
En los mundos de Mara Verso, todo puede pasar: Hasta algo tan impensable como que yo me sume a la convocatoria de su creador, El Demiurgo de Hurlingham. Lo que resulta en un auténtico desafío para mi en el reino de este género. Y más, cuando resulta ser Afrodita, la diosa griega del amor (Venus para los romanos), quien los visita. Cierto es que el Universo -en este caso Mara Verso- es infinito como infinitas son sus posibilidades.
Aquí viene el relato titulado: "Afrodita visita el Mara Verso" y se encuentra con Atalanta, Regina Clamor, Ulises Lestrade y un par de Tuaregs desorientados.
Regina Clamor que desde su primera aparición en la película "La dama del bosque" no había dejado de comerse las uñas, nuevamente estaba con un feroz ataque de pánico. Esta vez, una rana cerca de la laguna a un km de su casa, había querido convertirse en príncipe si ella la besaba. Pero no lo hizo. La rana furiosa comenzó a hincharse como un globo gigante hasta explotar de rabia. De cada partícula de su cuerpo esparcido por los alrededores, comenzaron a brotar pequeños dragones que, amenazantes, fueron creciendo y escupiendo intermitentes bocanadas de fuego. Desesperada Regina salió corriendo a internarse en el vecino bosque azul, poblado de animales silvestres y seres sutiles como hadas y duendes. La muchacha corrió y corrió hasta llegar a un claro cayendo de bruces a los pies de Atalanta, la musculosa escultora quien -habiendo sido visitada sorpresivamente por Afrodita, la diosa griega del amor venida especialmente desde el Olimpo en el planeta Tierra para ser esculpida por la renombrada artista- se hallaba inmersa en plena acción.
- ¡Otra vez, tú interrumpiendo! ¿Y esta vez cómo he de ayudarte? ¿Acaso no ves que tengo en una mano un pequeño cincel y en la otra un martillo?
- ¡Déjenmelo a mi! - intercedió solícita Afrodita- mientras ambas la miraban entre sorprendidas y expectantes.
Entonces, en medio de una Luz blanca brillante y envolvente, los dragones fueron fundiéndose en uno solo que de dragón pasó a rana, a pez, a chimpancé y terminó convirtiéndose en Ulises Lestrade, famoso detective de asuntos paranormales que, vestido como el Príncipe Valiente, hizo una enorme reverencia hacia ambas mujeres y otra más pronunciada aún hacia la Diosa.
Una música de arpas y violines era ejecutada por ángeles Querubines. Los animales del bosque y las hadas y los duendes comenzaron a acercarse con sigilo. No pasó mucho tiempo hasta que dos tuaregs (que habían perdido el rumbo y andaban soberanamente desorientados) se acercaran montados en sendos camellos y presas de una repentina pasión desmesurada, raptaran a las mujeres. Consternada Afrodita, los siguió escondida en una nube, tratando de ver a dónde las llevarían y lo que harían con ellas, pero el que investigó todo el asunto en profundidad, fue el desconsolado detective que se había enamorado de las dos y que con lo único que pudo quedarse fue con la estatua de Afrodita a medio terminar y su disfraz algo gastado de Príncipe Valiente.
Escultura de Afrodita tallada en piedra por Atalanta ;-)
Imágenes 1 y 5 tomadas de internet
Imágenes 2,3 y 4 por Dario Brabo, del blog El Demiurgo de Hurlingham





























