Convocatoria de Mónica desde su blog Neogémenis en dónde podrán leerse más relatos
El gran magnate del cemento, Bartolomeo III Franco Capotte, acababa de fallecer plácidamente en su propia cama a los 89 años, después de una intensa vida dedicada a fortalecer y expandir la fortuna heredada por su padre, que a la vez la había heredado de su abuelo, un humilde albañil, quien había emigrado en su juventud de Bérgamo a Nueva York, escapando de la explotación, la miseria y la guerra de la recientemente unificada Italia.
El abogado y albacea citó a los herederos para la apertura y lectura del testamento: las dos hijas del difunto -viudo desde hacía 7 años- con sus maridos e hijos, y el varón con su mujer e hijos, en total una docena. También fueron citados, el mayordomo, el chofer y el ama de llaves. Y una mujer mayor, desconocida para todos. Los sirvientes guardaron la compostura -eran años y años de entrenamiento de poner caras de "aquí no ha pasado nada"- pero Laura y Felipe, los hijos menores, cruzaron miradas inquisidoras con Micaela, la mayor a lo que esta, entre molesta y sorprendida, se encogió de hombros. Ya estaba cansada de que sus hermanos acudieran a ella siempre en busca de información. Los maridos de Micaela y de Laura, se miraron compinchados y esbozaron una sonrisa maliciosa. La mujer de Felipe tosió nerviosamente e inquieta se movió en la silla, cruzando las piernas. El abogado se ajustó los anteojos, bebió un sorbo de agua del vaso que tenía al lado y comenzó con la trillada frase: - "Los he citado aquí para...."
Los seis nietos que estaban mandando whatsapp o haciendo crucigramas en sus teléfonos para matar el tiempo de espera, levantaron la vista expectantes. Al chofer le dio un ataque de tos. Todos lo miraron como si quisieran acribillarlo. Cuando el pobre hombre se hubo calmado, el abogado prosiguió con el listado de especificaciones de Don Bartolomeo III que más bien parecía una letanía a la Virgen de los Dolores:
".... a Micaela le dejo la propiedad de..... y las acciones de...."
".....a Laura....". "...a Felipe...". Y así uno a uno los fue nombrado, sin olvidar a ningún nieto o sirviente. Incluso al zángano de 30 años, único hijo de Felipe.
"Y a la Srta Amparo Rodríguez....". Todas las miradas se volvieron a ella y acto seguido al abogado: "la dejo como beneficiaria de mi portafolios en la cuenta del Banco Morgan en Suiza que entre acciones y títulos, está valuado en unos 458.000.000 de Euros". Los 3 hijos, sus parejas, los 6 nietos y los 3 sirvientes, abrieron la boca. Micaela no sólo la abrió, también se desmayó. -Traigan agua- Gritó uno. Mientras otro la abanicaba y dos la alzaron y tendieron en el sofá. El abogado impertérrito les dijo: -ya pueden cerrar sus bocas, señores. ¡Un poco de compostura, por favor!.
-¿Pero quién es esta mujer?- gritó desesperada la nieta de 42 años, hija de Laura, con cara de asombro.
Sin inmutarse un ápice el abogado continuó leyendo el testamento: "A esta altura, supongo que estarán algo sorprendidos y se preguntarán porque le dejo a la Sra, Amparo Rodríguez ese portafolios". "Bien, han de saber que.... " la voz del difunto a través de la garganta del abogado vibraba con una intensidad especial. Las palabras golpeaban como martillo en un yunque, tanto que las paredes del estudio comenzaron a temblar y la luz a agonizar hasta apagarse totalmente.
"Han de saber que... esta mujer.... " Se hizo un silencio absoluto, luego se oyó un disparo, seguido de unos cuantos ohes y ahes. Para cuando volvió la luz, el torso del abogado estaba caído sobre el escritorio y un hilo de sangre brotaba del disparo en su frente.
