Desde los albores de la humanidad el ser humano ha comprendido que la Naturaleza -y la Vida, con ella- va por ciclos en rítmica alternancia, que el día sucede a la noche y a la inversa; que hay estaciones y tiempos de siembra y de cosecha; que hay ritmos de crecimiento y decrecimiento; polaridades todas que conforman una unidad. Igual el Hombre, andrógino en esencia, con su femenino-masculino complementarios y necesidad de unidad y trascendencia tan cruelmente denostada en las sociedades patriarcales (post-matriarcales). Para ello, para lograr la unión de los contrarios y superarlos, debemos concretar un proceso de construcción individual, primero, luego social, en el que seamos capaces de integrar nuestra propia sombra con los aspectos más positivos de nuestra personalidad. Las sociedades se forman por las suma de individuos, no lo olvidemos, si cada uno hiciera lo suyo en cuanto a transformación personal y solidaridad pro-activa, la sumatoria produciría el cambio necesario para superar cualquier crisis societal por profunda que sea y lograr subir de nivel en la escala evolutiva, que ya va siendo tiempo.
Los ritos de pasaje que están en el seno de las celebraciones entre ciclo y ciclo, nos sirven para pasar de un estado a otro, una especie de muerte y resurrección, aún cuando hayamos desvirtuado su sacralidad original. En suma, lo que buscamos por el camino que sea, es lograr la integración de los opuestos para constituirnos en seres integrales, completos, armónicos. No somos ni del todo buenos ni del todo malos, ni todo alegría, ni todo tristeza, pero ambos estados coexisten en nosotros. La Fiesta es necesaria como opuesta a la cotidianidad que con sus durezas siempre existe, pero la Fiesta además nos enseña que su espíritu esencial es el amor y cuando éste está presente en cualquier celebración hay completud, lo otro -la parafernalia ostentosa y consumista- es puro circo, banalidad y sólo deja vacío existencial. Por eso, cuando el amor está presente en cada acto de la vida cotidiana, cualquier dificultad o problema es superable.
(Dedico esta entrada a Eva, La Zarzamora porque, entre
otras cosas, ella me hizo levantar la vista a tiempo
para captar esta foto, cuando caminábamos
juntas por las calles de París)
para captar esta foto, cuando caminábamos
juntas por las calles de París)


