Wednesday, May 13, 2015

Entre el tú eres y el yo soy, en "Sefarad" de Antonio Muñoz Molina

                                                                                   (foto mía)


“No eres una sola persona y no tienes una sola historia, y ni tu cara ni tu oficio ni las demás  circunstancias de tu  vida pasada o presente permanecen invariables. El pasado se mueve y los espejos son imprevisibles. Cada mañana despiertas creyendo ser el mismo que la noche anterior y reconociendo en el espejo una cara idéntica, pero  a veces en el sueño te han trastornado jirones crueles de dolor o pasiones antiguas que dan a la mañana una luz ligeramente turbia, y esa cara  que parece la misma está cambiando siempre, modificada  a cada minuto por el tiempo, como una concha por el roce de la arena y los golpes  y sales del mar. A cada instante, aunque te mantengas inmóvil, estás cambiando de lugar y de tiempo gracias a infinitesimales descargas químicas en las que consisten tu imaginación y tu conciencia” (P375).

No lo soy, no soy la misma ni tengo una  misma historia, mi pasado  se ha ido acomodando por los rincones añejos de mi memoria en los que en paz reposa ahora y esas noches con sueños trastornados y girones de dolor han quedado, de momento atrás. Han sido muchos años de múltiples destierros, múltiples vidas, múltiples aprendizajes  en un peregrinar por el mundo sin destino fijo, pero siempre creciendo.   De momento, digo, han quedado atrás,  y por ello doy gracias a la Vida, porque nunca sabemos que nos depara el futuro y si tengo que empacar de nuevo a un viaje sin retorno. Aunque, es cierto,  el equipaje  es muy liviano: no cargo más peso que el de mi conciencia (y mis documentos y algo de dinero), sabiendo que siempre he sido fiel a mis principios y he respondido cuando he sido llamada, nunca he negado ayuda. Hoy,  puedo penetrar en ese laberinto de espejos  y llegar al fondo de mi misma, sin miedo, porque sé que Yo Soy la que Soy y  la Serenidad crece, finalmente, en mí. Y sin embargo, otros pueden llegar y decirme que no soy yo quien creo ser, sino lo que ellos me señalan y puede que me  quieran obligar  también a usar un distintivo.   Alguien  me dijo una vez que si el antisemitismo no hubiera existido, la mayoría de judíos poco o nada religiosos  nos hubiéramos ido asimilando, tanto como lo estaba Hans Meyer en Austria, Hans Meyer –que luego y por siempre, se llamó Jean Améry- a quien los Nazis detuvieron en mayo de 1943 o como  lo estaba Primo Levy en Italia,  detenido unos meses después.  Ninguno de ellos era religioso.   Hans Meyer y  Primo Levy -como infinidad de otros  en Europa- fueron  marcados como “Jude” con una estrella amarilla  a partir de las ignominiosas leyes nazis de Nuremberg de 1935 -más aún después de la invasión alemana  en Polonia en 1939 y por decreto firmado,  desde el 19 de Sept de 1941, el mismo día en  el que en el frente ruso  comenzaba el sitio de Leningrado- y les fue tatuado  a Hans Meyer y a Primo Levy  un número en un brazo  después de internados en los Campos de Exterminio, entonces  supieron  que no eran lo que habían creído ser, sino lo que otros habían decretado que serían. Ellos, como tantos otros que dejaron de Ser en esos campos.   Por eso,  entre el Tú eres y el Yo soy,  siempre debe existir el Nosotros, siendo como somos todos hijos de la Madre Tierra.



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de 

Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   ©Myriam Goldenberg



Notas:  

Citas del texto en color verde, enlaces en color azul.

Antonio Muñoz Molina, "Sefarad", Ed. Círculo de Lectores S.A. Barcelona, España, 2001





10 comments:

Tracy said...

Me encanta Muñoz Molina, pero esta obra no la conozco, me imagino que será interesante como todo lo que hace este autor.

roxana said...

Me encanto!!!!! Tu ensayo. Excelente. Te felicito! Un Besote grande!

Genín said...

Es algo terrible que un semejante decrete para quienes el elija, no SER...
Besos y salud

Ele Bergón said...

Se nota que este libro te ha llegado muy dentro, a ese yo interno que ya has descubierto, en ti.

Como al resto de tus comentaristas, me han encantado tus palabras.

Un abrazo

Bertha said...

Y gracias que tu pasado lo has ido acomodando en esos rincones de tu memoria...Cuando de niña escuchaba a mis abuelos que eran maestros contar los sobresaltos e injusticias y sobre todo como bien apuntas esa forma de manipular a las personas por ser de una creencia o simplemente por nacer en una región.Estoy contigo a lo largo de la vida cada vez el equipaje tiene que ser más ligero y sobre todo esa conciencia que es, lo que nadie nos puede arrebatar.

Una reflexión preciosa y un buen soporte para esta estupenda novela.Que aunque la he leído siempre se quedan rincones sin ver.Y gracias a esta lectura guiada los estoy viendo y disfrutando.Muchas gracias a todos y al profe que debe de estar con una sonrisa de oreja a oreja:)

Un fuerte abrazo viajera.

Manuel López Paz said...

No ser...no existir...Solo por decreto...Y a discreción...Terrible

Besote guapa

Boris Estebitan said...

Todos somos hijos de la tierra, gran post.

Pedro Ojeda Escudero said...

Estoy totalment de acuerdo con el tono y el pensamiento de esta entrada tuya, Myriam.
En efecto, dentro de nuestro yo siempre hay un nosotros al que debemos dar testimonio.
Besos y gracias.

María del Carmen Ugarte García said...

Fundirse con la lectura, con los personajes, encontrar tanto de los otros en nosotros.

Myriam said...

María del Carmen: Bienvenida a mi blog y muchas gracias por tu comentario. Saludos