Monday, March 27, 2017

Dos ejemplos de vida, determinación, superación y generosidad en la India actual y un hospital especializado

Permítanme presentarles hoy a  la Dra. hindú  Sita Batheja (apellido de soltera: Shadev), Médica Ginecóloga y Obstetra (con más de 100.000 partos en su haber) nacida el 24 de Octubre de 1928 en Multan  (Estado de Punjab en Paquistán actual), fundadora del Hospital especializado que lleva su nombre en la ciudad de Bangalore (Estado de Karnataka, en la India actual) y según sus dos  hijos Rajiv y Arvind -que escribieron un libro (en el que baso esta entrada)   como homenaje para  el cumpleaños de su madre Nro. 85 en 2013,  en el que relatan su historia- Sita seguía atendiendo pacientes a diario; y es   muy  probable,  me inclino a pensar, que todavía lo siga haciendo.  Presten atención  al punto de salida (Multan)  y al punto  de llegada  (Bangalore) porque en el medio acaeció la Partición de la India   -que  se produjo oficialmente en la medianoche del 14 al 15  de agosto de 1947-   en dos estados independientes después de la retirada Británica: La India hindú y el Paquistán musulmán  (incl. Bangladesh,  que se desprendió  de Paquistán en Marzo de 1971),   a la que  Sita y su familia  sobrevivivieron. 



La filatelia, la mayor afición  de la Dra Sita Batheja 
(tiene una de las mejores colecciones de la India Pre-partición).

Quienes  conocen a la Dra Sita Batheja la describen como una persona con una muy fuerte determinación, una  energía desbordante, con la insaciable curiosidad de un niño, valiente, comprometida socialmente con su entorno, solidaria, simpática, alegre,  que siempre tiene palabras de aliento para con los otros y es muy competente en su campo, con una larga trayectoria que ha sido ampliamente reconocida y premiada. Pero empecemos por el principio:

Su abuelo paterno era superintendente de Cárceles en Multan y su padre trabajaba en un reformatorio para menores, en dónde Sita jugaba habitualmente.  Su madre practicaba yoga en la variante Arya Samaj  que, entre otras cosas, empodera a la mujer.  Todos vivían juntos,   según era la costumbre,   en una gran casa de 5 plantas. Ávida lectora y muy buena alumna, Sita, desde su época escolar sintió que estaba destinada a cumplir una misión en pro-de sus semejantes y por ello  se decidió a  estudiar Medicina, a pesar de la oposición paterna y sí, con el apoyo de su abuelo paterno que le costeó los  dos años en que ella estudió en la Universidad de Lahore (Paquistán actual) hasta que por  La Partición,  se vio obligada  a abandonar sus estudios universitarios a los 19 años.

Viviendo en la zona que caía al Pakistán musulmán, Sita y su familia debían huir a la zona Hindú, con  apenas lo que podían cargar consigo, que era mínimo.  Emprendieron entonces,  el largo camino hacia el otro lado de la frontera y más adentro. Sus padres quedaron atrás, pero ella y sus dos abuelos paternos siguieron adelante en el medio de la locura desatada: hambre, asesinatos, robos, bombas, llantos, gritos.   Un amigo musulmán les prestó ayuda durante un mes alojándolos gratis en su hotel, hasta que pudieron continuar en un camión a Jammu  en donde el abuelo  tuvo que quedarse,  siguiendo el periplo  Sita y la abuela en un autobús hasta Panthankot (en el Estado de Punjab del lado Indio), luego el autobús se rompió al cruzar el rio Ravi, entonces todos  tuvieron que bajar al agua y atraversarlo caminando. Ya entierra firme,   las dos mujeres consiguieron subirse a un carromato lleno de otros refugiados del que Sita colgaba porque no había lugar.  Ambas mujeres  llegaron famélicas y al borde del desmayo  a  casa de un familiar muy pobre que tenía a su cargo a unas 50 personas  hacinadas en su casa, pero a pesar de eso,   les brindó un plato de comida  a cada una y tiempo para que secaran  sus ropas,  todavía mojadas.  Entonces, algo recuperadas, llegaron a Amritsar (Estado de Punjab, India), a casa de una tía con posibles  y ya allí  se sintieron  seguras. A todo esto, sus padres y el abuelo llegaron a la frontera en enero de 1948.  Lograron salvarse todos. 

Estando la  situación política más calmada, Sita quería continuar sus estudios, así que se inscribió para continuarlos en la Universidad de Bombay (y el Hospital King Edward Memorial).   La  matrícula y cuotas las pagó con un dinero que tenía en el Correo Postal de Lahore (Paquistán), que le fue llegando durante los primeros seis meses, pero  eso no le alcanzaba ni para libros, ni para comida. Lejos de sentirse amedrentada por  las dificultades, consiguió  que sus compañeros le prestaran los libros  de los cuales ella estudiaba por las noches y entregaba a la mañana, antes de que comenzaran las clases.   Mal alimentada y ojerosa, un profesor le preguntó que le pasaba. Conmovida por la cariñosa atención de  este hombre, primeras palabras de preocupación   hacia su persona que oía  en mucho tiempo,  Sita se largó a llorar. El le sugirió que hablara con una mujer filántropa quien luego de la entrevista que tuvieron,  le facilitó el dinero para sus comidas diarias, con lo que Sita ya podía concentrarse, con energía,  en sus estudios.

En Junio de 1949 recibió su título de Doctora en Medicina y decidió comenzar a hacer su residencia en los Campos de refugiados de Kurukshetra, Jol y Jammu  en donde traía y traía niños al mundo, lo que condicionó su elección de especialización.  En 1950 volvió a Bombay para hacer sus estudios de  Especialización en Ginecología y Obstetricia en el Hospital Cama.

Primavera en el aire:  en sus sueños no estaba el de casarse;  es más, se había negado permanente y rotundamente  desde joven cada vez que   sus padres  intentaban disuadirla. Sita siempre decía:  "quien  me pretenda no recibirá dote alguna y si la pide,  zapatilla" (sin dote, en esa época,  era imposible que una mujer se casara). Pero hete aquí que  el entonces Major Amrit Bhateja, desde el mismo momento en que la vio se enamoró perdidamente de ella y con mucha paciencia y persistencia,  ganó su corazón.  Se casaron en 1953 sin dote alguna,  en una ceremonia  muy sencilla con un puñado de íntimos, apenas unos 50,  y luego de dos destinos del marido al que obviamente lo siguió,   se establecieron definitivamente  en 1957 en  Bangalore, a donde llegaron  en el mismísimo  día de su cumpleaños, que también era el día Mundial de la Salud y el día del Armisticio, todo en uno y el mejor de los augurios para un nuevo comienzo.





Recién llegados Bangalore,  el Coronel Amrit Batheja y su mujer,  Sita buscó trabajo en el Hospital Santa Martha.  Para lograr que la contrataran  siendo hindú, tuvo que vencer la resistencia de la administración del Hospital que era católica.   Trabajó en dicha Institución  por 34 años, con un salario unicamente para cubrir sus  gastos de viáticos. Demás está decir lo difícil que era en la décadas de los 50 y 60  el tema de la  esterilización y la anestesia,  pero Sita  que había aprovechado bien  su  experiencia en los Campos de Refugiados  en condiciones infrahumanas, salio siempre airosa y era muy recursiva.  A todo esto, su marido que se especializó en Electrónica y Computación para sistemas de Defensa, trabajaba  en una Empresa subsidiaria del Gobierno.  

En el Hosp. Santa Martha Sita Batheja creó el ala de Obstetricia y Ginecología y una vez que el techo de la Construcción voló después de una tormenta,  ella y un amigo hipotecaron sus casas para juntar fondos para la reparación. Años más tarde comenzó con su práctica en consultorio particular en su casa y estando en el balcón-terraza, tomando te con una amiga, sucedió algo en el orden  de la serendipia que cambiaría su vida:  Un  ciclista de nombre Fernández (¿sería español o latinoamericano?) las vio y parando la bicicleta bruscamente  en  la entrada de la casa, les dijo a viva voz:  "¡¡Creo que Uds están buscando una casa y yo tengo varias para mostrarles!!". Ambas mujeres se miraron, rieron y le siguieron lo que ellas creyeron una  broma. Pero vieron varias casas con él (en ese momento Sita no tenía dinero ni pensaba en comprar una casa)  y llegaron  de esta manera  a la de una alemana que vendía la suya porque  se iba del país  que  aceptó -para la gran sorpresa de Sita-  la contra-oferta que ella  le hizo muy inferior al precio pedido por la Señora.  Amrit Batheja, su marido,  consiguió el dinero y el negocio se cerró. Sita fundó entonces su clínica  en esa casa, la Nro 8, como la llamaban, que luego se transformó  en el Hospital Especializado que lleva su nombre, que tiene además un Trust y  un ala de atención a indigentes, en la que también su suegra viuda aportó lo suyo en dinero y colaboración como asistente social. 

Su hijo mayor  Rajiv es Ingeniero y PhD, vive con su mujer y tres hijos en EEUU.  Su segundo hijo  Arvind  trabaja con ella en  el Hospital como director y neurocirujano especialista en columna.  El diversificó las áreas de atención  del hospital,  ampliando  su  radio a otros campos de la Medicina, como la Neurología y la Ortopedia.  Arvind  está casado con una médico y tiene 3 hijos y aquí lo vemos con sonrisa franca y mirada limpia:




Arvind además es un   consagrado ciclista:



que   pedalea  y pedalea con fuerza  para conseguir fondos para  neurocirugías de gente sin recursos a las que él  opera gratis.  De tal palo, tal astilla.


(Dedico esta entrada a Manuel y a Ambar, médicos,  blogueros y amigos)







14 comments:

Ester said...

Una biografía interesante, cuantas personas magnificas hay en el mundo, y cuanto se les debe, Un abrazo grande

Cayetano Gea said...

La historia también se construye con gente valiente y luchadora, como la que nos traes hoy.
Un abrazo, Myriam.

Pedro Ojeda Escudero said...

Otra mujer, otra historia, que me descubres. Gracias por esta serie de entradas, sabes cuánto me gustan.
Besos.

Rita said...

Una entrada preciosa la que nos traes hoy. Es un placer leerte querida Myriam.

Besos.

Genín said...

Ojalá hubiera mucha mas gente en el mundo, tan útil para el prójimo como esta... :)
Besos y salud

Pedro Luso said...

Olá Myriam.
Médica como essa senhora está faltando no mundo. Quem sabe ela possa servir de exemplo para as proximas gerações. Parabéns pela bela postagem.
Uma ótima semana.
Abraços.
Pedro

Mari-Pi-R said...

De las que hay que hacer resaltar como hoy nos muestras a tal mujer.
Una feliz semana.

Javier Rodríguez Albuquerque said...

Esto sí que es lo importante de la vida. Gente así tenía que encabezar todos los días las noticias de la tele, la radio y los periódicos. Y además creo que se puede decir con orgullo que personas así hay muchas más de las que se cree.
Musu handi bat.

Manuel López Paz said...

Dicen la canción, que detrás de todo hombre hay una mujer feliz y yo agregaría exitosa. Ejemplos tenemos este.

Gente con mucha valentía.

Besote guapa y gracias por tus felicitaciones.

Jose said...

Tiene mucho merito esta persona cuando en algunas veces se ha tenido que enfrentar con elementos desfaboralbes.

Gracias

Abejita de la Vega said...

En la India ser mujer es no valer nada. Y sin embargo esta se hizo valer. Gracias por dárnosla a conocer.
Besos Myr

Rafa Hernández said...

Gente ejemplar, que merece la mejor de las suertes. Hacer tanto por los demás, merecerían todos los elogios y honores del mundo, y no otros que viviendo del cuento, los tenemos que soportar todos los días, sin hacer nada o robando al resto, como ocurre con mucho representante político.

Besos Myriam.

emejota said...

Hola, ya estoy por aquí. Magnífica información.

Ambar said...

Gracias por haberme recomendado que leyera esta entrada. Sita era admirable, como mujer y como profesional de la medicina.
Entendía la medicina como en realidad es y debería seguir siendo "una voluntad de servicio a los demás". Solo cuando se siente de ese modo se es capaz de vencer todas las barreras que la vida le puso y alcanzar el objetivo.
Besos Myriam