Wednesday, July 26, 2017

Hacerse a la mar - 8: Napoléon estuvo aquí (o su campaña de Egipto y alrededores) y la piedra Rosetta - (3)

Primera parte aquí

Segunda parte aquí 

Bonaparte en Egipto por Jean Léon Gerome, 1863
(Montar en camello es muy difícil y cuando se empacan, se empacan más que una mula)
¿Habrá hecho Napoleón un curso acelerado de verano?


Mientras que Napoleón hacía de las suyas en la expedición para encontrar  el viejo  canal de los faraones, los otomanos -turcos de pura cepa- de Constantinopla (actual Estambul) recibieron noticias de la destrucción de la flota francesa en Abukir y creyeron  ilusamente  que esto significaba el fin de Bonaparte y su expedición, ahora atrapados en Egipto;  por lo que  el sultán Selim III decidió  atacar a  Francia en Enero de 1799,  enviando para tal fin dos ejércitos a Egipto. Uno al mando del Pasha Al-  Jazar -un bosnio apodado "el Sanguinario"- desde Damasco con 10.000 hombres  y el segundo, al mando del Pashá Mustafá, desde la isla de Rodas, con 8.000 hs a los que  se unirían más destacamentos de otras regiones del Imperio Otomano. El astuto de Napoleón,  previendo una pronta ofensiva otomana al  enterarse de que ellos habían atacado Al Arish (sobre el Mediterráneo, en el Norte del Desierto del Sinaí, actual Egipto) decidió -después de que sus neuronas bailaran una polca aragonesa y su estómago pateara ácidamente en las cuatro direcciones- que su mejor defensa era atacarlos  en Siria, así que  con trece mil hombres, unos cuantos de sus mejores generales y hasta como 86 camellos, no sé cuantos cañones y toda la caballería que pudo reunir   los  machacó -antes de que llegaran los refuerzos-,  a pesar de  que los turcos en número, eran  muchos más. 



Expedición Egipcia, por Léon Coignet , S. XIX

Después de marchar 97 kilómetros a través del desierto el ejército llegó a Gaza (Palestina), donde descansó por dos días, y luego se trasladó  hacia el Norte a Jaffa ( pegada a Tel Aviv, actual Israel). Esta ciudad estaba rodeada de altos muros flanqueados por torres. El pasha Al-Jezzar había confiado su defensa a las tropas de élite con la artillería  manejada  por 1.200 artilleros otomanos. Esta  ciudad era una de las vías hacia Siria, su puerto podía ser utilizado por la flota,  y gran parte del éxito de la expedición napoleónica dependía de su caída, por lo que, siendo esencial su captura,  El "petardo galo de corsas entrañas"   la sitió del 3 al 7 de marzo de 1799, ¡ñam, ñam! Cuando Bonaparte envió un turco que consiguió por ahí  al comandante de la ciudad para exigir su rendición, ¡el comandante Al-Jezzar lo decapitó! -a pesar de la neutralidad del enviado- y además, ordenó un ataque que fue rechazado con fiereza;  en la tarde de ese mismo día las balas de cañón de los sitiadores galos  hicieron que una de las torres de la fortaleza se derrumbara. A pesar de la desesperada resistencia de los defensores árabes y otomanos, Jaffa cayó. Dos días y dos noches de carnicería fueron suficientes para calmar la furia de los soldados franceses, 4.500 prisioneros fueron fusilados o decapitados por un verdugo capturado en Egipto (eso dicen). Esta ejecución vengativa  tuvo sus  apologistas, que escribieron que Napoleón no podía permitirse tener un número tan grande de prisioneros ni dejarles escapar para unirse a las filas de Al- Jezzar.


Napoleón "visitando" a los soldados franceses apestados
 en Jaffa por Antoine Jean Gros, 1804
(Nótese como Napoleón "los toca"  de manera cariñosa y salvífica.
Los toca, oca, oca, y tiro porque me toca ;-) )


Monte Tabor (actual Israel, cerca de Nazaret) aquí la batalla,
 pintada por Luis F.  Le Jeune, 1804

 En la batalla del Monte Tabor  el 16 de abril de 1799, se enfrentaron el Ejército francés de Oriente al mando del general Jean-Baptiste Kléber y un numeroso Ejército de otomanos al mando del  Bajá Ajmed, gobernador de Damasco (Actual Siria). A principios de 1799, mientras Napoleón  continuaba con  el sitio de Acre -al que me referiré más adelante-  el general Kléber llega al Monte Tabor (del hebreo trad. Monte Ombligo) y al realizar un reconocimiento de la zona, fue atacado por las fuerzas del militar otomano Ajmed, así  que Kléber   organizó su defensa con tan solo mil quinientos hombres, formados en cuadros de infantería,   logrando repeler al enemigo durante unas ocho horas. El general Junot al tener noticias del ataque, acudió en ayuda de Kléber, abandonando Nazaret (Actual Israel), que había sido ya ocupada por los franceses. Pero su ayuda de poco sirvió, puesto que ambos contingentes sumaban dos mil hombres frente a veinticinco mil árabes y otomanos. Cuando estaban a punto de quedarse sin municiones,  llega Napoleón  como un trombo desde Acre con dos mil quinientos hombres y dos cañones  de refuerzo, sorprendiendo por completo a los turcos que huyen despavoridos.  Los franceses solo tuvieron  trescientos muertos y sesenta heridos  en esta ocasión; desconozco la cantidad de bajas árabe-otomanas pero fueron con toda seguridad muchas más.

 
Acre, (actual Israel) vista aérea


En Europa Los Austríacos y Rusos estaban  armando la Segunda Coalición y se iban ensañar con una Francia debilitada por las luchas internas y Napoleón  mismo debía -para concretar sus planes de llegar a la India y sabotear a los Ingleses- tomar Acre (Israel actual antigua capital del Reino Cruzado de Jerusalén y aún antes,  capital romana en la región) y su ejército después de tanto guerrear, soportar los calores del desierto, la falta de agua y de víveres, la  malaria y la peste bubónica;  estaba agotado y diezmado. En el Mar, una flota otomana se iba acercando. Bonaparte, con urgencia, ordenó  varios ataques consecutivos, pero  la fortaleza de Acre  se mantenía impertérrita e inexpugnable, soportando heroicamente  todos los ataques. Después de 62 días de asedio, Napoleón se convenció de que era imposible seguir adelante con su ¿descabellado? plan y decidió  regresar de inmediato a Egipto con sus tropas.

Lo hicieron, se retiraron rápido,   de noche y lo más calladitos posibles, hasta los caballos enmudecieron.  Después de 4 meses de ausencia, entró Bonaparte  en El Cairo  -en dónde circulaban rumores expandidos por británicos y los otomanos de que el General había muerto por el Norte-  con lo que quedaba de su ejército de manera triunfal, incluidas palmas, estandartes y artillería tomada,  proclamando: "Está de vuelta en El Cairo, el  Bien Guardado Jefe del ejército francés, General Bonaparte, que ama la religión de Mahoma.  Está de nuevo agradeciendo a Dios por los favores que le ha dado. Ha entrado en El Cairo por la puerta de la Victoria. Este día es un gran día (...)".


Batalla  terrestre de Abukir, 25 de Julio 1779
(Ayer se cumplieron justo 218 años)

Pero el tiempo se le agotaba a Bonaparte y lo sabía. 

¡En Francia ardía la cosa! Y en Egipto estaba bloqueado, comprobado ya que no podía seguir avanzando al Norte -después del desastre de Acre- sintiéndose pues, atrapado y sin posibilidad de retirada, ordenó Napoleón el reagrupamiento de todas las fuerzas francesas  y el consecutivo ataque a Abukir por tierra, como regalo de despedida. Poco antes, 15.000 otomanos habían desembarcado a las órdenes del Pashá Mustafa.  El general estrella de esta batalla fue Murat; 10.000  otomanos y árabes perdieron la vida en la contienda. La victoria francesa fue aplastante y ésta fue última acción bélica de Napoleón, en persona,  en Egipto. 

Napoleón sentía en sus entrañas el llamado de Francia ¡algo muy gordo se estaba cociendo en el continente! y por Francia, que estaba en peligro y perdiendo territorios, él debía estar allá y revolver el caldero. El y sólo él podía salvar a Francia.

Por eso,  preparó  su regreso;  secreto que compartió con un pequeño número de amigos cuya discreción y lealtad le eran bien conocidas. Salió sigilosamente   de El Cairo en agosto de 1799 con el pretexto de realizar un viaje en el Delta del Nilo,  acompañado por los eruditos Monge y Berthollet, el pintor Denon y los generales Berthier, Murat, Lannes y Marmont. 

El 23 de agosto de 1799, una proclama informó al Ejército francés que Bonaparte había transferido sus poderes como Comandante  Supremo al general Kléber. Esta noticia   cayó muy mal a los soldados enojados con Bonaparte y con  el gobierno francés -que ya venia tecleando y mal- por dejarlos atrás;  indignación  que  en breve terminó, porque  las tropas confiaban en Kléber, que  además los convenció de que Bonaparte no había salido  de forma permanente  y que  pronto volvería con refuerzos de Francia. 

Al caer la noche, la fragata Muiron amarró  junto a la orilla, con otros tres navíos escoltándola. Napoleón y escolta,  abordaron la nave silenciosamente y zarparon.  En el viaje de 41 días de regreso,  no encontraron un solo barco enemigo que los detuviera.

Ya en tierra firme, casi,  casi corriendo,  juntó tropas  Napoleón y a Marengo, en el Piamonte Italiano, fue a luchar el 14 de Junio de 1800. ¡Por Francia!  ¡Vive la France!  ¡Por Francia! contra Austria que hubo de retirarse con el rabo entre las patas. ¡Marengo! ¡Marengo! y después, señores......... ¡la gloria Imperial!.........(hasta Rusia, claro).


Monumento a los soldados de Napoleón,
 Monasterio  Stella Maris, Haifa (actual Israel)

Al General Kléber  dejó Napoleón en Egipto como Comandante Supremo con la orden de  Napoleón de que resistiera hasta enero de 1800 y que si no le llegaban refuerzos, municiones ni víveres  de la Metrópoli,  se rindiera. Kléber fielmente aguantó, pactando la rendición con los otomanos en El Arish el 24 de Enero de 1800; todavía en Heliópolis venció más tarde  a un contingente mameluco.  Incluso, alcanzó a iniciar conversaciones con el Gral Smith para la repatriación  de las tropas. Una de las principales  avenidas de París,  que salen del Arco de Triunfo, en el 16me arrondissement, lleva su nombre y su recuerdo.


General Kléber, porJean-Urbain Guérin, 1798 



Cuando Kléber fue  acuchillado mortalmente por un  estudiante de teología sirio  en El Cairo,  después de torturar y matar al asesino,  el Gral Menou asumió el mando supremo e intentó hacer de Egipto un protectorado, pero  hubo de capitular ante los Ingleses  al caer  primero Alejandría y luego, El Cairo.    En Junio de 1801  pactó Menou con el Gral Británico John Hely Hutchinson que  el ejército francés fuera repatriado en  naves inglesas a cambio del tesoro arqueológico egipcio excavado por Francia que aún les quedaba por llevarse, incluida la Piedra Rosetta, y es así como mucho de él fue a parar al  Museo Británico.

El 25 de Junio de 1802  se firmó El Tratado de París que puso en papel el fin de las hostilidades de Francia para con el Imperio Otomano, re-asegurando Egipto -definitivamente des-mamelucado- para los Otomanos.


En la cuarta y última entrada sobre Napoleón el miércoles que viene  les mostraré el material que fotografié en la Exposición "Napoleón estuvo aquí",  en la Biblioteca Nacional de Israel en  Jerusalén, razón de esta serie  napoleónica. 





Fuentes:
 Memoires  de Miot, comisario adjunto de la guerra en Egipto
Memoires de  Bourienne, diplomático y secretario de Napoleón  en Egipto

 Imágenes:  de la Red.






11 comments:

Ester said...

Muchas gracias, un lujo leerte por la historia y la manera de contarla. Un abrazo

ELOY GONZÁLEZ CORRO said...

Una joya narrativa llena de matices históricos. Es un placer adentrarse, de esta forma, en páginas tan gloriosas con tan trágico final.

manouche said...

La gerra es siempre horrible, pero la espedicion scientifica con Champpllio fue de maravilla.

Cayetano Gea said...

Lo suyo era vocación. Está claro. No hubo otro como él, independientemente de lo que pensemos sobre "el arte" de la guerra, que casi siempre se asemeja más a una sangría, a una orgía de gente sedienta de sangre.
El miércoles dices que terminas la serie. No sé si andaré cerca de un ordenador porque posiblemente marche al campo, a zona sin wifi. En todo caso leeré tu entrada aunque sea a la vuelta.
Un abrazo, Myriam.

Genín said...

La forma genial en que nbarras la Historia hace que sea amena leerlay además, que no se le pongan a uno los pelos de punta de leer tanto horror, crueldad y muertos, y sobre todo es que uno de los dos bandos, el victorioso, claro, lo celebraba lleno de orgullo patrio, que barbaridad, lo crueles que llegamos a ser los humanos, tomaban un ejército y a apropiarse a sangre y fuego, así, por las malas, de lo que no era suyo, y si tenias éxito te colmaban de honores y riquezas después de que habían estado saqueando, violando y asesinando a su antojo a pacíficos ciudadanos, me horroriza solo pensarlo, que bestias podemos llegar a ser!!!!
Tu entrada, como ya nos tienes acostumbrados, genial.
Besos y salud

Ildefonso Robledo said...

Bella cronica de un tiempo de leyenda...
Un abrazo, amiga

Janeth said...

Exelente post amiga querida, un recorrido por la historia y ese gran viaje de Napoleón por oriente, gran aporte, aprendo contigo,...

Manuel López Paz said...

Me ha gustado. Lo importante de viajar (auqneu sea con aires de conquista y guerra), es lo que se aprende en ellos. Más si se relatan tan bien como lo haces.

Besote

Rafael Humberto Lizarazo said...

Una muy amena y agradable clase de historia, es apasionante la vida de Napoleón.

Abrazos.

Robín said...

Monge, que como bien dices, fue de los que volvió a Francia junto a Bonaparte; es ni más ni menos que el inventor-impulsor del sistema diédrico en dibujo técnico; un sistema completo para representar cualquier cosa que tenga algo de orden o de materia; exactamente; en un sólo plano que es la hoja de papel.Monge transforma el dibujo técnico en algo exacto.
Me extraña que seas psicóloga; con tanta Historia (¿ historias ?) en torno tuyo. Caí hace poco sobre una página web sobre la batalla de Orthez con bastantes documentos sobre cómo se desarrolló según los cuentistas franceses y algún que otro inglés; que como sabemos fue una victoria total de Wellington; que perseguía a los franceses desde la semi-derrota de Saoult en tierras de Vitoria ¿ Porqué Vitoria ?. El duque inglés pudo haber destrozado por completo al ejército francés; tal fue la inoperancia de los galos. Los dejó escapar en una situación que los propios franceses califican de pánico y desorden indescriptible, de sálvese quien pueda. Estoy convencido de que la batalla fue diseñada, del lado francés, para ser una clara derrota. Podían, por otra parte, haber esperado a los ingleses, que les perseguían, cuando cruzaron el río "Gave de Pau"; haberles causado bajas por medio de emboscadas y en todo caso haber retrasado su avance. No había ninguna razón estratégica por la que los franceses debieran de haberse enfrentado a Wellington precisamente en las semi-llanuras sin defensas naturales, de Orthez; huele todo a traición; y no soy ya bonapartista.

Pedro Ojeda Escudero said...

Veo Acre y se me despiertan los recuerdos de tantas historias que he leído sobre esa ciudad desde la Edad Media...
Besos.