Wednesday, March 23, 2016

"Andarás perdido por el mundo" de Oscar Esquivias: "El arpa eólica", un joven estudiante esbelto como un gladiolo, el relato de un viejo afinador de piano homosexual y algo de aquelarre




Ya he contando antes que no canto por  muy desafinada, culpa de la profe de música   de primaria que me obligó un día a cantarle a la clase, ¡con la vergüenza que  tal cosa  me daba!."¡Goldenberg!" me dijo abriendo la boca como un bacalao "a ver si es voz  primera  o  segunda" .... del susto que yo tenía y la vergüenza que el hecho de pararme frente a la clase me daba,  caí en voz quinta, que no había para niñas,  algo así  más bajo que un barítono, o sea, bajo, bien bajo, digamos que de Ultratumba, "¡Goldenberg!"   volviéndose hacia mí graznó como un cuervo, ahora  ¡Tiene cero!"  "¿Cero?" pregunté casi tartamudeando, "Sí, Goldenberg, cero ¿ve?"  y señalando con el dedo marcó la forma de sus labios de bacalao  abiertos. Desde entonces, Goldenberg o sea yo, leyó, leí o  leímos, durante las horas de clase, historia y teoría de la música, biografías de músicos y pentagramas varios (sin llegar a partituras completas)  como ese de la Marcha Turca de Mozart, la misma que seguro el loro de Don Perfecto Reboiras (de La Saga/fuga de J.B. de Don Torrente Ballester), entonaba mejor que yo, que ya no cantaba,  ni volví a cantar jamás; exonerada por siempre de sumarme a algún coro.  Por eso, cuando llegue al cuento Nro 14 de Oscar Esquivias "El arpa eólica",   ambientado en  el romántico París de finales  de 1823,  me chisporrotearon los ojos de alegría porque la vida de Héctor Berlioz (comp.  fr. 1803-1869) es fascinante. Este cuento formó parte de Steampunkt: Antología retrofuturista (Ed. Feliz Palma; Fábulas Albión, 2012).   Al leerlo, me trajo reminiscencias torrenteanas ballesterosas  ¿Recuerdan mis compañeros de lectura a Don Torcuato del Rio  cuando desde el Balcón del ayuntamiento  proclamó el Cantón Federal  e Independiente de Castroforte del Batalla? ¿Y el homenaje Tubular con el concierto de humos multicolores?   ¿Y cómo iba creciendo su artilugio  con tres tubos cada año? ¿O cuando a la mitad del andante Cantabile los de La Tabla Redonda no pudieron aguantar más y penetraron en la casa hallando a Don Torcuato sentado en un alto taburete,  con la chistera puesta, mano y pies accionando un sistema complicado de cuerdas y palancas que movía con agilidad de organista, mientras que su cuerpo entero marcaba el ritmo? ¿Y cuando les explicó que aquellas cuerdas actuaban sobre un sistema de tapas de pucheros instalados en el sótano, en los que se producían químicamente humos de los colores fundamentales,  y que la cosa consistía en tapar y destapar siguiendo  la inspiración del momento? Más adelante  verán porque.

Con gran maestría,  ironía y humor Oscar Esquivias  mezcla realidad y ficción en un relato desopilante  de principio a fin  en que  se ríe de todo, hasta  de la estética pasional y tenebrosa del romanticismo:

 "Después de esta escena en el cementerio, podría completar mi cuadro romántico con nuevas pinceladas y asegurar que desencadenó una tormenta eléctrica sobre París mientras un tenebroso carruaje nos traslada a Madame Rusconi ( fiambre inventado que había sido cantante de ópera al que Berlioz hace desenterrar y sustrae del cementerio para recuperar su voz usando sus artilugios instrumentales) al señor Cherubini (florentino, personaje  real, director del Conservatorio, mañoso, alérgico a todo, de corazón noble  y maravilloso compositor, aunque de mal carácter, inflexible y  con capacidad para corporizarse por dónde menos se lo espera, sigiloso casi con el don de traspasar paredes o por el contrario, de anunciar su presencia con potentes estornudos como salva de artilleria)  a Berlioz (de 20 años, el  esbelto gladiolo demasiado abotonado)  y a mi (el viejo relator afinador homo  Maurice Pons, personaje ficticio) hacia el barrio de la Sorbona.  Se desataron grandes ventoleras; truenos y relámpagos cerraron  el cielo, las fachadas torvas se iluminaron con cada exhalación. Un cortejo de gatos negros, lechuzas, ratas cornejas y murciélagos precedió nuestra marcha. El cochero prorrumpía en blasfemias  y horrísonas carcajadas cada vez que hacía restallar el látigo. Los sepultureros se bebieron todo el dinero que el joven Berlioz les había entregado y después ultrajaron a las novicias del convento de la Adoración Perpetua, sin embargo, mentiría si escribiera tales cosas pues no sucedió nada de esto".

El relator ficticio del cuento es  el anciano  afinador de pianos, músico frustrado,  con "invariable amor por la juventud" que  nunca  ha negado "protección a aquellos muchachos que, indefensos cual gorriones, vienen a París a buscar fortuna, pese a que suelen ser veleidosos e ingratos" nos introduce de  forma muy gráfica y sucinta (al tiempo que  hace referencia a sus  fantasías homosexuales)    al protagonista  como "a un joven  estudiante esbelto como un gladiolo y demasiado abotonado" por el que ha sido indefectiblemente cautivado (y  firmemente rechazado) una descripción certera, por cuanto el compositor  Hector Berlioz  ha sido caricaturizado así:



 En el  fantástico supuesto encuentro entre el Señor Luigi Cherubini y  Héctor Berlioz, Oscar Esquivias, en  unas pocas pinceladas nos presenta  la personalidad de Berlioz de manera sorprendente y, para mi, adorable: Exagera los rasgos megalómanos del joven  y virtuoso Berlioz hasta el paroxismo, pone en evidencia su  amor-pasión por la música,  su genialidad y la idea grandilocuente  que muy probablemente  el propio  y real  Berlioz guardaba  de sí mismo que "ajeno a todo"  "ni siquiera se inmutó cuando el señor Cherubini (al que todos los alumnos del Conservatorio temían y respetaban) avanzó a trancos hacia él, dando grandes pisotones sobre la tarima, y se situó a sus espaldas",  "absorto" como estaba "en su labor de escribir música".   Lo que en realidad el verdadero Berlioz habría estado escribiendo para presentar a su profesor Lesueur  sería, en todo caso,  La Misa solemne  que Héctor Berlioz  compuso  en 1824,  a sus imberbes 20  años,  y que  estrenó al año siguiente  en 1825 en la Iglesia La Roche y presentó dos años después  en la Iglesia de Santa Eustaquia:






 Esta temprana  virtuosidad y originalidad  de Berlioz le valió el   comentario  de su maestro Lesueur: "Ud. no va a ser ni médico ni farmaceuta sino un gran compositor, porque Ud. es un genio. Esta es la pura verdad".  Pero Oscar Esquivias aquí, en cambio,  nos pasea  en un dialogo jocoso entre Director y estudiante,  por el corto oratorio "El paso  por el mar Rojo" que Berlioz, el verdadero, compuso, creo , allá  por 1850; un diálogo en el que uno puede llegar a destornillarse de risa con El faraón cantando en un latin glu, glu, glusiado, mientras se va ahogando  en el Mar Rojo. Y la sorpresa de Cherubini , en este relato, al observar que  Berlioz utiliza "cuatro solistas, una orquesta generosa y doble coro".

A propósito de esto existe una anécdota real: El rey de Prusia había oído que Berlioz componía para orquestas de 500 hombres pero Berlioz le respondió al ser interrogado por este al respecto "Su majestad se  equivoca completamente, pero a veces escribo para 480"

No todo el mundo comprendía a Berlioz, el  verdadero,  como  lo hacía su maestro Lesueur, Rossini  -que pasó unos años en Paris-  o Cherubini, por ejemplo, no lo hacían y Esquivias lo resalta en el diálogo que su Berlioz mantiene con  su Cherubini que le pregunta sorprendido  su edad y si estaba  componiendo una cantata,  a lo que Berlioz le responde que un oratorio, "El paso por el mar rojo"; al mirar las hojas  el director le critica el contrapunto, los instrumentos normales   como mandolina, órgano, y los extravagantes como  "un arpa eólica" o "el guitarrocorno" que ni siquiera sabe que es (yo tampoco, tendríamos que preguntarle a Don Torcuato del Rio o a Les Luthiers); lo mismo  critica sus conocimientos de Historia Sagrada, lo considera un modernoso jovencito  al que le dice que no caiga en extravagancias ni organice  aquelarres.  Al final  se miran ambos como dos esfinges, hasta que Berlioz "humilla la cabeza" ( menos mal, porque ya me lo veía decapitado).

Berlioz, el  de carne y hueso, hacía experimentos con instrumentos para conseguir efectos musicales inusitados  y eso  es algo que muchos caricaturizaron por ejemplo, en esta imagen y texto aquí en: La costruzione dell´armadura.

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Esquivias lo planta en  la buhardilla  del edificio en dónde vivía en la que tiene su laboratorio de artilugios musicales e incluye  un balde  con cadáveres de animales disecados. En realidad,  Berlioz tenía repulsión por la disección,  fue justamente esto lo que lo apartó definitivamente de la carrera de Medicina (al principio, trató  estudiar  medicina para cumplir con las expectativas paternas  al tiempo que estudiaba música en secreto).   Su padre  lo quería médico, como él y en un momento posterior  hasta lo apoyó con lo de la música en paralelo, pero luego  al ver como su hijo se endeudaba con La Misa Solemne, le retiró el apoyo.  En el cuento de Esquivias es el afinador quien le presta dinero. El doctor  Jean Zulema Amussat  (personaje real) era el director del Hospital de La Piedad y Berlioz , el joven de Esquivias,  va a verlo por el tema de las mensualidades que su padre le enviaba directamente a él, sospechando  que su hijo no estudiaba. Y este le propone un trabajo: el de traer al hospital cadáveres frescos para hacer autopsias, que siempre andaban necesitando.   Esta  que sigue es una carta que el verdadero Berlioz le envía al Dr Amussat, invitándolo a una ópera, años más tarde, en 1841:
                                             


 Cementerios, aquelarre y necroflia  muy a tono con los románticos: El Berlioz de Esquivias le había dicho a Cherubini  "me conmueve  la idea de que los muertos acompañen a los vivos en su peregrinar por la vida, Estoy convencido de que podemos oír la voz de los difuntos, que su presencia flota entre nosotros"  y  luego se le ocurre lo del Cementerio Pere Lachaise que comenté antes. Necrofilia-de-soprano, la ficticia  Mme Rusconni, (que bien podría tener una voz muy parecida  a la de María Callas,  del S XX,  cuyas cenizas, de hecho, reposaron en el Pere Lachaise, hasta que volaron al Egeo) ¡todo sea por la música y esa increíble voz, que sin la intervención de Berlioz,  se perdería para siempre! (En la primera mitad del Siglo XIX, recordemos,  aún no se habían inventado ni  las grabaciones ni los grabadores).


 El verdadero Berlioz  compuso en 1830, a los 27 años,  su "Sinfonía  Fantástica (aquí completa)", en la que en la música programática con observaciones del propio Berlioz,  en sus cinco movimientos tenemos  reflejadas las pasiones  desbordantes del músico en su amor hasta el momento no correspondido por la actriz Anglo-irlandesa Harriet Smithson  en el primero,  hasta el aquelarre en el quinto.  Como a ella, con quien termina casándose y separándose unos siete años después, no la conoció hasta  1827 (cuando ella viajó a Paris  para actuar en el rol de Ofelia,  en Hamlet, de Shakespeare) no entra en  este cuento, ni su posterior amor Marie  Moke, por la que el temperamental Berlioz casi  comete un disparate  monumental, pero que abandona a medio camino cuando se da cuenta de lo ridículo de  la situación;  historias  que podrían ser  otros cuentos para ser escritos por el increíble Esquivias


                              Tumba de Hector Berlioz en el Cementerio   de Montmartre.


 Oscar Esquivias: nacido en 1972, es  escritor burgalés del que ya hemos leído y analizado su  trilogía de  1- Inquietud en el Paraíso, 2- La Ciudad del Gran Rey y 3- Viene la Noche en este club de  lectura .

Notas:

Fotos de caricaturas de aquí.   La carta de aquí,  Las demás de WP.
 Fuentes: aquí  aquí , aquí y las enlazadas en el texto.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   ©Myriam Goldenberg



11 comments:

María Luz Evangelio said...

La verdad es que es un placer leerte y disfrutar de tu erudición, yo he tenido que consultar mucho la wikipedia y así he descubierto que algunos personajes son reales.
El cuento me ha resultado muy divertido y veo que a ti también. Lo de ahogarse farfullando latín es muy original y la forma de explicarlo con detalles y onomatopeyas es para reírse un buen rato.
Un placer leerte y aprender contigo.

Cayetano Gea said...

Acertada entrada. Son muchos lo que identifican romanticismo con amores pasionales y no con buenos cementerios, galernas, furiosas olas azotando los acantilados y, por supuesto, dramas personales. Lo digo por Berlioz. Y también por Espronceda, Bécquer...
Un saludo.

Mari-Pi-R said...

Dejar el canto a quienes sean dotados, a mi tampoco nunca se me ha dado.
Buen post del que haces recordar personas celebres de la música.
Que tengas una buena Pascua.

Genín said...

Yo tomo buena nota mental, me siento interesado, mucho... :)
Besos y salud

Pedro Ojeda Escudero said...

Leo y disfruto: de tu entrada, que deja bien clara esa magnífica forma de tratar la música y a los músicos, una constante del autor. Música que siempre es parte de la forma de entender el mundo de los personajes y que vertebra la estructura de alguno de sus cuentos.
Qué maravilla.
Besos.

Manuel López Paz said...

He leído tu entrada ahora...Ayer estaba de guardia (espero por el cambio)

La música me gusta, pero tengo dos oídos derechos (o izquierdo según se vea)...Como refieren antes, muchas veces, la música estructura el relato. Y hace que se disfrute mucho la lectura.

Besos. Ayer fue la fiesta del Purim. Felicidades

Abejita de la Vega said...

Hay profes que matan la ilusión de los alumnos. Pero a ti no te quitó la curiosidad en torno al mundo de la música. Se nota que tienes una buena cultura musical.
Yo también me acordé de las locuras tubulares de aquel personaje de la Saga Fuga. Como también me acuerdo del doctor Frankestein, el Berlioz tiene un poco de él. Aparte de ser un genio, que lo era. ¡Veinte años!

Besos Myriam

María del Carmen Ugarte García said...

Una de las ventajas de seguir a Óscar en las redes sociales es que te mantiene al día de las novedades musicales tanto como de las literarias. Es un auténtico dos por uno.

Óscar Esquivias said...

En el cuento "El misterio de la Encarnación" se cita un "spectre de la rose berlioziano". Se refiere a la canción que te enlazo aquí, querida Myriam, como regalito por tus generosas palabras sobre el relato de Berlioz (me alegra mucho que te haya gustado y divertido). Es una grabación ya antigua (bueno, de 1972, el año que nací yo... Ay, creo que me acabo de llamar a mí mismo "antiguo". El caso es que canta Janet Baker, que es una artista maravillosa). Espero que te guste y mil gracias por tus comentarios. https://www.youtube.com/watch?v=kJzvqX_phcE

Myriam said...

Muchas gracias, Oscar, ¡muy linda, no la conocia!

Besos

Ele Bergón said...

Ya he terminado de leer los cuentos de Andarás perdido.. y este último, creo que es demasiado romántico, no obstante tu visión, me hace plantearme el volverlo a leer. Mi minicuento lo había enlazado con el poeta Cloleridge y su poema " El arpa eólica" y con tu paisano Borges y su relato " El sueño de Cloredidge". De la música me he ido a la poesía, al fin y al cabo no me he desviado tanto puesto que yo las considero hermanas.

Un abrazo

Luz