Apareció en casa de los vecinos, un matrimonio joven, ¡no es broma!, no sabemos de donde vino, si ha puesto huevos, o si tiene feliz pareja que abandonada se queda, no es como las inofensivas del desierto que cada tanto aparecen por la ola de calor, no, ésta es muy venenosa. Nuestros vecinos tienen dos niños que en ese momento estaban en el baño con la madre y ahí es dónde se corporizó la serpiente. Menudo susto de pronto los embargó, la madre que estaba vestida, se abalanzó a la bañera para hacer de pantalla a sus críos. A grito pelado los tres llamaron al padre (que estaba tomando su pinta y leyendo el periódico del día pansa arriba en el sofá de la sala). El hombre, hábil protector de su familia, sartén en ristre apareció para matar al mosquito, creyó, mas al ver de que se trataba, sin perder un ápice de calma, llamó a los bomberos que en cuestión de minutos llegaron con veterinario incluido -Dr Honoris Reptílicus-, y entre todos, la cazaron. La noticia corrió como reguero de pólvora. Estamos todos avisados. Nada de lecturas en el trono los que de ello disfrutan, si acaso, defecar a máxima velocidad, levitando a por lo menos 10 cm al tiempo que echemos ojo que no nos muerda el trasero de aparecerse en el váter como periscopio de submarino. Menudo bodrio ¡carajo! y aquí sin JB que nos salve... Vaya, vaya, invoquemos a Santa Eulalia ¿Eulalia? pues a esa, vamos, la tal Lilaila del S XII del santo cuerpo iluminado.
Notas: Foto mía. Relato originalmente publicado en este blog el 1ro de abril de 2014 Aquí
Contribución a la propuesta de Dorotea desde su Blog Lazos y Raíces, dónde nos pide que relacionemos un personaje con un entorno poco habitual. No suelo reeditar entradas en mi blog, he aquí pues una excepción, basada en hechos reales, y relacionada esta con la Lectura que hicimos de La saga-fuga de J.B. de Torrente Ballester con Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.