Saturday, January 28, 2017

Hacerse a la mar - 5, o los amores de Belisario y Antonina, o los de Teodora y Justiniano, Siglo VI, o la envidia de mi hermano Procopius (2)


Viene de aquí




¡Cómo recuerdo ésta, mi primera travesía! (1): El día era soleado y los vientos propicios traían consigo  el olor a salitre;  el contramaestre  impaciente y alerta   esperaba la orden de su comandante, el general  Belisario para  levar anclas y zarpar del puerto de  Constantinopla con dirección a Siracusa, en Sicilia,  y luego a  Cartago, Norte de África, en la campaña contra Guelimer, Rey -usurpador (2)- de  los Vándalos,  ordenada por el Emperador Justiniano I, el año era  532  y ya habían  sucedido las revueltas de Nika en la Capital del Imperio (que casi le cuestan el trono, de las que hablaré en otro momento). Esta sería la primera guerra de reconquista de los territorios del Imperio Romano de Occidente que habían caído en poder de los bárbaros, misión que nuestro emperador  consideraba sagrada. Con una flota de 17.000 mercenarios -10.000 de infantería y  de entre 5 y 7.000  de caballería- todo cargado, desplegadas  las  tres latinas -que así se llamaban las velas-  y tensa, muy tensa,  toda  la jarcia muerta;   los remeros -robustos esclavos- distribuidos en una  fila  de veinticinco hombres a babor y 25 a estribor,  remaban al compás del tambor Taaam- taaam - tam tam;  en formación  nos seguía el resto de la flota imperial.   El   cómitre  caminaba por la crujía los  más o menos 40 metros  de popa a proa  y viceversa, asegurándose de que todo estuviera  en orden y de que los remeros se dejaran, en efecto,  el lomo en cada palada. Belisario en la Popa, en su Skené -carpa- descansaba unos minutos sobre su litera de la ciática  que inmisericorde lo aguijoneaba desde la cintura y le recorría toda la pierna derecha como una maldita corriente eléctrica;  apuró unos sorbos de vino de Modona y   estimulado por el calor del vino y los masajes  que Antonina, su mujer, le hacía con grasa de castor mezclada con raíz de jengibre y  pesuñas de cabra molidas, medio  entre  enfurruñado  y beodo  con vehemencia clamó: "¡A tomar por  culo la Paz Perpetua conseguida por Genserico con nosotros,   los romanoi,  en 474",   (Este rey  vándalo fue bisabuelo del actual, al que Belisario  tenía entre ceja y ceja y deseaba tanto encadenar). 





Bitácora de a bordo:  Septiembre 13 de 533, Batalla de Ad Decimum, victoria del Ultimus Romanorum, Comandante Supremo  de todas las fuerzas de Oriente del Emperador Justiniano: El General Flavio Belisarius, acompañado de su esposa Antonina, sus cronistas de abordo oficiales -y no oficiales, como la que esto escribe-,   sus  50 remeros,   soldados, etc, etc etc,  en su  dromón  y el resto de la flota, desembarcaron en Caputvada, en  las costas de África, como 18 km al sur de Cartago (3). El rey Guelimer ante el  inminente ataque romano decidió dividir sus fuerzas (unas 11.000 en total),  una parte  comandadas por su sobrino y otras por su hermano. El hermano muere en batalla, el sobrino no logra encerrar las tropas romanas por los flancos. La carnicería es feroz y los vándalos se desbandan. Guelimer abadona Cartago   que, huérfana,  se rinde y Belisario  y Antonina se sientan muy orondos en el trono  de dicha ciudad. La victoria definitiva, empero, la obtuvo  Belisario en la Batalla de Tricamarum casi 4 meses después,  en la que este persiguió a Guelimer hasta  la ciudad de Hipona, en Numidia -la misma de san Agustín -(4) en donde lo capturó y de paso, ya que estamos, se hizo con la ciudad y sus tesoros. Este fue el tristísimo fin del reino vándalo, cuya historia resumida, para evitar cansar a mis lectores, he relatado obviando  detalles de como me trataban mis compañeros y de cuanto hube de maquinar industrias para que no descubrieran mi condición de mujer en medio de tal marea de pitos, remos y flautas. 


Belisario y Antonina regresaron a Constantinopla con el tesoro vándalo y Guelimer encadenado, tapando de paso la boca de todos sus enemigos que gran envidia le profesaban y en su ausencia habían tramado, por todos los medios, desprestigiarlo. El desfile fue  Triunfal y Belisario recibió  de manos del mismísimo Emperador Justiniano su tan bien merecido Triunfo, quien regocijado quedó con tanto tesoro y reo apresado. Y la Emperatriz, aún más.



Flavius Belisarius


 Continuará  y en la próxima, les hablaré de mi emperador y su mujer.


 Notas:

(1) Relata Procopina de Cesarea: personaje ficticio  creado por mi como contrapunto a Procopio de Cesarea.
(2) Guelimer usurpó el trono a  su primo Hilderico
(3) Actual Tunes
(4) Actual Algeria. 






10 comments:

Cayetano Gea said...

Ameno y divertido pasaje histórico, recreado por ese personaje inventado, tan creíble por otra parte.
Un abrazo, Myriam.

Ildefonso Robledo said...

Que tiempos aquellos en que Cordoba pertenecía a Bizancio... Nadie, por aquí, sabe ya esas cosas...

andre de ártabro said...

Hermoso recorrido e interesantes vivencias
Besos
>André

Ester said...

Un paseo por las historias, en plural, ameno y entretenido. Un abrazo

Genín said...

Me encanta echarle un vistazo a la Historia de vez en cuando... :)
Besos y salud

Manuel López Paz said...

Un rigor histórico, que este personaje cuenta...Como me gusta mucho esa forma de contar la historia.

Besote guapa

Abejita de la Vega said...

Difícil travesía la de nuestra heroína, ocultando su femenina condición.
Los vándalos vivían también en Vandalia, Vandalucia, Andalucia, Al Andalus. Los españoles tenemos algo de vándalos, en el buen sentido.
Besos, Myriam. Sigo a Procopina.

Katy Sánchez said...

Un post magníficamente trabajado y ameno. Muchas gracias por pasar por mi espacio. Retomando un poco también esto de los post.
Bss

Pilar V said...

Me ha encantado perderme en esta travesía,
un saludo

Kasioles said...

Una historia que engancha, la has hilvanada magníficamente y me has tenido atenta hasta el final.
Ha sido un placer venir a visitarte.
Cariños en abrazos.
kasioles