Sunday, March 13, 2016

Hacerse a la mar - 2


Amanecía y todo estaba ya preparado para zarpar  este primer día de primavera en que el sol irradiaba cálidos rayos y el aire traía la fragancia de las flores recién abiertas. Salíamos al mar y yo estaba feliz. Carlos, mi compañero de aventuras, mi amigo inseparable, el único capaz de entender mi naturaleza  indómita y la necesidad mía tan profunda, tan sincera, tan grande de recorrer mundos, había decidido que era ya hora de emprender un viaje, así que salimos a navegar desde el Puerto de Katakolo hacia el de  Samos en donde hicimos una parada de dos días  para visitar a unos amigos y luego  al tercero,  embarcamos  hacia Balat,   Analolia, y yo, la verdad sea dicha,  no cabía en mi de alegría.  Tocamos, por fin,  puerto y menos mal, porque el oleaje había sido  salvaje y  la embarcación se había movido mucho, como un barquito de juguete en las anchas olas que el viento levantaba peligrosamente y en un momento, temí lo peor, pero ya estábamos en tierra firme, a salvo.  Al descender,  Carlos me  acarició con el mismo cariño de siempre, me ensilló y partimos a pleno galope hacia los Montes Tauro para cruzar por las Puertas Cilícias, las mismas que sintieron antes los pasos de Alejandro Magno y Pablo de Tarso.


14 comments:

Ele Bergón said...

Cuando se empieza un viaje, no se sabe qué puede pasar,pero lo más importante siempre es volver y poderlo contar. Si además se cuenta con la compañía de alguien querido, mejor que mejor, para juntos poderlo recordar.

Besos

sabores compartidos said...

Uhmmm creo que ha sido un buen relato desde la perspectiva de ese caballo que tiene un alma indómita y que gracias a ese viaje pudo dejar que su espiritu se serenase, aunque solo fuera durante la travesía.
Me ha gustado el relato.
un besote

Emilio Manuel said...

¿No os encontrasteis mientras navegabais ninguna barca de goma con refugiados?, por ahí hay muchos, tampoco es raro de encontrar cuerpos flotando, lo hubiera incluido en el relato.

Saludos

manouche said...

Deseo que perdura tu vida de sueno !

Cayetano Gea said...

Nadie sospecharía hasta el final del relato que quien narra en primera persona es un inteligente caballo.
Un saludo, Myriam.

Manuel López Paz said...

Sorprendente final Myriam. Me ha gustado mucho...

Besote

María Luz Evangelio said...

¡Qué hermoso Myriam! Nunca hubiese imaginado el final. Los enlaces del relato son un maravilla.

Genín said...

Eso de "me ensilló" no me queda nada claro... :)
Salud y besitos

Ambar said...

Me ha pasado lo mismo que a Cayetano, hasta el final del relato no me he dado cuenta de que el ser indómito con necesidad de recorrer mundos, era un caballo. Me ha gustado mucho.
Besos Myriam

Mari-Pi-R said...

Eres sorprendente, pues mira por donde has salido con tu final.
Un abrazo.

María said...

jaja pues sí, este tipo de relatos son perfectos para pilar in fraganti a todos los que te comentan si haberte leído jajaja mi querida yegua ... jaja ya decía yo, qué ímpetu... vaya espíritu indómito se le ha despertado a nuestra MYR jaja .. claro que podría haber sido a un mero personaje .. en fin, son geniales tus toques de humor preciosa!

Se lo van a pasar pipa tus nietas con tus historias ;)

Un beso gigaaante y dos terrones de azúcar jaja

Katy Sánchez said...

Genial relato. Me encanta ese Carlos que trata tan bien a su caballo, que este casi casi puede soñar con ser libre y trotar feliz con un dueño así. Muy bien contado. Bss

Pedro Ojeda Escudero said...

Una hermosa escena mítica, Myriam.
Besos.

Maripaz said...

Que buen relato, Myriam. Ese espíritu indómito, me ha cautivado.