Monday, June 24, 2013

Malababa va de víctima, relato



 La tía Carlota, como era conocida en el pueblo, tenía una sobrina  que vivía con ella a la que  todos apodaban Malababa, una niña flacucha y desgarbada de 10 años a la que no le gustaba ir al colegio,  estudiaba poco,  leía menos; siempre convencida de que la cultura era dañina, se burlaba de  sus maestros que no cejaban en el intento de sembrar en ella semillas, con la esperanza de que algún día,  germinaran. En sus compañeros solo buscaba, la niña,  adulación a sus necedades, porque era necia, re-necia y se jactaba siempre de su ignorancia,  que esgrimía como estandarte, pavoneándola por doquier. Cuando alguien le decía alguna que otra verdad, carente de la menor autocrítica,  se enojaba y despotricaba, echaba espuma por la boca y chispas de odio brillaban en sus ojitos negros como el carbón y luego, optaba por hacerse la  víctima, proclamando su dolor, su  inocencia, sus bondades, esgrimiendo su estandarte, buscando la complacencia y de nuevo, la adulación.  Por eso, todos cansados de ella, la apodaban Malababa.

Un buen dia llegó  la tía más temprano al colegio a buscarla. 
_ Ha llegao al pueblo una seño, una dotora,  para ayudarte a que te apañes mejo´ en la e´cuela, así tendrás mejo´ posibilidades que yo, que no pude estudia´.
La niña que estaba "en Babia", se encogió de hombros, pero  marchó, por una vez,  a casa con su tía sin protestar. 

En el salón  la esperaba una  mujer muy diplomada en  Ciencias  de la  Psicopedagogía, que había venido de lejos a entrevistarla (como a otros niños),  con el objetivo de que mejorara en la escuela, entendiendo lo que le pasaba y proponiendo un camino para abrir su mente y deseo de superación.
 - Josefina Roviralta, porque así te llamas ¿verdad?
Asintió la niña, tímidamente,  con la cabeza  al tiempo que abría  los ojos  como  dos platos, extrañada de oír su nombre, acostumbrada como estaba  al apodo que le habían puesto, porque en el pueblo, era costumbre ponerlos  a todas las gentes y a ella le había tocado éste, bien ganado además, que - a decir verdad- prefería al  de "Espiguete"  o al de "Media-pata", que eran otros de los que por allí  circulaban. Tuvieron más de una charla.  Nada ayudó. Los bostezos de la niña de grandes, ocupaban toda la habitación. Malababa haciendo honor a su hipocorístico, siguió destilando  malas babas, burlándose de aquel que leía, porque ella -decía- no necesitaba aprender, crecer, superarse;  se bastaba a sí misma como venía y era mejor que cualquiera, pero eso sí,  no dejaba de clamar: _  ¡ay de mi! ¡qué mal, qué mal, me trata la vida!

15 comments:

andré de ártabro said...

¡Me gusta , espero que continúe! ¡A ver que fue y en que terminó malababa!
Besos

manouche said...

Ay tantos de malababas y de malabobos que dan culpa a los otros, a la mala suerte,de sus proprias carencias...

Bertha said...

...de esas y esos "malababa" hay unos cuantitos.Su ley es...Mínimo esfuerzo, derechos, pero...no obligaciones.

Un abrazo Miryam.

Aristos Veyrud said...

Ja ja ja buen caso has puesto Myr. El engreimiento suele ser una faceta de los mecanismos de autodefensa dependientes de la agresión colectiva o el tan mentado bullying o acoso en cualquiera de sus ámbitos. Puede derivar en megalomanía o narcisismo mórbido o en su defecto en autohumillación crónica y hasta el suicidio. Los cuadros similares a los de la historia presentada, son de fácil tratamiento en ambientes donde hay algún nivel de educación y formación en el entorno de quien padece el problema. Claro que el profesional de psicología ha de realizar el exhaustivo examen de rigor para diagnosticar y así emprender la terapia respectiva. Hay un dato importante que recoge la narración y es que la niña en este caso parece que asume el ansia de superación de la adulta que es su tutora y tía, todo un drama que la niña enfrenta y que puede ser que haya escogido este medio de comportamiento para enfrentarlo y solucionarlo a su modo. Aquí la profesional que inicia su tratamiento ha de emplearse a fondo para resarcir las potencialidades de autoestima, suplantadas en este caso por las de autosobrestima, y buscar el equilibrio mediante algún talento de la niña, que sería su "tabla de salvación"
Bueno no juego más de Dr Freud ja ja ja.
Besos querida Myr!!!

Javier Rodríguez Albuquerque said...

¡Qué cómodo es lamentarse y darse pena de uno mismo!
Un beso.

Pamisola said...

Es una buena estratagema ir de víctima por la vida. Supongo que para ti es un caso clínico, de los que hay muchos por ahí.
Me ha gustado tu relato.

Besos.

Abejita de la Vega said...

Conozco alguna que otra Malababa. Y Malababa en masculino, también. Eso de sentirse orgullosa de su incultura...ocurre, y es extraño. ¿O no tanto?

Disculpa, no fue mi intención ofender a nadie ni que nadie se sintiera ofendido.

Taty Cascada said...

Mi querida Myriam:
¡Qué fácil es quejarse y no trabajar para surgir!. La vida es un amplio sendero de posibilidades; pero se debe luchar por alcanzarlas. Si esa pequeña comprendiera que se debe trabajar para lograr objetivos, sería todo tan diferente.
Besitos y abrazos todos.

Mariluz G H said...

jejeje "malababa" qué bien puesto el apodo. Y ahora a esperar el siguiente capítulo... porque lo hay ¿verdad? :)

Un abrazo

De barro y luz said...

El apodo, promete :)
Ya tengo ganas de leer la segunda parte :)


Bss

Prunus said...

Bueno...habría que ver porqué a Malababa le compensa más ir de victima que no hacerlo.
En general, uno se adapta a lo que mas le funciona...

Se que es un relato, por supuesto, pero que la persona que se supone debe responsabilizarse de tí permita que se te llame "Malababa" y además utilice este apodo como nombre hasta el punto de que la protagonista no reconozca el suyo propio, ya denota como es vista y como ha sido vista y tratada toda su vida ¿Es tan extraño que se comporte así?

¿Cómo y porqué llega uno a considerar que no vale la pena luchar? Pero supongo que ahí tú tienes mas respuestas que yo.

A veces uno no lucha porque no sabe que puede luchar. Y no solo hay que saber que se puede luchar, hay que saber cómo. Y tambien que algunas batallas se perderán.

Ciertos patrones mentales son respuestas adaptativas. Cambiarlos no es tan fácil. Se ve fácil desde fuera, cuando uno es capaz de pensar correctamente. Pero la personas que los desarrolla no es capaz de pensar correctamente.

En mi opinión, tratar de que una persona con un patrón de conducta distorsionado se comporte "normalmente" es lo mismo que pretender que una persona
que no sabe leer, escriba.

Simplemente, no puede. Y además no sabe que puede aprender.

guillermo elt said...

No hay "Malasbabas"... hay malos educadores, malas experiencias, costumbres adquiridas... malas historias...

Besicos muchosssss

LA ZARZAMORA said...

A ver si alguien recupera a esta pobre nenita, y así deja de lamentarse y aprende, y llega a ser una gran mujer...
Aunque lo que me extraña es que no tenga amiguitos, si ahora ser bruto e ignorante está a la orden el día y encima se aplauden entre sí.

Besos, Myr.

Pedro Ojeda Escudero said...

Algunos siembran su propia desgracia futura. Qué poco se puede hacer, entonces.
Besos.

Paco Cuesta said...

El exceso de suficiencia presenta al mundo como enemigo.
Un abrazo