Thursday, September 8, 2016

Hacerse a la mar - 4 o los recuerdos de Niccolo a la vejez ciruela en la terraza de su casa (1)


Mi nombre es Níccolo da Conti y tengo  72 años, seis meses, una semana y dos días para ser exactos. Mi muerte está próxima, lo se y hasta puedo sentirla con una mezcla de olores   que van desde  azufre a alcanfor, a veces  incluso la escucho murmurarme  con su boca desdentada y mal aliento,  mientras que encapuchada hasta la nariz,  en su mano derecha sostiene la hoz  que emite traicioneros destellos a la luz de la Luna... he vivido una larga vida, lo sé, y por más que hoy mi cuerpo esté tieso y me duelan las articulaciones  -y ese olor no me deje tranquilo- no puedo quejarme: he tenido una vida que además  de larga ha estado  llena de fuertes emociones  y grandes aventuras. Hoy, viudo  y padre de dos hijos vivos y dos  muertos junto con mi mujer víctimas de las fiebres tifoideas en ese año negro, dantesco,  que no deseo por nada del mundo recordar,  aquí sentado en la terraza  de mi casa que da al mar, cuya brisa me llega con aroma a mar y salitre y estudio el vuelo de gaviotas  al tiempo que observo  casi delineado sobre  el horizonte a ese insignificante velero que navega  como si de una   cáscara de nuez se tratara, en la anchura  del agua que hoy amanece  en calma,  mi mente  da un respingo cual jinete encabritado y  salta hacia atrás.... desovillando a trompicones  los recuerdos,  ¡ohhh! los dorados años de  mi juventud, cuando tenía la fuerza de un toro para echarme a  explorar lejanos parajes en  una embarcación en toda regla, señora de los mares y vencedora de tormentas (no como este ridículo juguete que da risa).

Una cosa lamento y es el no haber escrito ningún libro sobre mis viajes, por suerte tuve ocasión de relatar  algunas de mis travesías a Don Pedro Tafur, un noble caballero español que me encontré cuando visitaba el Convento de Santa Catalina en el Sinaí, allá por 1437 creo, si la memoria no me  juega una mala pasada. Este caballero  me dijo que escribiría sobre mis encuentros con tanta rareza de vistas,  gentes y animales  a lo largo de  mis viajes;  tiempo tuvimos de sobra en esos 15 días en que carabaneamos juntos hacia El Cairo;  recuerdo  muy bien su cara de pasmarote al mirarme con expresión de entre regocijo y sorpresa. Otro que gustó mucho de escuchar mis aventuras -por la gran curiosidad que mostraba-  cuando su Santidad el Papa estuvo en Florencia  un par de años después de mi encuentro con el español,  fue su secretario Don Giovanni Francesco Poggio Bracciolini.  Poggio a secas  para los amigos,  recuerdo que  me preguntaba mucho sobre los negocios en Oriente, supe después que escribió ¡en latín! (¡qué cultolofía, madre mía, yo las hubiera preferido en  vernacular-populatis!) mis historias  en un gran libro que tituló "Las vicisitudes de la Fortuna",  un titulo que me causa gracia porque  puso mis relatos detrás de tres partes en las que hablaba, me dijeron, del Imperio Romano y su caída y no se que más. Nunca entendí muy bien  que venía yo a hacer ahí detrás. Bueno, no yo específicamente, más bien mis  aventuras,  que publicó   en el apartado "La india redescubierta";   aventuras que me llevaron por Medio Oriente, Sumatra,  los reinos de la India, Burma,  Java, Borneo, China....Si  mi compadre Marco Polo pudo años ha... ¿Por qué no iba a poder yo?



Sigue Mañana, ¡nos vemos  entonces!






Adenda: La foto de la cabecera es   de Myriam Goldenberg, mi editora del futuro y me dijo que tiene todos los derechos y reveses reservados. 



8 comments:

Ester said...

Volveremos. Un abrazo mientras tanto

Cayetano Gea said...

A ciertas edades, los recuerdos de lo vivido son tan importantes como la realidad presente misma. Y, en ocasiones, mucho más gratificantes.
Un abrazo, Myriam.

Genín said...

Hasta mañana pues... :)
Besos y salud

manouche said...

Que valoroses esos primeros grandes navegantes !

María Luz Evangelio said...

Muy interesante todo lo que traes Myriam. Mañana segunda parte.

Marina Fligueira said...

¡Hola Miryam!!!

Que rato más agradable he pasado leyéndote este simpático y estupendo relato.
La verdad es que los recuerdos, los bonitos eh, los tenemos presentes con frecuencia y, bueno, a veces digo que se podrían juntar con los que no gustan tanto y se escribiría un buen guión de película.

Pero ya tenemos, o yo tengo eh, bastante con las contrariedades del presente y, no es que todo sea negativo, pero tampoco está la cosa fácil.

Un abrazo, reina. Mi gratitud y estima.
Se muy -muy feliz.

Pedro Ojeda Escudero said...

El inicio engancha y nos lleva a terrenos conocidos en tu blog... Así que aquí volveremos a esperar la continuación, por supuesto.
(Regreso a los blogs después de la pausa veraniega.)
Un beso, Myriam.

Manuel López Paz said...

Los recuerdos...nos hacen volver a vivir...y nada quita ese toque de nostalgia...sean buenos o malos

Besote guapa