Friday, March 18, 2011

El herrero.



Era un dia de esos que a veces es mejor no recordar. Tórrido, polvoriento, seco. Muy seco. El sol despiadado lanzaba sus rayos como bocanadas de fuego ya desde temprano. Raimundo, el herrero, estaba forjando en su bigornia el hierro para las herraduras de los caballos del Sr de Torremolinos. La fragua ardía y el sudor corría por su frente, cuello, pecho y espalda, tanto que el paño de su camisa se pegaba a la espalda como una sopapa. Hizo una pausa, bebió a grandes tragos del agua que llevaba en la bota de cuero. Se secó con el brazo el sudor de la cara y resoplando se acercó a la hornacha en la que tiró de la cuerda del fuelle para animar el fuego.

Su vida - y su condena - se resumía a aquel taller en el que pasaba día tras día, desde la alborada hasta el anochecer. ¿Cuántas veces había estado ahi avivando el fuego? Fijó su vista cansada en las extrañas formas que dibujaban las llamas; formas que de tanto observar le comenzaron a resultar familiares. Sintió un sofoco y emitió un dejo gutural parecido al quejido de un animal herido. Se sentó pesadamente en la banqueta, escondiendo su cabeza entre sus nudosas y arrugadas manos y estalló en zollosos. Las llamas continuaban con su danza siniestra dibujando la silueta de su amada. Inesperadamente, se levantó un fuerte viento que parecía rugir "¡Ven, Raimundo!" "Veeeeeeeen Raimunnnnnndo!". El viejo herrero atontado, semiposeso y dolorido, siguió con pasos pesados, lentos , al sonido que lo llamaba cada vez más fuerte hacia la curva de la quebrada, en el rio, mortaja de su amada.

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Foto: mía

18 comments:

Doña Bostezos said...

Que triste..no solo por la perdida de le esposa, eso es algo natural el perder a alguien..yo pienso que mas triste es pasar toda una vida en lo mismo..día a día trabajando para otros sin tomarse un poco de tiempo para vivir..
Besitos..

jg riobò said...

Oficio antiguo muy relacionado con la familia de mi mujer.

Fernando López Fernández said...

Fantástico aunque triste Myriam. De lo cotidiano has hecho un precios relato que da mucho que pensar.
Un beso y feliz fin de

Asun said...

Triste vida la de Raimundo, condenado a esa fragua y habiendo perdido a su amada.

¡Cuantos Raimundos hay!

Un beso

José Antonio del Pozo said...

Y sin embargo, Myriam, hay en esa casa del herrero, en su taller hay vida acumulada, esfuerzo, oficio, destreza, incandescencia, por más que no deje escucharse una pena interior, ese fuego, el color de su llama, la lengua de su llamada es magnética, nos centrifuga un poco en torno suyo, pero eso es mérito tuyo, de tu escritura, Myriam. Saludos blogueros

Aristos Veyrud said...

Parece que el relato contiene una gran culpa o trauma del herrero, pues cuando escucha y ve la forma de la amada no se alegra, como tampoco lo alegra su oficio.
Abrazos Myr!!!

Hada Saltarina said...

Uyyyy, qué triste!!! No hay que dejarse poseer por ninguna voz que conduzca a la locura.

Besos

Manuel de la Rosa -tuccitano- said...

hay quien de nuestro trabajo hacemos nuestra tumba...

Catalina Zentner said...

Una historia triste, aunque vívida y real.

Abrazos,

Janeth said...

Amiga mia, no te conocia esas artes, que bonito escribes!!!

Una hermosa historia, el trabajo del herrero seguro ya no era lo mismo luego que se quedo solo, la vida esta hecha para compartir y la soledad infringida resulta muy triste en la vida de los viejos...

Belkis said...

Una historia muy triste, pero bellamente hilvanada. Hay tantos Raimundos por el mundo a los que la rutina, y la apatía les mantiene en un sin vivir y si a ello le sumamos la pérdida del amor, no creo que queda más dolor.
Desconocía esta faceta tuya. Te ha quedado de perlas.
Besitos mi niña grande.

saltar del tren said...

Me gustó la historia, me pareció un relato para reflexionar. Pero lo que más más me gustó: fue la foto. Me encantó!!
un abrazo

Merche Pallarés said...

Ay, me ha recordado al libro de mi tía... La foto, estupenda. Besotes, M.

Aldabra said...

Bonita foto para ilustrar una profesión muy dura. Un fragmento muy interesante, ¿a qué todo pertenece? Biquiños,

virgi said...

El último herrero que ví fue hace muchos años. Un oficio precioso.
Un abrazo.

Aldabra said...

Bonita foto para ilustrar una profesión muy dura. Un fragmento muy interesante, ¿a qué todo pertenece? Biquiños,

Angeles said...

La cotideanidad es un refugio para los que pierden al ser que aman, pero ahí están el fuego y la voz que llama.
Bellísimo Myriam.
Un gran abrazo para los "Raimundo" también.

MIMOSA said...

Un relato en el que la tristeza se conjuga con la belleza de las palabras, que nos transportan a esa fragua para ver bailar al incesante fuego que atrapa. Me ha encantado.
Un abrazo grande Myriam