesar del alivio de Pilar, de  “estar ya del otro lado”, ella se siente triste por el dolor que abruma a Felipe.  Un dolor que  golpea a Felipe en lo más hondo (Carta XXXII) “no riñe, no se impacienta”, “no alza la voz para dar órdenes”  cambio radical de carácter según Pilar, que la inquieta por indicar “un trastorno profundo”. En realidad es el impacto del shock, que es lo que justamente dice Pilar en esta palabras: “la magnitud de la impresión, la sorpresa y el dolor han desquiciado su naturaleza revolviéndola y agitándole desde lo más hondo”, tanto que ella teme que le sobrevenga una enfermedad y todo por culpa de ella. Solo queda esperar la “benéfica acción del tiempo”, le dice el abogado a Pilar. Y sí, Felipe necesita tiempo para procesar todo eso y se lo toma, lo que muestra la humanidad del personaje diseñado por Galdós.    El golpe es fuerte (Carta XXXIII) que cuando Pilar logra espiarlo entrado subrepticiamente en su casa, lo ve con la  cabeza completamente blanca, su cuerpo “antes  arrogante y derecho se encorva hacia la tierra su paso es vacilante; se agarra a las sillas que encuentra próximas”, con “el rostro demacrado, cadavérico” y eso, la aflige “que a punto estuve de perder el conocimiento”…  Y agrega “¡Dios de mi vida,  qué lastimosa ruina, qué desmoronamiento fugaz!. Desapareció hacia la sala de armas; le seguí, apoyándome también en los muebles para no dar con mi cuerpo en tierra”. En este párrafo, también   Felipe trata de ir hacia los aposentos de ella y se detiene sin imaginarse que ella  está en los suyos espiándolo. “Y yo tan cerca en cuerpo ya alma, sin que él lo sospeche”. Vergüenza sintió Pilar de la sola idea de que Felipe le  quisiera hablar del pasado de su vida marital “tan árida, tan triste” “que no pudieran hacerla nueva, perdonándose el uno al otro, desprendiéndose cada cual de sus asperezas”  y esa falta de valor suya, provocó su huida de la propiedad, junto a la doncella que la acompañaba: “sentí vergüenza, la conciencia de mi inferioridad ante aquel sentimiento intensísimo me precipitó en una fuga loca”. Y por primera vez, Pilar se sintió una idiota: “Por primera vez en mi vida me he tenido por idiota” y lamenta la fatal equivocación en la que ambos han vivido: “¡Tan cerca uno del otro, y no nos hemos conocido, no nos hemos visto,(como personas) no sabíamos ni que existiéramos!”.

Finalmente, Felipe se traga su honor, su orgullo,  y perdona a Pilar  (Carta XXXVII) y no solo eso, sino que también accede a firmar lo que haga falta para que el hijo ilegítimo de Pilar, Fernando, reciba la suma de dinero que la madre quiere darle, también le concede su libertad y que viva donde ella quiera, en lo posible lejos de Madrid.  Por su parte, él decide quedarse hasta entrado el invierno en La Encomienda.  Felipe la perdona sí, pero “deplorando que en tantos años haya escondido este terrible secreto por miedo a sus rigores”   y agrega Pilar a su amiga Valvanera “sin dejar de comprender cuán difícil era mi revelación, siente que yo, con mi silencio haya malogrado toda nuestra vida matrimonial, poniendo entre los dos el espesor y frialdad de una muralla de recelo, y confinándonos una y otro en triste soledad”.  Esto es obvio que Felipe lo piensa ahora, de mayor, no sabemos si de joven hubiera reaccionado de la misma manera comprensiva y medida, a pesar del dolor. De hecho,  continúa relatando Pilar que Felipe dijo: “tratándose de un hecho irremediable, y sin atenuar mi enorme falta, no hay más remedio que bajar ante él la cabeza pues nada se adelanta con las soluciones violentas y trágicas a nuestra edad que ya reclama sosiego y volver los ojos a mejor vida”.  Galdós deja claro aquí la importancia  que tiene la edad para el desenlace que le dio Felipe al asunto. El realismo de una relación de pareja con estas características, queda patente en el hecho de que Felipe proscribe cualquier intento de reconciliación, escenas de abrazos y demás “manifestaciones”, como él las llama, de “gusto teatral”,  y se entiende y se comprende,  Felipe está lleno de resentimiento   hoy por hoy y hasta tanto no se extinga en él no puede haberla;  sumado al hecho de que  ambos ya  han tenido una vida entera marital de teatro en el que él ha jugado el papel  de antipático, recalcitrante, fiscalizador y celador asfixiante y ella el de coqueta saltimbanquis (frívola sí, pero sin llegar nunca a más, Carta XVI), algo que ella utilizaba como arma en contra de la soledad que sentía, mientras edificaba la muralla y se alejaba de él, cosa que – si se tratara de un caso real- él  hubiera percibido a nivel inconsciente y  provocado que él la persiguiera más.  Esto pasa en cualquier pareja con estas características,  ya sea del Siglo XIX o del Siglo XXI.  En el perdón de Felipe, descubre Pilar, el gran hombre que hay en él (Carta XXXVII) y su presunción del encasillamiento en eso de las “papeletas clasificadas” y del “formulismo” de Felipe (y su poca inteligencia), se  muestran haber resultado completamente falsas;  prueba inequívoca de que ni el uno ni  el otro se conocían, hecho del cual Pilar toma conciencia y se lamenta amargamente en la Carta XXXVII: “Las almas desvirtuadas por el artificio social no se descubren en su íntimo ser sino cuando las agitan graves problemas emanados de la Naturaleza….(….)”.






Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg



Thursday, November 21, 2013

A- Un estudio de los personajes femeninos en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (y3)


Benito Pérez Galdós (BPG)  en "La estafeta romántica", de los Episodios Nacionales, 3ra Serie, Nro 26,   da voz a una serie  de personajes femeninos hábilmente diseñados (ver entrega 1 y entrega 2),   situados en la España de 1837 azotada, en ese entonces por la Primera Guerra Carlista, que  en esta propuesta intimista epistolar,  queda relegada a un mero telón de fondo,  porque estas mujeres se ocupan de los temas que atañen a lo cotidiano, a sus familias y amigos, etc, sin tener ningún tipo de acción o actuación  relacionada con  la guerra. A pesar de que los personajes son antiguos, sin embargo,  resultan al lector moderno -en todo caso a mí sí me han resultado- familiares y reconocibles, porque Galdós ha sabido  "retratar personajes que son muy cercanos a personas con las que nos cruzamos todos los días".-como dice Pedro Ojeda y continúa -"como si Galdós hubiera sabido captar lo universal de estos comportamientos por encima de las cuestiones de época". Su realismo es tal, que a medida que iba leyendo, -y eso que no soy española- podía ponerles nombre propio y conocido  a cada una de esas mujeres. 

A través de estas mujeres BPG critica a la Sociedad de su tiempo, principalmente a "la burguesía acomodada -incluso ennoblecida- conservadora",  a la hipocresía imperante que condena a la mujer que ha tenido un hijo fuera del matrimonio,  por ejemplo, pero que  no le importa dejar tirado a un niño en una inclusa, todo sea por las apariencias y el qué dirán. Todo sea,  por la preservación del honor y del buen nombre, que impide a las personas mostrar su verdadera naturaleza y sus sentimientos, una de las causas del desmoronamiento del matrimonio de Pilar con el duque Felipe (al que me referiré la semana que viene en la Parte B de mi aporte).     

BPG  que adscribe a la estética realista, critica desde las distintas voces femeninas al Romanticismo;  tal como dice Valvanera: "inmenso servicio se haría a la Sociedad suprimiendo tales invenciones que no sirven más que para dar malos ejemplos a la juventud" o como dice Juana Teresa: El Romanticismo   sólo sirve para "disimulo de la holgazanería y los vicios", para nombrar un par de ejemplos.

También BPG hace una crítica del Suicidio desde las voces femeninas:  Las cartas de la estafeta comienzan a la semana del suicidio de Mariano José Larra y su suicido atraviesa las cartas en distintos momentos, incluso a Fernando se le aparece el muerto en un sueño escalofriante, tremendo. Varios personajes femeninos de la novela, temen que Fernando se quiera suicidar, motivado por el dolor de la traición  y agravio a su orgullo de "macho herido", de  que su ex-novia, creyéndolo muerto se casara con otro.  También  BPG nos muestra a través de la acción  de supervisión y cuidado amoroso de estas mujeres (me refiero en especial  a Pilar y a Valvanera), incluso de hombres (como el Cura Hillo o Don Beltrán) como  se puede evitar un desenlace fatal, brindando una red de apoyo social. Y no se equivoca Galdós, en este punto, (aun cuando se necesitan más elementos para prevenir un suicidio).   Tampoco se equivoca Galdós cuando pone en boca de Demetria -vía su tía-, (referido al suicidio de Larra) sobre el poder que tienen los pensamientos: "era un hombre que con sus propios pensamientos, como la cicuta, se amargaba y envenenaba la vida".  Hoy sabemos, desde de la Psicología,  que para que una persona llegue al extremo de suicidarse existen varios  factores que  se suman, no siendo nunca la causa una sola, así tenemos que pueden darse varios de estos factores: pensamientos negros permanentes y recurrentes, pérdida total de esperanza, un desbalance químico de los neurotransmisores del cerebro, dolor por la pérdida  de un amor o un ser muy querido, ausencia total   o pobreza de lazos interpersonales,  marcada introversión (con incapacidad para verbalizar lo que le pasa), y haber carecido en la infancia de una base segura afectiva. Es una simplificación falaz,  sin embargo, creer que todo pesimista es un suicida en potencia o creer que todo romántico, lo sea. 

Sé  que BPG ha tocado el tema del Suicidio en otras obras que no he leído, por lo cual, no puedo comentar sobre ellas ni sobre la posición de BPG en ellas respecto de este tema, pudiendo sólo referirme a La Estafeta.  BPG  escribe esta novela  en 1899,  dos años después de que Emile  Durkheim publicara su célebre obra sociológica sobre "El suicidio"  que indudablemente impactó a Galdós, tanto como el suicidio de Mariano José Larra, tan traído a cuento  en esta obra suya  cuyo inicio ha datado una semana después de este lamentable suceso, de igual manera,   no es inocente la mención que hace de  José de Espronceda, que enfermo de gravedad no puede asistir al entierro de Larra.  La  historia del amor apasionado de Espronceda  y Teresa, y su gran condena social, guarda puntos en común con la historia  apasionada -aunque muy breve-.  vivida por el personaje  de Pilar con el Príncipe Polaco   -que por cierto, si existió y murió en 1813 (si supiera!!!)-, estando casada y del cual naciera Fernando como fruto de ese amor prohibido, pero  a diferencia del caso anterior, Pilar logra dar una resolución satisfactoria a este tema que guardara secreto durante tanto tiempo  e incluso,   hasta logra el perdón de su marido y aún más, su libertad, pudiendo separarse de él y vivir donde le plazca, lejos de Madrid, en lo posible. 

Por último  el personaje femenino de Pilar cuya centralidad en la Obra de Galdós no nos pasa desapercibida -ya que ocupa 11 de las 40 cartas numeradas-  no es una suicida en potencia, y a mi juicio,  BPG no quiere que lo sea,  por las razones marcadas por mí  en la entrada anterior  de esta forma <1> , a saber:  Pilar es una mujer piadosa que lee asiduamente y busca consuelo en  el libro devocionario católico "La imitación de Cristo", que aunque le vienen a la cabeza ideas tétricas, las sabe apartar; que sabe la importancia de apoyarse en la Fe -siendo, como es,  una mujer creyente- y por lo tanto, de la expresión "Que sea lo que Dios quiera", cuando hay cosas que están más allá de su voluntad  y poder. También reconoce abiertamente que carece de valor suicida. Pilar desea que pase "la Gran Crisis"  (provocada por la revelación de su secreto) para poder así alcanzar "la paz del sosiego", "la vida".  Y algo muy importante presente en la mayoría de sus cartas:  Sabe tener la suficiente humildad como para pedir ayuda a los amigos. 

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Más o menos un par de décadas  posteriores  a la ambientación de esta novela, nacerán las primeras mujeres feministas de  España que darán cuerpo a la Segunda República Española; una nueva casta de mujeres comprometidas con lo social y comprometidas en impulsar  la igualdad  de  género. Y algunas pioneras, como Concepción Arenal, incluso ya habían nacido antes.



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg