Veámoslo en detalle:
Sancho inicia el diálogo y hasta de una forma inocente y contraria a las convenciones de la época, reconoce el poder que su mujer Teresa tiene en el matrimonio, en virtud del cual ella lo deja ir con DQ: _ Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced a dónde quiere llevarme.
DQ corrije a S. mostrando su superioridad intelectual: _ Reducida has de decir, Sancho_ dijo DQ; que no relucida. Aún cuando sabe que eso le molesta a su escudero: _ Una o dos veces si mal no recuerdo, he suplicado a vuestras merced que no me enmiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero decir con ellos, y que cuando no los entienda, diga: “ Sancho, o diablo, no te entiendo” y si yo no me declarare, entonces podrá emendarme; que yo soy tan fócil... DQ continúa haciéndose el que no entiende a Sancho (una forma de hacerlo sentir ridículo e ignorante) y dice en tono de burla : _ No te entiendo, S. pués no sé que quiere decir soy tan fócil. _ Tan fócil quiere decir _ respondió S. Soy tan así.
_ Menos te entiendo agora_ replicó DQ.
Sancho se angustia: _ Pués si no me puede entender no sé como lo diga; no sé más y Dios sea conmigo. DQ afloja la burla haciendo uso de la ironía: _ Ya, ya caigo en ello, tú quieres decir que eres tan dócil, blando y mañero, que tomarás lo que yo te dijere, y pasará por lo que te enseñare. S. se da cuenta de que DQ se burla de él: _ Apostaré yo que desde el emprincipio me caló y me entendió; sino que quiso turbarme, por oirme decir otras doscientas patochadas. DQ mete el dedo en la llaga y lleva a Sancho a que reconozca su sumisión a Teresa: _ Podrá ser y en efecto, ¿qué dice Teresa? S. muerde el anzuelo: _ Teresa dice que ate bien mi dedo con vuestra merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien destaja no baraja, pués más vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no le toma es loco. DQ le tira más línea: _ Y yo lo digo tambien. Decid, S. amigo, pasa adelante que hoy hablas de perlas. S. avanza en el pantano confiado: _ Es el caso que como vuestra merced mejor sabe, todos estamos sujetos a la muerte, y que hoy somos y mañana no, y que tan presto se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle; porque la muerte es sorda y cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de prisa. [...] DQ simula estar de acuerdo: _ Todo eso es verdad y curiosidad: pero no sé a donde vas a parar. S. se hunde en el pantano a la vez que plantea un reclamo justo: _ Voy a parar en que vuesa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere y que el tal salario que me pague de su hacienda; que no quiero estar a mercedes, que llegan tarde o mal o nunca; con lo mío me ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco o mucho que sea; que sobre un huevo pone la gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. S. expresa su incredulidad en que DQ le dará la insula: Verdad sea que si sucediese, lo cual ni lo creo ni lo espero, que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, pero que de hacerlo, no será ingrato ni exigirá más de la cuenta, sólo lo justo: no soy tan ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos, que no querré que se aprecie lo que montare la renta de la tal ínsula, y se descuente de mi salario gata por cantidad.
Nuevamente DQ lo corrije: _ Sancho amigo a las veces tan buena suele ser una gata como una rata. S. no se deja engrupir por la simulada incomprensión de DQ: _ Ya entiendo- Yo apostaré que debía de decir rata y no gata; pero no importa nada , pues vuesa merced me ha entendido. DQ arremete: _Y tan entendido que he penetrado lo último de tus pensamientos, y sé al blanco que tira con las inumerables saetas de tus refranes. Argumenta a su favor : Mira, Sancho: yo bien te señalaría salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes [...] Sólo sé que todos servían a merced, generando expectativa: y que cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula, o con otra cosa equivalente, y, por lo menos, quedaban con título y señoría. Amenaza a Sancho: Si con estas esperanzas y aditamientos vos, Sancho, gustais de volver a servirme, sea en buena hora; que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicos la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo escusado. La amenaza sube de tono: Así que, Sancho mío, volveos a vuestra casa, y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustaredes de estar a merced conmigo, bene quidem; DQ coacciona: y si no, tan amigos como de antes; que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas. Y advertid , hijo, que vale más buena esperanza que ruin poseción, y buena queja que mala paga. Hablo de esta manera Sancho, por daros a entender que también como vos se yo arrojar refranes como llovidos. DQ da la estocada final: Y finalmente, quiero decir, y os digo, que si no quereis venir a merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo: que a mí no me flatarán escuderos , más obedientes, más solícitos, y no tan empachados ni tan habladores como vos.
¿Cómo reacciona Sancho ante la crueldad de DQ? Con profundo dolor: Cuando Sancho oyó la firme resolución de su amo se le anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón, porque tenía creído que su señor no se iría in él por todos los haberes del mundo [......]
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DQ remata reafirmando la estocada. La repetición, sabemos, es pedagógica: _ No te dije yo, Sancho, que me habían de sobrar escuderos? Y le muestra a S. que él no es indispensable (ergo, que es descartable): Mira quién se ofrece a serlo, sino el inaudito bachiller Sansón Carrazco, perpetuo trastulo y regocigador de los patios de las escuelas salmantinences, sano de su persona, ágil de sus miembros, callado, sufridor así del calor como del frio, así de la hambre como de la sed, con todas aquellas partes que se requieren para ser escudero de un caballero andante [...] que yo con cualquier escudero estaré contento, ya que Sancho no se digna a venir conmigo. Hasta que DQ arranca la respuesta deseada de S: _ Sí digno_ respondió Sancho, enternecido y llenos de lágrimas los ojos, y prosiguió_: No se dirá por mí Señor mio, el pan comido y la companía deshecha; sí, que no vengo yo de alguna alcurnia desagradecida [...]; que se humilla excusándose tras las faldas de su mujer: y si me he puesto en cuentas de tanto más cuanto acerca de mi salario, ha sido por complacer a mi mujer; la cual, cuando toma la mano a persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros. La metida del dedo en la llaga anterior de DQ surte el efecto deseado en S: pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre, y la mujer, mujer; y pués yo soy hombre dondequiera, que no lo puedo negar también lo quiero ser en mi casa, pese a quien pesare; aunque se atreve a insistir en que DQ lo ponga en el Testamento con codicilo al menos: y así no hay más que hacer sino que vuestra merced ordene su testamento con su codicilo, en modo que no se pueda revolcar, S. reacciona ante el miedo intenso que le produce la aparición de Sansón Carrazco e insiste con vehemencia: y pongámonos luego en camino, porque no padezca el alma del Señor Sansón, que dice que su conciencia le lita que persuada a vuestra merced a salir vez tercera por ese mundo; S. reafirma su fidelidad a DQ: y yo de nuevo me ofrezco a servir a vuestras merced fiel y legalmente, tan bien y mejor que cuanto escuderos han servido a caballeros andantes en los pasados y presentes tiempos.
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Una vez que S. reafirma su fidelidad a DQ y éste se asegura así de que su escudero no va a pedir más la paga de su salario, accediendo de ésta manera a los deseos de DQ y en contra de su sentir, se reconcilian sellando de esta manera el chantaje: Finalmente, DQ y S se abrazaron y quedaron amigos y con parecer y beneplácito del gran Carrazco [….]
Como sabemos el tema de la justa paga volverá a surgir (en el Cap. 2, 28 analizado anteriormente) porque Sancho aceptó las condiciones de DQ aquí en contra de su voluntad, sólo para que éste no eligiera a otro escudero con el cual seguir sus andanzas.
Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia. © Myriam Goldenberg.